domingo, 24 de agosto de 2025

La lógica, el álgebra de Marx y la Inteligencia Artificial

(A la memoria de mi querido tio Diego Ruiz, la persona que me introdujo en la lectura de El Capital)

La obra de Marx ha sido objeto de formalización matemática de la mano de autores como Okishio, Morishima, Shaik, además de Leontief o Lange, en la órbita soviética. Aún así el universo marxiano es tan rico que aún queda mucho por explorar,,, y más por difundir.

Cierto que, pese a su afición por las Matemáticas, Marx se entretuvo poco en la formalización. Aún así superó a la Economía Política Clásica, aunque resulte minimalista frente a la Teoría Económica Neoclásica (TEN), obsesionada con las fórmulas.

Sabemos que la dialéctica no se resuelve con ecuaciones, pero en determinados momentos son necesarias. De hecho Marx utiliza el razonamiento lógico-formal en algunas: cuando estudia las variaciones de una variable en función de otras. Por ejemplo, productividad y precio, cantidad de dinero y valor, o tasa de plusvalía y salario, en el libro I de El Capital.

Leyendo el libro II y ante el “fatigoso e interminable calcular” – que dirá Engels- en el que Marx detalla el calendario de adelantos y retornos de capital según diversos tiempos de producción y de circulación (los tres primeros apartados del capítulo XV ocupan unas 20 páginas en la edicion de siglo XXI), tuve la tentación de darle una versión algebraica más breve. Esto, en mi opinión, no exime de la lectura de Marx siempre rica en comentarios.


Un ejemplo

La producción de un vehículo nos proporciona un ejemplo. Se emplea un capital inicial (KA1) de 1500 que tiene un tiempo de producción (TP) de 3 semanas (de la primera a la tercera) y un tiempo de circulación (TC) de 2 semanas (la cuarta y la quinta). Al término de la tercera semana tendríamos la mercancía, el vehículo, listo. Pero, aún, ha de esperar en el concesionario 2 semanas para ser vendido. Al final de la quinta semana retornaría el dinero de la venta. (Obsérvese que no miramos al plusvalor, solo el valor de capital). En ese momento volvería a iniciar la producción nuestro capital por las 1500, de modo que nuevamente produciría durante 3 semanas (de la 6 a la 8) saliendo del taller al final de la octava, y habría de esperar dos más (9 y 10) en el concesionario para ser vendido. En ese momento nuevamente retornarían los 1500, y así sucesivamente. 

Como se ve el capital no produce continuamente sino que durante los periodos de circulación está “parado” (semanas 4-5, y 9-10). ¿Qué hacer para producir durante esas dos semanas, y que no existan paradas? La solución es tomar un capital adicional (KA2), que se emplee en ellas. Pero, de cuánto. La cuenta de la vieja: si cada semana de producción se usan 1500/3, o sea 500 unidades monetarias; como tenemos que ocupar el capital durante dos semanas de inactividad el capital sumplementario a desembolsar sería de 500x2, o sea 1000 unidades monetarias. El total de capital adelantado para lograr una producción de vehículos continua sería la suma de las 1500 iniciales y de las 1000 adicionales, o sea un total de 2500 unidades monetarias.


La formalización del capital adelantado

El problema consiste, entonces, en calcular, a partir del capital originario (KA1), el tiempo de producción (TP) y el tiempo de circulación (TC), la magnitud del capital suplementario necesario (KA2) y, en consecuencia, el capital total a desembolsar (KA) que garantiza la continuidad del proceso productivo sin interrupciones ni crisis de liquidez.

Como el capital necesario para un periodo de tiempo viene dado por KA1 dividido por el tiempo de producción, y el tiempo de inactividad productiva es el tiempo de circulación, entonces el capital adelantado suplementario (KA2) viene dado por: 

KA2 = KA1 x (TC/TP)


Y, la fórmula general, del total de capital adelantado para la continuidad de la producción, muy útil para poner en marcha un negocio sin sufrir crisis de efectivo, se calcula sumando KA1 y KA2:

KA = KA1 x (1 + (TC/TP))


A continuación, Marx discute tres escenarios según la relación entre el tiempo de producción y el tiempo de circulación:


Caso 1. Los tiempos de producción y de circulación son iguales, TP=TC.

Caso 2. El tiempo de producción es mayor al tiempo de circulación, TP>TC.

Caso 3. El tiempo de producción es menor que el tiempo de circulación, TP<TC.


Esta tabla sintetiza los resultados de la discusión de los tres casos de arriba.


Capital suplementario adelantado (KA2)

Capital total adelantado (KA)

Caso 1 (TP=TC)

KA2 = KA1

KA = 2 x KA1

Caso 2 (TP>TC)

KA2 < KA1

KA < 2 x KA1

Caso 3 (TP<TC)

KA2 > KA1

KA > 2 x KA1


Estos asuntos, me refiero a la rotación del capital, se miran poco en la TEN aunque sí se ven con detalle en las materias de gestión empresarial y contabilidad, poniendo de manifiesto la separación entre la TEN y la realidad empresarial (¿por qué?). 

Sin embargo, son importantes no sólo para indagar sobre las determinaciones de la rotación del capital, mirar la evolución de su producción, almacenamiento, venta y liquidez, sino que, además, proporcionan elementos para explicarse la necesidad del estado y su actividad económica en el desarrollo del capital. Marx señala diversos ejemplos concretos: la construcción de viviendas, la creación de infraestructuras o la explotación forestal, desgraciadamente de moda por los fuegos. En estos casos el tiempo de rotación (TP +TC) es muy amplio, a veces supera la vida del capitalista, lo cual supone una barrera a la explotación del capital requiriendo la colaboración público-privada, por ejemplo.

Una de las objeciones académicas a la Crítica de la Economía Política (CEP) es que Marx no formalizó y sus continuadores muy esporádicamente; ciertamente la falta de efectivos investigadores de la CEP, frente a las numerosas hordas neoclásicas, es notable. No obstante, la emergencia de la Inteligencia Artificial nos puede echar una mano; una de las cosas buenas de la IA, cuya base de funcionamiento actual es la lógica, es que facilita las operaciones aritméticas y la formalización algebraica. 

Otra cosa es el conocimiento dialéctico, donde el movimiento interno, la contradicción y la relación forma-contenido, todavía se le resisten, porque no son soportadas por su base lógica. Algún día veremos aparecer un ChapGPT o una Deepseek marxistas, entre tanto, para avanzar en la conciencia dialéctica, condición de la superación del capitalismo, solo queda arremangarse.


lunes, 18 de agosto de 2025

Frente al fuego capitalista en España

El fuego azota a España, y a buena parte de la Unión Europea especialmente en el área mediterránea, también al mundo (el fuego de California). Parece un fenómeno natural ante cuya arbitrariedad la racionalidad humana poco puede hacer. Sin embargo, un mínimo detenimiento nos muestra sus aspectos sociales abriéndose un abanico de intervenciones. Finalmente, nuestra mirada pretende ir más allá.

España arde; más de trescientas mil hectáreas carbonizadas. Esto representa casi el 1,0 por ciento de los 28 millones de superficie forestal (España es el tercero de la UE). Sin embargo, la sensación que trasladan los medios de comunicación es otra, con ello unos tiran trastos a otros y en el camino otros fenómenos (guerras, genocidios, corrupción, vivienda, inmigración, entre otros) se difuminan. Por qué.

Los daños están ahí, requiriendo tomarse el asunto en serio y con decisión. Más de treinta mil desplazados, miles de primeras y segundas residencias incendiadas junto a muchos negocios, miles de vacaciones truncadas, casi una decena de muertos, espacios públicos (polideportivos, residencias o albergues) -y pocos privados- abarrotados con depliegues de la Cruz Roja, promesas de ayudas públicas; son motivo suficiente. Ahora se echan de menos las soluciones de autorregulación del mercado. Solo a modo de indicador, el coste económico de apagar una hectárea es de 19 mil euros, ahí no se incluye el coste social derivado. Pero, todo esto tiene mucho de la mano del hombre, ahora el fenómeno se nos presenta menos natural o atmosférico. 


Qué podemos hacer contra el fuego

Lo primero, intentar apargarlo, para lo cual contar con medios de extinción es fundamental. Cuánto presupuesto dedican los gobiernos; todos, desde el nacional hasta el local; pasando por los autonómicos, que detentan las principales -no todas- competencias, de la seguridad frente al fuego. El presupuesto público en extinción (nacional y comunitario) se ha mentenido en torno a los 400 millones de euros en 2009-2022  (período en el que el dinero se depreció casi un 30%). 

Cuando consigamos que se vaya el humo, sería bueno actuar con más amplitud de miras. La prevención es una de las perjudicadas de la gran partida presupuestaria contra el fuego. En el mismo período descendió en más del 25 por ciento, situándose en 175 millones de euros.

En un tratamiento aun más amplio, se incluyen actividades conexas, más allá de la extinción y la prevención, como la investigación, la reforestación, infraestructuras o la gestión de recursos forestales. Esta es la principal partida, aunque también ha sufrido el recorte correspondiente, pasando de 1.000 a 700 millones de euros. Las campañas de concienciación rondan los 50.

Esa gran partida es importante porque incluye las ayudas a las explotaciones privadas forestales (producción de madera, corcho y otros), que las hay. Primero, el 70 por ciento de la superficie forestal española es privada. Sin embargo, las exigencias de medidas de seguridad forestal, y no digamos de responsabilidades, son mínimas. La modernización y profesionalización, eufemismos de un desarrollo capitalista, está pendiente. España tiene un déficit claro: mientras en la media europea se aprovecha el 60 por ciento de la biomasa forestal generada, en España solo es el 40 por ciento; el resto queda amontonado. Este absentismo productivo de los propietarios privados de bosques no se puede achacar a la protección de espacios forestales, que representan un porcentaje pequeño en el caso de Parques Nacionales y Parques Naturales, la mayoría púbicos; y que en su forma más laxa (Red Natura 2000 y Reservas de la Biosfera) ocupan el 30 por ciento de la superficie forestal, se reparten por mitad entre público y privado. Esta mayor eficiencia en la explotación forestal vendría muy bien a la sociedad española que necesita 50 millones de metros cúbicos de madera de los que ha de importar más de 30. Una condición necesaria para incentivar esto desde lo público sería el compromiso con el avance tecnológico que redundara en mayores controles de seguridad y de la gestión evitando el despilfarro que significa el fuego.

Pero, una gestión científica, del fuego exige conocer el por qué se produce, qué condiciones lo hacen posible y cuáles permiten que progrese hasta alcanzar viviendas, pongamos por caso. 

Las estadísticas al respecto son elocuentes: la primera causa es la humana (intención o negligencia) con el 40%, luego el abandono y ausencia de gestión forestal (30 %), cambio climático (20%), y otras como  (infraestructuras, vegetación o fenómenos atmosféricos extremos), 10 por ciento.


Una nueva conciencia frente al fuego

Por atractiva que parezca la idea de un pirómano desequilibrado sobre el que descargar toda la responsabilidad aplicándole la Ley de Talión, esa visión demagógica es injusta, irreal y poco efectiva.

Más allá de quien prende la llama, los incendios toman dimensiones y tamaños, por tanto provocan efectos amplios y dañinos, por otros motivos. En este sentido, recurrir a las condiciones climatológicas tanto pasadas como presentes resulta una respuesta inmediata: que si ha llovido mucho y hay mucho arbusto; que si tanto material combustible acumulado; que si hace mucha calor a lo que se junta el viento, entonces la propagación del fuego es más fácil; que si no ha llovido, que si … A más el cambio climático. 

Todo es cierto. Pero, resulta que el material que arde está acumulado, la gestión y el abandono del mismo responde a intereses privados y a medidas públicas. El despoblamiento, la España vaciada, el éxodo rural, no son fenómenos atmosféricos; los modelos culturales y de ocio (barbacoas o cotos de caza), tanto de las clases altas como de las bajas, tampoco caen del cielo; las prioridades en los presupuestos públicos (armamento o contraincendios) no son un accidente de la naturaleza; las formas de la gestión privada de los recursos forestales no responden a inclemencias del tiempo; incluso la abstracta crítica a la política (no se qué de despachos), como el juego politiquero de tirarse trastos exigiendo interrumpir vacaciones o acercarse a las zonas devastadas, todo este espectáculo donde los medios juegan su papel, y la sociedad se sacude la responsabilidad; el calculado tratamiento mediático bien para reprochar al adversario partidista bien para tapar otros asuntos; incluso el demente que se aburría y prendió la cerilla. Todo eso es, de una u otra forma, una manifestación de lo que somos.

Tanto en la intención como en la negligencia, la acción individual está mediada (en su diversidad de formas, relación laboral, lucha de clases, leyes, presupuestos, …) por la relación de capital, por el general y por el particular de cada uno. El fuego capitalista es un fenómeno específico de las sociedades actuales, donde el metabolismo que vincula al hombre en sociedad con la naturaleza, de la cual aquel es parte orgánica porque la materia es una en su diversidad, se caracteriza por una peculiaridad; se llama capital. Como red a través de la que se estructura el sujeto de la producción y el consumo sociales sobre la base de la valorización del valor, el capital determina la conciencia libremente enajenada que rige la acción personal en nuestra sociedad. Como superación de aquella conciencia, el avance de la conciencia dialéctica no solo nos demanda conocer las causas, inmediatas y mediatas, traspasando así la apariencia; sino que, además, nos permite reconocer en su diversidad la unidad de la realidad, así como dirigir nuestra acción hacia la revolución del modo de producción capitalista rumbo a un desarrollo humano más pleno. 


lunes, 11 de agosto de 2025

Lógica vs dialéctica: qué es el capital

En otra entrada (La paradoja de Russell) enunciamos tanto la necesidad de la crítica a la teoría, en cuanto forma actual del conocimiento científico, como la de su método (la lógica) frente al que planteamos la dialéctica materialista. 

Ahora, y como desarrollo de lo anterior, pretendemos ilustrarlo. Para ello mostramos la Teoría Económica Neoclásica del capital y la Crítica de la Economía Política inaugurada por Marx, como formas distintas de abordar el concreto real capital.

Aclaremos nuestra posición hacia la lógica (y la teoría): no negamos su utilidad en determinados aspectos (principalmente cuantitativos) así como los avances que han permitido en la ampliación del conocimiento objetivo. Pero sí denunciamos que su papel ideológico, de justificar el sistema capitalista, es cada vez más acentuado. De esta forma la discusión epistemológica, lógica vs dialéctica, entra en el ámbito de la lucha de clases.


El capital en la Teoría Económica

Veamos cómo la lógica aplicada a las relaciones económicas, o sea la Teoría Económica neoclásica (TEN, en adelante), aborda al capital. 

El capital es concebido como una cosa útil, un bien, que además es escaso, por tanto un bien económico (locales, maquinarias, herramientas, materias primas, entre otras). También es un objeto de apropiación por alguien (excluyendo de su uso al resto de personas), el capitalista. Su utilidad es servir para la producción y comercialización de bienes vendibles, es un factor productivo. El manual de Samuelson (Economía) empieza su capitulo sobre la Tierra y el Capital indicando: “El capital (o bienes de capital) consta de aquellos bienes durables producidos que son a su vez usados como insumos productivos para una producción subsiguiente.” (p. 293). Pero esta producción requiere su combinación con otros factores (trabajo y tierra, lo que se modeliza a través de una expresión matemática, la función de producción (siempre de Cobb-Douglas). Tras la venta del producto queda el reparto de su importe que se establece según la productividad marginal de los factores cuya expresión matemática es la derivada parcial de la función de producción. Al capital le corresponde la renta de capital (beneficio, interés, alquiler, …). 

La TEN del capital se basa en una serie de supuestos cuestionables: cualquier actividad se puede representar como un modelo a través de una función de Cobb-Douglas, el capital existe desde siempre, competencia perfecta (mercados competitivos, agentes precio-aceptantes y sin poder de mercado), agentes económicos deciden racionalmente en base a toda la información disponible,  a cada cual según su contribución marginal, la productividad marginal existe y es decreciente, el capital (sus partes componentes) es medible en términos monetarios y agregable.

Más allá, de enfrentar el capital de manera objetiva, el principal mérito de la TEN del capital es dotar de formalización matemática a su justificación del capitalismo. Para ello: cosifica al capital (fuera relaciones sociales molestas); deja al capital sin historia (fuera cualquier duda sobre su finitud); más que explicar la renta del capital solo la justifica (fuera explotación capitalista). Se trata de naturalizar la propiedad privada, la libertad capitalista, la igualdad mercantil y el interés egoísta, como explicara Marx.

Pero, ello no sería posible sin el concurso de la lógica, lo cual requiere vaciar de contenido los objetos de estudio. Para presentar el capital como una cosa asocial y ahistórica, hay que tomarlo en su apariencia, renunciar a buscar su contenido (negarlo), abstraerlo acríticamente y reducirlo a variables numéricas desde donde operar matemáticamente. El resultado es, posteriormente, reinterpretado como un relato ideológico a gusto del capital. 


Marx sobre el capital

El planteamiento en Marx es distinto. No parte de supuestos y definiciones, sino del concreto mismo, en este caso el capital. Preguntándose analíticamente por su necesidad lo que le conducirá hasta, sucesivamente, el dinero, la mercancía (el valor) y el trabajo. Luego, recorrerá sintéticamente el orden inverso para ver en el capital: trabajo, pero no simple trabajo sino trabajo acumulado; valor, pero no simple valor, sino valor que se valoriza; mercancía, pero no simple mercancía sino mercancía que produce mercancías; dinero, pero no simple dinero sino dinero que adquiere las mercancías que ponen en marcha la producción. Así llega a la fórmula general del capital: D-M-D’, dinero que compra mercancías que permiten obtener más dinero (plusvalía).

El siguiente paso no es tomar por dada la ganancia (plusvalía) sino explicarla; para ello profundizará en la fórmula general, lejos de quedarse en la apariencia, Marx mira el contenido y descubre la mercancía capaz de generar más valor del que cuesta, la fuerza de trabajo, y el fundamento de la plusvalía, la explotación capitalista.

En ese punto Marx confirma lo que su análisis le venía mostrando, las categorías económicas reflejan las relaciones económicas (trabajo, mercancía, dinero), y el capital es también una relación económica. Esta relación económica será la base sobre la que se erigen las formas políticas e ideológicas. El capital es la compra de fuerza de trabajo por la que el capitalista entrega dinero (salario) al poseedor de fuerza de trabajo (trabajador) con el fin de que éste realice más trabajo (jornada e intensidad) del que le cuesta (plusvalía, explotación). 

A continuación, Marx estudia la relación social en su movimiento reiterado, en su reproducción, descubriendo que el capital crea sus propias condiciones de existencia, esto es se convierte en un sujeto. El sujeto que no solo pone en marcha la producción sino que además interviene en el consumo, constituyéndose en la relación social que organiza la vida de la sociedad caracterizando al modo de producción social.

Pero, el capital no solo es compra de fuerza de trabajo también es compra de medios de producción así Marx descubrirá, junto al capital variable (salarios) al capital constante (medios de producción). 

Analizando las formas de producir plusvalor descubrirá la más potente, el plusvalor relativo consistente en el avance de la productividad que abarata la fuerza de trabajo aumentando la plusvalía. También descubrirá que el plusvalor relativo exige la sustitución de capital variable por capital constante.

La mirada de Marx se detendrá en el movimiento del capital, en la acumulación y allí descubrirá, primero, que si el capital produce plusvalía, ésta produce capital. Por tanto, el capital es plusvalía acumulada. En segundo lugar, descubrirá la ley que rige el movimiento del capital, la ley de la acumulación, por la que el capital tiende a crecer, bajo las formas de la concentración y la centralización, sobre la base de la plusvalía relativa, lo cual genera un ejército laboral de reserva. Así mismo, mostrará que este movimiento ascendente es cíclico con auges y crisis.

Llegados a este punto, Marx ve un límite a la expansión del capital, presentándose las condiciones de la superación del capitalismo de la mano de la clase obrera que se desarrolla con el capital. Antes nos ha mostrado la acumulación originaria, ese momento en que nace el capital (y las clases sociales capitalista y obrera) porque el capital no existe desde siempre ni vivirá indefinidamente.

Marx también se detendrá en la circulación global del capital, no solo en su producción también en la compra y en la venta. Allí nos mostrará que el capital adopta sucesivamente tres formas (dineraria, productiva y mercantil) por las que transita metamorfoseándose primero, para mostrarse después como unidad multiforme circulando cíclicamente. Finalmente, en el entrelazamiento de los capitales individuales multiformes e interdependientes se abre la perspectiva del capital social como red de capitales individuales constituyéndose la circulación global del capital social.

que transitan en sus diversas formas entrelazándose. Esta red  es el sujeto inmediato de la vida social; sujeto que es una relación social general; relación que se objetiva en el producto de los individuos; individuos que enajenan en esos objetos sus conciencias bajo la forma de ser libres. 

Tal es nada la potencia de la dialéctica materialista puesta en movimiento, por primera vez en la historia, por Marx. Ahí, el capital es descubierto como la red que estructura la sociedad contemporánea cual sujeto que se consume para apropiarse el medio a través de relaciones sociales que organizan la vida de la sociedad, que aparecen como cosas en las que los individuos enajenan sus conciencias bajo la apariencia de la libertad. Nada que ver con la mera y estática cosificación apologética capitalista de la TEN basada en la lógica.

Así la lucha de clases tiene como componente la lucha ideológica, entre la TEN del capital y la Crítica de la Economía Política iniciada por Marx que, a su vez, descansa en la lucha epistemológica entre la lógica y la dialéctica.






lunes, 4 de agosto de 2025

El capital, los bloques y la crítica de la geopolítica


 (Dedicado a Javier Angulo, joven amigo inquieto por la geopolítica)

El auge del tratamiento geoeconómico o geopolítico, geoestratégico -todo es geo- de los asuntos nacionales e internacionales, aunque siempre haya estado presente (la obrita El imperialismo de Lenin data de primeros de siglo XX), nos lleva a preguntarnos sobre sus formas y apuntar a su crítica.

Bajo mi punto de vista, aquellos que se preocupan por una explicación honesta de la realidad y aquellos que aspiran a actuar en la realidad con miras a la superación del capitalismo, deben reflexionar sobre el enfoque a adoptar en la discusión en torno a la lucha internacional de capitales y la dinámica de bloques.

En este sentido llamo la atención sobre tres enfoques, cada uno con alcance explicativo y consecuencias políticas distintos. 

El primero sería el maniqueo, de buenos contra malos. Una versión Disney: aquí hay un bloque, el del bien, enfrente hay otro bloque, el malo; y ello por distintas razones (acuerdos comerciales o de inversión, chantaje o colaboración, armas o diplomacia, unos valores morales u otros). Entonces, se trata de posicionarse en función de ello, recopilando pruebas al efecto. 

Este es un planteamiento que, al detenerse en la apariencia inmediata (la presencia de grupos de países capitalistas), tiene el inconveniente de que naturaliza su existencia, no se pregunta por qué existen. La crítica a este enfoque no obsta para sentir simpatías por uno u otro bloque, incluso posicionarse puntualmente con uno u otro, lo cual puede ser hasta inevitable; esta crítica solo debe servirnos para ser conscientes de las limitaciones y de la ingenuidad del enfoque.

Veamos el segundo planteamiento: todos los bloques son iguales, esta lucha de grandes capitalismos internacionales es un error, una equivocación, habría que aspirar a un orden internacional donde esta lucha se regule, o se elimine, lo cual podría materializarse en instituciones supranacionales tipo ONU, OCDE, BM, FMI, G7, G15 O 20, etc. 

Esta visión que podemos denominar “ONU” o globalista, enfrenta críticamente la oposición entre capitalismos internacionalmente expansivos, en esto es un avance respecto al anterior. Pero, al presuponer la existencia de ese capitalismo (solo cuestiona su forma competitiva), sin enfrentarlo críticamente, con lo que también lo naturaliza. El capital es lo que hay, siempre lo ha habido y siempre lo habrá; y además, es mejor que cualquier otra alternativa que pueda surgir. (Algunos llegan a ver el origen del capital en el ADN humano. Spoiler: el capitalismo es social e histórico). Por tanto, hay que renunciar a la superación del capitalismo con todo lo que conlleva de resignación ante la pobreza, el atraso, el daño climático o las guerras, la retahíla de problemas que los organismos internacionales vienen denunciando reiteradamente sin ruborizarse.

Un enfoque alternativo a los dos anteriores consistiría en ver a los bloques capitalistas como formas del capital mundial, de modo que éste se expresaría, en cada lugar y en cada momento, como un imperialismo determinado. En esto puede coincidir con el planteamiento anterior. Pero, este tercero va más allá, porque no se detiene ahí, y se sigue preguntando sobre la necesidad del capital mundial.

Al cuestionar el capital como relación social mundial que regula la organización del sistema-mundo actual, que contiene en sí el enfrentamiento, ahora entre bloques o entre países, pero dentro de cada país entre capitales nacionales y entre clases sociales, abre paso a los planteamientos de avance de la humanidad hacia la superación del capitalismo.

Este cuestionamiento no debe quedar ahí sino que prosigue para preguntarse analíticamente sobre las formas concretas que preceden al capital mundial hasta llegar a la materia como forma concreta última. Así entiendo el enfoque materialista y dialéctico sobre el conocimiento objetivo del desarrollo internacional del capitalismo actual.

En cualquier caso, quiero pensar que la comprensión de los asuntos internacionales y la lucha (expresiones de contradicciones) que les da forma, atraviesen esta evolución: primero, empiezas posicionándote en un bloque; luego, los cuestionas a todos porque son iguales (buscan lo mismo y se comportan igual) y; terminas, pidiendo un cambio profundo que acabe con la raíz de los enfrentamientos mundiales y nacionales (la comunidad humana mundial regida por la ciencia, el socialismo).

El auge de las elaboraciones sobre geopolítica, geoestrategia o geoeconomía, que tienen de bueno que amplían el punto de mira al situarlo en lo global o mundial. Pero, pierden sentido si descuidan su conexión con lo nacional, regional o local. La unidad mundial del capital se fragmenta nacionalmente, pero no pierde esa unidad oculta que vuelve a expresarse en la constitución de los bloques y las relaciones entre estos; unidad presente en las cadenas globales de valor, cadenas que irrumpen en los espacios capitalistas nacionales desatando las más variadas luchas de clase, de capitales, de sexo, de cultura, de razas, de climas o incluso barriales, etc.

Estas cuestiones, los debates que se desprenden, tienen que ver con los posicionamientos sobre la política internacional y su orientación, también con la posición de los distintos partidos y sus relaciones, con los debates sobre la unidad de la izquierda o la unidad nacional (frente al extranjero o al distinto); y al fin y al cabo tiene que ver con la acción política que lleva a cabo cada cual cuando habla con un vecino sobre el genocidio palestino, el cambio climático, la carestía de los super o la corrupción. Tomar conciencia de lo que hay, un poco más atrás, de las palabras que expresan nuestro pensar, forma parte del avance de la superación del capitalismo.

El enfoque materialista y dialéctico puede parecer menos realista, más utópico, o mas alejado, pero es lo que tiene dejar de mirar el dedo cuando alguien te señala la luna. Diría más: al iniciar la comprensión de la unidad universal de la que formamos parte nos vemos capaces de apartar el brazo señalizador, experimentando el gozo y la comunión que transmite contemplar la majestuosa magnitud del firmamento ante nuestros diminutos ojos.

jueves, 31 de julio de 2025

La paradoja de Russell, la teoría y el fracaso de la lógica

La ciencia, el conocimiento objetivo de la realidad, se nos presenta en la actualidad bajo la forma de teoría. Así las tenemos de la relatividad, la cuántica o de la evolución, en el ámbito de las ciencias naturales. Y si vamos a las ciencias sociales la cosa no mejora: marginalista, psicoanalítica o del control demográfico. Como suele ocurrir cuando un paradigma domina se atreve a leer todo lo anterior bajo sus propias gafas, de modo que la historia del conocimiento es planteada como una sucesión de teorías donde la más reciente supera a las anteriores en cuanto al apoyo suscitado entre los expertos o académicos. Con ello se consuma la naturalización de la teoría como forma de exponer el conocimiento.


Nuestro esfuerzo, como pueden imaginar, irá en sentido contrario: en el de la critica de la teoría. Y por qué ocuparnos ahora de esto. Bajo mi punto de vista lo que hay en juego es la superación del capitalismo, que pasa a su vez por la eliminación de la escasez, o de manera elegante el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero, esto no será automático, sino que se realizará a través de la lucha de clases. Esta lucha habrá de darse en diversos frentes, como el de las ideas, la ciencia, o el método de conocimiento. En definitiva, se trata de avanzar en la conciencia dialéctica, frente a la lógica, como necesidad del socialismo.


Dicho esto, a modo de explicar la tarea en la que estamos inmersos, en lo que sigue expondremos la crisis de la lógica en tanto fundamento del conocimiento objetivo y el límite de la teoría en cuanto carece de fundamento racional.


Aclaremos. No se trata aquí de negar la ciencia, o el conocimiento científico, solo decimos que éste puede obtenerse y expresarse de otro modo, el dialéctico (un ejemplo es la Crítica de la Economía Política- de Marx). Retomando la crisis de la lógica, queremos recordar una de sus expresiones, la paradoja de Russell.


Friedrich Ludwig Gottlob Frege (1848-1925), filósofo y matemático alemán que, aunque poco reconocido por sus colegas, desarrolla su carrera académica con el apoyo inquebrantable de la empresa óptica Carl Zeiss. En 1893 había publicado el primer volumen de su obra Leyes Básicas de la Aritmética. En esta obra trata de fundamentar lógicamente las matemáticas, empezando por la aritmética. Esto y la fundamentación lógica del lenguaje eran los dos grandes proyectos de Frege, y de muchos otros filósofos contemporáneos y posteriores (también de Russell). 


Nueve años después, en 1902, a punto de publicar el segundo volumen de aquella obra, recibe una carta de Bertrand Russell, joven y prometedor filósofo de Cambridge, también muy preocupado por el programa logicista. Allí le anuncia, tras mostrar su acuerdo con todo, que ha detectado una dificultad en su argumentación, que desemboca en una contradicción (la gran enemiga del pensamiento lógico) y que, desde el punto de vista lógico, daría al traste con sus conclusiones. Es decir, su propuesta no permitiría fundamentar lógicamente el conocimiento teórico.


Decía Russell “no hay una clase (en su totalidad) de todas las clases que, en su totalidad, no sean miembros de sí mismas”. El problema venía del quinto axioma de Frege, que afirmaba que si todo A es una B, y toda B es una A, entonces la clase de las Aes es idéntica a la clase de las Bs. Esto llevaría a Russell a plantearse la existencia de una clase (aquí clase es igual a conjunto) de todas las clases de cosas que no son miembros de sí mismas. Este inconveniente sería conocido como la Paradoja de Russell, que podemos resumir de la siguiente forma: a qué conjunto (o clase) pertenece el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos. De otra forma, ¿se autoincluye dicho conjunto?


Efectivamente, cualquier respuesta lógica conduce a la contradicción. Al responder que dicho conjunto se pertenece, nos encontramos que no debería porque es el conjunto de los conjuntos que no se pertenecen; si la respuesta es que no se pertenece, entonces debería pertenecerse. O sea, cuando respondemos sí es no, y cuando respondemos no es sí. La pura contradicción inadmisible para la lógica.


Una forma más popular es la paradoja del barbero: si el barbero pela a las personas que no se pelan a sí mismos, ¿el barbero se pela a sí mismo? O ¿quién pela al barbero? Con esto la fundamentación lógica de la matemática se torna inconsistente.


El significado de la paradoja de Russel es que imposibilita la fundamentación racional del conocimiento científico bajo la forma teórica, empezando por la matemática. O sea, deja a la teoría sin basamento lógico. Y esto apunta a que, para salvar a la teoría, hay que desvalorizar (cuestionar) la verdad (como la teoría no explica la realidad, cambiemos lo que entendemos por verdad hasta que la teoría sea cierta), un paso previo al postmodernismo científico, la verdad líquida.


Alguien podrá pensar que esto es un refinamiento epistemológico y que no es para tanto. Para los lógicos es importante verse como portadores de la fundamentación del conocimiento científico; para algunos investigadores científicos es importante pensar que lo que hacen es racional y no una arbitrariedad, incluso pensar que lo que hacen es el mejor camino para llegar a la verdad. Estos programas son la fundamentación de los valores éticos y morales que rigen el avance del conocimiento científico. Y para los partidarios del capitalismo es importante pensar que están en la mejor sociedad posible y, sobre todo, que no hay alternativa.


Bien, termino aquí. Frege publicó su libro, a sabiendas del problema que se había encontrado, añadiendo un apéndice donde intentaba en balde responder a Russell; dedicó el resto de su vida a seguir indagando, solo pocos años antes de su muerte (el pasado 26 fue su centenario) reconoció su incapacidad para resolverlo. Russell tampoco dio con una respuesta. Nadie lo ha hecho hasta ahora.

lunes, 21 de julio de 2025

Del taller al mostrador, el trabajo creador de valor

El debate sobre el trabajo productivo tiene larga tradición en la investigación económica. También en el ámbito del marxismo. Esto se ha deslizado hacia la política bajo distintos planteamientos: unas veces sobre quién es el sujeto portador de la transformación social (fracción fabril de la clase obrera vs cuellos blancos), y otras, por ejemplo, en cuanto al modelo económico a impulsar (más o menos basado en la industria).


Marx sobre lo improductivo del comercio

En el Libro II de El Capital, Marx analiza la circulación del capital. En su primera sección, detalla actividades como la compraventa, la creación de dinero (oro), la contabilidad, el almacenaje y el transporte, cuestionando su carácter productivo.

En cuanto a la actividad de compraventa dice que es un trabajo improductivo porque la compraventa solo atañe al cambio de forma del valor (pasando de mercancía a dinero en el caso de la venta, y de dinero a mercancía en el de la compra), pero no se altera la cantidad de valor; no hay generación de valor en el despliegue de los trabajos implicados. En nuestra opinión este tratamiento es tautológico y no agota el tema.


Evidencias en contra (de la improductividad del comercio)

Además, hay fenómenos que invitan a cuestionar esta posición:

- la evolución laboral y sindical de los trabajadores del comercio no ha sido muy diferente a la de los trabajadores fabriles;

- el sector del comercio ha seguido una marcha similar al resto de sectores productivos (industria, construcción);

- existen empresas comerciales de gran tamaño (en capitalización y en empleo);

- en las empresas grandes las operaciones comerciales no son de las primeras en ser externalizadas, lo que acontece con las que aportan menor valor añadido;

- si la actividad comercial fuera improductiva habría una tendencia fuerte a ser estatalizada mejorando la tasa general de ganancia (igual plusvalor y menos capital a repartírselo) y no ocurre.

Por ello, proponemos repensar el carácter productivo de la actividad comercial. Para ello, examinaremos el trabajo de venta (o la compra, que es lo mismo visto desde el otro lado) a la luz de las determinaciones que el propio Marx sostiene para el trabajo creador de valor en el primer capítulo del Libro I de El Capital. Pero, antes conviene recordarlas.


El trabajo productivo en Marx

En el libro I de El Capital, en el primer capítulo, se explica que la propiedad de cambio (cambiabilidad) que adquieren los productos del trabajo concreto y social (para otros) tiene su origen en el carácter privado e independiente en que se realiza dicho trabajo. Dice más, que la magnitud de esta propensión al cambio, el valor, se determina por la cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente en su producción. Por último, se indica que este valor sería el fundamento del precio.

Por tanto, las condiciones del trabajo productivo de valor establecidas por Marx, son: útil, social, privado e independiente.


Del taller al mostrador

Crear una mercancía está bien, pero el salto mortal de la mercancía -dirá Marx- es venderla. Así que se trata de abandonar el taller y acompañar a nuestro esmerado artesano al mostrador o al puesto desde el que vocea su mercancía mostrando sus dotes comerciales. 

Allí, en el mercado, nuestro productor se transformará en vendedor y empleará todo su saber para informar, asesorar y convencer a los potenciales compradores sobre las propiedades de su mercancía y lo bien que se ajusta a sus necesidades; además, expedirá el producto y recogerá el dinero, introduciéndolo en la caja, devolviendo el cambio; finalmente, despedirá al satisfecho comprador que abandonará el establecimiento con su artículo y el bolsillo aligerado.

Como se ve, esta actividad de venta requiere trabajo: vivo (fuerza de trabajo cualificada y habilidosa) y muerto (local, estantes, maquina registradora, cinta deslizante, electricidad, aparatos de medida, etcétera).


El trabajo productivo de venta

Ahora veamos si este trabajo comercial cumple con las determinaciones del trabajo productor de valor, que expusimos arriba.

El trabajo de venta, pensemos en el voceo de la mercancía, es un trabajo que produce un efecto útil, una utilidad, aunque solo sea la realización del valor de la mercancía, o sea su conversión en dinero.

Además de útil para el vendedor, es un trabajo útil para el comprador pues le permite hacerse con el producto, apropiárselo. Desde el momento que el productor empieza a elaborar el producto está pensando en quién se lo puede comprar. Esto es un signo de la utilidad social que media en la producción y en la venta de la mercancía.

El trabajo de venta, que realiza el productor de mercancías, se realiza de manera privada, éste organiza a su manera la actividad decidiendo el qué, el cómo, el cuándo y el cuánto. La garantía de todo ello es la propiedad privada de los medios de producción (de venta, en este caso).

Igualmente, se trata de un trabajo realizado de modo independiente, no existen vínculos que unan personalmente al vendedor y al comprador; ambos son personificaciones de sus respectivas mercancías (la del comprador es el dinero).


Nuevo planteamiento sobre el trabajo de la circulación

Dado que el trabajo de venta es socialmente útil y realizado de manera privada e independiente, hemos de considerarlo productivo de valor según el propio criterio de Marx y, paradójicamente, contra su posición. Cuestión que merecería una reflexión aparte: por qué Marx no vió esto.

Si la venta en tanto trabajo social, además se realiza de manera privada e independiente (sea mercantil simple o capitalista), dicho trabajo se materializará como valor en el producto que se venda, agregándose al valor de la producción un valor de circulación (de venta). Ambos, valor de producción y valor de circulación (incluye venta, transporte, contabilidad y  almacenaje) sumarán el valor total de la mercancía, que será la sustancia de su precio.

De esta forma, bien si es el propio productor el que vende el producto, bien si se trata de un sujeto especializado en la venta, vendedor autónomo (comerciante), o un vendedor contratado asalariadamente, en todos esos casos el trabajo de venta crea valor y este valor se añade al valor de producción. Ademas, en el caso del vendedor asalariado, su trabajo generará un plusvalor.

sábado, 12 de julio de 2025

Poder judicial y capital (y 3)

Exploramos diversas ideas: el papel del sindicalismo judicial en la politización de los jueces; el fenómeno del enfrentamiento ejecutivo vs judicial a nivel internacional y las peculiaridades del caso español; y la determinación más general, el papel del poder judicial en la relación de capital.


Protesta laboral y politización judicial

Los últimos tiempos fueron testigos del ascenso de la politización del poder judicial que adquirió niveles de visibilización desconocidos. Una vanguardia judicial, que no tiene que ser toda de derechas (pero, lo es predominantemente), ha estado acompañada por todo el entramado judicial, e incluso social (medios, partidos y empresas, por ejemplo). Nuestra hipótesis es que la protesta judicial de los últimos tiempos, sobre todo laboral, ha servido para empoderar al colectivo y estimular a los individuos protagonistas de este creciente protagonismo político.


Con esta de 2025 ya son seis las huelgas de jueces convocadas en democracia. En la primera, en 2009 (PSOE), el colectivo pidió adecuar el ratio de jueces a los estándares europeos, que se cumpliera la ley de retribuciones, recién aprobada en ese momento y que suponía subidas salariales, y la retirada del proyecto de ley de dar a los secretarios judiciales la facultad de señalar los juicios. La siguiente, en 2013 (PP), apoyada por unos 2.100 profesionales y secundada por todas las asociaciones judiciales excepto APM, se convocó en protesta contra las reformas del entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. En 2018 (PSOE) se hicieron dos huelgas para exigir mejoras en sus condiciones laborales, en mayo y en octubre. La penúltima, en 2023 (PSOE+UP), se convocó, pero no se terminó materializando, tras alcanzarse un acuerdo sobre una subida salarial con el Gobierno.


Este ciclo de movilizaciones judiciales ha creado las condiciones para que jueces con determinados perfiles ideológicos acompañaran a otros poderes (mediático, partidario, empresarial) en la presión política, sin apenas costes (huelgas gratuitas, irresponsabilidad ante errores, ausencia de criticas mediáticas, etc). Nada que ver con el coste que pagan otros colectivos cuando protestan (Las seis de La Suiza, la huelga del metal en Cádiz, Los seis de Zaragoza, el rapero Pablo Hasél, Óscar Reina del SAT, el caso Nahuel, entre otros).


Poder judicial versus poder ejecutivo

La mencionada politización judicial y la judicialización de la política han tenido que presentarse como un enfrentamiento abierto entre dos poderes del estado (judicial y ejecutivo), fenómeno que se ha repetido a escala internacional. Ambos poderes, expresión de la división de poderes del estado capitalista, lejos de garantizar su pacífico desarrollo (principio de control y equilibrio) se ha convertido en fuente de inestabilidad. Esta guerra entre los diversos aparatos estatales tiene que expresarnos cambios en el estado y necesidades respecto de su función en el sistema capitalista.


La Gran Recesión de 2008, el tambaleo del sistema financiero a nivel internacional, la crisis de legitimación derivada, quizás brindó la oportunidad para que, ante el debilitamiento de los poderes tradicionales (empresarial, legislativo, ejecutivo), el poder judicial asumiera el papel protagónico (encaramados a sus estrados, armados de sus togas y con sus mazos en ristre) que la estabilidad del sistema requería cuando la lucha de clases podía ponerlo en peligro. 


Efectivamente, diversos países conocieron este fenómeno, previamente los jueces se habían presentado como saneadores de un sistema político y económico podrido, adquiriendo ese falso halo de independencia y neutralidad otorgado por la condena a empresarios y políticos corruptos. Así Fernando Lugo (Paraguay) destituido en 2012, Dilma Rousseff (Brasil) a la que se aplicó un impeachment (acusación) en 2016, Rafael Correa (Ecuador) exiliado desde 2017 y condenado finalmente en 2020, Lula da Silva (Brasil) condenado y encarcelado en 2017, Evo Morales (Bolivia) condenado en 2019, Cristina Fernández (Argentina) condenada en 2022 y recientemente encarcelada domiciliariamente, Pedro Castillo (Perú) destituido y encarcelado en 2022, en cuanto ejemplo de dirigentes izquierdistas en el poder laminados en procesos (golpes blandos) con activismo judicial destacado. Los casos en que los líderes izquierdistas no están el poder y a los cuales se les monta una campaña judicial-mediático-partidaria para evitar que ganen elecciones o reducir sus resultados son también frecuentes.


Sin embargo, y sin negar lo anterior, algunos casos de líderes de derecha (Trump, Bolsonaro, Sarkozy, Netanyahu, varios de los ministros de Aznar, Rajoy y su ministro Fernández) también han sido objeto de denuncias y condenas judiciales. Ciertamente, nada que ver con la saña y la agresividad judicial y mediática cuando los políticos son de izquierdas.

En cualquier caso, nuestra hipótesis es que aunque el ensañamiento se produzca cuando los líderes y las políticas que emprenden remueven estructuras y cuestionan el poder de las elites, el fenómeno iría más allá de la confrontación izquierda versus derecha, enlazando con el desarrollo de la lucha de clases. Incluyendo la lucha dentro de la propia clase obrera, entre sus fracciones, una de las cuales son los jueces. 

Esta guerra dentro del estado tiene que decirnos algo, sobre el papel del estado en la sociedad capitalista, por un lado, y sobre su propia reconfiguración, es decir cómo ha de cambiar para llevar a cabo su función de la manera más adecuada. Pero, cual es el papel del estado, qué papel ocupan los jueces y los gobiernos, qué relación puede tener esto con los cambios en las sociedades y en su principal vinculo organizador, el capital; qué le ocurre a la acumulación de capital a nivel internacional que se está expresando, ya en el ámbito de la lucha de clases, con este enfrentamiento entre los poderes del estado y en el que los jueces han adoptado un papel protagónico. Es posible que la automatización, la digitalización y la IA, como formas de la plusvalía relativa, tengan esta expresión política. O estos cambios técnicos amenacen la propia función judicial, y la politización de la justicia responda a esta necesidad. Preguntas cuyas respuestas pueden tener interés en la organización de la acción política de la clase obrera, pero que por ahora no estamos en condiciones de responder.


Justicia y conflicto en el capitalismo

La relación social específica del modo de producción capitalista, la compraventa de la fuerza de trabajo (relación económica), enfrenta a dos mercancías: el dinero y la fuerza de trabajo. Pero, las mercancías, como dice Marx, no van solas al mercado. Por ello, esta relación económica aparece como un acuerdo consciente y voluntario entre individuos propietarios, iguales, que buscan su propio interés y libres, o sea un contrato. En nuestro caso el contrato laboral, la forma jurídica que adopta la relación económica asalariada (cambio de fuerza de trabajo por salario). Y allí, en el mercado, los portadores de las mercancías han de personificarlas, han de pensar y actuar como si ellos fueran sus respectivas mercancías. Esta es la primera determinación de la conciencia de los individuos propietarios de mercancías, su conciencia libremente enajenada (el contenido, la enajenación, adopta la forma de la libertad).

Esta relación es estructuralmente antagónica y conflictiva, el interés de uno se opone al del otro (más salario y menos jornada, demanda el obrero, frente a menos salario y más jornada que exige el capitalista) y el acuerdo presupone la tensión y la lucha.

Esta conflictividad se irá trasladando en los diversos niveles en que se va transmutando la relación económica desde el contrato individual hasta la ley pasando por el convenio o contrato colectivo y, finalmente, el propio estado. Todos son formas jurídicas y políticas de la lucha de clases, a su vez la forma necesaria de realizarse la relación social (económica) fundamental, el capital y su movimiento (la acumulación de capital).

El papel del juez, del sistema judicial, del aparato judicial de estado, del poder judicial, es garantizar el cumplimiento de las formas jurídicas de la relación económica, o sea garantizar que la compraventa por el valor está formalizada. Canalizan el conflicto de clases hacia el mundo de las formas jurídicas, con ello trasladan (pero no resuelven) la contradicción. El fin es evitar que la lucha de clases desborde la acumulación de capital, o sea garantizar formalmente el orden social (de la garantía material se encargan la policía, el ejército y el sistema presidiario). El sistema judicial pertenece al estado, por tanto representan al capital en su totalidad social; no representan a este o aquel capital, sino al conjunto. Por eso, tras su independencia de los capitales privados, lo cual no exime que estén influidos por ellos, es el servidor de la relación capital. Los jueces personifican su mercancía, la fuerza de trabajo cuyo valor de uso es el cumplimiento formal de los contratos, por tanto de la propiedad, la libertad, el interés privado y la igualdad. Ni que decir tiene que son los valores ideológicos que pueden ser realizados en la sociedad capitalista, no las ideas que cada cual quiera tener sobre ellas (idealismo).


La solución definitiva de las contradicciones de clase no tiene otra manera de llevarse a cabo que con la eliminación de las clases, el socialismo. En el proceso que nos lleve a tal fin, qué papel jugará esta particular fracción de la clase obrera (si logra sobrevivir al avance de la IA) cuya función inmediata es la coacción jurídica del resto de la sociedad. No puedo menos que recordar la anécdota de Lenin al comentar las dificultades de la transformación de los aparatos de estado; allí específicó, sin embargo, que uno de los más fáciles de sustituir era el judicial, primero porque las leyes anteriores eran poco válidas en el nuevo orden social y, segundo, porque para la aplicación de las nuevas leyes contaba más el sentido común al alcance de cualquier obrero que la enrevesada jerga leguleya de la justicia burguesa.

miércoles, 9 de julio de 2025

Judicatura y lucha de clases en la España reciente (II)

Anteriormente nos detuvimos en la huelga de jueces en cuanto medida laboral de presión como expresión inmediata de una lucha económica de clases. Ahora, veremos a la clase de los jueces en su relación con el conflicto político. Lo cual nos descubrirá enfrentamientos incluso dentro del estado. En fin, se va desplegando ante nuestros ojos una diversidad de formas de la lucha de clases, cuyo contenido será objeto en la próxima entrega.


La reforma del sistema judicial

De nuevo, por qué jueces y fiscales inician una campaña de protesta contra el gobierno. En lo inmediato, reaccionan ante la reforma del sistema judicial que el gobierno ha presentado al parlamento para su tramitación por vía urgente. 

Entre las medidas que han hecho saltar las togas por los aires, las asociaciones convocantes apuntan las siguientes. 


* Pruebas anónimas para acceder a la carrera judicial (¡herejía meritocrática!).

* Que los fiscales instruyan causas (como en otras democracias, pero aquí somos…).

* Hacer que el fiscal general no se marche con el Gobierno que lo nombró (la independencia que no se controla, molesta).

* Rebajar de 15 a 5 años la experiencia para el acceso por el “cuarto turno”.

* Regularizar jueces y fiscales interinos (954 jueces y 331 fiscales en precario… ¿cómo se atreve el Gobierno a querer formalizarlos?).

* Y lo imperdonable: crear un centro público de preparación para opositores, restando negocio a los jueces preparadores.


Estas medidas son vistas por las agrupaciones de jueces convocantes como amenazas al estado de derecho, la independencia judicial y la profesionalidad de los jueces, mientras el gobierno y sus defensores insisten en la democratización y la modernización de la justicia.


La judicialización de la política

Visto el origen del reciente enfado judicial, hemos de preguntarnos por qué el gobierno se mete en este berenjenal de la reforma judicial. En un contexto en el que a pesar de un cuadro macroeconómico envidiado por el resto de la UE, persisten problemas que sacuden a la clase obrera: tanto nacionales (vivienda, servicios públicos, rearme, salarios, inflación) como internacionales (amenaza nuclear, cambio climático, guerra, genocidio palestino, …), este enfrentamiento con el poder judicial podría parecer caprichoso.


Pero, no. El Gobierno ha dejado de mostrar respeto ante las decisiones judiciales que le han resultado adversas, pasando a acusar a determinados jueces de actuar deliberadamente para debilitarlo e incluso manifiesta sospechas de que el PP recibe información judicial privilegiada. La reforma judicial del gobierno forma parte de esta respuesta al acoso judicial más reciente: caso hermano del Presidente, caso esposa del Presidente, caso Fiscal General, casos Leyre (cargo del PSOE), Koldo (ex-asesor gubernamental), Ábalos (ex-ministro y ex-Organización del PSOE), Cerdán (ex-Organización del PSOE). 


Ahora bien, para que esta instrumentalización de la justicia con fines políticos (lawfare o guerra judicial) adquiera pleno sentido ha de acompañarse del acoso mediático (mediafare o guerra mediática) y de la polarización partidaria. De esta forma, a la vez que se desgasta al ejecutivo se va creando la alternativa de gobierno. No es necesaria una minuciosa coordinación, que si la hay es más efectiva, basta con que cada uno haga su parte y, sobre todo, que “el que pueda hacer que haga”. Veamos cómo opera este tridente judicial-mediático-partidario.


El modus operandi de la estrategia judicial-mediática-partidaria


A grandes rasgos el guion de esta estrategia, en el caso del ataque al gobierno de izquierdas (puede ser también de la derecha), deteniéndonos en el papel de los jueces.


1. Se presenta una denuncia, a veces basada en un pantallazo o recorte de prensa de dudosa credibilidad.

2. Suele venir de asociaciones de derecha como Abogados Cristianos (valores religiosos), Hazte Oír (antifeminismo), Manos Limpias (antinacionalistas), Concordia Real Española (antirrepublicana), expertas en querellas “creativas” haciendo uso de la acusación popular. El propio Vox ha hecho un uso intensivo (procés, alsasua, gestion Covid, antimemoria historica, antiLGTB, antigobierno, entre otras).

3. Un juez "receptivo" admite a  y abre instrucción.

4. El juez pide informes (AIREF, UCO, UDEF, ...) se interroga, se filtra. Cada paso es una portada.

5. Los medios amplifican (portadas, titulares, noticiarios, tertulias), los políticos se lanzan al cuello en el parlamento, y vuelta al informativo de las 15 o las 21h.

6. El caso puede cerrarse por falta de pruebas, prescripción o “se me pasó el plazo, ups” (como recientemente le ocurrió al juez Peinado con una causa con implicación del alcalde Almeida y del director de OK diario).

7. Aun así, el daño político ya está hecho. Nadie rectifica, pide disculpas públicas ni responde de errores.


La actuación judicial, en el marco de la estrategia judicial-mediático-partidaria, igual que va en el sentido del desgaste del gobierno puede ir en el sentido de aliviar o salvar al partido de la oposición. Un ejemplo reciente lo recogía el diario digital El Plural: “El juez Peinado deja morir la instrucción de un caso de presunta prevaricación que salpica al alcalde Almeida y a Eduardo Inda” al pasársele uno de los plazos. Es un ejemplo de vinculación directa: juez-PP-OK diario.


Antecedentes del tridente

Esta estrategia judicial-mediático-partidaria lleva tiempo en España. El anterior gobierno de coalición, particularmente el sector de Unidas Podemos (anteriormente sus principales dirigentes), fue objeto de ella como acreditan más de veinte causas judiciales abiertas que tras alargarse años, ocupar portadas, generar titulares y monopolizar tertulias, terminaron siendo archivadas. 

También ocurrió con líderes independentistas catalanes. Incluso anteriormente, en el marco de ataque a la izquierda hay que recordar el caso de Rodrigo Torrijos integrante por IU en un gobierno de coalición con el PSOE en la ciudad de Sevilla durante la primera década del nuevo siglo, finalmente absuelto de las cuatro causas abiertas. El ataque sufrido por el nacionalismo vasco en los años noventa también puede inscribirse en este tipo de estrategias. Más aún, la segunda república fue testigo del sabotaje judicial.


Ante estas evidencias no queda más remedio que preguntarse por el activismo judicial contra los gobiernos de izquierda en España.


La politización de la justicia

Para que se produzca la judicialización de la política se requiere la politización de la justicia. Es decir se necesitan, antes que nada, jueces dispuestos a desempeñar ese papel, que entiendan que su labor profesional pasa por acabar con este gobierno; ¡ojo! no tienen que ser todos los jueces, basta con que haya los suficientes. Ejemplos concretos son los jueces Castellón, Alba, Gadea, Marchena, Escalonilla, Peinado o Hurtado. Las razones por las que una persona, en este caso juez, tiene tendencia a rascarle a la izquierda o acariciar a la derecha son variadas (ideológicas, económicas, partidarias, incluso la próxima jubilación, entre otras) y no nos detendremos.


Porque para que esa voluntad individual adquiera relieve y no quede en lo anecdótico han de darse más elementos: un marco profesional que se lo permita, pues cuentan con la colaboración de más profesionales; también es importante la simpatía de las asociaciones de jueces, prestas a defenderlos en cuanto asoma un atisbo de crítica; así como unos superiores (hasta llegar al principal órgano de gobierno de los jueces, el CGPJ) que no les pidan cuentas cuando gastan ineficazmente los recursos y no les exijan responsabilidades y sancionen ante los errores; la “complicidad” del resto de poderes del estado (ejecutivo y legislativo) que lejos de controlarlos les dejen hacer (eso ha venido ocurriendo hasta hace poco); así como la connivencia de otros poderes de la sociedad como el mediático (el blanqueamiento del talibanismo judicial puede llegar a ser sonrojante), entre otros posibles. 


Se podría decir que una exitosa vanguardia judicial contra la izquierda nos lleva, o implica, la politización de la estructura judicial (y la del resto de la sociedad). Lo cual, bajo nuestro punto de vista, tiene que ver con el papel que juega la justicia en la sociedad capitalista, particularmente en la relación social general que la organiza, el capital; cuestión que trataremos en la próxima entrega.

jueves, 3 de julio de 2025

Togas y estrados en la lucha de clases: poder judicial y capital (I)

En las siguientes líneas, nos enfrentamos a la reciente huelga judicial en España preguntándonos por su necesidad. 

Este análisis, que toma al concreto real sin supuestos y se cuestiona su causa inmediata, sin detenerse en ningún concreto hasta agotar la búsqueda, o sea hasta la materia misma, es el primer paso. A continuación, se procede inversamente mediante la síntesis. Esta es, en nuestra opinión, la forma de investigar la realidad para reproducirla en el pensamiento; forma que se ajusta a la dialéctica materialista, método de la Crítica de la Economía Política. 

No obstante, tranquilos, en este caso, no llegaremos tan lejos. Y es que la huelga de jueces en España se nos presenta como parte de un movimiento más amplio, internacional y social que hunde sus raíces en la acumulación internacional del capital, pasando por los cambios en que está inmersa la clase obrera y las innovaciones tecnológicas como la Inteligencia Artificial, y donde las peculiaridades del proceso español de acumulación de capital también juegan; incluyendo al propio sistema judicial (derecho de huelga y salario de jueces, o la regulación de la acusación popular y su particular uso por la extrema derecha como recurso de la lucha de clases). Ahora es nada...


La huelga de jueces y fiscales

Los jueces y fiscales, como si de obreros metalúrgicos se trataran, han bajado de sus estrados y han ido a la huelga los días 1,2 y 3 de julio de 2025.

Una acción no exenta de polémica. Pues el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el empleador de los jueces, no la dió por convocada. Por una vez, los vocales del CGPJ, dejando atrás la tradicional división entre bloque progresista y conservador, votaron corporativamente al unísono para expresar: “El ejercicio del derecho de huelga de jueces y magistrados carece, en el momento actual, de soporte normativo por lo que no procede tener por anunciada la convocatoria de huelga ni, al carecer el Consejo General del Poder Judicial de competencia para ello, fijar servicios mínimos”.

Sí, no hay servicios mínimos para nuestros servidores públicos. Pero, nadie escuchará o verá rasgarse las vestiduras por este detalle que, en otras protestas laborales, tanto polvo levantó; y menos cualquier alusión a huelga salvaje.


El derecho de huelga de jueces y fiscales en España

El asunto es que el derecho de huelga de los jueces ha sido un tema peliagudo. Sus asociaciones profesionales reclaman que, como ciudadanos (añado yo, asalariados, que suele olvidarse), tienen el mismo derecho de huelga que cualquiera (el previsto en la constitución en su artículo 28.2). Llegando a defender en sus comunicados expresiones de este tenor:  “La huelga constituye una medida legítima, proporcionada y responsable en defensa de los principios fundamentales del Estado de derecho, de la independencia judicial y de nuestras condiciones profesionales”

Sin embargo, en otros momentos se ha argüido que la pertenencia a uno de los poderes del estado les privaría de este fundamental derecho. Debate interesante desde el punto de vista de la clase obrera, en el que las posiciones derecha vs izquierda, paradójicamente, parecen invertirse.

Así la mayoría del bloque progresista del CGPJ advierte de que la Constitución española “no reconoce el derecho a la huelga de los integrantes de los poderes del Estado”; derecho, señalan estos vocales, que nuestra Carta Magna solo reconoce a los trabajadores por cuenta ajena (según estableció el Constitucional en una sentencia de 1981), mientras que el derecho de huelga de los funcionarios se ha regulado por ley (en la Ley de Reforma para la Función Pública de 1984 y en el Estatuto Básico del Empleado Público), pero éste no es aplicable a jueces, magistrados y fiscales (como recoge su artículo 4.c).


Gratuidad de las togas caídas

En cualquier caso, esta falta de “soporte normativo” no es nueva. Ya fue expresada por el CGPJ en la primera huelga de jueces en 2009, repitiéndose en las sucesivas.

Pero, esto no presenta inconveniente a sus señorías. Pues, no les supone merma salarial alguna. Como leen. Todo porque su pagador, el Ministerio de Justicia, no puede proceder al descuento correspondiente al no ser el órgano competente, según sentencia judicial (sic), para realizar el registro del absentismo de los jueces, que corresponde al CGPJ, que como hemos visto no da la huelga por convocada. 

Es lo que ocurrió en 2018 cuando el Ministerio, tras descontarles la parte proporcional del salario, hubo de devolverla por el mencionado problema de forma. Esta vez el Ministerio de Justicia ha pedido al CGPJ que le informe de los jueces huelguistas, pero como éste no reconoce la huelga, veremos si esta huelga también les sale gratis a nuestras togadas personas asalariadas.

Así que nuestros jueces, personificaciones de la fuerza de trabajo judicial que se vende por un salario al estado, realizan huelgas ilegales sin servicios mínimos a costa del erario público español. Además, con bastante buena acogida mediática, pues no verán en las televisiones, radios y prensas, críticas o meros comentarios sobre los efectos de la anulación de juicios a cuenta de este paro.


La protesta judicial en España

Pero, por qué los jueces y fiscales se lanzan a la protesta laboral. Ya venían calentando motores: concentración del 28 de junio, paro laboral parcial del 11 de junio; además, apoyadas y jaleadas por la derecha y la extrema derecha.

Estamos ante una campaña de protestas convocada por 5 de las 7 principales asociaciones profesionales, que no sindicatos. Todas menos las progresistas (Jueces por la Democracia, Asociación de Fiscales Progresistas). Aún faltarían otras asociaciones como las de interinos, que también existen. No está nada mal para un colectivo que no supera los 6 mil. Para que alguien dude de la propensión a la organización solidaria de jueces y fiscales cuando de sus derechos laborales se trata. Y es que la clase de los asalariados tiene eso: que, en tanto personifica su mercancía (fuerza de trabajo) no tiene más remedio, por razones que ahora no abordamos, que  tomar conciencia para defender sus condiciones de venta por su valor.

Pero, la reciente movilización judicial va más allá de la mera reivindicación laboral,  planteándose motivos más elevados: la defensa del estado de derecho, la independencia judicial y el prestigio profesional. Veamos.

sábado, 28 de junio de 2025

Más sobre corrupción: comentario a Tirado

He leído el artículo de Arantxa Tirado ( Llámalo corrupción, llámalo capitalismo ) y me ha sugerido una serie de reflexiones que quisiera compartir. 

Vaya por delante que estoy de acuerdo con la idea principal, el capitalismo es un sistema corrupto o la corrupción está en la base del funcionamiento del capital.

Estas reflexiones a veces son discrepancias y otras son desarrollos, pero por la posible utilidad social para los planteamientos políticos transformadores me decido a publicarlas.

Una primera cuestión es el cobro de comisiones y su valoración. En general, bajo la moral, la ética y la legalidad capitalistas, el cobro de comisiones por facilitar la comercialización de un producto, bien su venta bien su compra, es incuestionable.

Está en la naturaleza del capitalismo la obtención de beneficio (plusvalía) por una actividad económica. Cierto, que esa normalidad se suele asociar a la producción de bienes y servicios, y se empieza a cuestionar cuando de lo que se trata es de comercializar el bien o servicio. Pero, el desarrollo histórico del capitalismo y, sobre todo, la investigación del capital muestran que la expansión de la producción capitalista implica necesariamente el desarrollo del comercio capitalista. Vamos que no se trata de una ocurrencia casual, ni de una elección más o menos afortunada, sino de una necesidad, de un determinismo (por mal que les pese a los que prefieren negar el conocimiento científico de la realidad bajo diferentes formulaciones). Hasta el punto, de que no sólo el comercio de mercancías (realización del valor) sino de la propia expresión general del valor, o sea del dinero, es un requisito indispensable del desarrollo capitalista. Repito esta es la realidad constatable en cualquier país capitalista, y es también una de las conclusiones de las reproducciones intelectuales del concreto social que denominamos capital, caso de El Capital de Marx en sus tres libros donde dedica muchas páginas al capital comercial y al capital dinerario.

El problema viene cuando se realiza en una situación de necesidad social general, caso de la pandemia (cuando muchas personas se contagiaban y morían por falta de material sanitario) con el cobro de comisiones por la intermediación en la adquisición de mascarillas. Se suman otra serie de factores: el volumen de las comisiones que multiplicaban varias veces la valoración de las propias mascarillas, esto se justifica como un problema de oferta y demanda; aprovechar la relajación de los controles administrativos; hacerlo con familiares (el primo del alcalde de Madrid, el hermano de la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid, el asesor del ministro de Transportes) observándose cierto nepotismo o tráfico de influencias (negacion de la objetividad de la relación social capitalista frente a las relaciones personales que dominan en el precapitalismo).

Otra cosa es el debate sobre si lo que se hace en el ámbito privado es respetado y exaltado, pero si se hace en el público es condenado hasta el punto de la ilegalidad. Aquí juega un papel importante la administración de los recursos públicos.

Qué implica la corrupcion desde el punto económico; de donde sale la comisión que se apropia el comisionista. Si es publico (productor, presupuesto publico) o privado (productor, consumidor productivo o final).

Efectivamente el cobro de comisiones es normal en el capitalismo; lo hemos asumido como normal porque es la relación social general: la actividad económica es a través del capital; el capital conlleva beneficio (incrementar el dinero, el valor inicial).

Se cuestiona al comisionista porque aparentemente es un trabajo laxo, poco esfuerzo, poco duradero, y se lo trivializa (levantar un teléfono, mandar un Whatsapps o informar de un contacto), todo ello se cataloga de trafico de influencias, información privilegiada, para la teoria economica es informacion asimetrica, talento empresarial, ...

La coincidencia de personas cercanas a distintos partidos compartiendo negocios nos indica que las relaciones de clase unen más que las afinidades ideológicas.

Cuestiona la separacion de política y economía. Correcto. La política es una expresión, una forma, de la economía (contenido).

El debate de fondo sobre la corrupción lo sitúa en la economía, más que en la política. Las dinámicas económicas establecen reglas de juego y determinan lo que se hace en la política. La misma práctica es vista como corrupta porque es ilegal, pero en otras circunstancias donde es legal, no es vista como corrupta. Pone el contrasta del cobro de comisiones por la venta de mascarillas a organismos públicos con el cobro de comisiones por conseguir contratos de trabajo en una ETT (empresa de Trabajo temporal), o con la externalización y subcontratación. La legalidad hace al derecho. Otra superestructura, otra forma de la economía (contenido).

Añado: en la empresa privada el propietario contrata a quien quiere, muchas veces familiares o amigos, amparados en el ejercicio de su libertad de empresa y de mercado; es una práctica que está bien vista o no genera reprobación pública y no está condenada legalmente. Sin embargo, en el sector público hacer eso, por parte del gerente o responsable, está mal visto (enchufismo) y sería un delito.

La corrupción se relaciona con la legalidad, con el delito. Otra vez la superestructura. Si es legal no es corrupto, si es ilegal es corrupto. Por qué el criterio legal prevalece. El dominio del derecho.

El capital es una relación social en la que el obrero entrega (vende) su fuerza de trabajo, trabajando durante un periodo de tiempo (jornada) generando valor (valor añadido), a cambio de un salario.

Esta relación tiene una apariencia, una forma que existe y es objetiva (la más inmediata el contrato laboral), caracterizada por: la propiedad, la igualdad, la libertad y el interés propio (Marx dirá Bentham, la economía moderna lo llama egoísmo). 

Es una relación entre iguales porque ambos son propietarios (de mercancías).

Es una relación entre propietarios de dinero a valorizar de un lado y de fuerza de trabajo de otro.

Es una relación entre individuos libres porque ninguno está sujeto a relaciones de dependencia (esclavitud, servidumbre), el trabajador puede ofrecerse al capitalista que quiera mientras el capitalista puede contratar al trabajador que desee.

Es una relación entre voluntades que persiguen un fin propio, el capitalista persigue aumentar su capital (beneficio) mientras el obrero persigue un salario.

Pero, tras la forma, está el contenido de la relación de capital, que es la explotación de la persona asalariada, conseguir que durante su trabajo genere más valor del que cuesta, producir plusvalor. Y esto es el ser del capital, su naturaleza, su esencia. Mientras que la forma (propiedad, igualdad, libertad, interés propio) responde a cómo se expresa este ser; cuestión que es más modificable, adaptable, moldeable, sujeta a una mayor o menor evolución o transformación dentro del ser, del capital.

Esto plantea cuestiones interesantes: los distintos modos en que la forma expresa el contenido; cambio de forma versus cambio de contenido; la contradicción entre forma y contenido, por ejemplo, de suma utilidad política. Pero, aquí nos vamos centrar en otra cuestión que me tiene enganchado porque la detecto con frecuencia en los planteamientos de izquierda.

Se dice, por ejemplo, que la relación de capital es injusta porque el obrero no es libre. Se reprocha a la relación capitalista que no es una relación entre iguales. Dice Tirado, el capitalismo es corrupto porque presenta como libres cuando una de las partes no es libre.

“el capitalismo es un sistema corrupto porque presenta como libres relaciones sociales de poder donde una de las partes no tiene posibilidad de ser auténticamente libre ni de elegir a dónde va el producto de su trabajo, que es apropiado por una minoría de parásitos, que no son llamados corruptos porque lo hacen de manera absolutamente legal.”

Se refiere al obrero, al que no considera libre. Supongo que se refiere a que el obrero está obligado a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Pero, eso mismo podríamos decir del capitalista, está obligado a comprar fuerza de trabajo a riesgo de no producir plusvalor y con ello no obtener beneficio que es la base de su reproducción material. Con lo cual ninguno sería libre. Tal como yo veo el asunto: esa es la libertad capitalista, y en relación al obrero esa es la libertad que el capitalismo depara a la clase obrera. Cuando decimos que esa libertad no es real, no es plena, es insuficiente o no es libertad, lo que estamos es comparándola con otra supuesta libertad, bajo otras condiciones, que existe en nuestras cabezas (libertad ideal o idealizada). Así, comparamos la libertad capitalista del obrero con la libertad ideal. Me pregunto, si el avance de la conciencia dialéctica pasa por ahí. Me temo que no. Además, y más importante, si esa es nuestra crítica a la relación de capital, hemos de ser conscientes que nos hemos quedado en el aspecto de la forma, mientras el contenido permanece.