Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de diciembre de 2025

La izquierda ante el declive del eurocapitalismo

Introducción

Las recientes declaraciones de Trump sobre la Unión Europea calificándola de decadente y “gobernada por débiles” ya no ruborizan ni a las propias élites. Funcionan como un espejo que devuelve la imagen de un precipicio hacia el que pueden ser arrastrados los pueblos europeos.  A la vez, colocan a la izquierda en una encrucijada: además de organizarse frente a la ola derechizadora, necesita levantar la mirada y preguntarse qué referencia estratégica internacional adoptar en un escenario de agotamiento del modelo eurocapitalista.


Antecedentes históricos y la revolución rusa

El primer cuarto del siglo XX vivió un auge reivindicativo, mediado por ideologías revolucionarias. Aquello no fue un accidente político, sino el resultado del desarrollo capitalista, que incrementaba aceleradamente y desordenadamente la fuerza de trabajo, incentivando su organización y lucha. Fue el propio capital quien abrió el gran ciclo de luchas sociales a nivel mundial: revolución mexicana (1910), revolución alemana (1918), la república soviética húngara (1919), el bienio rojo italiano (1919-1920). Por supuesto, también, la revolución rusa de 1917.

Esto no pasó desapercibido a las clases dominantes y las alertó sobre la necesidad de tomar medidas. La más inmediata fue la represión, pero pronto se pusieron en marcha estrategias más “inteligentes”. En Europa, en países como Gran Bretaña y Alemania, la burguesía apoyada por sus estados, exploraron fórmulas reformistas: legalización de sindicatos, sufragio masculino, seguros sociales (pensiones y desempleo).

La Gran Depresión de 1929, en USA, fue otra prueba de fuego. El New Deal de Roosevelt no solo fue un programa económico, también tuvo un componente ideológico: mostrar la viabilidad del capitalismo reformado que neutralizara el peligro comunista.


La URSS y la emergencia del eurocapitalismo

De modo que el modelo de desarrollo capitalista europeo se acelera y generaliza tras la Segunda Guerra Mundial, resultado del nuevo equilibrio del capitalismo mundial, para responder directamente a la experiencia soviética. 

Efectivamente, la sociedad soviética y sus avances sociales (pleno empleo, educación y sanidad gratuitas, política de viviendas, el voto femenino, aborto, guarderías, entre otros), eran un atractivo escaparate para las clases trabajadoras mundiales y europeas. 

Más allá de las consideraciones sobre la naturaleza social de la URSS (ver nuestro blog), la clase capitalista mundial vio un justificado peligro en la “gran patria socialista”, donde: la burguesía fue expropiada, centralizada estatalmente la propiedad de los medios de producción e implantada la ideología socialista legitimadora de todo ello. 

Así que la supervivencia de la URSS, a pesar del hostigamiento del capital internacional (intervención en la guerra civil rusa, bloqueo diplomático y económico, campaña anticomunista permanente, represión de organizaciones obreras y comunistas, incluso la propia II GM) y la posterior victoria en la Segunda Guerra Mundial, mostró a la clase capitalista, principalmente estadounidense y europea, la necesidad de emprender formas de dominación más sutiles.


El auge del eurocapitalismo

El eurocapitalismo fue la respuesta, a través de la lucha de clases, al doble desafío: mantener el capitalismo bajo la hegemonía estadounidense, por una parte, a la vez que se neutralizaba la influencia soviética y del movimiento comunista.

Consistió en mostrar el rostro amable del capitalismo avanzado, donde la explotación capitalista era compatible con niveles de bienestar que anestesiaba el conflicto obrero. Así sus grandes ejes pueden resumirse en: el capitalismo como orden incuestionado (estado, leyes, ideología, educación, medios de comunicación), aceptación de la hegemonía estadounidense (Plan Marshall, Guerra Fría, OTAN, Red Gladio, USAID, Radio Liberty, entre otras), canalización del conflicto social a través del Estado del bienestar (economía mixta, keynesianismo, sanidad, educación, vivienda, pensiones), y el predominio ideológico del social-capitalismo que articulaban políticamente la socialdemocracia y la democracia cristiana, y el anticomunismo jugando un papel central.

Este capitalismo europeo de rostro humano, muy alejado del capitalismo salvaje reinante en el resto del mundo, permitía a Europa dar lecciones de derechos (humanos, civiles, políticos) en la comunidad internacional, mientras la URSS y el comunismo representaron algún peligro concretado en las organizaciones  de masas (Italia, Francia, Portugal, Grecia, España). Ante ellas, la culta Europa, además de educación y propaganda, desplegó una fuerte represión (ilegalización, cárcel, exilio, purgas, dictaduras). 

Además, en Europa, el capital se reconfiguró bajo una unidad que empieza siendo económica para ir ampliándose, la Unión Europea, exponente del eurocapitalismo.


El declive del Eurocapitalismo

La crisis de los años setenta, con el fin de la fase expansiva del ciclo de la posguerra, mostrará algunos de los límites del eurocapitalismo (dependencia petrolífera, inflación, desindustrialización, desempleo, rentabilidad) como resultado de la crisis capitalista mundial y su inserción en la circulación global del capital.


La respuesta neoliberal (Thatcher, Kohl, González, Delors), ya en los ochenta, apuntará en lo que será la política de privatizaciones, liberalizaciones, desmantelamiento del Estado del bienestar. También la ampliación de la UE (España, Portugal). 


El derrumbe del bloque soviético, en los noventa, dará algo de oxígeno, proveyendo de áreas de expansión a la UE. Las nuevas relaciones con una Rusia que aspira a incorporarse al bloque occidental también será fuente extraordinaria de materias primas y energía baratas, además de un gran mercado. Sin embargo, el capital norteamericano ansioso por el fraccionamiento de Rusia, no puede tolerar el avance de un bloque Euroasiático.


La Gran Recesión (2008) vuelve a exhibir las debilidades del eurocapitalismo cuya integración va lenta en relación a los requisitos de la competencia mundial (pérdida de competitividad, vulnerabilidad financiera, desindustrialización) donde emergen una serie de nuevas potencias, caso de China, sumando la crisis del euro, ante la que prevalecerán las viejas recetas neoliberales (austeridad, recortes sociales, disciplina fiscal y monetaria).


A partir de 2014, el nuevo orden geopolítico donde las potencias USA y China (junto a los BRICS) disputan el dominio mundial; la expansión del capital ruso que no se pliega ante el europeo y yanqui, terminará con la declaración otanista de guerra híbrida, que el gobierno ruso responderá invadiendo Ucrania y avanzando sobre África; a su vez, los gobiernos occidentales removerán el Extremo Oriente y permitirán el exterminio israelí de Gaza. 


Eurocapitalismo putrefacto y derechización

En este tablero, la UE se muestra cada vez menos relevante, por su desubicación en la circulación mundial del capital, particularmente del norteamericano, al que las élites europeas se aferran con desesperación.


Esta situación es más dramática porque ese capital USA trata a la UE con displicencia haciéndole pagar caro su liderazgo: las amenazas territoriales (Groenlandia), los aranceles, o la venta del caro gas licuado. Además, le vende su papel de gendarme mundial, obligándola a incrementar los presupuestos militares que ha de gastar en buena medida en armas norteamericanas.


La forma política adecuada para esta subordinación a USA y para la ofensiva de recortes que exige el belicismo es la derechización y el ascenso de la extrema derecha. La cual ya está normalizada en las instituciones europeas y gobierna en varios países (Italia, Hungría, Finlandia, Croacia, Eslovaquia, República Checa, por ahora). En la medida que esto se extienda asistiremos a recortes laborales, sociales, civiles y políticos, acompañados de un aumento de la represión del pensamiento disidente y los movimientos sociales.


Por una euroizquierda organizada

Mientras la derecha remata al agotado eurocapitalismo, que ya no resulta funcional para el capital americano que lo sostenía, la izquierda europea habrá de hacer tanto la crítica como la construcción de una alternativa al eurocapitalismo putrefacto. 


Durante mucho tiempo, más allá del período prosoviético, el modelo social europeo fue el paradigma de buena parte de la izquierda. El declive y probable final de este modelo, la obliga a repensar un nuevo referente internacional. Si el capital europeo quiere contar, habrá de permanecer unido y dejar atrás el agotado eurocapitalismo, redefiniendo su lugar en el capitalismo mundial. Existen tres opciones estratégicas: marchar sola, acompañarse del capital ruso o vincularse al capital chino.


Ante ello, la izquierda, todavía débil y fragmentada, habrá de hacer un serio esfuerzo de unidad y organización para sobrevivir, así como prepararse para armar el contraataque. También, de defender la unidad de los pueblos de Europa y discutir la forma política de inserción en el sistema mundial, la izquierda  habrá de hacer frente a las contradicciones del capitalismo en los planos ecológico, laboral, familiar, político ... Eso implica pensar cómo gestionar la economía mediante una centralización del capital, administrada democráticamente a través de la planificación orientada a las necesidades de la población. Además, de incorporar las tecnologías (incluida la Inteligencia Artificial), para elevar la productividad garantizando un bienestar material sostenible, que incluya la reducción de la jornada laboral. Todo ello como paso previo a un escenario en el que la vida social pueda regularse conscientemente mediante la asignación directa del producto del trabajo a las necesidades personales, es decir al socialismo.

sábado, 22 de junio de 2024

Por qué se derechiza la clase obrera europea (y III) por PAGR

 

En la primera colaboración concluíamos que la derechización de Europa nos remitía a la derechización de su clase obrera. En la segunda, abordábamos el esqueleto de nuestro análisis destacando las categorías que nos permitirían entender este fenómeno, yendo de lo concreto a lo abstracto. Finalmente, desde lo abstracto a lo concreto, nos aproximamos de manera comprensiva a la derechización de la clase obrera europea.

La acumulación mundial de capital se caracteriza, en el momento actual, por el enfrentamiento, más o menos velado (guerras, aranceles, sanciones) entre dos grandes bloques, uno que avanza (BRIC’s) y otro que retrocede (USA-Europa). En esta alianza en retroceso, el capital europeo es la parte débil, teniendo un papel auxiliar y subsidiario, con menos acceso autónomo a mercados y a recursos, que en última instancia debe a su menor capacidad para competir en el mercado mundial por su menor productividad en las ramas en que se ha especializado dada la división internacional del trabajo. Esto se expresa en el bajo crecimiento del capital europeo y en la situación de estancamiento desde hace años.

Esta debilidad, en el ámbito internacional, donde se juega la distribución del plusvalor mundial, reclama incrementar la producción de plusvalor en el interior de la UE. Cuestión que condicionará el tipo de políticas que se impulsen desde la Unión Europea e incluso desde los propios gobiernos integrantes de la misma. La situación bélica no solo agrava la subordinación al capital americano sino que además acentúa el carácter restrictivo de las políticas comunitarias, acaparando presupuesto y reorientándolas hacia lo militar.

Además, la acumulación europea de capital se desarrolla a través de sectores avanzados, maduros y en retroceso. De hecho la UE tiene que favorecer la innovación tecnológica en unos sectores (aeronáutica, hardware), dar ayudas para el mantenimiento del empleo en otros (automoción) y garantizar la viabilidad de las explotaciones en sectores que no son competitivos a nivel internacional (agrícola y ganadero, por ejemplo). Ante la diversidad de la situación de los capitales, por sectores y países, la UE ha de atender necesidades diversas e implementar políticas distintas según este fraccionamiento del capital.

De esta manera, las instituciones de la Unión Europea, la superestructura (jurídica, política e ideológica) que representa políticamente al capital europeo en su totalidad, desplegarán una legislación, presupuestos y medidas que favorezcan la mayor explotación de la fuerza de trabajo europea para aumentar la mencionada extracción de plusvalor, a la vez que atiende a los intereses de los distintos tipos del capital europeo en el marco de los requerimientos belicistas.

Estas políticas en que se concreta el tipo de intervención pública europea pasa, en definitiva, por menos derechos humanos, menos derechos sociales y menos compromisos medioambientales, que se deciden en las instituciones europeas. Por tanto, el capital europeo actual reclama un parón de la agenda social tradicional europea. Antes que la Comisión Europea lance estas políticas (restrictivas en lo social y expansivas en lo bélico) con destino a los distintos países, han de pasar en mayor o menor medida por la eurocámara, donde los partidos votan las diversas leyes, planes, presupuestos y políticas.

Pero, no todos los partidos sirven para aprobar las medidas restrictivas y los recortes presupuestarios que reclama, en el contexto de guerra, el aumento de la explotación de la fuerza de trabajo europea. Aquellos partidos en cuyos programas se combinan en mayor o menor medida el liberalismo económico (individualización, liberalización, privatización, recortes laborales y sociales) y el regulacionismo ciudadano (restricciones a las libertades y derechos civiles y humanos, recortes presupuestarios) (ver Apuntes sobre Derecha e Izquierda en criticonomia.blogspot.com), están en mejores condiciones de representar esta necesidad del capital europeo. Esto tiene como expresión la derechización del arco europarlamentario, incluyendo a la propia izquierda empezando por la más moderada (socialdemocracia), fenómeno que no es reciente, como puede comprobarse en el gráfico que muestra el reparto de los escaños del Europarlamento desde 1979.


Hasta ahora la gran coalición de centro ha venido siendo un instrumento útil en la medida que liberales y sobre todo socialdemócratas han ido cediendo en favor de una agenda más cercana a la derecha (neoliberal). Actualmente, aunque tampoco es algo novedoso, una manifestación de que el imperativo del capital reclama acelerar el proceso, es el auge de la extrema derecha que permitirá avanzar de manera más amplia y más rápido, de lo que hemos venido teniendo (un ejemplo, el pacto sobre inmigración que es visto por muchas organizaciones como un retroceso ha tardado en aprobarse más de cuatro años, y otro tanto las regulaciones medioambientales recientes).

Las distintas políticas puestas en marcha por las instituciones europeas, los debates entre partidos para aprobarlas, la configuración de los diversos grupos europarlamentarios, las elecciones europeas, y las luchas partidarias en el marco electoral, son otras tantas formas en que se desenvuelve la lucha de clases que caracteriza a la sociedad capitalista europea. Enfrentamiento entre clases que se desarrolla, pues, en diversos ámbitos territoriales (europeo y nacional), y se establece entre las distintas fracciones de las clases en liza, la burguesía y el proletariado europeos.

Esta lucha europea de clases manifiesta la diversidad de necesidades e intereses de las clases sociales y sus segmentos. Al punto que, en el caso de los partidos, que expresan dichas necesidades e intereses, se configuran cada vez en mayor medida, como veremos, en organizaciones políticas interclasistas, porque así se presentan en lo inmediato esos intereses y necesidades.

Tomemos el caso de la clase obrera. La segmentación de la clase obrera que tiene que ver con la tipología de la fuerza de trabajo (sexo, edad, formación, cualificación, nacionalidad, entre otras), con las características del capital que la emplea (avanzado, estancado o en retroceso) y, en última instancia, con la materialidad del proceso de producción (el uso de tecnologías como robotización, automatización, digitalización).

Estos segmentos introducen necesidades e intereses específicos junto a los generales (los que afectan a todos los vendedores de fuerza de trabajo). En determinados momentos, estos intereses específicos cobran más relevancia que los generales, acentuando la división dentro de la propia clase, y permitiendo que la representación política de dicho segmento sea ostentada por partidos o corrientes ideológicas que, ausentes anteriormente, ahora ponen foco en esa especificidad. Por ejemplo el feminismo, la inmigración o el ecologismo, que siendo aspectos abanderados por la izquierda y a los que la derecha se ha ido sumando de manera ralentizada y moderadamente, son percibidos de manera distinta por los diversos segmentos de la clase obrera.

Más concretamente, la oposición al feminismo y a la inmigración en algunos sectores de la clase obrera tiene que ver con la competencia en el mercado laboral, cuestión que se agudiza más en las ramas productivas estacadas y en retroceso, así como en las cualificaciones donde es más efectiva tal competencia (en el caso de los inmigrantes los puestos menos cualificados y en el de las féminas se va transversalizando por el avance de las mujeres en su formación). La respuesta política de la conciencia enajenada es la restricción de derechos hacia dichos colectivos. Pero, lo mejor es que esta expresión de sus intereses inmediatos puede coincidir con los intereses no tan inmediatos de fracciones del capital, que solo pueden sobrevivir sobreexplotando la fuerza de trabajo para lo que requieren pagar bajos salarios, que cuelan mejor cuando la fuerza de trabajo está desprotegida, aislada o es ilegal.

Como se ve, la enajenación en el capital (en su capital, el que lo emplea) y en la mercancía (su mercancía, la fuerza de trabajo), va adquiriendo matices que se expresan políticamente en lo inmediato de manera diversa y a veces convergentes con sectores de la clase antagónica que, en esto, hace causa común.

Otro ejemplo lo proporcionan los asalariados de renta alta acorde con la situación de su capital, su cualificación y su formación. Estos, como la burguesía, ven en el Estado social (o en los aspectos sociales del estado, servicios públicos de masa) un enemigo dispuesto a expropiarlos a base de impuestos. Además, igual que la burguesía, no necesitan estos servicios públicos (sanidad, educación, pensiones, prestaciones por desempleo) desarrollados (ampliamente extendidos) porque ellos acceden a la modalidad privada de los mismos: aseguradoras sanitarias, educación concertada o privada, fondos de pensiones, y bajadas de la fiscalidad. Los partidos de la derecha expresan mejor estas necesidades e intereses que los de la izquierda (hasta ahora).

Podríamos seguir con otros fragmentos del obrero colectivo y con otros asuntos que se sitúan en un primer plano; en esta última cuestión tiene mucho que decir la función enajenante de los medios de comunicación (campañas “informativas” contra la ocupación que atemorizan a los propietarios de viviendas, que destacan los efectos fiscales de la inflación, mencionan rasgos nacionales o raciales de los delincuentes cuando son extranjeros, o influencers que discuten la idoneidad de las mujeres para ser bomberos, entre otras muchas portadas), pero lo dejamos para otro momento.

Un último caso concreto de segmento de clase obrera, éste muy vinculado a la desafección electoral (abstención) o al voto a la derecha en su modalidad extrema, es el de los integrantes del ejercito laboral de reserva (población parada) o empleados en sectores en retroceso, cuya fuerza de trabajo no requiere excesiva cualificación y pueden ser sustituidos con facilidad por fuerza de trabajo inmigrante. En este caso, la conciencia enajenada en la mercancía pasa por defender la compraventa de la fuerza de trabajo de manera insolidaria y excluyente, tendiendo a votar a quienes les prometan acabar con la culpable competencia foránea. Sobre todo en esta capa, y alimentado por el discurso antipolitica (la política no vale para nada, son todos iguales, solo quieren llenarse los bolsillos), otro mecanismo enajenante, muchos preferirán seguir a su equipo favorito a perder su precioso tiempo votando.

Por supuesto, a medida que se asciende en concreción, van entrando en juego más determinantes de la conciencia: la historia y las experiencias laborales, vecinales, familiares, pueden resaltar aspectos o difuminar otros. Entramos así en el fantasmagórico mundo de la particular forma de la conciencia libre enajenada en el capital, la conciencia individual.

La conciencia libre enajenada (libertad subsumida en la enajenación) que produce la relación social general (capital), en este caso sobre la clase obrera y en las circunstancias actuales (el papel del capital europeo en la acumulación mundial de capital), en ausencia de operadores sobre la producción de dicha conciencia (experiencias, discursos y teorías desenajenantes), nos permite entender la acción política de ésta y su forma electoral en la actualidad.

La enajenación de la conciencia libre de la clase obrera es un resultado del fetichismo de la mercancía que ya descubriera Karl Marx. No es nuevo, pero menos cuenta se le echa, en el quehacer político cotidiano (y en su correspondiente organización).

Si tuviésemos que resumir lo dicho, de manera apretada, la derechización de Europa es la expresión de la acción política de las clases sociales, particularmente de la clase obrera europea (por acción u omisión, de sus fracciones más influyentes), como resultado de su enajenación en el capital europeo que, a falta de iniciativas desenajenantes, la lleva a apoyar a los partidos que mejor representan las políticas (civiles y sociales) que el capital europeo reclama como respuesta inmediata a su debilidad en el marco de la competencia internacional de capitales. Otra cosa es ver las salidas que una organización de la clase obrera, con el propósito de superar la subordinación de las personas al capital, se pudiera plantear para operar sobre la producción de la conciencia enajenada de la clase obrera. Pero, esto será en otro momento.


lunes, 17 de junio de 2024

Por qué se derechiza la clase obrera (II) por PAGR

 

Habíamos quedado en que la derechización de la Unión Europea nos remitía a la derechización de la clase obrera (ver criticonomia.blogspot.com), que es el fenómeno al que nos queremos aproximar en lo que sigue.


Para ello, procedemos mediante el análisis (separación) y la abstracción (quitar determinaciones) para obtener las categorías explicativas. Este será el cometido en la exposición que sigue.


Cualquier miembro de la clase obrera actúa políticamente cuando realiza una elección, ya sea ésta abstenerse o votar (a un partido de la derecha o de la izquierda). Así considerado se trata de un sujeto que lleva a cabo una acción política (electoral) y nos preguntamos por lo que le mueve. Respondiéndonos que su conciencia individual. Por tanto, para entender su acción hay que mirar su conciencia.


Esta conciencia individual, que da pie a distintas acciones (abstencion, voto a la izquierda o voto a la derecha), tiene muchos determinantes, pero el principal -en nuestra opinión- es la conciencia de clase obrera. Tal conciencia obrera se presenta bajo diversas modalidades, hemos de detenernos en esto. En cualquier caso, la conciencia obrera es un atributo del ser obrero, por lo que hemos de preguntarnos por la clase obrera y su fragmentación.

Antes detengámosnos en la conciencia enajenada. Lo que caracteriza a esta conciencia, y esto es un resultado de la producción teórica de Marx, es que es una conciencia libre enajenada en la mercancía (fuerza de trabajo) y en el capital (como forma desarrollada de la mercancía). Esto significa que: la persona obrera tiene su libertad condicionada a su inserción en la relación de capital, solo si vende su fuerza de trabajo y, antes, se forma para venderla, consume para venderla, etc. adquiere los medios para vivir en la sociedad capitalista. Por ello, su forma de ver e interpretar el mundo está sujeta a esta determinacion principal. No entramos en los momentos y posibilidades de desenajenarse, o sea de adquirir una conciencia enajenada que se sabe tal y, por tanto, en condiciones de actuar de manera distinta, ello sería materia de otra exposicion.

La clase obrera o asalariada, integrada por el conjunto de personas que venden su fuerza de trabajo, se nos aparece fragmentada, según la modalidad de fuerza de trabajo que personifica. Nos preguntamos por esta diversidad, que es la forma de su unidad. Efectivamente, la fuerza de trabajo presenta diversas características según formación, cualificación, sexo, edad, etc. Además de ser empleada, la clase obrera reproduce su fuerza de trabajo (habita, consume, descansa, ...). En definitiva, las condiciones materiales y sociales que rodean el consumo y la reproducción de la fuerza de trabajo están presentes en la segmentación de la clase obrera.


Entre los integrantes de la clase obrera se establece una relación de competencia por la venta de la fuerza de trabajo y que, en ausencia de una relación de solidaridad (sindicato), va a determinar la venta de su fuerza de trabajo por debajo de su valor dada la sobrepoblación obrera que genera el capital (parados).


La clase obrera no existe sola, sino junto a sus empleadores, los que le compran la fuerza de trabajo, la clase capitalista o burguesía. Estos, en cuanto propietarios de los medios de producción, deciden en lo inmediato qué, cuánto y cómo producir, con el objetivo de obtener más valor (plusvalor) del que adelantaron (salario). Para ello deben explotar a la fuerza de trabajo que contratan, o sea haciendo que ésta genere más valor del que finalmente cobra. Tanto en la compraventa de la fuerza de trabajo, acordando el salario, como en el uso de dicha fuerza, lo que gana uno lo pierde el otro. O sea, burgueses y asalariados, mantienen una relación antagónica, la lucha de clases.


Esta lucha se expresa de diversas formas, una es la sindical donde se disputan las condiciones inmediatas de trabajo (salario, jornada, entre otras) y otra es la jurídico-política que obliga a intervenir a las instituciones (jueces, gobiernos, u otros). Ambas formas presuponen que la clase obrera se organiza en sindicatos o partidos, que expresan sus intereses y en los que las diversas fracciones de la clase obrera se ve representada, por lo que hemos de detenernos en la diversidad de partidos (y como caso extremo la dicotomía derecha e izquierda).


Estos partidos compiten electoralmente por situar sus representantes en las instituciones políticas, caso del Parlamento europeo. Allí, se establece una lucha institucional, donde la disputa adopta la forma de medidas, políticas, planes, legislaciones y presupuestos, que benefician en mayor o menor medida a unas u otras fracciones de la clase obrera y de la burguesía (también con su fraccionamiento). Las instituciones de la UE representan políticamente al capital europeo en su totalidad.


Al mirar esta lucha de clases, al margen de sus formas concretas (sindical, judicial, institucional, política, pongamos por caso) vemos que es la manera en que las clases establecen la relación de capital, la compraventa de la fuerza de trabajo. Y que el movimiento de esta relación nos remite a la acumulación de capital, que a su vez nos lleva al proceso capitalista de producción, al proceso de valorización en cuya materialidad (proceso de trabajo) hay que buscar los atributos que el capital necesita y, por tanto, la diversidad de fuerzas de trabajo demandadas por el capital. A su vez, el proceso de producción nos hace mirar el capital, el dinero, el valor y la mercancía (todo esto y lo anterior está en Marx).


Tomando la acumulación europea de capital podemos ver las distintas formas y fracciones del capital europeo, con necesidades comunes y específicas. Particularmente, hay capitales europeos más avanzados que se expanden, otros en fase de maduración que se estancan y capitales más atrasados que se reducen. Este distinto grado de desarrollo tiene que ver con las características propias de los capitales (tecnología, productividad) y con su inserción en el mercado mundial (especialización). Allí el capital europeo compite con capitales de otros bloques económicos, actualmente USA y BRIC’s, junto a la lucha por los mercados se produce la lucha por los recursos, abriendo el abanico de posibilidades que nos muestra la geopolítica mundial (tratados, acuerdos comerciales, aranceles, sanciones, guerras, entre otros).


En la exposición anterior nos hemos remontado desde lo más concreto (acción electoral) hasta lo más abstracto (acumulación mundial de capital), destacando las categorías que nos sirvan para explicarnos aquella realidad. Es importante no pararse antes de llegar al final porque ello da pie a la naturalización de la categoría, a una reproducción mental parcial o superficial del fenómeno (ideológica) y a la mutilación de su conocimiento.


Así, por ejemplo, si nos paramos en la conciencia individual, alguien podría pensar que los obreros votan así porque les da la gana; o si nos paramos en la conciencia de clase tenemos que la conciencia, en abstracto, determina la acción política sin explicarnos tal conciencia (condiciones materiales en que es producida), con lo que no solo incurriríamos en una abstracción sino también en una idealización. De igual manera, si nos detenemos en la clase social, en el partido político, en las instituciones políticas, o en el capital europeo sin llegar al capital mundial.


Ahora nos queda retornar al concreto (acción electoral de los miembro de la clase obrera), pero ya no como representación caótica de la realidad sino como un concreto pensado síntesis de múltiples determinaciones. Pero esto quedará para la siguiente entrega.

viernes, 14 de junio de 2024

La derechización de Europa (I) por PAGR

Los resultados de las recientes elecciones europeas ponen de manifiesto el giro hacia la derecha en la Unión Europea (UE), nos proponemos aproximarnos a este fenómeno desde la perspectiva de la Crítica de la Economía Política (CEP).

Por si todavía alguien tiene dudas de que la ciudadanía europea ha votado mayoritariamente a la derecha, cuestión esta menos novedosa que se viene produciendo de manera tradicional, y que ha incrementado su apoyo a las opciones políticas conservadoras y retrógradas (derecha), veamos brevemente los resultados.

La participación ascendió, en el ámbito europeo, al 51,1%. Puede parecer poco, pero es el máximo de los últimos 20 años, suponiendo un crecimiento respecto de 2019 (50,7%) y 2014 (42,6%). Por tanto, la abstención fue del 48,9 por ciento.


https://results.elections.europa.eu/es/participacion/


En cuanto a resultados electorales bajo la dicotomía izquierda/derecha. En la parte de la izquierda europea las votaciones han dado los siguientes resultados: socialdemócratas obtienen 135 eurodiputados perdiendo 19; los verdes sacan 53 y reducen en 21, respecto del anterior Europarlamento; y La Izquierda cuenta con 36 por lo que disminuye en 5. En total la izquierda europea obtiene 224 (31%) dejándose en el camino 45 escaños.

Por su lado, la derecha, que son el resto de partidos, ha obtenido 496 parlamentarios de un total de 720, o sea casi el 70 por ciento. Por insistir en la derechización de la ciudadanía europea, veamos sus tendencias: los liberales obtienen 79 y pierden 29; el partido popular saca 189 y gana 7. En cuanto a la extrema derecha, según una investigación del diario Publico ( https://www.publico.es/internacional/cuarenta-partidos-extrema-derecha-ocuparan-cuatro-escanos-nuevo-parlamento-europeo.html ): más de 40 partidos en los 27 países que han votado, suponen 192 europarlamentarios, casi el 27 por ciento, con un crecimiento de 52 sillones. El resto, unos 36 eurodiputados, pertenecen a partidos difíciles de ubicar, o que se autoubiquen en la dicotomía derecha-izquierda (caso de los 5 estrellas italianos que están en los no inscritos junto a Junts, por ejemplo), pero son pocos y alteraría en menos de 5 puntos el análisis.

Una vez aclarado lo que entendemos por derechización de Europa o de la ciudadanía europea, encaremos este fenómeno e intentemos explicárnoslo. Para ello usaremos las herramientas que nos procura la CEP procediendo conforme a las indicaciones de Karl Marx en el prólogo a la Contribución a la Critica de la Economía Política. De otra manera, ya sabemos lo que ha hecho la ciudadanía europea, ahora tratemos de saber qué han hecho las clases sociales de la UE.

Bajo nuestro punto de vista, ello pasa por partir del fenómeno (derechización de la UE) tal como aparece (concreto-real), captarlo a traves del pensamiento (concreto representado) mediante categorías y, finalmente, reproducirlo en el pensamiento (concreto pensado) pero ya explicado como síntesis de múltiples determinaciones a través de las distintas categorías: capital, instituciones politicas, clases sociales, lucha de clases, conciencia de clase, acción política, sujeto politico, entre otras.

Pero, antes representemos a través de un cuadro el comportamiento de las clases europeas en las recientes elecciones. Las cifras que se exponen son porcentajes respecto del total del electorado.



Clase obrera

Clase capitalista

Ciudadania

Abstención

39

10

49

Voto a la Derecha

26

9

35

Voto a la Izquierda

15

1

16

Electorado

80

20

100


La tabla presenta en las columnas a las clases sociales, y en las filas las acciones políticas que ha realizado el conjunto de los miembros de cada clase (abstención, votar a la derecha o votar a la izquierda).

En la confección de este cuadro hemos tenido en cuenta los siguientes datos: según el Parlamento Europeo la participación ha sido del 51 por ciento y la abstención del 49 por ciento (ver https://results.elections.europa.eu/es/); el porcentaje de ciudadanos que ha votado a la izquierda (socialdemócratas, verdes y la izquierda), teniendo en cuenta los 224 que ha sacado, asciende al 16 por ciento; mientras que el porcentaje de ciudadanos que votó a partidos adscritos a eurogrupos de la derecha (el resto), sabiendo que obtuvieron 496 asientos (69%), ha sido el 35 por ciento. Esto queda reflejado en la última columna de la tabla.

Ahora veamos cómo se ha comportado cada clase social. Partimos de un reparto de la ciudadanía europea entre las clases sociales del 80 por ciento para la clase obrera y el 20 por ciento para la clase capitalista en base a los datos del mercado de trabajo que se extrapolan al resto de los electores (mayores e incapacitados para el trabajo) (ver criticonomia.blogspot.com). Esto se expresa en la última fila de la tabla.

Suponemos que la participación electoral es similar en ambas clases, es decir del 51 por ciento; y, en cuanto a la propensión al voto de la clase burguesa, que el 90 por ciento vota a la derecha mientras el 10 por ciento vota a la izquierda; la columna tercera nos muestra el comportamiento electoral de la clase capitalista. Es decir, de 20 capitalistas por cada 100 ciudadanos europeos, 10 se abstienen, 9 votan a la derecha y 1 vota a la izquierda. El comportamiento electoral de la clase obrera sale como resultado de restar el comportamiento burgués al ciudadano; o sea, de los 80 miembros de la clase obrera que hay en cada 100 ciudadanos europeos, deciden abstenerse 39, votan a la derecha 26 y votan a la izquierda 15, tal como se refleja en la segunda columna de la tabla.

Desde este punto de vista, la derechización de Europa tiene que ver con la derechización de su clase obrera, del conjunto de sus personas asalariadas. Así que hemos de interrogarnos por esto último, pero esto será en la próxima entrega.



domingo, 2 de junio de 2024

La Europa que es, que será o la que quiero que sea

Por Pedro Andrés G.R.
Millones de personas de la Unión Europea (UE) estamos llamadas a votar. Pero, realmente sabemos: qué significa Europa, cómo está y qué políticas necesita, qué poder tienen las instituciones europeas que vamos a elegir, qué defiende cada opción política, cuál es el contenido de clase de cada política, qué intereses nos representan como clase, o a qué clase pertenecemos. Algunas de esas cuestiones deben ser respondidas para emitir un voto consciente, o sea para actuar con una conciencia libre. La intención de lo que viene a continuación es dar algunas claves para hacer un viaje que nadie puede hacer por nosotros, que comienza preguntándonos quiénes somos mirándonos al espejo de la sociedad y termina respondiéndonos metiendo la papeleta en la urna, y entre medias algunas de las cuestiones señaladas más arriba. Veámoslas. 

1. La situación mundial y la acumulación de capital. El capital es la relación social general a nivel mundial; o sea, el proceso social de vida humana está mediado por la necesaria valorización del valor. En la actual coyuntura económica el capital se expande, sobre todo el norteamericano y el de los BRICs (Brasil, Rusia, India, China y otros), y no tanto el europeo. Esta acumulación se desenvuelve con las contradicciones entre bloques internacionales cada vez más en el primer plano. El agotamiento de esta expansión podría ser la condición que hiciera disparar el detonante definitivo (Ucrania, Palestina, África, península arábiga y Oriente próximo, extremo Oriente y Taiwan o cualquier otro). Para acercarnos a una mayor comprensión del fenómeno habría que tener un conocimiento más concreto de la situación en cada zona del planeta donde los capitales transnacionales de las respectivas potencias se ventilan sus intereses, la plusvalía mundial. 

2. La acumulación de capital y la Unión Europea. La posición de Europa en esta competencia internacional aparece a la sombra de USA, poniendo de manifiesto el hermanamiento y la subordinación del capital europeo al estadounidense. Aún así el capital europeo transnacional tiene necesidades específicas, amén de que deba progresar en la integración política para que sea representado plenamente por las instituciones europeas. Paradójicamente, dicha representación aparece vinculada a posiciones consideradas hasta ahora euroescépticas. Un detalle más amplio del papel de Europa requeriría detenerse en su intervención, que todavía pasa por la participación de cada una de sus potencias nacionales (Alemania, Francia, principalmente, pero no exclusivamente), en cada parte del globo donde se dirimen los intereses de los capitales europeos y su relación con los capitales de los grandes bloques (USA, BRICs). 

3. Interés del capital europeo e instituciones políticas. Este avance en la representación política no es la única necesidad que tiene el capital transnacional europeo (ver documento En qué piensa la Unión Europea): medioambientales (Pacto Verde); adaptación al avance de las tecnologías digitales garantizando conectividad de personas y empresas; impulso de las economías nacionales (NextGenerationUE) tras la crisis de la Covid; desarrollar el comercio y la cooperación internacionales; apuesta por la inclusion evitando las discriminaciones por sexo, raza, creencias, discapacidad, edad u otras; y el refuerzo de la libertad, la democracia y las instituciones europeas. Una concreción mayor sobre los grandes desafíos mencionados sería necesaria para tener una idea más precisa de las necesidades del capital transnacional europeo y, por tanto, de las posibilidades de transformación de la sociedad europea.

4. Las instituciones políticas europeas y los grupos europarlamentarios. Las instituciones políticas europeas (Parlamento, Consejo de Europa, Consejo de la Unión Europea, Comisión Europea y Tribunal de Justicia) actúan, aun con sus limitaciones, como el representante político del capital global europeo. Articulando dicha representación con los gobiernos de los 27 países que forman la UE y con las elecciones europeas, donde solo se eligen directamente a los europarlamentarios. Los diputados electos se agrupan según la orientación política (y no según el país). En el último mandato había 8 grupos europarlamentarios. Una caracterización más minuciosa de cada uno de estos grupos así como de las afinidades con los partidos tiene interés de cara a saber qué se vota. 

5. Los grupos europarlamentarios y (los intereses de) las clases sociales. Pero lo que nos dice la relación entre la lucha europea de clases y la agenda europea es la composición del Parlamento Europeo, cuyas principales competencias son: legislar, aprobar el presupuesto europeo (190 mil millones de euros, la mitad que el español y 1,3% PIB de la UE) y elegir a la presidencia de la Comisión Europea. Dentro del PE en la última legislatura había 8 grupos a los que los distintos eurodiputados, electos en cada país, se adscriben. Eran los siguientes (indicamos el número de miembros de un total de 705, que serán 720 para 2024): Partido Popular Europeo (176), Socialdemócratas (139), los liberales de Renew Europe (102), Verdes (72), Conservadores y Reformistas (69), la ultraderechista Identidad y Democracia (49), La Izquierda (37) y No Inscritos (61). En las últimas elecciones los 59 eurodiputados españoles (61 en 2024) se adscribieron de la siguiente forma: PSOE (21 a SD); PP (13 a PPE); Ciudadanos y PNV (9 a RE); Podemos, IU y Anticapitalistas (6 a LI); VOX (4 a CyR); ERC y BNG (3 a Verdes); JxC (3 a NI). En mi opinión, los partidos no marcan el contenido de la agenda europea, que está dictada por el capital europeo, pero sí pueden afectar a la forma en que se cumpla (ritmos e intensidad). 

6. Las clases sociales y las personas que votan. De los casi 450 millones de personas que residen en la Unión Europea, 212 forman la población activa de las que más del 80 por ciento son asalariados (datos de 2023). En las últimas elecciones europeas (2019) la participación electoral fue del 51 por ciento; y el voto se repartió, como indicábamos antes entre los grupos (60 por ciento para la derecha y 40 por ciento para la izquierda). De donde: el grueso de la clase obrera europea no vota (45 a 40%), y de la que vota una parte importante lo hace a la derecha (en torno al 20%) y el resto a la izquierda (15 a 20%). Si el reparto lo hiciéramos entre planteamientos capitalistas y anticapitalistas la cosa sería aún peor. Es dificil imaginar que sea muy distinto, pues uno de los factores de estabilidad del capitalismo es que genera una conciencia mayoritaria de enajenación en la mercancía que surge, y se modula, como resultado del desarrollo del capital. Lo cual no anula la lucha de clases sino que la sitúa como la forma de realizarse la determinación del capital. Y, la necesaria lucha ideológica para que la clase obrera supere dicha circunstancia es muy desigual, no hay más que ver el reparto de los medios de comunicación o de las estructuras de poder (militares, policias, jueces, altos funcionarios o propietarios de empresas). 

Arriba, hemos partido de una serie de determinaciones generales, como el modo de producción capitalista, y hemos ido elevándonos a mayores niveles de concreción hasta llegar al acto individual del voto en estas elecciones europeas. Si descendiésemos aún más comprobaríamos que de lo que se trata es del proceso de vida humana (contenido) y de las expresiones concretas (formas) que va adoptando. La actual forma, la capitalista, nos muestra que la afirmación de la vida humana avanza en formas concretas cada vez más brutales (esquilmación de la naturaleza, explotación laboral, derechos humanos que se restringen, servicios públicos que se deterioran, guerras, entre otros) en las que el factor común es garantizar la rentabilidad del capital. La Unión Europea no está escapando a esta linea y las posiciones políticas que las encarnan con mayor brutalidad parecen en auge. No sabemos si se trata de una tendencia permanente, o de una agudización que marca un cambio en la tendencia. En cualquier caso, existe otro planteamiento que nos impulsa a tratar el proceso como sujetos activos y no como meros espectadores (o víctimas o autores involuntarios). Así, mediante la aplicación de la dialéctica, cada uno de nosotros es invitado a explorar las capacidades de intervención que tiene, como individuo y como colectivo, en relación a las posibilidades de cambiar la situación en la que decidimos actuar. La apropiación por el pensamiento de las determinaciones presentes otorga la conciencia transformadora, pero ya no como la sola voluntad abstracta (la Europa que yo quiero) sino como la voluntad conocedora de la necesidad (la Europa que es) y, con ello, avanzar en su transformación (la Europa que será).

miércoles, 28 de febrero de 2024

Andalucía: proveedora de fuerza de trabajo para sí, España y Europa

 

1. Introducción

A raíz de la elaboración de un libro sobre el sindicalismo en Andalucía, aún in itinere, su autora Encarna Ruiz me encargó una pequeña colaboración sobre el contexto económico. Ello dio pie a una investigación, uno de cuyos resultados quería compartir dado el interés político que podría tener, en mi opinión, ahora que se acerca el Día de Andalucía (28 de febrero).


Más aún, con el debate actual sobre la ley de amnistía, el soberanismo catalanista y el papel de los regionalismos en España y Europa, pudiera ser oportuno un debate en torno al andalucismo. Desde ese punto de vista, una mirada al reciente pasado arrojaría algo de luz sobre la necesidad y los límites del regionalismo en nuestra comunidad autónoma.


En lo que sigue, quisiera abordar dos aspectos: uno, el de las condiciones económicas (materiales) que hay tras el andalucismo; el segundo, es el tipo de andalucismo que respondería mejor a dichas condiciones materiales y que, por tanto, pudiera aglutinar mayoritariamente a la clase trabajadora andaluza.



2. La función de Andalucía en la división regional del trabajo

2.1 El excedente de fuerza de trabajo

Una de las características que llama la atención de la economía andaluza de este período es el comportamiento del desempleo de la fuerza de trabajo.

En primer lugar se trata de una evolución cíclica, con subidas y bajadas, como corresponde a una economía capitalista. En segundo lugar, y fenómeno en el que nos queremos detener, es su persistente elevado nivel, cuya tasa ha fluctuado entre el 10 y el 35 por ciento.




Sabemos que la población desempleada es la diferencia entre la población activa y la población ocupada. Para ver si la causa del excedente de fuerza de trabajo está situada en la oferta de fuerza de trabajo (población activa) o en la demanda de fuerza de trabajo (población ocupada), examinemos los datos de ambos componentes del desempleo en el período 1977-2022.


Observamos, en primer lugar que durante este período la población activa de Andalucía crece en más de 2 millones de personas, mientras su población ocupada lo hace en 1,5 millones, por tanto el desempleo aumenta en medio millón de andaluces aproximadamente. Esta observación podría dar pie a plantearse que el problema del desempleo andaluz está en una escasa capacidad para crear empleo (incapacidad de la acumulación andaluza de capital, subdesarrollo del capitalismo andaluz, carácter específico de las empresas o empresarios andaluces). Sigamos viendo



2.2 Demanda intensiva de fuerza de trabajo

Para dirimir si estas cifras de crecimiento de la población activa y de la población ocupada son grandes o pequeñas, comparémoslas con sus homónimas españolas. Teniendo en cuenta el distinto tamaño entre los mercados laborales andaluz y español (el español es unas cinco veces el andaluz), echaremos mano de las cifras relativas de la evolución de las dos variables mencionadas, actividad y ocupación.

Variación relativa acumulada (1977-2022) en %


Andalucía

España

Población activa

108

76

Población ocupada

86

60

Fuente: elaboración propia a partir de EPA (INE).


En la tabla de arriba se muestra que, durante el período 1977-2022 la demanda efectiva de fuerza de trabajo (población ocupada) en Andalucía (86%) es mayor que la de España (60%).


De modo que, no es que se cree poco empleo en Andalucía pues se crea bastante más que en España; no es que la acumulación andaluza de capital, a grosso modo, adolezca de algún problema en cuanto a creación de empleo pues genera una población ocupada mayor, en términos relativos, que la española durante este período.



2.3 Especialización en la oferta de fuerza de trabajo

Veamos lo que ocurre en el lado de la oferta de fuerza de trabajo (población activa). En la tabla de más arriba veíamos que, durante este período, el ritmo de crecimiento de la población activa en Andalucía (108%) es mayor que el de la española (76%). Esto nos lleva a plantear que, el desempleo andaluz tiene más que ver con la oferta de fuerza de trabajo que con su demanda.


Este mayor crecimiento de la población activa andaluza respecto a la de España, significa que Andalucía se especializa, en el marco de la economía española, en la generación de fuerza de trabajo. Esto llevará, de manera paulatina y permanente, a aumentar el porcentaje de andaluces en la población activa nacional, pasando del 14,6 por ciento en 1977 al 17,5 por ciento en 2022.



2.4 El lugar de Andalucía en la división del trabajo


Ahora bien, hemos de preguntarnos por qué el desarrollo del capitalismo en Andalucía, durante este periodo, pasa por generar más fuerza de trabajo, en términos relativos, que la generada en el resto del estado español y, en términos absolutos, más de la que necesita en lo inmediato la propia acumulación andaluza de capital. De otra forma, qué otra necesidad pretende atender la especialización andaluza en la oferta de fuerza de trabajo.


Nuestra hipótesis es que la oferta andaluza de fuerza de trabajo atiende, además de los requerimientos de su propia acumulación de capital, las necesidades de mano de obra de la acumulación foránea (española y europea) de capital.


Este rasgo de la sociedad andaluza sería un aspecto, entre otros1, de su función en la división regional del trabajo (DRT) español y europeo, específicamente su papel de suministradora de fuerza de trabajo. Así, Andalucía produce mano de obra para su acumulación de capital2, lo cual comprende tanto el necesario desempleo para su desarrollo capitalista como para las administraciones públicas que le corresponden. Y, además, la sociedad andaluza produce fuerza de trabajo para atender los requerimientos de la acumulación del capitalismo español y europeo.


Esta especialización en la oferta de fuerza de trabajo tiene que ver con otros fenómenos, señalados frecuentemente a la hora de caracterizar a la economía andaluza3. Expondremos tres, que servirían para desglosar, en otras tres subfunciones, esta función en la división regional del trabajo nacional en cuanto a la provisión de fuerza de trabajo . Se trata del crecimiento demográfico (subfunción de generación de personas); de la emigración (subfunción de exportación de mano de obra); y del paro masivo (subfunción de reserva de fuerza de trabajo).



2.5 El crecimiento de la población andaluza

Para que Andalucía suministre fuerza de trabajo a la acumulación española (y europea) de capital, primero ha de producir dicha fuerza de trabajo, lo cual pasa por el crecimiento, formación y mantenimiento4 de una población mayor de la que correspondería a sus necesidades endógenas, es decir si no hubiera de suministrar fuerza de trabajo a otras economías. Este sería el contenido de la subfunción de generación de la fuerza de trabajo.


Efectivamente, a lo largo del período 1971-2021, la población andaluza creció en 2,5 millones de personas, casi un 42 por ciento, mientras el crecimiento español fue de 13,4 millones (algo más de un 39%).


Variación relativa acumulada en tantos por ciento


Andalucía

España

Población

42,0

39,0

Población mayor de 16 años

73,5

56,6

Fuente: elaboración propia a partir de INE.


Es más el crecimiento demográfico se basó durante bastante tiempo en el crecimiento natural de la población, la diferencia entre natalidad y mortalidad, que en Andalucía ha venido siendo superior al español. Poniendo de manifiesto el específico modelo demográfico que corresponde a su lugar en la división regional del trabajo. Además, esto se lleva a cabo con la participación de buena parte de la sociedad andaluza, empezando por las familias (donde adquiere especial protagonismo la mujer como cuidadora del hogar y de los hijos5) y terminando por el sistema educativo, pasando por otras instituciones y organizaciones (comunidades vecinales, organizaciones de atención social y solidaridad, religiosas, entre otras), que hubieron de implicarse en esta tarea.



2.6 La emigración andaluza

Una vez generada la fuerza de trabajo, para que ésta preste su servicio en la acumulación foránea de capital es preciso que la mano de obra se traslada al lugar correspondiente, emigre. Echemos un vistazo a las cifras de la emigración en Andalucía.


Emigración andaluza por períodos


Sumatorio período

Promedio anual

Tasa de emigración

1962-1974

1.005.972

77.382


1975-1987

301.554

23.196

10,43

1988-2001

464.615

33.187

12,13

2002-2021

1.890.541

94.527

24,52

Fuente: elaboración propia.


La emigración es, a lo largo del período, un fenómeno persistente, se reduce o aumenta, pero no desaparece. Hasta un período como el comprendido entre la crisis de los setenta y la de los noventa en el que la emigración quedó bastante reducida, se mantiene un promedio del flujo anual de emigrantes andaluces que supera los 20 mil.



Alguien podría pensar que la emigración andaluza responde a una imagen del pasado, pero la tabla anterior nos indica que es un fenómeno actual. Durante el siglo XXI es muy intensa, superando en cuanto promedio anual a la emigración del siglo XX. No solo se trata de un cambio cuantitativo sino también cualitativo. En el período más reciente, todos los años, decenas de miles de andaluces siguen marchando a otras regiones a vender su fuerza de trabajo, pero ya no son aquellos trabajadores del agro expulsados por la mecanización; hoy se va, conforme a los requerimientos de la nueva acumulación de capital6, en mayor medida una mano de obra cualificada con formación universitaria, el obrero intelectual (o quizás la obrera).



En cuanto al origen temporal de la emigración y, por tanto del papel de Andalucía en la división regional del trabajo, podría creerse que se trata de un fenómeno que viene de lejos, con raíces históricas alejadas. Pero, no es así. La tabla de abajo expone los andaluces residentes fuera de Andalucía. En ella puede observarse que el fenómeno de la emigración masiva que acompaña a la subfunción de exportación de fuerza de trabajo que tiene encomendada Andalucía en la división regional del trabajo, se inicia después de 1940 y antes de 1970. Probablemente date del momento en que se pone en marcha la mecanización del campo andaluz y como consecuencia inmediata de los excedentes de mano de obra generados por ella.


Andaluces residentes fuera de Andalucía

Año

España (sin Ceuta y Melilla)

1920

142.601

1930

221.300

1940

286.039

1970

1.598.900

1975

1.838.627

1981

1.846.912

1986

1.759.184

1991

1.724.990

Fuente: Recaño Valverde, J. "La emigración andaluza en España". Boletín Económico de Andalucía, nº 24. Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo. Junta de Andalucía. 1998.



2.7 El paro crónico y masivo

La gráfica de abajo muestra a la tasa de desempleo andaluza y española, observándose que la primera está a lo largo de todo el período a un nivel superior, manteniendo una brecha positiva (promedio de 8 puntos). Esta brecha puede ser explicada, además de por otras singularidades andaluzas, por el particular papel que juega Andalucía en la división regional del trabajo en cuanto a la provisión de fuerza de trabajo.




Este paro corresponde a la subfunción de reserva de fuerza de trabajo, que está regulada por las entradas (subfunción de generación) y por las salidas (subfunción de exportación7). En la medida que la emigración se frena, se aglomera la población desempleada aumentando la tasa de paro. Esta situación plantea el problema del sostenimiento material de dicha sobrepoblación relativa.



2.8 La acumulación de capital y la división del trabajo


La sobreproducción de fuerza de trabajo, esto es la producción de fuerza de trabajo en Andalucía por encima de las necesidades endógenas de la región, desemboca en la sobreabundancia de fuerza de trabajo como pone de manifiesto el paro masivo.


Así, al tener fuerza de trabajo por encima de la necesidad solvente de los capitalistas, como con cualquier mercancía, la venta de la fuerza de trabajo tenderá a establecerse por debajo de su valor permitiendo a los capitalistas apropiarse una plusvalía extra8.


Pero, la venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor supone, en lo inmediato, una estrechez del mercado interno que impide un desarrollo normal al capital y, con el tiempo, el deterioro de la fuerza de trabajo poniendo en peligro la reproducción y acumulación fluidas del capital en Andalucía. Esto no solo debilita la acumulación de capital en Andalucía sino también su papel de cara a las acumulaciones foráneas de capital. Dado esto, llegado un punto, el propio estado favorecerá los mecanismos que reviertan esta situación y tiendan a establecer la venta de la fuerza de trabajo andaluza por su valor. El impulso definitivo a esta situación será la lucha de clases como veremos posteriormente9.


Nótese que esta desvalorización de la fuerza de trabajo junto con el efecto empobrecimiento de la emigración y la detracción de recursos que supone la generación de fuerza de trabajo y su mantenimiento, insisten en el descenso del nivel de vida de la mayoría de la población andaluza. Y apuntan en la misma dirección, la lucha de clases y el papel del estado (autonómico, nacional y europeo)10.





3. Andalucismo y lucha de clases


3.1 La sobreproducción de fuerza de trabajo y los recursos

El papel de Andalucía en la división regional del trabajo en relación a la oferta de fuerza de trabajo (hecho diferencial), tanto por la generación como por la reserva de la misma supone un gasto de recursos.

Efectivamente, la crianza y formación de la fuerza de trabajo requiere medios de vida y renta, que habrán de llegar a las familias, al sistema sanitario y al sistema educativo, principalmente. De igual forma, una vez producida la fuerza de trabajo, mientras encuentra empleo, también ha de ser mantenida exigiendo, por tanto, recursos para ello. Por su parte, la emigración libera, en lo inmediato, del gasto de mantenimiento de la población afectada, pero tiene un carácter empobrecedor en la medida que Andalucía prepara y gasta recursos en una fuerza de trabajo que rendirá en otras regiones.

El cumplimiento de la función asignada a Andalucía, cuyos beneficiarios son el capital español y europeo, supone un gasto de recursos que, en la medida en que no le son compensados suficientemente, le supone un empobrecimiento. El acumulativo a lo largo del tiempo de las compensaciones insuficientes o no realizadas, dará lugar a la deuda histórica. Así, ambos asuntos, la compensación por el hecho diferencial andaluz y la deuda histórica, se incorporarán a la agenda andalucista siendo objeto de pleito en la lucha de clases.



3.2 Andalucía: subsidio vs compensación

Durante mucho tiempo Andalucía ha sido tildada de sociedad subsidiada porque percibía una serie de transferencias de rentas. Discurso alimentado por las balanzas fiscales. Estadisticas BBV.


El análisis realizado hasta aquí, nos permite afirmar que dichas ayudas han sido, y son, en parte, la compensación a nuestra región por los recursos empleados empleados en el desempeño del papel que se le ha venido asignando en la división regional del trabajo español y europeo en relación a la provisión de fuerza de trabajo (hecho diferencial andaluz).


Porque de no producirse tal compensación, o ésta ser insuficiente, la consecuencia sería una reproducción atrofiada de la fuerza de trabajo vía empobrecimiento general de la clase obrera, dificultando la fluida valorización y acumulación del capital, dentro y fuera de Andalucía.



3.3 Compensación y acción estatal

Pero, dicha compensación oficial presupone el reconocimiento social, al menos tácitamente. La forma que expresa este reconocimiento social de manera más plena es la acción del representante político del capital en sus diversos ámbitos (europeo, nacional, autonómico, provincial y municipal).


Ese es el sentido que tienen las diversas transferencias autonómicas (sanidad, enseñanza, entre otros), prestaciones y subsidios11, en función de la población o de cualquier otra variable en términos per cápita, que así reconocen el papel de reservorio demográfico, específicamente de fuerza de trabajo, asignado a Andalucía.



3.4 Acción estatal y lucha de clases

Llegado un punto del desarrollo, bajo las condiciones que la división regional del trabajo impone a Andalucía en cuanto suministradora de fuerza de trabajo, el reconocimiento y la compensación del hecho diferencial andaluz, será la forma en que se exprese la necesidad del capital de una compraventa de la fuerza de trabajo andaluza por su valor.


La manera en que se impone esta necesidad del capital será la lucha de clases, en cuyas reivindicaciones andalucistas estarán implícitos el reconocimiento general y la obtención de compensaciones. Más aún, una vez que la dictadura franquista y la represión que la acompañan, dejan paso a formas políticas en las que las demandas sociales pueden ser expresadas abiertamente. De esta forma, el movimiento regionalista andaluz se extenderá y sus planteamientos, en mayor o menor grado, serán incorporados a la mayoría de agendas políticas y sociales.



3.5 Lucha de clases y andalucismo

Las manifestaciones multitudinarias, la incorporación de reivindicaciones andalucistas más o menos extremas a los programas políticos, las movilizaciones electorales, entre otras, son muestras de que la sociedad, con implicación decidida de la clase obrera, exigen el reconocimiento general que le permita, entre otras cosas, desempeñar el papel asignado en la división regional del trabajo sin el empobrecimiento y atraso en el que venía realizándolo, por tanto exigen mejoras de su situación (es la manera implícita de exigir compensaciones al hecho diferencial andaluz).


La movilización popular tiene su punto álgido en las manifestaciones multitudinarias del 4 de diciembre de 1977 en las distintas ciudades andaluzas, bajo la consigna de Libertad, Amnistía y Autonomía; posteriormente se pasará a un desarrollo legislativo e institucional (constitución de la Junta preautonómica en abril de 1978), que irá requiriendo el apoyo popular (referéndum autonómico el 28 de febrero de 1980) y finalmente las elecciones al parlamento andaluz de mayo de 1982, a partir de las cuales se constituirá el nuevo gobierno autonómico andaluz. Este “estado” andaluz, que representará políticamente al capital de la región, se desarrollará en un vínculo particular con el estado nacional.


Además, la clase obrera vinculará sus demandas laborales (empleo, salario) a las demandas sociales (educación, sanidad, prestaciones por desempleo) que la hagan salir, y con ella a la mayor parte de la sociedad, de la pobreza a la que parece estar condenada por una acumulación de capital que solo está dispuesta a reconocer su deuda a fuerza de serle exigida en la lucha de clases. Pero, pedir es admitir la “superioridad” del que tiene que dar. Por tanto, se parte de reconocer y aceptar la jerarquía nacional y europea, después.


En este proceso, una de las cuestiones que se plantean es por qué el sentimiento andalucista, cultivado bajo la represión franquista y que luego florecerá súbitamente en la transición, no adoptó, ni llegará a adoptar posteriormente, formas extremas como el soberanismo conformándose con un regionalismo centralista, que no discute la soberanía española, como el autonomismo. Entendemos que el planteamiento desarrollado más arriba puede responder de manera materialista.


Este papel desarrollado por Andalucía en la división regional del trabajo en relación al suministro de fuerza de trabajo (hecho diferencial) es pensado como una especificidad, un sentimiento andalucista. Pero, como ese hecho diferencial para sostenerse en el tiempo, sin afectar a la acumulación de capital, necesita una compensación (y previo reconocimiento, aunque sea implícito), este andalucismo no puede ser rupturista respecto del estado español (o europeo) sino todo lo contrario: ha de reconocer a ambas instancias y plegarse ante ellas, tiene que ser un regionalismo autonomista y no soberanista.


Es más, mientras se mantengan estas condiciones, el desarrollo capitalista andaluz habrá de revestirse políticamente de la forma autonómica referenciada en el estado español y europeo, que son los que le otorgan el reconocimiento general necesario para transferirle las compensaciones que su papel en la división regional del trabajo exige; y cualquier proyecto político que pretenda un apoyo social amplio en Andalucía deberá tenerlo en cuenta.


Otro debate, quizás más ideológico, es el de la consideración de Andalucía como región subsidiada. Esta posición resulta de una mirada parcial, que solo atiende a las compensaciones sin ver su vinculación al papel de Andalucía en su función de suministradora de fuerza de trabajo al capitalismo español y europeo. Es más, no solo no se vinculan las compensaciones a la función específica de Andalucía, sino que ni si quiera se explicita esta función, dando la apariencia de una voluntad política abstracta del centralismo, o una generosidad de la solidaridad territorial. A lo más se habla de “hecho diferencial” sin más.


La explicitación del mencionado hecho diferencial, el suministro de fuerza de trabajo para la acumulación foránea de capital, al que hay que vincular las adecuadas compensaciones; así como la reivindicación de la deuda histórica que surge de la evolución de este hecho diferencial no compensado, son demandas pendientes.


Además, muchas de las formas del salario indirecto, que han venido constituyendo la compensación de Andalucía por su hecho diferencial, como la sanidad y la educación públicas, están siendo cuestionadas; queda por ver -si se desmantela la provisión pública de estos bienes- cómo se hará para establecer las compensaciones al hecho diferencial que permitan la normal reproducción de la fuerza de trabajo.



4. Conclusión


Hemos partido del análisis del mercado laboral andaluz en el período 1977-2022, para concluir en el específico papel que tiene Andalucía en la división regional del trabajo en cuanto suministradora de fuerza de trabajo (hecho diferencial andaluz) al capitalismo español y europeo. Este papel se ha venido manifestando a través de una población, una emigración y un paro masivos.

Ahora bien, el desarrollo fluido de la acumulación de capital en Andalucía tiene como condición que este hecho diferencial tenga una compensación adecuada, la que permite la reproducción de la fuerza de trabajo al nivel de su valor. Bajo las condiciones de la dictadura franquista dicha compensación fue insuficiente como muestran la pobreza y el atraso andaluces. La represión franquista no permitió la expresión del sentimiento andaluz que se origina por el deseo de unos niveles de vida que permitan una vida digna, o sea una reproducción normal de la fuerza de trabajo. Este sentimiento andaluz encontraría su expresión ideológica y política en el andalucismo, arraigado en la clase obrera andaluza y que explosionaría en la transición democrática.


El andalucismo quedaría incorporado a la lucha de clases, como canalización de las demandas de reconocimiento del hecho diferencial y de las compensaciones que le corresponden, en su mayor parte como salario indirecto (educación, sanidad, prestaciones por desempleo, subsidios por desempleo, entre otros). El proceso político implicará la movilización popular y la acción del estado, siendo uno de sus principales resultado la constitución de la representación política del capital autóctono, la autonomía andaluza. El gobierno andaluz habrá de gestionar las diversas formas de la compensación, transferencias nacionales y, posteriormente, fondos europeos, siempre como cristalización de la lucha de clases. Esta vinculación con las instancias estatales, explica el carácter centralista de la autonomía andaluza, y del andalucismo de esta etapa. Algunos asuntos quedan pendientes, el reconocimiento explícito del hecho diferencial, la deuda histórica generada por la falta de una suficiente compensación durante muchos años atrás o el cuestionamiento de las formas publicas del salario indirecto (sanidad, educación). Estos junto a otros temas constituyen la agenda del andalucismo que debe acompañar las demandas de la clase obrera.


Hoy como ayer, el andalucismo reivindicativo requiere la movilización de la clase obrera andaluza para la consecución de sus aspiraciones a una vida mejor, empezando por la reproducción de la fuerza de trabajo al nivel de su valor, pues no otra que la lucha de clases es la forma del avance social en el capitalismo.


NOTAS

1Andalucía, además, estaría especializada en la producción agrícola, turística, entre otras.

2Incluyo al capital privado y al público, por tanto al empleo creado por las empresas privadas y por las administraciones públicas.

3Mencionamos algunos: modelo demográfico, tipo de familia, productividad inferior a la nacional, salarios inferiores a los nacionales, menor desarrollo tecnológico, entre otros.

4Este es uno de los aspectos que hacen que Anda lucia muestre un elevado dinamismo en las actividades económicas relacionadas con los medios de vida: alimentación, servicios públicos, construcción.

5Esto explicaría que la tasa femenina de actividad sea inferior en Andalucía que en España. Otra cosa sería ver por qué no se ha producido un reconocimiento social a la mujer andaluza por el desempeño de este papel de cuidadora tan necesario para llevar a cabo la función andaluza en la DRT de suministradora de fuerza de trabajo.

6Mientras la emigración de los sesenta y setenta responde al modelo fordista de acumulación que demanda una fuerza de trabajo relativamente simple y poco formada, la nueva emigración responde a las necesidades de fuerza de trabajo compleja y más formada que demanda la acumulación de capital propia de la automatización y la digitalización.

7Será interesante ver, cómo responde cada fubfunción a cada momento del ciclo económico (auge o crisis) según las características del momento, por ejemplo la recepción en el destino de la emigración.

8Esta plusvalía extra proviene de vender sus mercancías por su valor y comprar la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Quizás este sea uno de los motivos del mayor ritmo de creación de empleo, en relación a España.

9Al respecto, Karl Marx en el capítulo 8, sobre la jornada laboral, del primer libro de su magna obra El capital, expone como la regulación de la jornada es el resultado de la acción estatal a partir de la lucha de clases, que encuentra su determinación más simple en la necesidad del capital. Hemos tratado de adoptar la misma idea.

10Estos planteamientos son acreedores de las investigaciones del profesor Iñigo Carrera del CEICP.

11El subsidio agrario tiene una especificidad mayor: es la forma de compensar a la fuerza de trabajo por mantenerse disponible, sin abandonar el ámbito rural, para las variables necesidades de la acumulación del capital agrario.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...