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lunes, 29 de diciembre de 2025

Capital, ciencia y libertad: lógica e ideología


En la sociedad capitalista, la ciencia está atravesada por una contradicción que no puede enfrentar sino recurriendo a la mediación de la lógica, adquiriendo un carácter ideológico. Aunque parezca un tema lejano, aspectos del mismo están presentes en fenómenos como la Inteligencia Artificial y su regulación, el abordaje político del cambio climático, la normalización de las mentiras públicas o el uso de la libertad por la derecha y la extrema derecha, por no hablar de la necesidad de reformular la izquierda.

La contradicción de la ciencia en el capitalismo

El científico, personificación del conocimiento objetivo, es un productor de mercancías. Su conciencia y voluntad libres se aplican a la producción de la ciencia que ha de vender para subsistir. Este trabajo, que es una acción consciente y voluntaria, por su carácter privado e independiente, se le presenta como abstractamente libre, aunque esa libertad solo sea la forma de su conciencia enajenada en el producto de su trabajo. 

Sin embargo, la función social que el capitalismo asigna a la ciencia es muy otra: avanzar en el conocimiento objetivo de la realidad y transformarla (aplicación del desarrollo tecnológico) para incrementar el plusvalor, mediante el aumento de la productividad social.

Aquí aparece la contradicción: el científico, encargado de reconocer la necesidad objetiva del mundo, se siente privado de toda necesidad, es decir, se ve como un sujeto libre.

Desgajar el conocer del ser

Esta contradicción, cuyo origen no es un accidente ni un problema moral sino la forma social (mercantil), no puede resolverse en la práctica inmediata. La ciencia, bajo el capital, no puede renunciar ni a su función objetiva (plusvalor relativo) ni a la forma social del trabajo científico y su producto (mercancía que presupone libertad). Por eso, la enfrenta de un modo específico: separando radicalmente la realidad de su conocimiento.

La filosofía moderna ofrece el andamiaje conceptual para esta operación. En el plano ontológico, se ocupa de cómo es el mundo. En el plano gnoseológico se encarga de cómo se conoce la realidad. Y, en el plano epistemológico, proporciona al conocimiento reglas de validez y métodos, donde la lógica aporta la necesidad constructiva (previo vaciamiento de la necesidad real).

De este modo, el mundo puede ser concebido como contingente (casual), carente de necesidad, mientras que el conocimiento de la realidad se dota de necesidad (causal), considerándose determinista. La necesidad no estaría en la realidad misma, sino en la forma en que la pensamos. La contradicción no se resuelve, pero se desplaza al plano epistemológico (fundamento y método científico), donde explota (caso de la paradoja de Russell entre otras).

Sustituir la necesidad real por la lógica

A través de la lógica se proporciona una necesidad constructiva (en otro momento nos detendremos en este aspecto), en este caso, al pensamiento sobre la realidad, consiguiendo así una representación ordenada que permite “comprender” y operar sobre esta realidad que, en sí misma, se concibe indeterminada.

Un ejemplo de esto es la teoría utilitarista del consumidor que lo concibe como un maximizador de utilidad sujeto a una restricción presupuestaria. Se supone que no podemos conocer el comportamiento sin comprometer su libertad, pero el modelo nos permite “comprender” el azaroso consumo. La libertad del consumidor queda preservada, mientras la necesidad aparece como una propiedad del razonamiento, no de la realidad social.

El mercado de valores o bolsa ofrece otro ejemplo: del que no se conocen todas las relaciones causales, pero se emplea una compleja formalización que permite operar en él. El ámbito de la meteorología, de la geología, incluso el análisis electoral, se han prestado al uso de teorías de catástrofes, modelos de estabilidad o cálculos estocásticos.

El caso de la concepción lógico-analítica

Esta concepción aparece con claridad en aquellas corrientes que tienden a concebir la realidad como carente de necesidad, mientras puede ser pensada de manera determinista. Basta con elaborar un modelo, una construcción mental que imprima necesidad a los elementos observados. Ante un mundo azaroso, la libertad del científico se expresa en la capacidad de construir modelos que permitan comprenderlo e intervenir en él.

Este es el caso de la tradición lógico-analítica (Carnap, Círculo de Viena, Quine, Russell, etc), en la que el mundo puede carecer de necesidad ontológica, mientras que la necesidad se introduce en el plano del lenguaje y la lógica. Así se compatibilizan la conciencia práctica del científico, que se vive como libre, con su conciencia objetiva, que debe reconocer regularidades. El conocimiento objetivo, de este modo, avanza sin cuestionar la relación social (capital) y mucho menos su expresión, la libertad.

La lógica cumple aquí una función decisiva: permite avanzar en el conocimiento objetivo a la vez que protege la conciencia abstractamente libre del científico. Así, se naturaliza la libertad, y lo que deriva: la mercancía, el dinero, el capital. Aquí emerge su carácter ideológico que, en la medida en que se defiende como lo mejor, se torna apologético.

Escindir la sociedad de la naturaleza: la teoría social

Una variante de este fenómeno aparece en aquellas concepciones que fragmentan la realidad en, pongamos, dos ámbitos: uno natural, regido por la necesidad, y otro social, donde gobierna el azar o la indeterminación. En el plano del conocimiento, el mundo natural puede ser conocido, porque la necesidad está en el propio objeto y el conocimiento puede captarla sin mediaciones. Mientras que el mundo social solo admite aproximaciones y regularidades débiles, impuestas por modelos que introducen exteriormente la necesidad constructiva. La libertad, que pertenece a la región social de la “realidad”, queda preservada y, con ella, la imagen del individuo abstractamete libre.

De este modo, el científico puede enfrentarse a un mundo lleno de determinaciones sin que eso afecte su autopercepción como sujeto libre. La libertad queda resguardada gracias a una partición ontológica del mundo y a la operación lógica de aplicar una necesidad constructiva en lo epistemológico.

La dialéctica y su carácter transformador

El planteamiento dialéctico rompe con todas estas separaciones (ser y pensar, sujeto y objeto, individuo y sociedad, sociedad y naturaleza,...). No concibe una exterioridad absoluta entre el mundo y el conocimiento objetivo del mismo. La dialéctica, en cuanto método de conocimiento, no impone una necesidad al concreto que aborda, solo reproduce en el pensamiento el movimiento de la forma concreta.

En la Crítica de la Economía Política se muestra que la libertad moderna no es la negación de la necesidad, sino su forma específica bajo determinadas relaciones sociales (mercancía). La libertad, lejos de ser el atributo natural del individuo, es la forma que adopta su enajenación. La enajenación es la conciencia que emana de una específica e histórica organización de la producción social. La mercancía es una forma concreta en que la sociedad media su metabolismo con la naturaleza. Y el trabajo es la forma humana de apropiarse la naturaleza con el fin de reproducirse. Individuo, sociedad y naturaleza quedan así vinculados de manera indisoluble e inmanente.

El reto de la ciencia moderna no es perfeccionar sus esquemas lógicos, sino comenzar a abandonarlos progresivamente para abrir espacio al desarrollo de la dialéctica aplicada al conocimiento de la realidad. Una dialéctica crítica y revolucionaria, como señalara Marx, que resulta un horror para la burguesía. Porque, en su comprensión positiva de lo existente, lo concibe en movimiento y, por tanto, transitorio y perecedero (El Capital).

Post-factum: aplicacion ideológica

La derecha hegemoniza, porque la ciencia basada en la lógica la habilita, el marco de la libertad (formal). La izquierda puede intervenir en el debate, pero reformulándolo mediante la dialéctica. Libertad material y social, vinculada a la satisfacción de la necesidad real, denunciando que el discurso de la libertad formal, sin garantías para ejercerla, conduce a una mayor explotación de la clase obrera. 

viernes, 7 de noviembre de 2025

Sanidad pública en Andalucía: política, ideología y economía



El reciente escándalo de los cribados del cáncer de mama ha reactivado la movilización andaluza por la sanidad. Más allá de ser una reacción en defensa propia, la manifestación es una oportunidad para que el pueblo andaluz, con el protagonismo de la clase obrera, avance en la constitución de sujeto de su desarrollo.

Para ello, considero necesario apropiarse idealmente de las propias determinaciones, en relación a las determinaciones de la sociedad capitalista andaluza. Esta modesta intervención apunta a ello, inscribiéndose en la elaboración del conocimiento que contribuye a la revolución social.

Nuestro planteamiento

Desde la Crítica de la Economía Política señalamos, en relación a la sanidad pública andaluza, dos aspectos: materialidad del debate (política, ideología y economía) y su vínculo con la superación del capitalismo como garantía de una sanidad al servicio de la población.

Para los escépticos: la sanidad pública andaluza es lo más parecido al socialismo que podemos ver por estos lares. Un servicio al que se accede cuando se necesita y sin mediar dinero.

Historia y hecho sanitario

La sanidad pública andaluza es un producto social e histórico. Surge a mediados de los ochenta con las transferencias y el SAS (Ley 8/1986, autonómica) como ariete del estado social autonómico, y empujada por la ideología social-capitalista. 

Luego, tras la crisis internacional de los setenta, ya con el giro hacia el liberal-capitalismo (privatización, externalización, liberalización y conciertos), se van creando los instrumentos legales que habilitan el actual sistema sanitario: Ley General de Sanidad de 1986 (ordenación y conciertos), Ley 15/1997 (nuevas formas de gestión) y Ley 16/2003 (cohesión y cartera común). Además en nuestra comunidad: Ley 2/1998 de Salud de Andalucía (derechos, organización y conciertos), y Ley 16/2011, de Salud Pública de Andalucía (promoción, prevención, vigilancia y evaluación). 

Ahí están las palancas legales de lo que constituirá la evolución de la sanidad pública andaluza y el traspaso de fondos públicos hacia la actividad sanitaria privada.

Hecho sanitario y presupuesto

Tras un proceso en el que la sanidad pública dejó de ser prioritaria, como revela la reducción de su peso en el presupuesto público (ver curva en U abierta), ya en plena Gran Recesión (2008-2014), las élites capitalistas europeas, acompañadas de todas las demás (nacionales, autonómicas, locales) deciden que la salida de la crisis pasa por el recorte presupuestario. 

La sanidad pública andaluza conocerá mínimos en el esfuerzo presupuestario, iniciándose su deterioro progresivo: cierre de centros, citas en atención primaria, listas de espera para especialistas e intervenciones, vacantes que no se reponen, etc. A partir de 2012 la satisfacción ciudadana con la sanidad pública (barómetro) se quebranta comenzando su descenso. Cada hecho concreto en la sanidad pública tiene un respaldo presupuestario.

Presupuesto y política

El presupuesto es la ley más importante de la sanidad andaluza: se aprueba (y discute) todos los años en el parlamento y la ejecuta el gobierno. Si miramos la evolución nominal de la partida presupuestaria destinada a la sanidad observamos que ésta durante el período 2002-2025, salvo los años de los recortes (2010-2014), es ascendente. Esto también ocurrió con el presupuesto total. Para ver el grado de compromiso de un gobierno con la sanidad pública hay que fijarse en el porcentaje de gasto sanitario en relación al total del presupuesto.












El gráfico dibuja una U abierta, con mínimo en los años de recortes bajo gobiernos del PSOE, el mismo partido que impulsó el despliegue del sistema. Tras la COVID, el PP elevó el esfuerzo y presume del mayor gasto sanitario, pero una parte relevante se deriva a la provisión privada.

Política e ideología

Las medidas políticas (aumentar o reducir el gasto sanitario, transferir a la sanidad privada o impulsar la pública) suelen estar argumentadas y fundamentadas (eficiencia, equidad, sostenibilidad, entre otras). Este discurso forma parte de la ideología (conjunto de ideas) que incluye a las diversas teorías “científicas” (económicas, sociológicas, políticas, psicológicas, etc). El debate de ideas, que precede la toma de decisiones políticas, se lleva a cabo en el Consejo de Gobierno, en el Parlamento o en la sociedad (medios de comunicación), entre otros.

La ideología capitalista, sea en su versión social sea en su versión liberal, está detrás de las decisiones políticas que han llevado el sistema público de salud andaluz hasta la situación actual. Cuando hay que recortar lo público e impulsar lo privado se echa mano de la Teoría Económica Neoclásica pura, que presenta al mercado y la empresa privada como los mecanismos más eficientes y equitativos; cuando hay que impulsar la sanidad pública se recurre a la Teoría de los Fallos del Mercado, también neoclásica, que plantea que hay excepciones (la sanidad como bien público) a la primera.















Ideología y economía

Aunque cada ideología tiene una política “natural”; ambas están preparadas para habilitar la política contraria. Así un defensor de la sanidad pública puede argumentar la necesidad de sanearla, recortándola, como ocurrió en el período 2010-2014; como un liberal puede impulsarla para favorecer la demanda agregada o apelar a la equidad.

Esta elasticidad de la ideología, que habilita la teoría académica, reclama un anclaje común. Lo que no cambia es lo que la ideología esconde, el interés económico.

Así, tras la ideología liberal-capitalista se defiende el capitalismo más competitivo (sanidad privada, mercancía, beneficio), mientras en la social-capitalista se defiende el capitalismo más intervenido (sanidad pública, derecho, igualdad). En ambos caso se naturaliza el capitalismo y se sirve a la acumulación de capital (empleo).

Economía y sanidad

La sanidad pública andaluza, como actividad a cargo del presupuesto público está sujeta a sus determinaciones: así cuando toca recortes públicos, la sanidad es una candidata, y cuando toca impulsar la actividad económica, también.

Pero, además, la sanidad está inserta en la circulación general de las mercancías, que es la forma en que circula la producción capitalista. Por un lado, demanda productos y fuerza de trabajo (empleo), favoreciendo a la economía. Por otro, es un servicio; que en el caso privado, está a la venta, por tanto un negocio en sí. Asi, en cuanto actividad económica está inmersa en el ciclo económico que caracteriza la reproducción ampliada capitalista.

El esfuerzo económico que la sociedad andaluza está dispuesta a realizar nos lo muestra el porcentaje del gasto sanitario (público y de los hogares) como porcentaje del total de la producción regional (valor añadido bruto). Vemos, además de la estabilidad, como este esfuerzo aumenta en las crisis (Gran Recesión, COVID) y se reduce en las expansiones.















Sanidad y acumulación de capital

Preservar la vida de trabajadores y consumidores es el encargo social que tiene la actividad sanitaria. Específicamente, garantizar la reproducción adecuada de la fuerza de trabajo (pasada, presente y futura, actual y potencial) de modo que esté en condiciones de ser explotada generando plusvalor, por un lado, a la vez que sigue confiando en las instituciones y el sistema, por el otro.

No nos detendremos en las especificidades del capitalismo andaluz y su papel en la división nacional, europea e internacional del trabajo, cuestiones necesarias para avanzar en el conocimiento del desarrollo de nuestra comunidad. De igual manera que los cambios en la materialidad de la acumulación de capital, las técnicas (automatización, digitalización, computerización o inteligencia artificial) y la organización del trabajo que las acompañan, imponen un tipo de fuerza de trabajo (física, emocional, mental) que ha de ser reproducida, también en términos de salud y de servicios sanitarios. Todo ello, junto a las condiciones de legitimación, pueden apuntar a un nuevo modelo sanitario.

Conclusión

Sea como sea, este 9 de noviembre, el pueblo andaluz está llamado a la acción. No hay nada fuera de la política: ir a la manifestación, al cine o quedarse en casa, son todas actuaciones políticas.

Las situaciones concretas de la sanidad están ligadas a las medidas presupuestarias, los debates parlamentarios, las disputas ideológicas o los intereses económicos, ni si quiera son ajenas a la necesidad de acumulación del capital (andaluz, español, europeo y mundial). Mientras las condiciones sociales no permitan dar el salto definitivo de la mercancía al derecho, tocará defender la sanidad pública frente a la relación de capital y sus gestores políticos, el gobierno andaluz.


viernes, 5 de abril de 2024

Inmigración y capital en España

 (Pedro Andrés González Ruiz)

Los recientes acontecimientos racistas y antirracistas en el fútbol, así como anteriormente la publicación de datos sobre la demografía española, han traído el asunto de la inmigración al primer plano, cuestión que el pasado 21 de marzo (Día Internacional contra el Racismo y la Xenofobia) no consiguió.

Por nuestra parte, pretendemos hacer una aportación a este necesario debate con un enfoque acreedor de la crítica de la economía política, que descansa en indagar la materialidad (base económica) tras los fenómenos políticos e ideológicos (superestructura)1.

Antes que nada, aclarar que el fenómeno inmigratorio es complejo, como la realidad misma, y que nos ceñiremos en su tratamiento a: las migraciones transnacionales (sin entrar en la cantidad de países de origen, sus peculiaridades, etc), dejando a un lado las interiores; al aspecto de la recepción sin entrar en la salida (múltiples causas por las que las personas se deciden a abandonar su hogar) y traslado (variedad de métodos usados para ello y todo lo que conlleva); nos referiremos al caso español en las últimas dos décadas (sin indagar en la historia de migraciones hispánicas que nos podrían llevar a los celtíberos). Tampoco haremos una disección del colectivo inmigrante, ni por clases donde el 85 por ciento es asalariado y el resto propietario de medios de producción según el informe del ministerio2, ni por sexos o nacionalidades. Así como no entraremos en la diversidad de formas de integración ciudadana que han de afrontar las personas inmigrantes en España desde los permisos de estancia, trabajo, residencia, doble nacionalidad o la ilegalidad (situación en la que se encontrarían unos 150 mil como mínimo según el citado informe), situaciones diversas que ofrecen una variedad de formas concretas que requerirían un detenimiento mayor del que aquí se pretende.

Nuestro propósito es algo más modesto, indagar en la relación entre la acumulación de capital y el fenómeno inmigratorio en la España actual y explorar la necesaria forma conflictiva que adopta este fenómeno a través de sus expresiones políticas e ideológicas. Vamos a ello.

La inmigración y la xenofobia contemporáneas son fenómenos que hunden sus raíces en la naturaleza capitalista de las sociedades. Históricamente se han dado, pero sus rasgos actuales tienen que ver con el desarrollo capitalista. Cuando salen, mientras se trasladan y hasta que llegan, las personas migrantes son acompañadas por el capital.

Desde los inicios del siglo XXI el capital español demanda la fuerza de trabajo inmigrante. En el año 2023, según datos de la Encuesta de Población Activa, el número de personas extranjeras ocupadas ascendió a 3,84 millones que suponían el 18,4 del total de la población ocupada (el dato más bajo de los últimos 20 años es el 12,6% de 2014).

La causa principal de este fenómeno inmigratorio hay que buscarla en los cambios en la acumulación de capital que afectan a la fuerza de trabajo en dos aspectos. En su oferta, estableciendo una nueva ley de población3 (recuérdese que 1950-1980 España era un país de emigrantes) y, en su demanda, planteando nuevas exigencias de un determinado tipo de fuerza de trabajo.

En el caso de España, el crecimiento demográfico negativo de los nacionales junto al progresivo agotamiento de las reservas laborales tradicionales (la población agraria y las mujeres) termina produciendo la escasez de fuerza autóctona de trabajo. Desde 2012 (19,7 millones) la población activa española disminuye y sólo la incorporación de la población extranjera permite la suficiente oferta de fuerza de trabajo que requiere la acumulación española de capital. En 2015 se inicia, y no ha desaparecido, el crecimiento natural negativo, es decir mueren más personas que nacen. Así, mientras la población nacional en edad de trabajar se redujo en un millón de personas desde 2002 hasta 2022, la extranjera aumentó en más de 4 millones. En 2023 la población extranjera ascendió a 6,1 millones (12,7% del total).

En cuanto a la demanda de fuerza de trabajo del capital español, la inmigración transnacional no solo es una fuente sino que sus condiciones de venta son muy apetecibles para el capital. Según el estudio del ministerio, la integración laboral de los inmigrantes es insuficiente: se sitúa mayoritariamente en puestos elementales, con sueldos sensiblemente inferiores (hasta un 40 por ciento menos), peor contratación (mayor verbalidad, mayor temporalidad, mayor parcialidad), y condiciones inferiores (mayores jornadas, mas horas extras efectuadas y menos pagadas); empleándose en los siguientes sectores: servicio elementales (servicio doméstico, personal de limpieza o vendedores ambulantes), servicios personales (cuidados y dependencia), comercio, manufacturas, instalaciones y montajes, y agricultura. Algunos de estos sectores solo son viables gracias a la sobreexplotacion de la mano de obra inmigrante, incluso ilegal y la ayuda estatal. Un ejemplo es la agricultura del plástico, otro el servicio doméstico o los servicios de cuidados.

Si mañana el ejército laboral inmigrante (4,6 millones, 19,3% del total) abandonara al capital español, éste no tendría mano de obra, ni siquiera con los parados, para seguir funcionando. Algunos sectores y territorios atravesarían dificultades, y algunas empresas cerrarían porque su viabilidad descansa en las ayudas estatales y en la sobreexplotación de la fuerza foránea de trabajo. Estos capitalistas ven con buenos ojos a la inmigración, pero no tan bien su promoción ciudadana (preferibles sin papeles).

Esta necesidad que tiene el capital español de la fuerza inmigrante de trabajo tenderá a agravarse, si no media una crisis, una guerra o cualquier otro fenómeno que reduzca drásticamente el empleo. Además, será cada vez más generalizada por sectores, territorios y tipos de empresas, pues la escasez de fuerza de trabajo ya no solo afectará a determinadas ocupaciones. Es más la reproducción ampliada del capital exige en mayor medida la compraventa de la fuerza de trabajo -también la inmigrante- por su valor. De tal forma que no solo la integración en el mercado laboral, sino también al sistema educativo4, de la población extranjera se convertirá en un reto para el futuro de la sociedad española, pues a ello apunta el desarrollo del capital. Y con ello, la población inmigrante en España habría de avanzar en su condición ciudadana5 (regularización, papeles para permanecer, para trabajar, para residir, nacionalidad).

De hecho, el representante político del capital social, el estado, lleva tiempo poniendo el foco en el asunto inmigratorio y las ideologías que le rodean como el racismo o la xenofobia. En el caso español la inmigración da nombre a un ministerio, que tiene una Secretaría de Estado de Migraciones a la que corresponde elaborar y desarrollar la política del Gobierno en materia de extranjería, inmigración y emigración6. El pasado julio el gobierno aprobaba el nuevo Marco Estratégico de Ciudadanía e Inclusión contra el Racismo y la Xenofobia (2023-2027), que responde al compromiso de la Unión Europea de tener planes específicos renovando estrategias aprobadas en 2011 y 2014. En diciembre, la Unión Europea firmaba, tras cuatro años de discusiones entre países, el Pacto sobre Migraciones y Asilos. Por su parte, las Naciones Unidas comenzaron a sentar las bases de una amplia cooperación internacional en cuestiones relacionadas con la migración en dos Diálogos de Alto Nivel sobre Migración Internacional y Desarrollo, celebrados en 2006 y 2013, que culminaron en la Cumbre de las Naciones Unidas para los Refugiados y los Migrantes de 2016. En 2018 unos 150 países firmaron el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular.

Todo este papeleo y reuniones, más allá de su discutible efectividad, vienen a poner de manifiesto que la inmigración transnacional es un tema que preocupa a los estados, y ello porque atender a esta cuestión es una necesidad para el capital. Este es el vector principal en la dinámica de la inmigración. Ahora bien, este movimiento no es lineal, adoptando avances y retrocesos conforme a la confrontación entre posiciones proderechos humanos y posiciones racistas o xenófobas, cuya raíz está en el enfrentamiento de clases.

Las posiciones proderechos están representadas por las organizaciones de los propios inmigrantes caso de los sindicatos de manteros, de las asociaciones y partidos que les incluyen como exponentes de los derechos humanos o de los sindicatos que les integran como extensión de la relación de solidaridad que caracteriza a la clase obrera consciente, que proclama la unidad de los trabajadores más allá de sus diferencias de raza o nación, entre otras. Además, cuentan con un ambiguo aliado, el estado, que expresa la necesidad del capital total de la sociedad actuando en consecuencia.

Pero, tienen enfrente la reacción xenofoba y racista. Estas ideologías expresan los intereses de los capitales en retroceso cuya supervivencia descansa en la explotación más salvaje y despiadada, que reclaman la inmigración pero con pocos derechos. También se nutre de sectores de la clase obrera con una bajo nivel de conciencia, bien porque compitan con la inmigración en el acceso al empleo o a los servicios públicos, bien porque le atribuyen la degradación de los barrios y la inseguridad ciudadana. Además, conectan con grupos de población identificados con aspectos reaccionarios que cuestionan la igualdad de derechos entre las personas según sus diferencias de ingresos, edad, sexo, nación, raza, religión o ideología, entre otras.

Esta reacción frente al lento, pero ineluctable, avance de los derechos de los inmigrantes está aumentando. Así lo pone de manifiesto el apoyo electoral que están recibiendo los partidos que enarbolan el racismo y la xenofobia. También el incremento de los delitos de odio en 2023 (33 %) hasta situarse en 1600 incidentes que supusieron 712 detenciones, de los que 604 y 235, respectivamente, correspondieron a delitos por racismo y xenofobia, según datos del Ministerio de Interior. Cuando no el espectáculo lamentable que ofrecen algunos aficionados en campos de fútbol realizando alusiones a la raza o color de piel de las personas que intervienen en el juego. Por último, sin pretender agotar las manifestaciones racistas y xenófobas de la sociedad española, los asentamientos chabolistas alrededor de la agricultura del plástico en Andalucía desde hace 25 años, denunciados por la ONU.

Sin embargo, y a pesar de los lentos progresos legislativos (la ley antirracista lleva tiempo en el cajón), y políticos (fraccionamiento político y funcional del estado que juega en contra), hay signos de cambio en determinados ámbitos. Uno es el mediático. La publicidad de algunos episodios racistas como el trato policial a dos personas negras en el barrio de Lavapiés. Así como el eco que despiertan los ataques racistas a deportistas, específicamente futbolistas. El mundo del futbol, es otro ámbito donde la cuestión se está moviendo, los jugadores de color más destacados empujan contra el racismo, caso del brasileño Vinicius. O la suspensión del partido Sestao-Majadahonda donde el portero senegalés Cheick Sarr se enfrentó a los aficionados que le insultaban provocando la retirada de su equipo; ante lo que la Federación dio por victorioso al Sestao, condenó a 2 partidos a puerta cerrada y 6 mil euros de multa al Sestao, y a dos partidos de suspensión a Cheick. Por no hablar de las manifestaciones barcelonesas de inmigrantes contra la Ley de Extranjería o las protestas laborales de las inmigrantes en la recolección de la fresa onubense, por citar algunas.

Todo esto pone de manifiesto que actualmente asistimos a una agudización del enfrentamiento entre las posiciones que defienden la mejora de las condiciones de vida de las personas migrantes y los que se muestran contrarios a ello, sin visos de amortiguarse a menos que haya cambio sociales y campañas concienciadoras al respecto.

En tanto no haya una sociedad que haga innecesario el forcejeo permanente para alcanzar la igualdad de derechos de las personas, estamos abocados a participar, consciente o inconscientemente, en la lucha migracionista de clases, con el fin de la plena integración laboral y la plena condición ciudadana de los inmigrantes. Ya está ocurriendo, y esto se incrementará en los próximos tiempos, con el permiso de los 4 jinetes del Apocalipsis.

Desde este punto de vista, prepararse para actuar libremente, esto es, con conocimiento de causa de las decisiones que se adoptan, nos parece necesario de cara a evitar quedar envueltos en la inercia populista que nos aleje del género humano que es la Internacional, como dice el himno de la clase obrera. De otra manera, tenemos pendiente abordar el análisis concreto de la situación concreta, que diría Lenin. Pues eso.


1Véase el Prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política de Karl Marx, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

2Informe sobre integración de la población extranjera en el mercado laboral, 2022. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. (https://www.inclusion.gob.es/oberaxe/es/publicaciones/documentos/documento_0141.htm)

3En el sentido que lo plantea Karl Marx en su capítulo XXIII sobre la acumulación de capital del primer tomo de El capital.

4Según el estudio del ministerio, el abandono escolar entre la juventud extranjera duplica al de la española.

5Para un desarrollo más amplio y riguroso de esto véanse los planteamientos del Centro para la Investigación de la Crítica Práctica (https://cicpint.org/es) y, particularmente Del capital como sujeto de la vida social enajenada a la clase obrera como sujeto revolucionario del profesor Juan Iñigo Carrera.

6Real Decreto 497/2020, de 28 de abril, artículo 5.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...