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jueves, 30 de octubre de 2025

La universidad española y la acumulación de capital

A todas las personas universitarias que se esfuerzan 
por saberse portadoras de un mundo mejor



En el artículo anterior, examinábamos las dificultades financieras de la unipu, y apuntábamos que formaba parte de un diagnóstico crítico (matriculas, plantillas, vulnerabilidad informática, etc), carácter estructural inscrito en el actual modelo de universidad. Allí anunciábamos tocar la política, la ideología y la economía que subyacen a este producto histórico que es la universidad española. De eso se trata ahora.


Enfrentamiento universidad-gobierno autonómico

Los traspasos de competencias universitarias (gestión, financiación y mapa universitario) a las autonomías, quedándose el Estado con los títulos y las bases, comenzó a principios de los ochenta con el País Vasco, continuando a medias de los ochenta con Cataluña, Valencia y Andalucía, y culminando a mediados de los noventa (Madrid y el resto).

Aunque las tensiones financieras (también la reposición de personal o la ordenación de titulaciones) en la universidad pública (unipu) han existido siempre, se agudizan en la gran recesión (2008-2014) cuando los recortes (reglas de gasto y planes de estabilización) desde la Unión Europea se trasladan a los gobiernos centrales, y de estos a los autonómicos. 

Este es el origen de la infrafinanciación que se cronifica fruto de la dinámica creciente del gasto (personal, bienes y servicios, inversiones), la competencia de la uniprivada (estancamiento de matrículas) y el descenso en precios y tasas. Este déficit se ha expresado en el crecimiento de las transferencias autonómicas, en sus plazos y en incumplimientos legales que terminaron en sentencias judiciales (las universidades madrileñas con Aguirre). A veces, usado también para presionar a rectorados hacia determinadas politicas autonómicas (potenciación de la privada, recortes en la pública, reordenación de títulos, etc.). 


El debate ideológico sobre la universidad

La disputa política, entre universidad y gobiernos, principalmente pero no exclusivamente autonómico, ha tenido diversos ejes como hemos visto arriba. En lo inmediato aparece el modelo de financiación, pero tras él vemos emergen la elección unipu vs unipri (funcionamiento, necesidades de las élites, burocracia, entre otros), los precios y tasas asequibles, y en definitiva el modelo de universidad que necesita la acumulación de capital española y la europea.

Las posiciones ideológicas que defienden la formación de las élites y de la clase trabajadora de elevados ingresos (directivos, gerentes, altos funcionarios,...), y el impulso de la privada, no solo como ámbito de negocio específico sino como expresión ideológica. También habilita el déficit de la universidad pública de masas, con sus recortes que implican la precariedad y la temporalidad de las plantillas, incluso restringen el gasto en la unipu, que potencia la unipri, frena las mejoras laborales del personal, que intentan reducir la autonomía universitaria y alinear más inmediatamente la marcha de la universidad a las necesidades de los capitales territoriales.

Las decisiones políticas, y la lucha en la que se inscriben, son dirigidas por los planteamientos ideológicos, pero éstos tienen una fundamentación. Piénsese que la defensa de cualquier aspecto, por ejemplo el acceso de los hijos de los obreros a la universidad, puede defenderse desde un marco de clase como desde un marco de integración social. Así como otros aspectos, el crecimiento de la unipri por ejemplo (libertad vs expansión del empleo). Como se puede vislumbrar tras el ascenso de las ideas sobre la universidad vamos descubriendo el modelo de universidad que de una u otra forma la sociedad demanda. Por tanto, para entender las causas hay que alejarse del debate y hemos de observar la evolución histórica de la universidad.


Historia (y actualidad) del modelo de universidad

De una pasada, hay que mirar desde la universidad de élites del franquismo, régimen en el que también asoma la universidad de masas que luego se expandiría durante la transición democrática, hasta el más reciente modelo diferenciado (público-privado, rentas altas-medias, territorios, titulaciones, etc.). El gráfico de las matriculaciones universitarias es revelador.



Veamos la evolución un poco más despacio a través de las distintas reformas legales.

La universidad franquista se estructuró bajo la Ley de Ordenación de la Universidad Española (LOUE, 1943). Fue un modelo centralizado (la territorialidad era administrativa), jerárquico (vigilancia estatal, poder de los catedráticos) y políticamente tutelado (Falange, sindicato e ideología franquistas), con presencia religiosa, con pocos alumnos, destinada a formar a las élites gobernantes (privadas y publicas), donde se ahogaban el pluralismo académico y la necesaria discusión científica.

Posteriormente, en los años 50 y en mayor medida los 60, en correspondencia con el desarrollismo económico, y los requerimientos de la liberalización, la industrialización y el aperturismo exterior se expande la educación superior que inicia la universidad de masas. El franquismo no será capaz de dotar de una ley a este modelo emergente, que se promulgará ya en la etapa democrática con la Ley de Reforma Universitaria de 1983. En ella se reconoce y desarrolla la autonomía universitaria, se reforma la gobernanza de la universidad haciéndose más participativa y democrática, además de iniciarse las competencias autonómicas sobre las universidades. 

Tras la consolidación de la universidad de masas (años 80 y 90), el modelo va cambiando para adecuarse a nuevas necesidades de la acumulación española de capital (acentuación de la territorialidad, nuevas profesiones y titulaciones, la incorporación masiva de la mujer a las universidades, y posteriormente, con la entrada en la Unión Europea). Así, se apunta al modelo de la universidad diferenciada actual. Este paso será sancionado, primero, por la llegada de la LOU en 2001, muy cuestionada por la comunidad universitaria y, posteriormente, por la LOMLOU (2007), que acelera la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, resultado del proceso europeo iniciado por la Declaración de Bolonia (1999). Se fijan la ordenación de las enseñanzas oficiales y la estructura Grado-Máster-Doctorado, la desaparición de la dualidad licenciatura/diplomatura (e ingenierías superiores y técnicas), los títulos de grado con troncalidad y optatividad moduladas (RD 1393/2007), la modernización de los doctorados (RD 99/2011) y, luego, se actualiza y ordena la oferta (RD 822/2021). 

Un componente importante del nuevo Sistema Universitario Español (SUE) será la unipri. Ésta presente desde antiguo (Deusto, Navarra, CEU), crecerá aceleradamente desde principios de los noventa (35 públicas por 5 privadas), especialmente a primeros de siglo (48 frente a 18) hasta las 48 por 39, respectivamente, de 2023. Espoleada por los gobiernos, principalmente los autonómicos, acentuarán el modelo dual de universidad: la unipri (élites y clase trabajadora adinerada) frente a la unipu, donde se junta la mayor parte de universitarios, condicionado por becas y precios. 

Últimamente, la Ley Orgánica del Sistema Universitario (2023) reformó el marco corrigiendo algunos de los efectos perversos de los recortes: empleo y carrera limitando la temporalidad, la gobernanza (transferencia de conocimientos a la sociedad, ciencia abierta, internacionalización, participación estudiantil, políticas de igualdad e inclusión) y la coordinación Estado-CCAA (clarifica funciones y favorece cooperación). Asi, la contracara de este realineamiento entre conocimiento y competitividad, es una unipu más deficitaria, más dependiente de los gobiernos autónomos, y un deterioro de las inversiones y medios.







El cuadro anterior trata de expresar que el sistema universitrio es el resultado de las decisiones y luchas políticas, regidas por las discusiones ideológicas y mediadas por los etapas y ciclos económicos (fiscalidad, demografía, mercado laboral), en cuanto formas que adoptan los requerimientos de la acumulación de capital. Cuestión ésta última en la que creo es importante insistir. 

La universidad y la acumulación de capital

El SUE, como tantas otras instituciones, tiene un papel en la acumulación de capital. Eso la determina, bajo la forma de luchas y acuerdos (política) que puedan llevarse a cabo entre las clases sociales a través de las organizaciones, instituciones y gobiernos, que intervienen en la universidad.

El desarrollo capitalista actual, la nueva división internacional del trabajo y los requerimientos técnicos que la impulsan (automatización, digitalización, computerización, IA), generan la necesidad de una fuerza de trabajo capaz de investigar, diseñar, aplicar y gestionar las fuerzas productivas, la organización del capital tanto privado como público de cada ámbito sectorial y territorial. También requiere la mano de obra que forme (en su diversidad de títulos, y de asignaturas, parcelando el conocimiento), dotando de los adecuados atributos técnicos, emocionales y morales, a esa cualificada fuerza de trabajo. Ese es el papel de la universidad en cada etapa de la acumulación de capital, particularmente de la actual.

La aceleración de los cambios técnicos y la complejidad social que conllevan, hace aún más necesaria esa cualificada y renovada formación. Eso es uno de los aspectos que explican la cantidad de leyes universitarias, sobre todo recientes. Además, hay que producir esta fuerza universitaria de trabajo en cuantía abundante, pues como miembros de la clase obrera están sujetos a la ley de la acumulación (ejército universitario de reserva). Y como porción de la clase obrera, los universitarios son portadores de las potencias capaces de poner en marcha, junto al resto de la clase obrera, la transformación social; ahora, además, con un conocimiento científico, al que solo resta reconocerse como la relación social superadora del capitalismo.

sábado, 25 de octubre de 2025

La crisis de la universidad pública

 Introducción

Las movilizaciones universitarias anunciadas para noviembre vuelven a ponernos de frente al servicio universitario que, como no podía ser menos, igual que el resto de servicios públicos, está en crisis; lleva años en crisis; la crisis empieza a ser su forma de existencia.

Conviene detenernos en qué significa hoy la crisis en la universidad pública (unipu), por qué se origina y cómo hemos llegado hasta aquí. Posteriormente, la contextualizaremos en la evolución histórica de la universidad en España descubriendo, con las lentes de la Crítica de la Economía Política, la materialidad que subyace a los cambios políticos, ideológicos y económicos.


La crisis y sus manifestaciones

El motivo inmediato de las movilizaciones es que la complutense ha solicitado un crédito al gobierno madrileño para afrontar las nóminas de diciembre.

Efectivamente, la falta de financiación es la expresión más nítida de la crisis de la unipu. Las dificultades de tesorería, la dependencia de créditos extraordinarios y los recortes condicionados acompañan esta insuficiencia financiera. Pero, no solo las universidades madrileñas, las andaluzas (préstamo a la UMA y denuncia de déficit estructural), las valencianas incluso las catalanas, han lanzado avisos de insostenibilidad ante años de infrafinanciación. Un ex-rector lo resumía así: “la situación en Madrid es catastrófica, en Cataluña es crítica, en Andalucía va camino de serlo”. El resto les mira el trasero.

Otro elemento crítico lo encontramos en la situación del personal, que tras años de congelación y precariedad empezó a ver mejoras laborales hace unos años. Más adelante nos detenemos.

Además, la situación en la unipu se ha agravado con la debilidad informática que se ha puesto de manifiesto ante diversos ciberataques (ransomware) y campañas de phising en muchas universidades (UAB, UCLM, Unizar, US).

Un aspecto más ha sido el cuestionamiento de la reputación en casos como el de la URJC, con efectos económicos (matrículas), ante el caso del máster de Cifuentes.

Las facilidades otorgadas a las universidades privadas (unipris) como decisiones de autorización de títulos (Andalucía) u otras, dando lugar a competencia asimétrica.

Un último aspecto de esta crisis, sin pretender agotar los síntomas, es el estancamiento del alumnado (ver gráfico) con reducción en algunos segmentos (máster, grados de alta demanda) y particularmente en algunos territorios (Madrid, Cataluña, Valencia, incipiente en Andalucía). Adquiriendo más dramatismo en un contexto de creciente demanda univesitaria. Por contra, la unipri, con precios cinco veces superiores, ha logrado acaparar más del 25 por ciento del alumnado (2024).




Preguntas guía y ruta

Tras esta somera presentación de la crisis de la universidad pública, se nos abren una serie de preguntas.

La primera es indagar el déficit presupuestario mirando ingresos y gastos. Enseguida, como ya hemos señalado, se nos plantea la cuestión del enfrentamiento político, principalmente, entre los titulares de las competencias (gobiernos autónomos) y las universidades. Esto nos adentra en el debate ideológico y la discusión unipu vs unipri o sobre el modelo de universidad. Por último, desembocaremos en el papel de la universidad en la sociedad capitalista y, más concretamente, en la acumulación española de capital y sus requerimientos respecto de esta particular porción de la clase obrera.

En lo que sigue, abordamos la primera cuestión, dejando las restantes para la próxima entrega.


La lucha de clases en la unipu

Antes de entrar en la evolución presupuestaria, nos detenemos en el conflicto laboral de la universidad. Durante mucho tiempo la universidad fue una fuente de la temporalidad, la precariedad laborales, emergiendo figuras como el profesorado low-cost, autónomo universitario o el becariado a título gratuito. Por otra parte, contrastando con los privilegios de catedráticos.

Los años de la gran recesión y el recorte presupuestario impuesto por la UE (2008-2014) asentó aún más la indignidad laboral que suponían, entre otras, aquellas prácticas. Esta situación empieza a cambiar, sobre todo a partir de 2018: movilizaciones del personal universitario y los litigios (asociados, interinos) dan paso a los acuerdos sindicales que mejoran salarios (incluyendo inflación) y reposición del personal, a las reformas legales que reducen temporalidad y encarecen carreras profesionales (Ley 20/2021, LOSU 2/2023, Estatuto del personal predoctoral de 2018 y modificación en 2024), y a diversas sentencias favorables al personal docente e investigador.


La insolvencia de la unipu

La dinámica del gasto, con un incremento del 24 por ciento desde 2012 alcanzó los 11.340 millones de euros, ha estado presidida por la elevación del gasto de personal, la restricción inversora y la inflación.

El gasto de personal ha crecido pasando de representar el 61 al 65 por ciento. Los bienes y servicios, tras un esfuerzo de contención, se han visto espoleados por la inflación (reducción desde el 14 al 13 por ciento); mientras las inversiones en modernización y digitalización, cada vez más necesarias, tras un periodo de fuerte restricción se han recuperado (reducción del 18 al 16 por ciento del presupuesto).

Por su parte, la evolución de los ingresos universitarios nos muestra: aumento de las transferencias corrientes, la principal fuente, pasando de un 60 a un 65%; una reducción de las tasas y precios públicos, que disminuye su peso desde el 21 al 16 por ciento, por estancamiento del alumnado y bajada de la matrícula (sic); las transferencias de capital suben acompañando a las inversiones.

Como se ve una situación, ingresos contenidos y gasto creciente, exige reformas estructurales a la propia universidad así como nuevas fórmulas de financiación, pero entre tanto aboca al déficit crónico de la unipu, que ha de ser cubierto principalmente por la autonomía. Con ello se abre la puerta a la particular relación unipu-gobierno autonómico, que habremos de tratar más adelante. Ni que decir tiene que la mejora laboral, la dotación de recursos adecuados, empezando por la seguridad informática, tienen que ver mucho con la suficiencia financiera.




La crisis como forma de existencia

La situación actual de la UCM, la más dramática, nos alerta de la insolvencia a la que se aboca a la unipu, pues es lo que le espera al resto. A medida que se vaya imponiendo el nuevo modelo universitario español en el que una de las claves es la extensión de la unipri, el papel de la unipu como generador masivo y socialmente barato de fuerza de trabajo universitaria para el capital europeo, se nos irá revelando con claridad meridiana. También, y por ello mismo, su carácter deficitario, y la tensión permanente con el gobierno de quien depende, el autonómico. De hecho uno de los aspectos en cuestión es la autonomía universitaria.


Un diagnóstico materialista (apuntes para próxima entrega)

Desde la Crítica de la Economía Política, la crisis no es un accidente: expresa la forma en que hoy la acumulación española de capital realiza el mandato de producir una abundante fuerza cualificada de trabajo (atributos técnicos, mentales, morales/valores) bajo la restricción fiscal, en el marco del mosaico autonomico que configura territorialmente al capital español: se demanda excelencia, digitalización, internacionalización, a la vez que se limita el proporcional esfuerzo presupuestario. Cuestiones que detallaremos en la segunda parte.







domingo, 21 de septiembre de 2025

Juventud, protesta y capital

El capital arrebata el futuro y la juventud se moviliza. No se trata de un fenómeno natural, sino de una función social: las nuevas generaciones catalizan la protesta social. De Vietnam a Palestina, de la dictadura franquista a Nepal, la historia se repite con nuevas formas.”


Algunas de las protestas ciudadanas, en las sociedades capitalistas contemporáneas vuelven a poner en evidencia el protagonismo juvenil. Ojo! No solo en la izquierda, también en la derecha (movimiento MAGA, votantes de Milei, por no detenernos en España). La pregunta que nos asalta: qué potencias movilizadoras tiene la juventud en cuanto fracción de la clase obrera, y qué necesidad tiene la acumulación del capital de que dichas potencias se actualicen. Echemos un vistazo.

Efectivamente, desde las movilizaciones propalestinas, iniciadas por los universitarios estadounidenses duramente reprimidas, primero por Biden y luego por Trump, hasta las más recientes protestas contra el genocidio israelí en España; pasando por el movimiento antiglobalización (Seattle, Génova o Sevilla) continuadas por el pacifismo contra la Guerra de Irak (2003). Pasando por; las revoluciones de colores (Serbia en el 2000, Armenia en 2003, Ucrania en 2004); las primaveras árabes (Túnez, Egipto, Siria, en 2010); el movimiento de los indignados (15M en España, Ocupad Wall Street o las movilizaciones juveniles francesas, en 2011); el movimiento climático (Fridays for Future iniciado por Greta Thunberg en 2018 cuyas huelgas, campamentos y sentadas se extendieron mundialmente); la última ola feminista (Ni una menos de Argentina, el Mee Too estadounidense, huelgas mundiales del 8M, o la reacción a la sentencia del caso La Manada que desembocaría en la Ley del solo sí es sí, en España). Incluso la reciente movilización nepalí, el siglo XXI nos ha traído un resurgir del descontento juvenil.

Sabemos que no es un fenómeno nuevo: las protestas universitarias estadounidenses (guerra del Vietnam), el Mayo del 68 francés, la Primavera de Praga o el movimiento antifranquista en España, entre otros. Sin mucho detenimiento, hay algunas diferencias: la guerra fria, la perspectiva del socialismo, grandes organizaciones de masas, liderazgos verticales, lucha armada, medios de comunicación masivos (tv, radio).


El caso de Nepal

El Asia sudoriental viene siendo una zona con estallidos esporádicos de protagonismo juvenil: Bangladesh, 2018; Hong-Kong, 2019; Sri-Lanka, 2022. 

Pero, la reciente movilización en Nepal (09/2025) resulta llamativa. El gobierno prohibió varias plataformas digitales (Facebook, WhatsApp, Instagram, YouTube, X, entre otras), el día 4. Larvadamente, durante pocos días, miles de personas, con fuerte presencia de la generación Z (jóvenes que nacieron con el móvil en la mano) se organizan a través de las redes sociales destacando Discord (muy vinculada a la comunidad gamers, videojuegos). El día 8, bajo la bandera de la libertad digital, se inician levantamientos ciudadanos: manifestaciones, ocupaciones de edificios, un ministro es arrojado desnudo a un rio, varias decenas de muertos, y el ministro de interior, tras imponer el toque de queda, dimite. Al día siguiente el gobierno rectifica, pero la agenda reivindicativa se ha ampliado  (corrupción, desigualdad, falta de oportunidades) y las movilizaciones continúan contagiando a otros sectores de la sociedad (sindicatos estudiantiles, partidos incluso gubernamentales, sectores agrarios y trabajadores informales); el gobierno se descompone y el primer ministro dimite. El 11 de septiembre tras una reunión con los representantes se acuerda: nombrar primera ministra a la ex-jueza Karki, ya jubilada; disolver el parlamento, y convocar nuevas elecciones para marzo de 2026; además, reparación a las víctimas y un día de luto nacional.

En nuestra opinión, el planteamiento materialista que deriva de la Crítica de la Economía Política nos permite señalar algunas claves para iniciar la comprensión general de este fenómeno, más allá de las particularidades de cada caso.


Ciudadanía y lucha de clases

El avance de los derechos ciudadanos, empezando por los laborales, viene precedido, y no es casualidad, de la protesta social. La lucha de clases es irremediable dado el antagonismo de clases; siempre está latente. A pesar de lo cual no es facil saber en qué momento, lugar, acontecimiento o sector estallará. La causalidad adopta, como otras tantas veces, la forma de la casualidad.

Más allá del conflicto generacional, que bajo la expresión de la lucha de clases adopta otras connotaciones. La reivindicación juvenil por su desapego a lo particular y su planteamiento más general y altruista suele generar simpatías e involucrar a otros sectores de la sociedad. Se ha visto en las luchas propalestinas donde la paz, los derechos humanos o la defensa de la vida, tienen esa significación. Pero, también en Nepal (derechos digitales), en la lucha feminista, en los movimientos ambientalistas, en las protestas de los indignados (regeneración política) e incluso las primaveras árabes (democracia) o las revoluciones de colores (libertad).


Lucha de clases y juventud

Siendo inevitable la lucha y la protesta social, por qué la juventud es propensa a encender la chispa. Señalemos algunas, teniendo presente que el ser social determina a la conciencia social, no en modo mecánico sino dialéctico: tienen menos que perder (precariedad laboral, propiedades, responsabilidades familiares), perciban en mayor medida el daño y la injusticia (clima, guerra, igualdad, oportunidades), desconfíen más de las instituciones (y del mundo de los mayores) o estén más comunicados a través de las redes sociales adoptando una visión más global.  

Las personas jóvenes son portadoras de las novedades sociales, son una especie de avanzadilla social que anticipan las contradicciones sociales (humanitarismo, digitalización, ecología, feminismo, democracia, libertad, vivienda) y globalizan las luchas locales. No solo en los contenidos, también en las formas (acampadas, disfraces, músicas, móviles, aplicaciones, redes).


Juventud y clase obrera

Aún con su novedad, la juventud, su mayor parte, no puede obviar que es una fracción de la clase obrera: bien porque venda su fuerza de trabajo (ocupada), bien porque no encuentre comprador (parada), bien porque se esté formando para vender su fuerza de trabajo en el futuro (estudiante). Por tanto, sus intereses son los de la clase obrera, y sus enemigos de clase son la burguesía (la clase capitalista y sus defensores), participando de su lucha, en su diversidad de formas (económica, política o ideológica).

Ahora bien, precisamente la edad temprana les lleva a mayor desempleo (falta experiencia), empleos más precarios (menores sueldos, mayor inestabilidad y peores tareas) o incluso a percibir más dramáticamente la falta de oportunidades en el caso de los estudiantes. Este último aspecto se evidencia aún más con la guerra, el cambio climático o el avance tecnológico de la Inteligencia Artificial, cuestiones nada ajenas al desarrollo capitalista.


Clase obrera y enajenación

La clase obrera está enajenada en su mercancía, la fuerza de trabajo. No tiene otra que personificarla si quiere venderla en el mercado de trabajo. Por ello, ha de formarse para dotar a su fuerza de trabajo de los mejores atributos; ha de reconstituirla a diario para presentarla en las mejores condiciones; y, ha de usarla de acuerdo a los fines que guían su contratación (someterse a la explotación). Todo ello so pena de no venderla, y perder su vinculo social, el dinero.

La juventud obrera, también es portadora de la fuerza de trabajo, y está enajenada en su mercancía. Por un lado, tiene la mejor formación (capacidades y habilidades técnicas), la que requiere los capitales técnicamente más avanzados, lo cual dota a la juventud de poder (los medios de comunicación destacan las movilizaciones juveniles). Por otro, la escasa experiencia laboral, a pesar de los esfuerzos escolares, la disciplina fabril y la subordinación jerárquica, están menos presentes en los jóvenes.


Enajenación y libertad

A pesar de estar enajenados en la fuerza de trabajo, nos creemos libres. (Todos, pero los jóvenes más). La libertad es la forma de la conciencia enajenada. Nos creemos libres porque podemos elegir a qué capitalista vender la fuerza de trabajo, pero estamos obligados a vendérsela a uno; nos creemos libres porque podemos elegir el tipo de fuerza de trabajo que nos formaremos, pero estamos obligados a especializarnos en una (no siempre la que más te gusta); nos creemos libres porque podemos pedir el salario que queramos, pero solo nos pagarán, con suerte, su valor de mercado; y así podríamos seguir. No es que sea falsa esta libertad, es simplemente la libertad capitalista. Lo importante es entender que esta libertad capitalista está fundamentada en la enajenación en el capital.

La juventud, por la próximidad del colchón familiar, por la ausencia de compromisos materiales, por la falta de propiedades, etc.. se vé aún más libre. Esto se refuerza  al tener la perspectiva de salir de la disciplina familiar y escolar, y no tener tan presente la dictadura patronal. Todo esto contribuye a naturalizar en mayor medida la libertad, hasta verla como un absoluto e idealizarla. 


Libertad y capital

El ejercicio de la lucha de clases, necesario para el desarrollo del capital, requiere un marco jurídico, político e ideológico en el que desenvolverse. Esto implica la existencia de leyes, mecanismos para crearlas y modificarlas, instituciones (negociación colectiva, huelga), organizaciones (políticas y sindicales), entre otros, etc. No es que sea una conquista arrancada al capital. Son una necesidad para el desarrollo pleno del capital. Un ejemplo es la libertad de compraventa de la fuerza de trabajo, que es una condición para que ésta se compre y se venda por su valor, que es requisito de la máxima plusvalía relativa (robotización, digitalización, inteligencia artificial).

Así, la libertad capitalista no es un otro ajeno al capital, es una forma necesaria suya. Cuando la juventud, u otro sector de la clase obrera, lucha por la libertad, o la democracia, o la igualdad, capitalistas, luchan, entre otras cosas, por formas capitalistas, que dotan al capital de más potencia para su expansión aparentemente ilimitada.


Capital mundial

La unidad mundial capitalista está, hoy por hoy, fraccionada en estados. Estados que son los representantes políticos de sus respectivos capitales. Éstos compiten y se alían en el mercado mundial de los productos, las materias primas y energéticas, las rutas y lugares estratégicos, etc. Competencias y alianzas que echan mano de todos los instrumentos posibles, y uno de ellos es la desestabilización política y social de los otros estados.

Este “juego” geopolítico siempre está presente, de manera evidente u oculta, en cualquier lucha social. Cuando se conoce se puede utilizar, y cuando no se conoce el utilizado es uno. Un caso, la presencia e influencia de los servicios de inteligencia occidentales y otanistas en las revoluciones de colores o en las primaveras árabes, por decir algunos suficientemente acreditadas, enarbolando las banderas de la democracia y la libertad.


Conclusión

El capital, la relación de compraventa de la fuerza de trabajo, organiza la humanidad (geopolítica y economía) como un sujeto automático. La acumulación de capital no solo supone el aumento del capital y las clases sociales, también supone la reproducción de las condiciones jurídicas (leyes), políticas (partidos, sindicatos y estado) e ideológicas (enajenación, libertad, teorías capitalistas) que la hacen posible. Marx añadirá a la libertad, la propiedad, la igualdad y la utilidad (el interés propio). Pero, dado el antagonismo de clases, la forma en que se reproducen no es mecánica sino la lucha de clases. El lugar que ocupa la juvenil fuerza de trabajo en la acumulación de capital en la era de la automatización, la digitalización y la inteligencia artificial, le imprimen a esta fracción de la clase obrera, una serie de potencias de cara a estos enfrentamientos.

La conciencia juvenil, absolutamente libre, va adquiriendo en su formación y en su ejercicio los atributos de la conciencia libremente enajenada; posteriormente, en su explotación y lucha, muta en la conciencia de clase; y, finalmente, si entiende que la explotación solo desaparecerá con la superación del capitalismo, se transformará en conciencia revolucionaria. Pero, este desarrollo de la conciencia no es ajeno a las condiciones materiales bajo las cuales las personas se relacionan en la reproducción de sus vidas. Lejos de encontrarnos ante un nuevo sujeto social, esta particular fracción de la población, la juventud, forma parte del sujeto histórico, la clase obrera. Ahí tiene un papel que cumplir, ser la chispa que incendie las viejas relaciones capitalistas dando paso a la organización consciente de la nueva sociedad, el comunismo.


sábado, 8 de marzo de 2025

La incorporación de la mujer al mercado laboral: España, 1977-2024

 

A menudo, todavía, se escuchan voces que cuestionan el trabajo femenino fuera del hogar. Sobre todo, si este trabajo femenino es asalariado. Este planteamiento constituye el ataque frontal a las aspiraciones igualitarias de las mujeres, principalmente las de la clase obrera. Pero, el feminismo también recibe ataques laterales, que someten a discusión los derechos laborales de este mayoritario colectivo de la fuerza laboral de la sociedad, en el ámbito de salarios, jornadas, ritmos de trabajo, permisos, entre otros.


Aquí no vamos a desarrollar este amplio debate, todavía incandescente, limitándonos a realizar un simple ejercicio estadístico que responda a la siguiente cuestión: tiene la sociedad española necesidad del trabajo femenino fuera del hogar, o de otra manera la fuerza de trabajo femenina ha sido un requisito indispensable para la evolución de la sociedad española.


Para respondernos, enfrentaremos la necesidad total de fuerza de trabajo con la disponibilidad masculina de fuerza de trabajo en la sociedad española durante varios años, en nuestro caso desde que hay estadísticas de la Encuesta de Población Activa (EPA).


De esta forma, acudiendo a las magnitudes del mercado laboral, expresaremos la demanda social de fuerza de trabajo (DFT) a través del número de personas ocupadas laboralmente, por un lado, y la oferta masculina (OMFT) mediante el número de hombres disponibles para trabajar (población masculina activa). Restando a la ocupación los activos masculinos, obtenemos la insuficiencia de fuerza de trabajo (IFT) que manifiesta la sociedad si prescinde de las mujeres que se incorporan al mercado laboral.

A través de un gráfico, donde se representan estas magnitudes (en miles de personas) , para el caso de España desde 1977 hasta 2024, observamos que:

- la disponibilidad masculina de fuerza de trabajo no garantiza las necesidades sociales, por tanto la fuerza de trabajo femenina se revela como una necesidad de la sociedad española;

- también se pone de manifiesto que esto ocurre todos los años desde que tenemos registro (período 1977-2024) y, por tanto, que esta necesidad social es permanente;

- además, la insuficiencia de fuerza de trabajo se va modificando por lo que dicha necesidad es variable a lo largo del tiempo;

- por último, destacamos que, tras la variabilidad de la necesidad de fuerza femenina de trabajo, la tendencia es creciente.


Podemos concluir de este ejercicio que los datos del mercado laboral en España durante el período 1977-2024 revelan que la incorporación laboral de las mujeres, además de formar parte de un derecho ciudadano en las sociedades modernas, es una necesidad de la economía y de la sociedad españolas; y que dicha necesidad aun dentro de la variabilidad es permanente y tendencialmente creciente.


En nuestra opinión, lo que explica este fenómeno es el desarrollo del capital, particularmente el español, y las necesidades de fuerza de trabajo que este capital demanda, además de otros aspectos que requerirían más profundidad. Por último, otras cuestiones a contestarse tienen que ver con la variabilidad de la insuficiencia de fuerza de trabajo así como su distribución entre los diferentes sectores productivos. También, quedan pendiente, la referencia al trabajo femenino en la reproducción de la fuerza de trabajo de toda la sociedad. Poco a poco.





domingo, 5 de enero de 2025

Reto en torno a la producción capitalista de la fuerza de trabajo

Desde aquí lanzo un reto a los investigadores sociales y a las personas preocupadas por el desarrollo de la sociedad.

Es un hecho fácilmente observable que la producción de mercancías avanza en la sociedad capitalista. La tendencia a la mercantilización del producto del trabajo es tan poderosa que terminó afectando a la facultad humana para trabajar, lo que se denomina fuerza de trabajo. Tan importante es la mercancía fuerza de trabajo que está en el origen del sistema capitalista.

Pero, no es solo que la producción de mercancías se extienda, sino que en el capitalismo va recorriendo un patrón muy específico desde la producción artesana hasta la producción en masa o fabril. Este es un proceso en el que Marx se detiene en El Capital, para la mercancía en general.

La pregunta es si, volviendo al caso de la fuerza de trabajo, esta mercancía está sufriendo el mismo proceso. Es decir, si la producción capitalista de la fuerza de trabajo está avanzando desde las formas artesanales hasta las formas fabriles. Otra cuestión sería ver si esto plantea algún límite al desarrollo capitalista, o sea si la producción capitalista plena de la mercancía fuerza de trabajo sería compatible con la sociedad capitalista.

Mi respuesta es afirmativa en los dos casos: efectivamente se avanza en la producción capitalista plena de la fuerza de trabajo, y que esta tendencia no puede consumarse a riesgo de acabar con el capitalismo.

lunes, 28 de octubre de 2024

El salario y la ideología de la economía

La forma concreta salario es un ejemplo del carácter acentuadamente ideológico que han venido tomando tanto el conocimiento económico (la teoría económica) como la práctica económica.

Dividiré esta colaboración en dos partes. En la primera, recordaremos la crítica de Karl Marx a la teoría sobre el salario de la economía política clásica (sección VI del libro I de El Capital). En la segunda, basándonos en los desarrollos del profesor Juan Iñigo Carrera1, mostraremos el objetivo ideológico que preside el comportamiento de una de las instituciones más “técnicas” del estado capitalista, el banco central.

Cuando Marx investiga la valorización del capital presenta, como punto de partida, la compraventa de la fuerza de trabajo, la relación entre el capitalista que entrega dinero (salario) a cambio de la capacidad de trabajo del obrero.

Hago un paréntesis aclaratorio. Allí, en la sección IV, nuestro autor nos dice que el salario es la forma fenoménica del valor de la fuerza de trabajo. Recordemos que el valor, el trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente, aparece necesariamente bajo la forma valor de cambio. El valor de cambio de una mercancía, o sea la cantidad de otra mercancía por la que se cambia, en dinero es el precio. En nuestro caso, el salario (el precio de la fuerza de trabajo) es la forma en que se expresa el valor de la fuerza de trabajo. Esto ya lo sabíamos, lo que Marx se propone investigar es por qué en la realidad económica el salario, que es una forma del valor de la fuerza de trabajo como hemos visto mas arriba, se transmuta, o sea aparece como otra forma, en este caso el precio del trabajo.

Esta compraventa de la mercancía fuerza de trabajo, que es el contenido oculto, aparece en la superficie de la realidad económica como una compraventa de trabajo; la fuerza de trabajo, la mercancía comprada por el capitalista (y vendida por el obrero), aparece como trabajo; y, el salario, el dinero que paga el capitalista (y que cobra el obrero), aparece como precio del trabajo. Así, el precio del trabajo (forma) es la expresión del precio de la fuerza de trabajo o salario (contenido).

Así, Marx señala el carácter irracional de las expresiones “valor del trabajo” y “precio del trabajo”: primero, porque el trabajo no es una mercancía sino una acción, la puesta en funcionamiento de la fuerza de trabajo; segundo, porque el trabajo no se puede vender antes de realizarse; tercero, porque el trabajo, que se realiza bajo las órdenes del capitalista y en sus instalaciones, no pertenece al obrero sino al capitalista; y, cuarto, porque el trabajo crea valor pero no tiene valor.

No obstante, estas expresiones no son una invención arbitraria sino que surgen de la experiencia cotidiana, de las relaciones sociales tal y como se les presentan a las personas, y que la economía política las toma acríticamente, nos dirá nuestro autor.

Marx expresará que para descubrir el contenido tras la forma salario se requiere la investigación científica2, que busca la esencia (contenido) tras la apariencia (forma); pero, particularmente en este caso, se requiere una ciencia que no se detenga ante la crítica al capitalismo y no se subordine a su justificación. Pondrá el ejemplo de Adam Smith, padre de la ciencia económica y uno de los representantes de la economía política clásica, que planteó al trabajo como fundamento del valor. Pero, cuando llegó a su teoría de la distribución se detuvo porque esto implicaba que el trabajador debía ser el destinatario de la mayor parte del valor de la mercancía poniendo en peligro la justificación de la parte del capitalista (beneficio). Siendo así la cosa que termina planteando que el valor es la suma del salario, el beneficio y la renta de la tierra, dando de lado a su primera teoría laboral del valor.

Insisto, el planteamiento de Smith sigue vigente, adornado de un aparato matemático que pretende imprimirle carácter objetivo, en las modernas teorías sobre la distribución, particularmente sobre el salario.

Como ejemplo de teoría económica convencional sobre el salario no nos resistimos a presentar brevemente la versión neoclásica mayoritaria en las universidades y ganadora de la mayor parte de los nobeles de economía.

El obrero es, para la teoría neoclásica, un individuo que persigue la máxima utilidad (placer, felicidad). Dicha utilidad depende de dos cuestiones: tiempo de ocio que le reporta placer, e ingresos por salario resultado de trabajar (el trabajo quita placer pero genera ingresos para adquirir medios de consumo). Además, en un día el tiempo de placer y el tiempo de trabajo suman 24 horas.

De esta manera, la elección entre tiempo de placer y tiempo de trabajo que ha de realizar el obrero para fijar su jornada y llevarse un salario, adopta la forma de un problema matemático de maximización de la utilidad sujeto a restricción (el salario a ingresar es igual al salario por hora por la jornada). La solución es que nuestro obrero trabaja hasta que el salario real por hora iguale las tasas marginales de sustitución de ocio por salario. A ver si me explico: el obrero empieza a trabajar porque el ingreso que obtiene supera la perdida de utilidad que le supone el menor tiempo de ocio, hasta que llega un momento de la jornada laboral en que el obrero considera que el salario por hora que le dan ya no compensa la perdida de utilidad por el ocio sacrificado. En ese momento, como el obrero es libre para decidir cuanto tiempo trabaja, le dice al capitalista que hasta mañana.

Este es el fundamento de la oferta individual de trabajo que cuando se suman todos los obreros nos da la oferta de trabajo. Esta oferta de trabajo junto a la demanda de trabajo que hace la clase capitalista permitirá calcular el salario y el empleo en el conjunto de la economía.

La forma salario no solo oculta su contenido (el valor de la fuerza de trabajo), sino que al aparecer como el precio del trabajo genera la ilusión de que el capitalista paga al obrero todo el trabajo que éste realiza para el primero, por tanto oculta que una parte del trabajo realizado por el obrero no le es pagado, el plustrabajo, de donde sale la plusvalía. Por tanto, la forma precio del trabajo oculta la explotación capitalista.

Esta ocultación de la explotación capitalista imprime el carácter ideológico a la conciencia que se deriva de la forma precio del trabajo; sea esta conciencia resultado espontaneo de la experiencia cotidiana, sea el resultado de una elaboración mental sobre aquella experiencia por mucho disfraz matemático, estadístico o econométrico del que se recubra.

El interés ideológico prevalece sobre el carácter objetivo en la teoría económica porque no somete a crítica al modo de producción capitalista. A la vista de esto, se entiende la necesidad de la crítica de la economía política, por dos razones: por compromiso con la verdad, y para que la clase obrera adquiera una conciencia objetiva alejada de la mera apariencia como paso previo al ejercicio de su misión histórica.

También le cabe la duda a uno de qué otras ramas del saber necesitan de una critica tal para que dejen de justificar el capitalismo y sirvan para explicar la realidad. En la segunda parte veremos que también la gestión práctica, sobre todo de las instituciones estatales, tienen muy en cuenta los objetivos ideológicos.



El salario y la ideología económica (y II)

En la primera parte veíamos, apoyándonos en Karl Marx, cómo las teorías del salario de la moderna economía tienen más de ideología que de ciencia. En esta parte, gracias a los desarrollos de Juan Iñigo Carrera sobre la base de Marx, mostraremos que la práctica de control monetario de los bancos centrales también tiene como una de sus finalidades la ocultación de la explotación capitalista y el apaciguamiento del conflicto laboral.

Marx expone que la fuerza de trabajo, la mercancía que el obrero vende al capitalista, tiene su valor determinado por la cesta de medios de vida que consume la familia del obrero. También demuestra que el capitalismo se caracteriza por el incesante desarrollo de las fuerzas productivas, una de cuyas expresiones es el crecimiento de la productividad. Así mismo, que el crecimiento de la productividad reduce el valor de las mercancías. Particularmente, el aumento de la productividad de la cesta de mercancías que determina el valor de la fuerza de trabajo provocará la reducción de éste. Y con ello, manteniendo la jornada, aumentará el plusvalor.

Esto lo ejemplifica Juan Iñigo introduciendo además el dinero, bajo su forma de signo de valor. Es decir, el papel moneda que emite el banco central, que no tiene valor pero lo representa (Marx dixit). Así los precios serían las expresiones monetarias de los valores de las mercancías. El valor que representa cada unidad monetaria dependerá, dada la masa de valor necesaria para la circulación de las mercancías, de la cantidad de billetes o monedas (oferta monetaria). De tal manera que la duplicación de la cantidad de dinero reduce a la mitad el valor que representa la unidad monetaria. Veamos un ejemplo para ilustrar lo que ocurre.

Tengamos una cesta de medios de vida cuyo valor es de 4 horas. En la medida que responde al consumo diario de la familia obrera, determina el valor diario de la fuerza de trabajo (4 horas).

Como la jornada de la obrera es de 8 horas, el plusvalor que se apropia el capitalista serán 4 horas (8 menos 4). Para expresar en unidades monetarias tenemos que la unidad monetaria representa un valor de 3 minutos, por tanto 20 euros representan el valor de 1 hora de trabajo. Por tanto, el valor diario de la fuerza de trabajo se expresará monetariamente como 80 euros y la plusvalía otros 80.

Si la productividad del trabajo se duplica. Tendremos que la misma cantidad de bienes se producen en la mitad de tiempo. En el caso que nos trae, la cesta diaria de bienes de consumo de la familia obrera reduciría su valor desde 4 hasta 2 horas; y con la cesta el valor de la fuerza de trabajo pasa a ser 2 horas. Como la jornada continua siendo de 8 horas, el plusvalor será 6 horas. Al no modificarse la cantidad de dinero, las expresiones monetarias respectivas, del valor de la fuerza de trabajo y del plusvalor, serán: 40 euros y 120 euros.

Detengámonos aquí. El crecimiento de la productividad ha provocado una bajada del salario nominal, de 80 a 40 euros, sin que se modifique la cesta de bienes que consume la familia obrera (salario real). La plusvalía por su parte ha pasado de 80 a 120 euros. Pero, para que se dé esta bajada del salario nominal, y el consecuente aumento de la plusvalía, el capitalista ha de llamar al obrero y notificarle la mencionada reducción salarial. Ni que decir que al obrero no le va a hacer ni chispa de gracia y protestará.

Cada vez que el capitalista introduzca una innovación tecnológica que reduzca el valor de los medios de vida que determinan el valor de la fuerza de trabajo, para hacer efectivo el aumento de beneficios el capitalista, habrá de llamar a capítulo a los obreros para reducirles el salario. Abriéndose otro período conflictivo.

Pero, el capital ha encontrado la manera de esquivar esta amenaza a la estabilidad del modo de producción capitalista: la inflación moderada o rampante resultado de la constante emisión de moneda por encima de los crecimientos de productividad.

Veamos el mismo movimiento, pero además de duplicarse la productividad tenemos que el banco emisor cuadruplica la oferta monetaria.

Por un lado, el doble de productividad reduce el valor de los medios de vida a la mitad, por tanto desciende el valor de la fuerza de trabajo a 2 horas y el plusvalor a 6 horas, como ya veíamos.

Miremos cómo se expresan monetariamente ambas categorías teniendo en cuenta que la cantidad de dinero se cuadruplica. Esto último significa que cada euro de antes se representa ahora por una cuarta parte. Así antes 20 euros representaban el valor de una hora de trabajo, ahora se requieren 80 euros. El salario ascenderá a 160 euros (2 horas por 80 euros la hora) y la plusvalía 480 euros.

En este caso, aumento de productividad y de oferta monetaria, el salario nominal pasa de 80 a 160 mientras la plusvalía pasa de 80 a 480 euros. Ahora el capitalista no tiene tanto interés en llamar al obrero para actualizar el salario. Pero, para los trabajadores es vital porque si no la pérdida de poder adquisitivo y con ello el propio salario real está garantizado.

Este planteo tiene diversos aspectos en los que no nos detenemos para no alargarnos (papel de las organizaciones de solidaridad de la clase obrera, negociación colectiva, protección legal e institucional de los mismos, entre otros).

No solo la teoría salarial, también la práctica de la política económica, el control de la política monetaria, sirven para ocultar la explotación capitalista y para apaciguar la lucha de clases, o sea defender el orden capitalista. Q.E.D.

1Taller sobre El Capital organizado por el CICP, http://cicpint.org/es

2Para una introducción sobre el método, ver mi blog criticonomia en https://criticonomia.blogspot.com

jueves, 23 de mayo de 2024

Apuntes sobre capitalistas y autodestruccion

 Capitalistas, autodestrucción y reacción social, en Sevilla a 23/05/20024


El desarrollo del capitalismo, histórico y actual, nos muestra diversos ejemplos en los que el comportamiento de los capitalistas no solo es destructivo sino incluso autodestructivo.

Uno de esos comportamientos autodestructivos es la explotación hasta el agotamiento de la fuerza de trabajo. Es el caso actual en numerosas personas que soportan exigencias empresariales que sobrepasan los límites normales abocándolas a la depresión u otras formas de enfermedad mental, cuando no a otras enfermedades profesionales o accidentes laborales y, finalmente, a la baja laboral (temporal o permanente) si logran sobrevivir. De esta manera, la acción del capitalista en su afán de incrementar el beneficio acaba con la fuente de esta plusvalía, la fuerza de trabajo.

Esto, en determinados momentos históricos, adquiere tal magnitud que pone en peligro al propio sistema generando una “reacción de la sociedad”, como Karl Marx expresa e investiga en el capítulo VIII de El Capital que trata sobre la jornada laboral.

Efectivamente, allí expone como las jornadas de más de 16 horas a las que sometían a los niños los capitalistas, no solo generaban unos elevados índices de mortalidad entre la fuerza infantil de trabajo sino que abocaba a la escasez a la fuerza de trabajo adulta. Estos capitalistas en la persecución de su interés privado (beneficio) hubieran aniquilado el origen de la plusvalía de no ser por la mencionada reacción social. Ésta abanderada por la clase obrera más consciente y sensible al daño propio en cuerpo ajeno, a través de la lucha de clases. Pero no solo ella, Marx también lo pone de relieve. En la implantación de la limitación de la jornada laboral, hay un actor inesperado, el representante del capital en su conjunto, el estado. Sépase, las leyes de limitación de la jornada laboral en el segundo decalustro del siglo XIX, fueron aprobadas por un parlamento, copado por capitalistas y aristócratas, sin la presencia de ningún obrero (los partidos obreros estaban prohibidos y el voto requería un pago previo inalcanzable para los trabajadores).

((un posible desarrollo es concretar mas en esta historia y mostrar la reacción capitalista a estas leyes donde aparecen formas concretas como medios de comunicación, tribunales, cárceles, represiones laborales, campañas patronales; también el comportamiento de los trabajadores menos conscientes que se rebelan ante las leyes que limitan la contratación infantil, pues los padres firman los contratos de los hijos y negocian las condiciones lucrándose con el trabajo de sus hijos, por ejemplo; hasta el punto que los obreros mas conscientes les piden a los inspectores de fabrica, de los que Marx recoge la información, que tienen que prohibir el trabajo infantil porque si no venderán a sus hijos; es la conciencia espontanea del modo de producción capitalista, la enajenación en la mercancía como forma de la libertad, aparentemente son libres pero esa libertad les conduce a vender a sus hijos porque están enajenados en la mercancía))

Pero, el exterminio de la fuerza de trabajo no es la única pulsión autodestructiva de la clase capitalista. Otro ejemplo, también muy a la orden del día, es la destrucción medioambiental. Casos de acciones sociales que han acabado con ecosistemas hay numerosos a lo largo de la historia, pero la frecuencia, la amplitud y el grado con que lo hace el modo de producción capitalista no tiene parangón. Algunos de los más llamativos: el escape químico de la Bhopal (1984), el naufragio del Exxon Valdez (1989), la explosión de la petroquímica china Jlim (2005), el derrame de crudo de la British Petroleum en el golfo de México (2010). En España, algunos vertidos han quedado registrados: el de la empresa Boliden en Aznalcollar (1998), los de la industria agroalimentaria al Mar Menor (2019) y en ese mismo año los de Fertiberia a la ria de Huelva. Pero el paradigma es la desforestación de la selva amazónica desde los años setenta. Allí el capital agrario no contento con el desastre medioambiental liquidó al activista Chico Méndez (1988). De nuevo, los capitalistas en la búsqueda de su interés privado, para lo cual se procuran la máxima libertad posible (carajo!), no se contienen, esquilman la naturaleza. La reacción social está llegando con lentitud. ((señalar el movimiento contra el turismo en Canarias))


Aquí no caben los problemas de falta de conocimiento, de información, de expectativas, u otros argumentos que la teoría social convencional, caso de la economía neoclásica, paradigma dominante y cercana a la liberal o austriaca tan en boga. Para estas teorías, los casos anteriores (sobre explotación de fuerza de trabajo, esquilmacion ecológica) y otros más que podrían citarse como tendencias autodestructivas del comportamiento racional capitalista (guerra, holocausto judío, exterminio palestino, catástrofes naturales, entre otros) forman parte de los fallos del mercado. El mercado, que esta teoría supone, es perfecto; pero, de vez en cuando presenta fallos. Estos fallos son analizados aportándose soluciones (teoría de los fallos del mercado). Normalmente la solución pasa por la intervención pública. Así, para esta teoría, el estado y la acción del estado son el resultado de los fallos del mercado, que presentaban como perfecto. En el colmo del delirio teórico se les ocurre que también el estado presenta fallos y a los que también encuentran solución (teoría de los fallos del sector público), que no esperen sea otra cosa que más mercado (sí aquel que era perfecto pero tenía fallos). Bien, no lo desarrollo por no desviarme, pero todo este arsenal teórico muy recubierto de matemática avanzada, sirve más que nada para la reafirmación y justificación ideológica de una práctica clasista, que beneficia a los intereses de los capitalistas.


La pulsión autodestructiva de la clase capitalista, aunque se busquen las justificaciones (ideológicas por muy aparatosa matemática que se emplee) pone de manifiesto algo que ha sido señalado algunas veces: es el carácter sobrante de la clase capitalista. Las formas violentas, excluyentes y discriminatorias, desvergonzadas e irrespetuosas, entre otras (fakenews, lawfare, bulos y acosos mediatico-judiciales), con la que se emplean sus representantes políticos más que ocultar, dejan a las claras la desesperación de los dueños de los medios de producción. Una clase, cuya función histórica ha sido realizada, y que no tiene justificación ni técnica ni social, es una clase diagnosticada de muerte, aunque se rebela ante su destino sembrando la destrucción.

((la clase capitalista, como ocurrió con la jornada, tiene dos necesidades cada una con su expresión ideológica y política, una salvarse ella y otra salvar el capital; y entre ambas se debate, por ello es fácil encontrarse capitalistas apoyando causas que favorecen el desarrollo del capital aunque particularmente no les favorezca))


Frente a esto caben algunas opciones. Claramente la reacción social mencionada arriba. De manera sucinta, solo lo indico: los movimientos sociales con la clase obrera deben buscar las alianzas necesarias con el estado para avanzar en la liquidación de la clase capitalista ((esta liquidación tiene dos formas extremas: la capitalista a través de la concentración del capital, y la anticapitalista que difícilmente obtiene el apoyo del estado)); no es fácil pero hay que explorarlo. Pero, antes y durante, la acción transformadora consciente debe ser organizada. El conocimiento de las propias posibilidades como el de las posibilidades de cambiar la situación han de explicitarse, someterse a crítica, contrastarse, y avanzar en la construcción del cuerpo teórico portador de los cambios que se pretenden. Como dijera Lenin, sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria; y análisis concreto de la situación concreta. Pero, no basta con desarrollar el conocimiento racional y objetivo; dicho conocimiento ha de ponerse al servicio de la comunicación, ser difundido e integrado por las organizaciones transformadoras, llevado al conjunto de la población para sensibilizar y concienciar a más personas, estableciendo la necesaria lucha ideológica (lo que otros llaman la batalla cultural). En fin, como siempre más deberes y más tareas. Pero, ese es nuestro destino: lo miramos de frente o escondemos la cabeza bajo el ala.

viernes, 5 de abril de 2024

Inmigración y capital en España

 (Pedro Andrés González Ruiz)

Los recientes acontecimientos racistas y antirracistas en el fútbol, así como anteriormente la publicación de datos sobre la demografía española, han traído el asunto de la inmigración al primer plano, cuestión que el pasado 21 de marzo (Día Internacional contra el Racismo y la Xenofobia) no consiguió.

Por nuestra parte, pretendemos hacer una aportación a este necesario debate con un enfoque acreedor de la crítica de la economía política, que descansa en indagar la materialidad (base económica) tras los fenómenos políticos e ideológicos (superestructura)1.

Antes que nada, aclarar que el fenómeno inmigratorio es complejo, como la realidad misma, y que nos ceñiremos en su tratamiento a: las migraciones transnacionales (sin entrar en la cantidad de países de origen, sus peculiaridades, etc), dejando a un lado las interiores; al aspecto de la recepción sin entrar en la salida (múltiples causas por las que las personas se deciden a abandonar su hogar) y traslado (variedad de métodos usados para ello y todo lo que conlleva); nos referiremos al caso español en las últimas dos décadas (sin indagar en la historia de migraciones hispánicas que nos podrían llevar a los celtíberos). Tampoco haremos una disección del colectivo inmigrante, ni por clases donde el 85 por ciento es asalariado y el resto propietario de medios de producción según el informe del ministerio2, ni por sexos o nacionalidades. Así como no entraremos en la diversidad de formas de integración ciudadana que han de afrontar las personas inmigrantes en España desde los permisos de estancia, trabajo, residencia, doble nacionalidad o la ilegalidad (situación en la que se encontrarían unos 150 mil como mínimo según el citado informe), situaciones diversas que ofrecen una variedad de formas concretas que requerirían un detenimiento mayor del que aquí se pretende.

Nuestro propósito es algo más modesto, indagar en la relación entre la acumulación de capital y el fenómeno inmigratorio en la España actual y explorar la necesaria forma conflictiva que adopta este fenómeno a través de sus expresiones políticas e ideológicas. Vamos a ello.

La inmigración y la xenofobia contemporáneas son fenómenos que hunden sus raíces en la naturaleza capitalista de las sociedades. Históricamente se han dado, pero sus rasgos actuales tienen que ver con el desarrollo capitalista. Cuando salen, mientras se trasladan y hasta que llegan, las personas migrantes son acompañadas por el capital.

Desde los inicios del siglo XXI el capital español demanda la fuerza de trabajo inmigrante. En el año 2023, según datos de la Encuesta de Población Activa, el número de personas extranjeras ocupadas ascendió a 3,84 millones que suponían el 18,4 del total de la población ocupada (el dato más bajo de los últimos 20 años es el 12,6% de 2014).

La causa principal de este fenómeno inmigratorio hay que buscarla en los cambios en la acumulación de capital que afectan a la fuerza de trabajo en dos aspectos. En su oferta, estableciendo una nueva ley de población3 (recuérdese que 1950-1980 España era un país de emigrantes) y, en su demanda, planteando nuevas exigencias de un determinado tipo de fuerza de trabajo.

En el caso de España, el crecimiento demográfico negativo de los nacionales junto al progresivo agotamiento de las reservas laborales tradicionales (la población agraria y las mujeres) termina produciendo la escasez de fuerza autóctona de trabajo. Desde 2012 (19,7 millones) la población activa española disminuye y sólo la incorporación de la población extranjera permite la suficiente oferta de fuerza de trabajo que requiere la acumulación española de capital. En 2015 se inicia, y no ha desaparecido, el crecimiento natural negativo, es decir mueren más personas que nacen. Así, mientras la población nacional en edad de trabajar se redujo en un millón de personas desde 2002 hasta 2022, la extranjera aumentó en más de 4 millones. En 2023 la población extranjera ascendió a 6,1 millones (12,7% del total).

En cuanto a la demanda de fuerza de trabajo del capital español, la inmigración transnacional no solo es una fuente sino que sus condiciones de venta son muy apetecibles para el capital. Según el estudio del ministerio, la integración laboral de los inmigrantes es insuficiente: se sitúa mayoritariamente en puestos elementales, con sueldos sensiblemente inferiores (hasta un 40 por ciento menos), peor contratación (mayor verbalidad, mayor temporalidad, mayor parcialidad), y condiciones inferiores (mayores jornadas, mas horas extras efectuadas y menos pagadas); empleándose en los siguientes sectores: servicio elementales (servicio doméstico, personal de limpieza o vendedores ambulantes), servicios personales (cuidados y dependencia), comercio, manufacturas, instalaciones y montajes, y agricultura. Algunos de estos sectores solo son viables gracias a la sobreexplotacion de la mano de obra inmigrante, incluso ilegal y la ayuda estatal. Un ejemplo es la agricultura del plástico, otro el servicio doméstico o los servicios de cuidados.

Si mañana el ejército laboral inmigrante (4,6 millones, 19,3% del total) abandonara al capital español, éste no tendría mano de obra, ni siquiera con los parados, para seguir funcionando. Algunos sectores y territorios atravesarían dificultades, y algunas empresas cerrarían porque su viabilidad descansa en las ayudas estatales y en la sobreexplotación de la fuerza foránea de trabajo. Estos capitalistas ven con buenos ojos a la inmigración, pero no tan bien su promoción ciudadana (preferibles sin papeles).

Esta necesidad que tiene el capital español de la fuerza inmigrante de trabajo tenderá a agravarse, si no media una crisis, una guerra o cualquier otro fenómeno que reduzca drásticamente el empleo. Además, será cada vez más generalizada por sectores, territorios y tipos de empresas, pues la escasez de fuerza de trabajo ya no solo afectará a determinadas ocupaciones. Es más la reproducción ampliada del capital exige en mayor medida la compraventa de la fuerza de trabajo -también la inmigrante- por su valor. De tal forma que no solo la integración en el mercado laboral, sino también al sistema educativo4, de la población extranjera se convertirá en un reto para el futuro de la sociedad española, pues a ello apunta el desarrollo del capital. Y con ello, la población inmigrante en España habría de avanzar en su condición ciudadana5 (regularización, papeles para permanecer, para trabajar, para residir, nacionalidad).

De hecho, el representante político del capital social, el estado, lleva tiempo poniendo el foco en el asunto inmigratorio y las ideologías que le rodean como el racismo o la xenofobia. En el caso español la inmigración da nombre a un ministerio, que tiene una Secretaría de Estado de Migraciones a la que corresponde elaborar y desarrollar la política del Gobierno en materia de extranjería, inmigración y emigración6. El pasado julio el gobierno aprobaba el nuevo Marco Estratégico de Ciudadanía e Inclusión contra el Racismo y la Xenofobia (2023-2027), que responde al compromiso de la Unión Europea de tener planes específicos renovando estrategias aprobadas en 2011 y 2014. En diciembre, la Unión Europea firmaba, tras cuatro años de discusiones entre países, el Pacto sobre Migraciones y Asilos. Por su parte, las Naciones Unidas comenzaron a sentar las bases de una amplia cooperación internacional en cuestiones relacionadas con la migración en dos Diálogos de Alto Nivel sobre Migración Internacional y Desarrollo, celebrados en 2006 y 2013, que culminaron en la Cumbre de las Naciones Unidas para los Refugiados y los Migrantes de 2016. En 2018 unos 150 países firmaron el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular.

Todo este papeleo y reuniones, más allá de su discutible efectividad, vienen a poner de manifiesto que la inmigración transnacional es un tema que preocupa a los estados, y ello porque atender a esta cuestión es una necesidad para el capital. Este es el vector principal en la dinámica de la inmigración. Ahora bien, este movimiento no es lineal, adoptando avances y retrocesos conforme a la confrontación entre posiciones proderechos humanos y posiciones racistas o xenófobas, cuya raíz está en el enfrentamiento de clases.

Las posiciones proderechos están representadas por las organizaciones de los propios inmigrantes caso de los sindicatos de manteros, de las asociaciones y partidos que les incluyen como exponentes de los derechos humanos o de los sindicatos que les integran como extensión de la relación de solidaridad que caracteriza a la clase obrera consciente, que proclama la unidad de los trabajadores más allá de sus diferencias de raza o nación, entre otras. Además, cuentan con un ambiguo aliado, el estado, que expresa la necesidad del capital total de la sociedad actuando en consecuencia.

Pero, tienen enfrente la reacción xenofoba y racista. Estas ideologías expresan los intereses de los capitales en retroceso cuya supervivencia descansa en la explotación más salvaje y despiadada, que reclaman la inmigración pero con pocos derechos. También se nutre de sectores de la clase obrera con una bajo nivel de conciencia, bien porque compitan con la inmigración en el acceso al empleo o a los servicios públicos, bien porque le atribuyen la degradación de los barrios y la inseguridad ciudadana. Además, conectan con grupos de población identificados con aspectos reaccionarios que cuestionan la igualdad de derechos entre las personas según sus diferencias de ingresos, edad, sexo, nación, raza, religión o ideología, entre otras.

Esta reacción frente al lento, pero ineluctable, avance de los derechos de los inmigrantes está aumentando. Así lo pone de manifiesto el apoyo electoral que están recibiendo los partidos que enarbolan el racismo y la xenofobia. También el incremento de los delitos de odio en 2023 (33 %) hasta situarse en 1600 incidentes que supusieron 712 detenciones, de los que 604 y 235, respectivamente, correspondieron a delitos por racismo y xenofobia, según datos del Ministerio de Interior. Cuando no el espectáculo lamentable que ofrecen algunos aficionados en campos de fútbol realizando alusiones a la raza o color de piel de las personas que intervienen en el juego. Por último, sin pretender agotar las manifestaciones racistas y xenófobas de la sociedad española, los asentamientos chabolistas alrededor de la agricultura del plástico en Andalucía desde hace 25 años, denunciados por la ONU.

Sin embargo, y a pesar de los lentos progresos legislativos (la ley antirracista lleva tiempo en el cajón), y políticos (fraccionamiento político y funcional del estado que juega en contra), hay signos de cambio en determinados ámbitos. Uno es el mediático. La publicidad de algunos episodios racistas como el trato policial a dos personas negras en el barrio de Lavapiés. Así como el eco que despiertan los ataques racistas a deportistas, específicamente futbolistas. El mundo del futbol, es otro ámbito donde la cuestión se está moviendo, los jugadores de color más destacados empujan contra el racismo, caso del brasileño Vinicius. O la suspensión del partido Sestao-Majadahonda donde el portero senegalés Cheick Sarr se enfrentó a los aficionados que le insultaban provocando la retirada de su equipo; ante lo que la Federación dio por victorioso al Sestao, condenó a 2 partidos a puerta cerrada y 6 mil euros de multa al Sestao, y a dos partidos de suspensión a Cheick. Por no hablar de las manifestaciones barcelonesas de inmigrantes contra la Ley de Extranjería o las protestas laborales de las inmigrantes en la recolección de la fresa onubense, por citar algunas.

Todo esto pone de manifiesto que actualmente asistimos a una agudización del enfrentamiento entre las posiciones que defienden la mejora de las condiciones de vida de las personas migrantes y los que se muestran contrarios a ello, sin visos de amortiguarse a menos que haya cambio sociales y campañas concienciadoras al respecto.

En tanto no haya una sociedad que haga innecesario el forcejeo permanente para alcanzar la igualdad de derechos de las personas, estamos abocados a participar, consciente o inconscientemente, en la lucha migracionista de clases, con el fin de la plena integración laboral y la plena condición ciudadana de los inmigrantes. Ya está ocurriendo, y esto se incrementará en los próximos tiempos, con el permiso de los 4 jinetes del Apocalipsis.

Desde este punto de vista, prepararse para actuar libremente, esto es, con conocimiento de causa de las decisiones que se adoptan, nos parece necesario de cara a evitar quedar envueltos en la inercia populista que nos aleje del género humano que es la Internacional, como dice el himno de la clase obrera. De otra manera, tenemos pendiente abordar el análisis concreto de la situación concreta, que diría Lenin. Pues eso.


1Véase el Prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política de Karl Marx, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

2Informe sobre integración de la población extranjera en el mercado laboral, 2022. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. (https://www.inclusion.gob.es/oberaxe/es/publicaciones/documentos/documento_0141.htm)

3En el sentido que lo plantea Karl Marx en su capítulo XXIII sobre la acumulación de capital del primer tomo de El capital.

4Según el estudio del ministerio, el abandono escolar entre la juventud extranjera duplica al de la española.

5Para un desarrollo más amplio y riguroso de esto véanse los planteamientos del Centro para la Investigación de la Crítica Práctica (https://cicpint.org/es) y, particularmente Del capital como sujeto de la vida social enajenada a la clase obrera como sujeto revolucionario del profesor Juan Iñigo Carrera.

6Real Decreto 497/2020, de 28 de abril, artículo 5.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

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