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jueves, 11 de septiembre de 2025

La circulación de la plusvalía y el enigma del dinero

 (a todos los que afrontan críticamente la lectura de El Capital)

La producción capitalista, a nivel social, se inicia con un capital de 150 millones de unidades monetarias, digamos, y termina, tras la producción de plusvalor, con 210. ¿De donde sale la demanda efectiva para que circule más valor del que se inyectó en principio? Aclaremos, no se trata del origen del plusvalor, que ya sabemos es la explotación de la fuerza de trabajo, sino de cómo se convierte en dinero.

Este asunto, en apariencia inocente, hizo correr ríos de tinta en la historia del marxismo. Primero, por las sospechas de error en Marx, que lo abordó en la sección sobre la rotación del capital del libro II de El Capital donde investiga la circulación del capital. Después, porque según la solución se derivan conclusiones teóricas y políticas distintas. Un ejemplo, fue el planteamiento de la insigne revolucionaria Rosa Luxemburg que basándose en esto afirma la imposibilidad del desarrollo capitalista sin el recurso a modos de producción distintos.


Planteamiento del problema

Un apunte metodológico previo, en este asunto, como en buena parte del libro II, Marx aparca la dialéctica y echa mano del razonamiento lógico porque se trata de cálculos algebraicos. No obstante, en las conclusiones, indicaremos su significado dialéctico.

Nuestro autor se propone explicar la circulación del capital total de la sociedad sin recurrir a lo que denomina subterfugios, elementos exteriores a la inmediata producción capitalista, caso de la velocidad del dinero, el sistema de crédito u otros modos de producción.

De modo que, refiriéndose al capital social total, por tanto el protagonismo es de las clases sociales, y respetando la ley del valor (cada mercancía se vende por su valor), distingue dos escenarios: el de la reproducción simple (no hay capitalización de la plusvalía) y la reproducción ampliada en la que los capitalistas invierten parte de la plusvalía en cada período. 

Hemos adoptado un ejemplo numérico simple a costa de no ser espectaculares en los resultados: el tiempo de producción es el año, la compraventa inmediata (tiempo de circulación nulo), por tanto la rotación es anual. 


Reproducción simple

En este caso la escala de la producción se mantiene y toda la plusvalía se destina al consumo individual de la clase capitalista. 

En el punto de partida, al inicio del periodo, la situación o distribución entre las clases es la siguiente: la clase capitalista tiene dinero, medios de producción y medios de vida; la clase obrera tiene fuerza de trabajo.

A renglón seguido la clase capitalista adquiere los elementos de la producción: compra la fuerza de trabajo a la clase obrera por un monto, el salario (pongamos 50); se compra, entre la propia clase capitalista, los medios de producción por un importe de 100. Enseguida se inicia la producción que termina con mercancías por un valor de 210, o sea 60 más que las iniciales, la plusvalía. La pregunta: si la clase capitalista solo volcó capital dinerario por 150 a la circulación cómo puede recoger 210.

La solución que da Marx es que el dinero necesario para que circule la plusvalía (60) ya está en manos de los capitalistas bajo la forma de un fondo de consumo: un ahorro que los capitalistas destinan a su gasto personal. Este fondo de consumo será repuesto cuando se venda la producción con la plusvalía, de modo que funciona como un anticipo de la plusvalía futura.

Así, tras la producción por (100+50+60=210) contaría para su realización con el dinero correspondiente al capital adelantado (150) y al fondo de consumo capitalista (60). La situación volvería a ser la inicial; o sea, la clase capitalista tiene dinero (210), medios de producción (100) y medios de vida (110), mientras la clase trabajadora dispondría de su fuerza de trabajo. Este sería el punto de partida del nuevo proceso social de producción capitalista.

Ahora bien, nada garantiza, y menos aún en la sociedad de los productores privados e independientes que es la capitalista, que el consumo capitalista sea repuesto por la plusvalía. Así, se abriría una discusión en la que Marx se adentra poco, y que dejamos apuntada para desarrollos futuros. 


Reproducción ampliada

En el caso de que los capitalistas utilizan el plusvalor, además de para su consumo personal, para ampliar la escala de la producción adquiriendo más medios de producción y contratando más fuerza de trabajo, la situación se complica un poco.

Partimos del mismo ejemplo de arriba. De nuevo el problema es si la clase capitalista vuelca a la circulación el adelanto del capital productivo (150, por ejemplo, en medios de producción y salarios), de dónde sale el dinero adicional para realizar la nueva producción mercantil por 210. Pero, esta vez teniendo en cuenta que la plusvalía (60) se descompone en consumo capitalista (30) y acumulación de capital (30) y, por tanto, la realización del plusvalor ha de tener presente que la forma material de ambos es distinta: medios de vida para capitalistas (30), el primero, y nuevos medios de producción (20) más medios de vida para los nuevos obreros (10), el segundo.

Otra vez el problema está en la circulación de la plusvalía, pues la circulación del producto (100 en medios de producción y 50 en medios de vida para obreros) que repone el valor de capital (150) no tiene problema al ser volcado por la clase capitalista al inicio.

En cuanto a la circulación del plusproducto (medios de vida para capitalistas) que corresponde al consumo capitalista (30) tiene la misma solución que en la reproducción simple: fondo de consumo capitalista que anticipa una parte de la plusvalía. Pero, qué ocurre con la circulación del plusproducto compuesta por los elementos de la acumulación (20 de medios de producción y 10 de medios de vida para obreros).

De nuevo el dinero necesario para realizar esa parte del plusproducto ya está en manos de la clase capitalista, sería un fondo de acumulación que los capitalistas gastarán en los nuevos medios de producción (20) y la nueva fuerza de trabajo (10) cuando decidan ampliar la producción, anticipando la plusvalía a capitalizar (30).

El problema se plantea a partir del segundo período. El modelo no explica de manera endógena el origen de los fondos, más allá del insuficiente fondo de consumo inicial, que permiten la realización del plusvalor. Marx admitirá el recurso a los subterfugios: señala la constitución de capital dinerario latente (depósitos, títulos, activos reales ociosos) y destacará el desarrollo del sistema de crédito como indispensable para la expansión capitalista, al punto que le atribuye la potencia de desarrollar las fuerzas productivas, pero aclarando que sin mistificaciones al respecto. Esto abre una linea de desarrollo que toca los problemas de realización, e incluso las crisis, que preferimos dejar para más adelante.


Conclusión

La apariencia es que la clase capitalista acumula capital productivo, o sea compra medios de producción y contrata fuerza de trabajo adicionales, tras vender la producción. Pero, no tiene por qué. La clase capitalista gasta y acumula a medida que produce, porque dispone de un colchón monetario que garantizan la continuidad de la producción y la realización de todo el valor producido. 

De modo general, o sea teniendo en cuenta la rotación y, por tanto los adelantos, se podría formular la siguiente ley. La circulación del producto social bajo las condiciones de la reproducción, simple o ampliada, del capital, presupone una cantidad de dinero en manos de los capitalistas que se calcularía sumando: capital adelantado (la lógica y el álgebra de Marx), por un lado y, por el otro, la constitución del fondo de consumo capitalista y la del fondo de acumulación, teniendo en cuenta que la suma de ambos fondos anticiparían el plusvalor futuro. 

Esta conclusión de la disponibilidad previa del dinero necesario para realizar el plusvalor, mirando el desarrollo histórico, recuerda el papel del suministro de metales preciosos provenientes de América y, por tanto, los “viajes” de Colón y el resto de “descubridores”, en el despegue capitalista de Europa.

Más allá de las circunstancias históricas, la realidad plasmó diversas formas en que el capital ha ido superando esta limitación de dinero, en la versión metales preciosos, recurriendo a los subterfugios: sistema de crédito, la compraventa a plazos, el dinero fiduciario, la velocidad del dinero, las sociedades externas de las que habla Luxemburg, o el crédito que el obrero abre al capital cobrando después de trabajar, entre otros. Marx los conocía pero pretendía explicar el capital por sí, como automovimiento, y a mi juicio lo consiguió. Mostró algo más, que estos factores no explican al capital sino que es el capital el que los explica a ellos.

Por último, el análisis lógico-algebraico de Marx, que ocupa buena parte del libro II, cumple una función en el despliegue dialéctico de su investigación sobre el capital: avanzar en la consideración del capital social como el sujeto concreto de la producción social. Para ello, establece una (faltan otras) condición cuantitativa, la ley, por la que los capitales individuales, autónomos y fraccionales, se subsumen en el capital social, cual órganos de la unidad superior, que dijera Marx hace más de 150 años y que tanto nos cuesta digerir hoy.


martes, 11 de febrero de 2025

Deepseek y el plusvalor extraordinario: el relato

 En el apartado anterior vimos que la empresa china Deepseek había sacado un modelo de Inteligencia Artificial (R1) igual de bueno que los americanos, pero bastante más barato. Esto había provocado movimientos en bolsa y en el mercado de la IA. Pretendemos aprovechar este fenómeno para exponer el punto de vista de la crítica de la economía.


Ahora se trataría de pararnos en cómo se presenta esta cuestión por la prensa. Este relato mediático trata de llevar al gran público la conciencia libremente enajenada que los economistas naturalizan. La forma más extendida de esta naturalización en las academias y universidades es la teoría neoclásica, cuyos planteamientos principales exponemos a continuación.


En general, la economía, la empresa, todo, está en equilibrio. Además, añaden los economistas neoclásicos, es la situación deseable. La mejor expresión del equilibrio es que la oferta iguala a la demanda. En el ámbito del sector eso significa que el precio iguala al coste marginal (coste adicional que supone incrementar la producción en una unidad); y en el ámbito de la empresa que el precio iguala al coste medio. 


En el equilibrio, el beneficio económico (ingresos menos costes en sentido amplio) es nulo, no existe. El beneficio económico hay que distinguirlo del beneficio contable (ingresos menos costes en sentido estrecho). La diferencia está en que la ganancia capitalista es un coste más, junto al coste del capital humano (salario); esta ganancia es la retribución que corresponde a la propiedad de la empresa. Con este “ocultamiento” se naturalizan el beneficio y la propiedad.


Ahora bien, ocurren fenómenos que perturban esta situación, uno de ellos es una innovación tecnológico como ha sido el R1 de Deepseek. Esto ha llevado a la economía, al sector (en nuestro caso el de la Inteligencia Artifical) a un desequilibrio (precio no se iguala al coste medio), que será más o menos pasajero, hasta que se restaure de nuevo el equilibrio. También la empresa innovadora, Deepseek entra en desequilibrio. Qué significa esto para nuestra empresa.


La innovación del R1 supone que Deepseek obtendrá beneficios positivos (extraordinarios). Pero, de dónde surge este beneficio extraordinario.


La posición ventajosa de Deepseek radica en que produce a menor coste que la media del sector y, como vende al mismo precio, obtiene un mayor beneficio que el sector. Por ello, nuestra empresa obtendrá los beneficios extras. Pero, quién es el responsable del éxito, quién debe apropiárselos.


Aquí se produce un pequeño debate en la economía académica, dado que está en juego el destinatario de este beneficio extraordinario, entre quienes defienden que es el propietario por ser el que arriesga el capital (capitalista emprendedor), o el gestor por ser quien ha llevado a cabo la innovación (empresario innovador). En nuestro caso el propietario de Deepseek es un fondo de cobertura, High-Flyer, y el director ejecutivo es uno de sus fundadores, Liang Wenfeng. Desde luego, el resto de la plantilla laboral ni está ni se la espera en el reconocimiento del éxito de la operación, no digamos ya en la participación del mencionado beneficio. 


El relato mediático gusta mucho de resaltar los aspectos individuales e individualistas del proceso innovador y del éxito en los negocios. Este es un asunto en el que tiene mucho interés la denominada ciencia económica que suele reclamarse del individualismo metodológico. Este individualismo, sea el del individuo emprendedor que arriesga sea el del individuo innovador que inventa, implica que las personas y sus motivaciones son la causa última de los fenómenos sociales, dejando de lado las condiciones sociales que rodean a nuestro individuo; condiciones que explican que esa persona sea lo que es, esté donde está y haga lo que hace. Así el épico individuo hecho a sí mismo, parece una feliz aparición social. Se trata de la naturalización del individualismo.

Aunque se viertan kilómetros de tinta y gigas de video sobre Liang, Deepseek debe gran parte de su éxito inmediato, además de a sus fundadores, a su equipo investigador y ejecutor; y esta cualificada fuerza de trabajo debe algo a la formación que la sociedad china les otorgó, por no hablar de otros aspectos más prosaicos como la alimentación, el vestido, la vivienda, … Son acreedores del interés que la sociedad china, a través de su gobierno, ha puesto en la Inteligencia Artificial como rama productiva a impulsar; por no hablar de las condiciones del mercado mundial, particularmente la dificultad que el gobierno de USA impuso al capital chino restringiendo su acceso a la tecnología más avanzada, los chips de Nvidia; y podríamos seguir añadiendo circunstancias que explicarían que Deepseek haya llegado a lanzar el R1. Pero, hay una que es trascendental, la relación social general que domina la sociedad actual, el capital.


Tenemos, así, a nuestra empresa innovadora apropiándose beneficios extraordinarios que se reparten propietarios (capitalista) y gestores (empresarios), pero qúe ocurre con el resto de empresas, con la competencia, cómo viven este desequilibrio de la industria. ¿Quién retornará el sector al equilibrio? 


El mercado, amigo. Sí, gracias a la competencia entre los capitales, pues todos se disputan el beneficio aspirando a maximizarlo, se restituye el deseado equilibrio. La entrada de capitales, la competencia entre estos, que reviste las más diversas formas concretas (innovaciones tecnológicas, reducciones de precios, publicidad, espionaje, atracción del talento, intervenciones estatales, etc), es lo que hará que se nivelen las condiciones de producción. Desapareciendo el beneficio extraordinario.


La situación a la que llegaremos, el nuevo equilibrio, se caracterizará por unas condiciones de producción de menores costes, allí las empresas no tendrán beneficios extraordinarios y la demanda, los compradores de IA, será soberana. Soberanía del consumidor, que expresa su libertad, cuya base es la capacidad de compra (la libertad está en el bolsillo, dirá Marx). Las empresas estarán al servicio de los consumidores (los soberanos) buscando procurarles la máxima utilidad con la asignación de recursos más eficiente (menores costes). 


Tras la exposición de las lineas generales que acompañan el relato mediático del plusvalor extraordinario, que exaltan el individualismo, el egoísmo, la propiedad, el mercantilismo y el capitalismo, nos queda la exposición de la crítica y su fundamento en la que nos detendremos próximamente. 

jueves, 21 de marzo de 2024

Tractoradas y plusvalía relativa

Desde mediados de los setenta, en España, las tractoradas se han convertido en una de las formas de presión del sector primario. El tractor, paradójicamente, aparece como el medio de lucha de los propietarios agrarios. Las protestas de los agricultores encierran diversas confrontaciones. Una de ellas se desenvuelve dentro del propio sector, bajo la forma de la competencia en que se relacionan los propietarios de las grandes explotaciones y los de las pequeñas. Hay otra, de la que nos vamos a ocupar, quizás menos evidente, que enfrenta al conjunto del capital con el sector primario.

Así, de los diversos asuntos que las tractoradas ponen sobre la mesa, nos vamos a fijar en el enfrentamiento de los propietarios agrarios de los medios de producción (capitalistas y campesinos) con el estado capitalista. Esta peculiar lucha de clases tiene por contenido la producción de plusvalía relativa que pasamos a exponer.

La plusvalía relativa es una cuestión que desarrolla Karl Marx en el capítulo X del libro I de su magna obra, El capital. Donde, en pocas páginas, nuestro autor expone esta principal modalidad de obtención de ganancias por parte de la clase capitalista.

La plusvalía relativa es la generación de plusvalía, contenido de la ganancia capitalista, basada en la reducción del trabajo necesario.

Recuerden que el trabajo que realiza la persona que vende la fuerza de trabajo, la obrera, tiene dos partes: el trabajo necesario, que reproduce el valor de la fuerza de trabajo; y el plustrabajo que se apropia gratis el capitalista. Pongamos por caso que una jornada laboral diaria de 8 horas (con intensidad del trabajo normal) se partiera por igual entre 4 horas para el trabajador y 4 horas para el capitalista.

Así el capitalista mediante la reducción del tiempo de trabajo necesario podría obtener más plusvalor, sin alterar la jornada (si además puede prolongar la jornada laboral de sus obreras pues miel sobre hojuelas). Por ejemplo, en una jornada de 8 horas si el tiempo necesario pasa de 4 a 3,6 horas, el tiempo de plustrabajo pasará de 4 a 4,4 horas.

Esta reducción del trabajo necesario exige reducir el valor de la fuerza de trabajo. Podría valer que el capitalista pagara por debajo del valor a la fuerza de trabajo, y se hace en la realidad. Pero, el desarrollo teórico de Marx tiene el supuesto de que la fuerza de trabajo se vende por su valor porque ello corresponde al movimiento normal del capital. Siguiendo con el ejemplo, si la hora de trabajo se representa en 15 euros, el valor diario de la fuerza de trabajo sería 60 euros (15 euros multiplicados por las 4 horas de trabajo necesario); y este valor debería descender en 6 euros para que el tiempo necesario baje en 0,4 horas situándose en 3,6 horas.

Ahora bien, cómo se reduce el valor de la fuerza de trabajo. La respuesta es disminuyendo el valor de los medios de vida (vivienda, alimentación, vestido, ocio, entre otros) que consume la persona que vende la fuerza de trabajo. Suponiendo que el obrero gasta 12 euros en alimentación resultado del consumo de 4 unidades de alimentos por un valor unitario de 3 euros, destinará los otros 48 euros al resto de medios de vida. Para que el valor de la fuerza de trabajo se reduzca en 6 euros por el lado de los alimentos, sin alterar el consumo, el valor unitario de los alimentos ha de pasar de 3 euros a 1,5 euros.

Recapitulamos: un abaratamiento de los alimentos en 1,5 euros la unidad teniendo en cuenta que se consumen 4 por día provoca una reducción del valor de la fuerza de trabajo en 6 euros diarios; lo cual origina que el trabajo necesario pase de 4 a 3,6 horas y, dado que la jornada se mantiene en 8 horas, el tiempo de plustrabajo aumente de 4 a 4,4 horas, haciendo que la plusvalía crezca en 6 euros (=0,4*15).

Como se ve, la reducción del valor de los alimentos supone un aumento de la plusvalía. Este aumento se produce en todos los obreros de todos los capitalistas sin distinción, pues el valor de la fuerza de trabajo se reduce para todos los vendedores de fuerza de trabajo de todos los compradores de la misma (capitalistas).

Pues esta es la situación del sector primario. Un sector que suministra medios de vida, o medios de producción de medios de vida, agroalimentarios, que son estratégicos de cara a la reproducción de la fuerza de trabajo. Por tanto, determinantes en la reducción de su valor y el consecuente aumento de plusvalor relativo.

Y para reducir el valor de los medios de vida, al margen de la posibilidad de importar los productos más baratos, la rama donde se producen ha de operar una transformación de sus condiciones materiales de producción (cooperación, división del trabajo, maquinación, son los casos expuestos por Marx) aumentando su productividad . Y esto es una ley -una tendencia general- del capital, del europeo y de todos.

Por esta razón, además de otras (los agroproductos forman parte de los medios de producción de otras ramas, por ejemplo), el abaratamiento de los productos del sector primario interesa a todos los capitales individuales, constituyéndose en interés del capital total de la sociedad. Este interés común es el contenido del interés general que defiende el representante político del capital, el estado capitalista.

La Unión Europea, estado de estados con sus limitaciones, por ejemplo, tiene como una de sus líneas de actuación la promoción del desarrollo tecnológico del sector primario. Proporcionando, a través de la política agraria comunitaria (PAC), las ayudas que permitan a las explotaciones agrarias la incorporación de los avances técnicos que aumenten la productividad y pongan a disposición de la ciudadanía, léase vendedores de fuerza de trabajo, alimentos asequibles.

Bien es verdad, que a la hora de invertir para modernizar las explotaciones, aunque recibas ayudas, no es lo mismo ser pequeño que grande. La gran explotación tiene más músculo financiero, suficientes economías de escala con margen para incrementar la productividad y posibilidad de mayores ventas a menores precios. Mientras que para las pequeñas la cuestión se presenta como una elección entre tirar renqueante o echar el cierre, pues las nuevas inversiones significan una vuelta de tuerca financiera sin tener claro si la innovación supondrá las prometidas ganancias de productividad o la ampliación de la producción encontrará la necesaria demanda solvente que garantice la viabilidad de la explotación.

Por ello, esta política europea, que expresa la necesidad del capital europeo de reducir el valor de la fuerza de trabajo a través del abaratamiento de los productos agroalimentarios, les aparece a la conciencia de los productores agrarios -sobre todo a los pequeños- como una imposición cargada de burocracia, donde los requisitos medioambientales no son más que un pretexto e injusto reparto de las ayudas. Adquiriendo su protesta la forma dramática de lucha por la supervivencia.

Así que, cuando los tractores salen a las carreteras enfilando las ciudades y prometiendo cercarlas al grito de pasareis hambre (https://www.bbc.com/mundo/articles/c9w4kzgkxvlo), no puede uno dejar de pensar en la ironía que supone el uso del tractor como herramienta de lucha cuando también es el exponente de la mecanización agraria, por tanto la materialización de eso contra lo que luchan, la tendencia general a la producción de plusvalía relativa. No lo saben, pero lo hacen (Magister dixit).

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...