1. Introducción
A
raíz de la elaboración de un libro sobre el sindicalismo en
Andalucía, aún in itinere, su autora Encarna Ruiz me encargó una
pequeña colaboración sobre el contexto económico. Ello dio pie a
una investigación, uno de cuyos resultados quería compartir dado el
interés político que podría tener, en mi opinión, ahora que se
acerca el Día de Andalucía (28 de febrero).
Más
aún, con el debate actual sobre la ley de amnistía, el soberanismo
catalanista y el papel de los regionalismos en España y Europa,
pudiera ser oportuno un debate en torno al andalucismo. Desde ese
punto de vista, una mirada al reciente pasado arrojaría algo de luz
sobre la necesidad y los límites del regionalismo en nuestra
comunidad autónoma.
En
lo que sigue, quisiera abordar dos aspectos: uno, el de las
condiciones económicas (materiales) que hay tras el andalucismo; el
segundo, es el tipo de andalucismo que respondería mejor a dichas
condiciones materiales y que, por tanto, pudiera aglutinar
mayoritariamente a la clase trabajadora andaluza.
2.
La función de Andalucía en la división regional del trabajo
2.1
El excedente de fuerza de trabajo
Una
de las características que llama la atención de la economía
andaluza de este período es el comportamiento del desempleo de la
fuerza de trabajo.
En
primer lugar se trata de una evolución cíclica, con subidas y
bajadas, como corresponde a una economía capitalista. En segundo
lugar, y fenómeno en el que nos queremos detener, es su persistente
elevado nivel, cuya tasa ha fluctuado entre el 10 y el 35 por ciento.
Sabemos
que la población desempleada es la diferencia entre la población
activa y la población ocupada. Para ver si la causa del excedente de
fuerza de trabajo está situada en la oferta de fuerza de trabajo
(población activa) o en la demanda de fuerza de trabajo (población
ocupada), examinemos los datos de ambos componentes del desempleo en
el período 1977-2022.
Observamos,
en primer lugar que durante este período la población activa de
Andalucía crece en más de 2 millones de personas, mientras su
población ocupada lo hace en 1,5 millones, por tanto el desempleo
aumenta en medio millón de andaluces aproximadamente. Esta
observación podría dar pie a plantearse que el problema del
desempleo andaluz está en una escasa capacidad para crear empleo
(incapacidad de la acumulación andaluza de capital, subdesarrollo
del capitalismo andaluz, carácter específico de las empresas o
empresarios andaluces). Sigamos viendo
2.2
Demanda intensiva de fuerza de trabajo
Para
dirimir si estas cifras de crecimiento de la población activa y de
la población ocupada son grandes o pequeñas, comparémoslas con sus
homónimas españolas. Teniendo en cuenta el distinto tamaño entre
los mercados laborales andaluz y español (el español es unas cinco
veces el andaluz), echaremos mano de las cifras relativas de la
evolución de las dos variables mencionadas, actividad y ocupación.
Variación relativa acumulada (1977-2022) en %
|
|
Andalucía
|
España
|
Población activa
|
108
|
76
|
Población ocupada
|
86
|
60
|
Fuente: elaboración propia a partir de EPA (INE).
|
En
la tabla de arriba se muestra que, durante el período 1977-2022 la
demanda efectiva de fuerza de trabajo (población ocupada) en
Andalucía (86%) es mayor que la de España (60%).
De
modo que, no es que se cree poco empleo en Andalucía pues se crea
bastante más que en España; no es que la acumulación andaluza de
capital, a grosso modo, adolezca de algún problema en cuanto a
creación de empleo pues genera una población ocupada mayor, en
términos relativos, que la española durante este período.
2.3
Especialización en la oferta de fuerza de trabajo
Veamos
lo que ocurre en el lado de la oferta de fuerza de trabajo (población
activa). En la tabla de más arriba veíamos que, durante este
período, el ritmo de crecimiento de la población activa en
Andalucía (108%) es mayor que el de la española (76%). Esto nos
lleva a plantear que, el desempleo andaluz tiene más que ver con la
oferta de fuerza de trabajo que con su demanda.
Este
mayor crecimiento de la población activa andaluza respecto a la de
España, significa que Andalucía se especializa, en el marco de la
economía española, en la generación de fuerza de trabajo. Esto
llevará, de manera paulatina y permanente, a aumentar el porcentaje
de andaluces en la población activa nacional, pasando del 14,6 por
ciento en 1977 al 17,5 por ciento en 2022.
2.4
El lugar de Andalucía en la división del trabajo
Ahora
bien, hemos de preguntarnos por qué el desarrollo del capitalismo en
Andalucía, durante este periodo, pasa por generar más fuerza de
trabajo, en términos relativos, que la generada en el resto del
estado español y, en términos absolutos, más de la que necesita en
lo inmediato la propia acumulación andaluza de capital. De otra
forma, qué otra necesidad pretende atender la especialización
andaluza en la oferta de fuerza de trabajo.
Nuestra
hipótesis es que la oferta andaluza de fuerza de trabajo atiende,
además de los requerimientos de su propia acumulación de capital,
las necesidades de mano de obra de la acumulación foránea (española
y europea) de capital.
Este
rasgo de la sociedad andaluza sería un aspecto, entre otros,
de su función en la división regional del trabajo (DRT) español y
europeo, específicamente su papel de suministradora de fuerza de
trabajo. Así, Andalucía produce mano de obra para su acumulación
de capital,
lo cual comprende tanto el necesario desempleo para su desarrollo
capitalista como para las administraciones públicas que le
corresponden. Y, además, la sociedad andaluza produce fuerza de
trabajo para atender los requerimientos de la acumulación del
capitalismo español y europeo.
Esta
especialización en la oferta de fuerza de trabajo tiene que ver con
otros fenómenos, señalados frecuentemente a la hora de caracterizar
a la economía andaluza.
Expondremos tres, que servirían para desglosar, en otras tres subfunciones, esta función en la
división regional del trabajo nacional en cuanto a la provisión de
fuerza de trabajo . Se trata del
crecimiento demográfico (subfunción de generación de personas); de
la emigración (subfunción de exportación de mano de obra); y del
paro masivo (subfunción de reserva de fuerza de trabajo).
2.5
El crecimiento de la población andaluza
Para
que Andalucía suministre fuerza de trabajo a la acumulación
española (y europea) de capital, primero ha de producir dicha fuerza
de trabajo, lo cual pasa por el crecimiento, formación y
mantenimiento
de una población mayor de la que correspondería a sus necesidades
endógenas, es decir si no hubiera de suministrar fuerza de trabajo a
otras economías. Este sería el contenido de la subfunción de
generación de la fuerza de trabajo.
Efectivamente,
a lo largo del período 1971-2021, la población andaluza creció en
2,5 millones de personas, casi un 42 por ciento, mientras el
crecimiento español fue de 13,4 millones (algo más de un 39%).
Variación relativa acumulada en tantos por ciento
|
|
Andalucía
|
España
|
Población
|
42,0
|
39,0
|
Población mayor de 16 años
|
73,5
|
56,6
|
Fuente: elaboración propia a partir de INE.
|
Es
más el crecimiento demográfico se basó durante bastante tiempo en
el crecimiento natural de la población, la diferencia entre
natalidad y mortalidad, que en Andalucía ha venido siendo superior
al español. Poniendo de manifiesto el específico modelo demográfico
que corresponde a su lugar en la división regional del trabajo.
Además, esto se lleva a cabo con la participación de buena parte de
la sociedad andaluza, empezando por las familias (donde adquiere
especial protagonismo la mujer como cuidadora del hogar y de los
hijos)
y terminando por el sistema educativo, pasando por otras
instituciones y organizaciones (comunidades vecinales, organizaciones
de atención social y solidaridad, religiosas, entre otras), que
hubieron de implicarse en esta tarea.
2.6
La emigración andaluza
Una
vez generada la fuerza de trabajo, para que ésta preste su servicio
en la acumulación foránea de capital es preciso que la mano de obra
se traslada al lugar correspondiente, emigre. Echemos un vistazo a
las cifras de la emigración en Andalucía.
Emigración andaluza por períodos
|
|
Sumatorio período
|
Promedio anual
|
Tasa de emigración
|
1962-1974
|
1.005.972
|
77.382
|
|
1975-1987
|
301.554
|
23.196
|
10,43
|
1988-2001
|
464.615
|
33.187
|
12,13
|
2002-2021
|
1.890.541
|
94.527
|
24,52
|
Fuente: elaboración propia.
|
La
emigración es, a lo largo del período, un fenómeno persistente, se
reduce o aumenta, pero no desaparece. Hasta un período como el
comprendido entre la crisis de los setenta y la de los noventa en el
que la emigración quedó bastante reducida, se mantiene un promedio
del flujo anual de emigrantes andaluces que supera los 20 mil.
Alguien
podría pensar que la emigración andaluza responde a una imagen del
pasado, pero la tabla anterior nos indica que es un fenómeno actual.
Durante el siglo XXI es muy intensa, superando en cuanto promedio
anual a la emigración del siglo XX. No solo se trata de un cambio
cuantitativo sino también cualitativo. En el período más reciente,
todos los años, decenas de miles de andaluces siguen marchando a
otras regiones a vender su fuerza de trabajo, pero ya no son aquellos
trabajadores del agro expulsados por la mecanización; hoy se va,
conforme a los requerimientos de la nueva acumulación de capital,
en mayor medida una mano de obra cualificada con formación
universitaria, el obrero intelectual (o quizás la obrera).

En
cuanto al origen temporal de la emigración y, por tanto del papel de
Andalucía en la división regional del trabajo, podría creerse que
se trata de un fenómeno que viene de lejos, con raíces históricas
alejadas. Pero, no es así. La tabla de abajo expone los andaluces
residentes fuera de Andalucía. En ella puede observarse que el
fenómeno de la emigración masiva que acompaña a la subfunción de
exportación de fuerza de trabajo que tiene encomendada Andalucía en
la división regional del trabajo, se inicia después de 1940 y antes
de 1970. Probablemente date del momento en que se pone en marcha la
mecanización del campo andaluz y como consecuencia inmediata de los
excedentes de mano de obra generados por ella.
Andaluces residentes fuera de Andalucía
|
Año
|
España (sin Ceuta y Melilla)
|
1920
|
142.601
|
1930
|
221.300
|
1940
|
286.039
|
1970
|
1.598.900
|
1975
|
1.838.627
|
1981
|
1.846.912
|
1986
|
1.759.184
|
1991
|
1.724.990
|
Fuente:
Recaño Valverde, J. "La emigración andaluza en España".
Boletín Económico de Andalucía, nº 24. Consejería de
Economía, Innovación, Ciencia y Empleo. Junta de Andalucía.
1998.
|
2.7
El paro crónico y masivo
La
gráfica de abajo muestra a la tasa de desempleo andaluza y española,
observándose que la primera está a lo largo de todo el período a
un nivel superior, manteniendo una brecha positiva (promedio de 8
puntos). Esta brecha puede ser explicada, además de por otras
singularidades andaluzas, por el particular papel que juega Andalucía
en la división regional del trabajo en cuanto a la provisión de
fuerza de trabajo.
Este
paro corresponde a la subfunción de reserva de fuerza de trabajo,
que está regulada por las entradas (subfunción de generación) y
por las salidas (subfunción de exportación).
En la medida que la emigración se frena, se aglomera la población
desempleada aumentando la tasa de paro. Esta situación plantea el
problema del sostenimiento material de dicha sobrepoblación
relativa.
2.8
La acumulación de capital y la división del trabajo
La
sobreproducción de fuerza de trabajo, esto es la producción de
fuerza de trabajo en Andalucía por encima de las necesidades
endógenas de la región, desemboca en la sobreabundancia de fuerza
de trabajo como pone de manifiesto el paro masivo.
Así,
al tener fuerza de trabajo por encima de la necesidad solvente de los
capitalistas, como con cualquier mercancía, la venta de la fuerza de
trabajo tenderá a establecerse por debajo de su valor permitiendo a
los capitalistas apropiarse una plusvalía extra.
Pero,
la venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor supone, en lo
inmediato, una estrechez del mercado interno que impide un desarrollo
normal al capital y, con el tiempo, el deterioro de la fuerza de
trabajo poniendo en peligro la reproducción y acumulación fluidas
del capital en Andalucía. Esto no solo debilita la acumulación de
capital en Andalucía sino también su papel de cara a las
acumulaciones foráneas de capital. Dado esto, llegado un punto, el
propio estado favorecerá los mecanismos que reviertan esta situación
y tiendan a establecer la venta de la fuerza de trabajo andaluza por
su valor. El impulso definitivo a esta situación será la lucha de
clases como veremos posteriormente.
Nótese
que esta desvalorización de la fuerza de trabajo junto con el efecto
empobrecimiento de la emigración y la detracción de recursos que
supone la generación de fuerza de trabajo y su mantenimiento,
insisten en el descenso del nivel de vida de la mayoría de la
población andaluza. Y apuntan en la misma dirección, la lucha de
clases y el papel del estado (autonómico, nacional y europeo).
3.
Andalucismo y lucha de clases
3.1
La sobreproducción de fuerza de trabajo y los recursos
El
papel de Andalucía en la división regional del trabajo en relación
a la oferta de fuerza de trabajo (hecho diferencial), tanto por la
generación como por la reserva de la misma supone un gasto de
recursos.
Efectivamente,
la crianza y formación de la fuerza de trabajo requiere medios de
vida y renta, que habrán de llegar a las familias, al sistema
sanitario y al sistema educativo, principalmente. De igual forma, una
vez producida la fuerza de trabajo, mientras encuentra empleo,
también ha de ser mantenida exigiendo, por tanto, recursos para
ello. Por su parte, la emigración libera, en lo inmediato, del gasto
de mantenimiento de la población afectada, pero tiene un carácter
empobrecedor en la medida que Andalucía prepara y gasta recursos en
una fuerza de trabajo que rendirá en otras regiones.
El
cumplimiento de la función asignada a Andalucía, cuyos
beneficiarios son el capital español y europeo, supone un gasto de
recursos que, en la medida en que no le son compensados
suficientemente, le supone un empobrecimiento. El acumulativo a lo
largo del tiempo de las compensaciones insuficientes o no realizadas,
dará lugar a la deuda histórica. Así, ambos asuntos, la
compensación por el hecho diferencial andaluz y la deuda histórica,
se incorporarán a la agenda andalucista siendo objeto de pleito en
la lucha de clases.
3.2
Andalucía: subsidio vs compensación
Durante
mucho tiempo Andalucía ha sido tildada de sociedad subsidiada porque
percibía una serie de transferencias de rentas. Discurso alimentado
por las balanzas fiscales. Estadisticas BBV.
El
análisis realizado hasta aquí, nos permite afirmar que dichas
ayudas han sido, y son, en parte, la compensación a nuestra región
por los recursos empleados empleados en el desempeño del papel que
se le ha venido asignando en la división regional del trabajo
español y europeo en relación a la provisión de fuerza de trabajo
(hecho diferencial andaluz).
Porque
de no producirse tal compensación, o ésta ser insuficiente, la
consecuencia sería una reproducción atrofiada de la fuerza de
trabajo vía empobrecimiento general de la clase obrera, dificultando
la fluida valorización y acumulación del capital, dentro y fuera de
Andalucía.
3.3
Compensación y acción estatal
Pero,
dicha compensación oficial presupone el reconocimiento social, al
menos tácitamente. La forma que expresa este reconocimiento social
de manera más plena es la acción del representante político del
capital en sus diversos ámbitos (europeo, nacional, autonómico,
provincial y municipal).
Ese
es el sentido que tienen las diversas transferencias autonómicas
(sanidad, enseñanza, entre otros), prestaciones y subsidios,
en función de la población o de cualquier otra variable en términos
per cápita, que así reconocen el papel de reservorio demográfico,
específicamente de fuerza de trabajo, asignado a Andalucía.
3.4
Acción estatal y lucha de clases
Llegado
un punto del desarrollo, bajo las condiciones que la división
regional del trabajo impone a Andalucía en cuanto suministradora de
fuerza de trabajo, el reconocimiento y la compensación del hecho
diferencial andaluz, será la forma en que se exprese la necesidad
del capital de una compraventa de la fuerza de trabajo andaluza por
su valor.
La
manera en que se impone esta necesidad del capital será la lucha de
clases, en cuyas reivindicaciones andalucistas estarán implícitos
el reconocimiento general y la obtención de compensaciones. Más
aún, una vez que la dictadura franquista y la represión que la
acompañan, dejan paso a formas políticas en las que las demandas
sociales pueden ser expresadas abiertamente. De esta forma, el
movimiento regionalista andaluz se extenderá y sus planteamientos,
en mayor o menor grado, serán incorporados a la mayoría de agendas
políticas y sociales.
3.5
Lucha de clases y andalucismo
Las
manifestaciones multitudinarias, la incorporación de
reivindicaciones andalucistas más o menos extremas a los programas
políticos, las movilizaciones electorales, entre otras, son muestras
de que la sociedad, con implicación decidida de la clase obrera,
exigen el reconocimiento general que le permita, entre otras cosas,
desempeñar el papel asignado en la división regional del trabajo
sin el empobrecimiento y atraso en el que venía realizándolo, por
tanto exigen mejoras de su situación (es la manera implícita de
exigir compensaciones al hecho diferencial andaluz).
La
movilización popular tiene su punto álgido en las manifestaciones
multitudinarias del 4 de diciembre de 1977 en las distintas ciudades
andaluzas, bajo la consigna de Libertad, Amnistía y Autonomía;
posteriormente se pasará a un desarrollo legislativo e institucional
(constitución de la Junta preautonómica en abril de 1978), que irá
requiriendo el apoyo popular (referéndum autonómico el 28 de
febrero de 1980) y finalmente las elecciones al parlamento andaluz de
mayo de 1982, a partir de las cuales se constituirá el nuevo
gobierno autonómico andaluz. Este “estado” andaluz, que
representará políticamente al capital de la región, se
desarrollará en un vínculo particular con el estado nacional.
Además,
la clase obrera vinculará sus demandas laborales (empleo, salario) a
las demandas sociales (educación, sanidad, prestaciones por
desempleo) que la hagan salir, y con ella a la mayor parte de la
sociedad, de la pobreza a la que parece estar condenada por una
acumulación de capital que solo está dispuesta a reconocer su deuda
a fuerza de serle exigida en la lucha de clases. Pero, pedir es
admitir la “superioridad” del que tiene que dar. Por tanto, se
parte de reconocer y aceptar la jerarquía nacional y europea,
después.
En
este proceso, una de las cuestiones que se plantean es por qué el
sentimiento andalucista, cultivado bajo la represión franquista y
que luego florecerá súbitamente en la transición, no adoptó, ni
llegará a adoptar posteriormente, formas extremas como el
soberanismo conformándose con un regionalismo centralista, que no
discute la soberanía española, como el autonomismo. Entendemos que
el planteamiento desarrollado más arriba puede responder de manera
materialista.
Este
papel desarrollado por Andalucía en la división regional del
trabajo en relación al suministro de fuerza de trabajo (hecho
diferencial) es pensado como una especificidad, un sentimiento
andalucista. Pero, como ese hecho diferencial para sostenerse en el
tiempo, sin afectar a la acumulación de capital, necesita una
compensación (y previo reconocimiento, aunque sea implícito), este
andalucismo no puede ser rupturista respecto del estado español (o
europeo) sino todo lo contrario: ha de reconocer a ambas instancias y
plegarse ante ellas, tiene que ser un regionalismo autonomista y no
soberanista.
Es
más, mientras se mantengan estas condiciones, el desarrollo
capitalista andaluz habrá de revestirse políticamente de la forma
autonómica referenciada en el estado español y europeo, que son los
que le otorgan el reconocimiento general necesario para transferirle
las compensaciones que su papel en la división regional del trabajo
exige; y cualquier proyecto político que pretenda un apoyo social
amplio en Andalucía deberá tenerlo en cuenta.
Otro
debate, quizás más ideológico, es el de la consideración de
Andalucía como región subsidiada. Esta posición resulta de una
mirada parcial, que solo atiende a las compensaciones sin ver su
vinculación al papel de Andalucía en su función de suministradora
de fuerza de trabajo al capitalismo español y europeo. Es más, no
solo no se vinculan las compensaciones a la función específica de
Andalucía, sino que ni si quiera se explicita esta función, dando
la apariencia de una voluntad política abstracta del centralismo, o
una generosidad de la solidaridad territorial. A lo más se habla de
“hecho diferencial” sin más.
La
explicitación del mencionado hecho diferencial, el suministro de
fuerza de trabajo para la acumulación foránea de capital, al que
hay que vincular las adecuadas compensaciones; así como la
reivindicación de la deuda histórica que surge de la evolución de
este hecho diferencial no compensado, son demandas pendientes.
Además,
muchas de las formas del salario indirecto, que han venido
constituyendo la compensación de Andalucía por su hecho
diferencial, como la sanidad y la educación públicas, están siendo
cuestionadas; queda por ver -si se desmantela la provisión pública
de estos bienes- cómo se hará para establecer las compensaciones al
hecho diferencial que permitan la normal reproducción de la fuerza
de trabajo.
4.
Conclusión
Hemos
partido del análisis del mercado laboral andaluz en el período
1977-2022, para concluir en el específico papel que tiene Andalucía
en la división regional del trabajo en cuanto suministradora de
fuerza de trabajo (hecho diferencial andaluz) al capitalismo español
y europeo. Este papel se ha venido manifestando a través de una
población, una emigración y un paro masivos.
Ahora
bien, el desarrollo fluido de la acumulación de capital en Andalucía
tiene como condición que este hecho diferencial tenga una
compensación adecuada, la que permite la reproducción de la fuerza
de trabajo al nivel de su valor. Bajo las condiciones de la dictadura
franquista dicha compensación fue insuficiente como muestran la
pobreza y el atraso andaluces. La represión franquista no permitió
la expresión del sentimiento andaluz que se origina por el deseo de
unos niveles de vida que permitan una vida digna, o sea una
reproducción normal de la fuerza de trabajo. Este sentimiento
andaluz encontraría su expresión ideológica y política en el
andalucismo, arraigado en la clase obrera andaluza y que
explosionaría en la transición democrática.
El
andalucismo quedaría incorporado a la lucha de clases, como
canalización de las demandas de reconocimiento del hecho diferencial
y de las compensaciones que le corresponden, en su mayor parte como
salario indirecto (educación, sanidad, prestaciones por desempleo,
subsidios por desempleo, entre otros). El proceso político implicará
la movilización popular y la acción del estado, siendo uno de sus
principales resultado la constitución de la representación política
del capital autóctono, la autonomía andaluza. El gobierno andaluz
habrá de gestionar las diversas formas de la compensación,
transferencias nacionales y, posteriormente, fondos europeos, siempre
como cristalización de la lucha de clases. Esta vinculación con las
instancias estatales, explica el carácter centralista de la
autonomía andaluza, y del andalucismo de esta etapa. Algunos asuntos
quedan pendientes, el reconocimiento explícito del hecho
diferencial, la deuda histórica generada por la falta de una
suficiente compensación durante muchos años atrás o el
cuestionamiento de las formas publicas del salario indirecto
(sanidad, educación). Estos junto a otros temas constituyen la
agenda del andalucismo que debe acompañar las demandas de la clase
obrera.
Hoy
como ayer, el andalucismo reivindicativo requiere la movilización de
la clase obrera andaluza para la consecución de sus aspiraciones a
una vida mejor, empezando por la reproducción de la fuerza de
trabajo al nivel de su valor, pues no otra que la lucha de clases es
la forma del avance social en el capitalismo.
NOTAS