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viernes, 7 de noviembre de 2025

Sanidad pública en Andalucía: política, ideología y economía



El reciente escándalo de los cribados del cáncer de mama ha reactivado la movilización andaluza por la sanidad. Más allá de ser una reacción en defensa propia, la manifestación es una oportunidad para que el pueblo andaluz, con el protagonismo de la clase obrera, avance en la constitución de sujeto de su desarrollo.

Para ello, considero necesario apropiarse idealmente de las propias determinaciones, en relación a las determinaciones de la sociedad capitalista andaluza. Esta modesta intervención apunta a ello, inscribiéndose en la elaboración del conocimiento que contribuye a la revolución social.

Nuestro planteamiento

Desde la Crítica de la Economía Política señalamos, en relación a la sanidad pública andaluza, dos aspectos: materialidad del debate (política, ideología y economía) y su vínculo con la superación del capitalismo como garantía de una sanidad al servicio de la población.

Para los escépticos: la sanidad pública andaluza es lo más parecido al socialismo que podemos ver por estos lares. Un servicio al que se accede cuando se necesita y sin mediar dinero.

Historia y hecho sanitario

La sanidad pública andaluza es un producto social e histórico. Surge a mediados de los ochenta con las transferencias y el SAS (Ley 8/1986, autonómica) como ariete del estado social autonómico, y empujada por la ideología social-capitalista. 

Luego, tras la crisis internacional de los setenta, ya con el giro hacia el liberal-capitalismo (privatización, externalización, liberalización y conciertos), se van creando los instrumentos legales que habilitan el actual sistema sanitario: Ley General de Sanidad de 1986 (ordenación y conciertos), Ley 15/1997 (nuevas formas de gestión) y Ley 16/2003 (cohesión y cartera común). Además en nuestra comunidad: Ley 2/1998 de Salud de Andalucía (derechos, organización y conciertos), y Ley 16/2011, de Salud Pública de Andalucía (promoción, prevención, vigilancia y evaluación). 

Ahí están las palancas legales de lo que constituirá la evolución de la sanidad pública andaluza y el traspaso de fondos públicos hacia la actividad sanitaria privada.

Hecho sanitario y presupuesto

Tras un proceso en el que la sanidad pública dejó de ser prioritaria, como revela la reducción de su peso en el presupuesto público (ver curva en U abierta), ya en plena Gran Recesión (2008-2014), las élites capitalistas europeas, acompañadas de todas las demás (nacionales, autonómicas, locales) deciden que la salida de la crisis pasa por el recorte presupuestario. 

La sanidad pública andaluza conocerá mínimos en el esfuerzo presupuestario, iniciándose su deterioro progresivo: cierre de centros, citas en atención primaria, listas de espera para especialistas e intervenciones, vacantes que no se reponen, etc. A partir de 2012 la satisfacción ciudadana con la sanidad pública (barómetro) se quebranta comenzando su descenso. Cada hecho concreto en la sanidad pública tiene un respaldo presupuestario.

Presupuesto y política

El presupuesto es la ley más importante de la sanidad andaluza: se aprueba (y discute) todos los años en el parlamento y la ejecuta el gobierno. Si miramos la evolución nominal de la partida presupuestaria destinada a la sanidad observamos que ésta durante el período 2002-2025, salvo los años de los recortes (2010-2014), es ascendente. Esto también ocurrió con el presupuesto total. Para ver el grado de compromiso de un gobierno con la sanidad pública hay que fijarse en el porcentaje de gasto sanitario en relación al total del presupuesto.












El gráfico dibuja una U abierta, con mínimo en los años de recortes bajo gobiernos del PSOE, el mismo partido que impulsó el despliegue del sistema. Tras la COVID, el PP elevó el esfuerzo y presume del mayor gasto sanitario, pero una parte relevante se deriva a la provisión privada.

Política e ideología

Las medidas políticas (aumentar o reducir el gasto sanitario, transferir a la sanidad privada o impulsar la pública) suelen estar argumentadas y fundamentadas (eficiencia, equidad, sostenibilidad, entre otras). Este discurso forma parte de la ideología (conjunto de ideas) que incluye a las diversas teorías “científicas” (económicas, sociológicas, políticas, psicológicas, etc). El debate de ideas, que precede la toma de decisiones políticas, se lleva a cabo en el Consejo de Gobierno, en el Parlamento o en la sociedad (medios de comunicación), entre otros.

La ideología capitalista, sea en su versión social sea en su versión liberal, está detrás de las decisiones políticas que han llevado el sistema público de salud andaluz hasta la situación actual. Cuando hay que recortar lo público e impulsar lo privado se echa mano de la Teoría Económica Neoclásica pura, que presenta al mercado y la empresa privada como los mecanismos más eficientes y equitativos; cuando hay que impulsar la sanidad pública se recurre a la Teoría de los Fallos del Mercado, también neoclásica, que plantea que hay excepciones (la sanidad como bien público) a la primera.















Ideología y economía

Aunque cada ideología tiene una política “natural”; ambas están preparadas para habilitar la política contraria. Así un defensor de la sanidad pública puede argumentar la necesidad de sanearla, recortándola, como ocurrió en el período 2010-2014; como un liberal puede impulsarla para favorecer la demanda agregada o apelar a la equidad.

Esta elasticidad de la ideología, que habilita la teoría académica, reclama un anclaje común. Lo que no cambia es lo que la ideología esconde, el interés económico.

Así, tras la ideología liberal-capitalista se defiende el capitalismo más competitivo (sanidad privada, mercancía, beneficio), mientras en la social-capitalista se defiende el capitalismo más intervenido (sanidad pública, derecho, igualdad). En ambos caso se naturaliza el capitalismo y se sirve a la acumulación de capital (empleo).

Economía y sanidad

La sanidad pública andaluza, como actividad a cargo del presupuesto público está sujeta a sus determinaciones: así cuando toca recortes públicos, la sanidad es una candidata, y cuando toca impulsar la actividad económica, también.

Pero, además, la sanidad está inserta en la circulación general de las mercancías, que es la forma en que circula la producción capitalista. Por un lado, demanda productos y fuerza de trabajo (empleo), favoreciendo a la economía. Por otro, es un servicio; que en el caso privado, está a la venta, por tanto un negocio en sí. Asi, en cuanto actividad económica está inmersa en el ciclo económico que caracteriza la reproducción ampliada capitalista.

El esfuerzo económico que la sociedad andaluza está dispuesta a realizar nos lo muestra el porcentaje del gasto sanitario (público y de los hogares) como porcentaje del total de la producción regional (valor añadido bruto). Vemos, además de la estabilidad, como este esfuerzo aumenta en las crisis (Gran Recesión, COVID) y se reduce en las expansiones.















Sanidad y acumulación de capital

Preservar la vida de trabajadores y consumidores es el encargo social que tiene la actividad sanitaria. Específicamente, garantizar la reproducción adecuada de la fuerza de trabajo (pasada, presente y futura, actual y potencial) de modo que esté en condiciones de ser explotada generando plusvalor, por un lado, a la vez que sigue confiando en las instituciones y el sistema, por el otro.

No nos detendremos en las especificidades del capitalismo andaluz y su papel en la división nacional, europea e internacional del trabajo, cuestiones necesarias para avanzar en el conocimiento del desarrollo de nuestra comunidad. De igual manera que los cambios en la materialidad de la acumulación de capital, las técnicas (automatización, digitalización, computerización o inteligencia artificial) y la organización del trabajo que las acompañan, imponen un tipo de fuerza de trabajo (física, emocional, mental) que ha de ser reproducida, también en términos de salud y de servicios sanitarios. Todo ello, junto a las condiciones de legitimación, pueden apuntar a un nuevo modelo sanitario.

Conclusión

Sea como sea, este 9 de noviembre, el pueblo andaluz está llamado a la acción. No hay nada fuera de la política: ir a la manifestación, al cine o quedarse en casa, son todas actuaciones políticas.

Las situaciones concretas de la sanidad están ligadas a las medidas presupuestarias, los debates parlamentarios, las disputas ideológicas o los intereses económicos, ni si quiera son ajenas a la necesidad de acumulación del capital (andaluz, español, europeo y mundial). Mientras las condiciones sociales no permitan dar el salto definitivo de la mercancía al derecho, tocará defender la sanidad pública frente a la relación de capital y sus gestores políticos, el gobierno andaluz.


jueves, 6 de marzo de 2025

Presentación del libro de Encarna

 

En la imagen, de izquierda a derecha: Vicente Sanchís Belmonte, Encarna Ruiz Galacho, Antonio Rodrigo Torrijos y Juan M Valencia Rodríguez.
En la imagen, de izquierda a derecha: Vicente Sanchís Belmonte, Encarna Ruiz Galacho, Antonio Rodrigo Torrijos y Juan M Valencia Rodríguez.

En una tarde climatológicamente adversa y aciaga en lo sentimental, junto a casi un centenar de valientes militantes de la izquierda y amigos de la clase obrera, fue presentado el libro de Encarna, Movimiento obrero de Andalucía. Fue el 5 de marzo de 2025 en Sevilla.

En el marco del salón principal de la Casa de la Provincia, Juan Valencia presentó pormenorizadamente a los distintos integrantes de la mesa, destacando su personalidad y militancia dando muestras de un trabajo previo de indagación al respecto.

Posteriormente, Vicente Sanchís nos recordó alguna de las tesis de la obra de Mao Tse-Tung, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, así como hizo gala de sus conocimientos sobre el arte de la navegación y el de la enología a la hora de calificar el libro.

En tercer lugar, intervino Antonio Rodrigo que tras señalar algunos de los puntos fuertes del libro también destacó un par de críticas que la autora recogió. Torrijos, que es protagonista de buena parte de la historia que se cuenta, fue pasando por los episodios más importantes contados por Encarna, para destacar finalmente el hilo conductor de la centralidad de la clase trabajadora. Antonio terminó advirtiendo, a la izquierda en general y a los demócratas, que la ultraderecha y la derecha más rancia están a las puertas y, como siempre que gobiernan, las primeras víctimas serán los comunistas y detrás irán todos los demás.

Finalmente, Encarna Ruiz, la autora, de Movimiento obrero en Andalucía (Historia de Comisiones Obreras de Sevilla, 1977-2008) fue contrastando el modelo de sindicalismo desarrollado en los primeros momentos con el que fue surgiendo y que hoy día está bastante generalizado; también fue situando los momentos y los hechos que podría decirse marcan los puntos de inflexión en el cambio de modelo sindical. Otro de los aspecto que se destacó en su presentación es el tipo de militante o afiliado que acompañaba al tipo de sindicalismo de cada momento. Finalmente, también insistió en la unidad de la izquierda sobre la base de no perder de vista al sujeto histórico portador del cambio social, la clase obrera.

Tras hora y media de presentación se abrió un turno de palabras con interesantes intervenciones y planteamientos, destacando las de Aniceto Muñoz y Antonio Moreno. Por mi parte tuve una intervención que publicaré próximamente.

La clase obrera sigue avanzando en su proceso de reflexión, gracias a libros como el de Encarna, porque la formación de la conciencia portadora de la superación del capitalismo es un requisito de esta superación.


sábado, 1 de marzo de 2025

A propósito de la historia del movimiento obrero

 


La semana pasada vió la luz la obra Movimiento obrero en Andalucía cuyo subtítulo es Comisiones Obreras de Sevilla (1977-2008), bajo el sello de AconcaguA. Esta nueva obra de Encarna Ruiz Galacho, historiadora y activista de la clase obrera, repasa la evolución de la lucha de clases en Andalucía entre las dos grandes crisis. Aquella, la de los setenta, que abrió paso al proceso desindustrializador en las economías occidentales que aparece como una de las expresiones de la globalización neoliberal, y la gran recesión (2008-2014) que significó la corrección a las finanzas señalando uno de los límites de dicha globalización.


Además, hay que destacar que el pormenorizado análisis de los enfrentamientos de la clase obrera andaluza y sevillana, que realiza Encarna, tiene como eje la acción del sindicato Comisiones Obreras.


Por mi parte, he contribuido con el primer capítulo que versa sobre la evolución económica y del mercado de trabajo entre ambas crisis, señalando los distintos ciclos económicos con sus fases de crecimiento y decrecimiento.


Esta trayectoria económica, con sus ciclos, proporciona la base sobre la que se erigirán las luchas laborales, los debates y las posiciones que se sostendrán, e incluso las formas sindicales y políticas que irán adoptando. En nuestro caso, la evolución de la lucha de clases entre la clase obrera y la clase capitalista junto a sus representantes (huelgas empresariales y huelgas generales, negociación colectiva y concertación social); así como la lucha dentro de las propias clases, por ejemplo dentro de la clase obrera, o entre los distintos sindicatos de la clase obrera (CCOO vs SOC, CCOO vs UGT); serán objeto de análisis en el libro de Encarna. Aún más, las luchas dentro de los propios sindicatos, como el enfrentamiento entre críticos y oficialistas en el seno del sindicato de Comisiones Obreras, también tendrán cabida en esta historia obrera.


Estas luchas están precedidas y acompañadas de debates donde aparecen posiciones, que expresan los intereses y aspiraciones de los contendientes de aquellas luchas. Enfrentamientos cuyos resultados terminan sancionándose bajo distintas formas institucionales: acuerdos, convenios, congresos, integraciones, exclusiones, expulsiones, inhabilitaciones, etcétera. Una historia de luces y sombras, que pueden gustar más o menos, pero que forma parte del bagaje sobre el que se edifica, con mayor o menor conciencia, lo que es la clase obrera en cada momento.


De esta manera, a lo largo de las páginas del libro de Encarna, veremos los inicios del sindicato, que deja atrás su etapa de movimiento durante la dictadura, y los conflictos que los acompañan (metal, campo, panaderos) hasta los Pactos de la Moncloa. Luego se irán sucediendo el auge afiliativo, las elecciones sindicales y los inicios de la negociación colectiva; los primeros congresos de CCOO en las distintas estructuras (unión, Andalucía y confederal); las citas electorales y su influencia en el sindicalismo; los acuerdos nacionales (AMI, ANE) y los debates en torno a ellos; la emergencia del primer sector crítico dentro de la organización (antes la escisión de algunos partidos como PTE) y su corta vida; luego vendrá la ruptura del PCE y lo que Encarna denomina el ascenso del carrillismo sindical en Sevilla; pasándose, a continuación, a la confrontación con el gobierno del PSOE sobre la base de su ambigua política de extender aspectos del estado del bienestar junto a flexibilizar el mercado laboral hasta llegar a la huelga general del 14-D; el avance de las sucesivas reformas laborales obligará a diversas respuestas por parte de la clase obrera y de Comisiones Obreras; una de los productos de aquellos debates será el surgimiento del nuevo sector crítico en CCOO, que tras fuertes enfrentamientos irá diluyéndose en las estructuras sindicales, tal como nos expone Encarna.


El próximo 5 de marzo a las 18,30 horas, en la Casa de la Provincia (Plaza del Triunfo, 1) en Sevilla, se presentará esta obra indispensable.



martes, 25 de febrero de 2025

Andalucía, la izquierda y la centralidad de la clase obrera

 


Un debate frecuente entre los estudiosos, en los activistas políticos y también entre el público en general, es la primacía del punto de vista de clase social en el tratamiento de los fenómenos sociales, aunque sea a través de la negación del tal carácter central. Es más, una de las críticas a la izquierda actual es su wokismo (exageración de las identidades), que es una manera de afearle que se dedique a las mil y una causas de queja social (ecologismo, pacifismo, feminismo, racismo, transgenerismo, animalismo, edadismo, …). Otra expresión del descentramiento respecto del clasismo fue la afirmación del izquierdista Sanders respecto del abandono propinado por la clase obrera americana a los demócratas al indicar que antes los demócratas habían dado la espalda a la clase obrera.


Esta pérdida de centralidad de la clase obrera en el discurso ha estado precedida por la inflación de estudios, análisis, investigaciones que ponían el acento en otras perspectivas como el género, la raza, la edad, la geografía o cualesquiera otro atributo personal con tal de que la clase social quedara oculta o desdibujada. Aclaro, no es que esté mal la perspectiva de la edad, pongamos por caso, simplemente afirmo que ha de hacerse conjuntamente a la clase social, porque de lo contrario se naturaliza la clase social, y con ella el orden social existente. Ahora bien, por qué han tenido tanto éxito estos planteamientos.


Es claro, que ha contribuido que la corriente ideológico-científica multifactorial o interfactorial, pero sobre todo anticlasista, ha sido presentada, empujada, incentivada, premiada, por los defensores del capitalismo desde sus fundaciones, sus administraciones y sus academias.


Y no les falta motivos. La perspectiva de clase social suele conducir al cuestionamiento de los pilares del sistema social o del modo de producción. Por ello, la producción ideológica se procura alejar del detenimiento en las clases sociales, de la división de la sociedad en clases, de los intereses contrapuestos de estas clases y de la lucha de clases como relación social. Y sobre todo, por plantear el sujeto social portador de la transformación de la sociedad. Pero, por qué el enfoque de clase habría de priorizarse o tenerse en cuenta en el estudio de las cuestiones que atañen a la sociedad, frente a otros atributos que portan las personas (sexo, edad, género, raza, nacionalidad, residencia, etcétera).


Podría decirse que una cosa son los tratamientos y métodos de las investigaciones sociales y otra distinta los programas políticos de, pongamos por caso, las organizaciones de izquierda. Sin embargo, el programa político suele descansar en un diagnóstico que, a su vez, es acreedor de unas investigaciones sociales que, no tienen más remedio que descansar sobre unas bases metodológicas. De ahí la importancia de, más allá de la retórica, revisar los diagnósticos, investigaciones y metodologías, para plantear programas que respondan a las necesidades de aquellos a los que se quiere representar, hacerles una oferta electoral y, sobre todo, mostrarles una causa por la que luchar.


No obstante, sigue en pie la pregunta principal: por qué el enfoque de clase social ha de estar presente en cualquier análisis de la sociedad y, por tanto, ha de acompañar al resto de variables (género, edad, raza, sexo, nacionalidad, residencia, altura, o peso, por señalar algunas).


La cuestión tiene que ver con la reproducción de la sociedad, particularmente con su reproducción material, con la producción; lo cual nos lleva a los elementos de la producción (medios de producción y fuerza de trabajo) y, finalmente (por no continuar hasta el origen de la vida), al trabajo. Por esto, las clases sociales, o sea la organización de las personas de la sociedad en torno al trabajo, en torno a sus elementos necesarios (medios de producción y fuerza de trabajo), y en torno a la reproducción de la sociedad de que se trate, es un aspecto fundamental en el análisis de los comportamientos sociales y de la evolución de la sociedad.


¿Quiere decir esto que hay que despreciar al resto de aspectos? No, de hecho estos otros aspectos enriquecen y matizan. Solo quiere decir que hay que tratarlos acompañados de, o teniendo en cuenta a, las clases sociales. Aún así podríamos preguntarnos: qué pasa si no se hace así y se hace como hasta ahora, o sea tratar a la población, al mercado laboral, a las políticas públicas, por ejemplo, desde las distintos enfoques sin tener en cuenta a las clases sociales. Pues que, efectivamente, se hace desaparecer a las clases sociales; primero del método, luego de la investigación, posteriormente del diagnostico y, finalmente, del programa. Por lo que, en correspondencia, y como decía Sanders, no debiera sorprender que la clase obrera se olvide de las luchas, de los partidos y de los votos. Tampoco quiero dar la impresión de que todo el problema es ese; es una parte del problema, pero cada uno tiene que hacer su parte. Los partidos de izquierda no pueden esperar el apoyo si no cumplen con su parte; y esta es su parte.


A modo de ejemplo, planteo la distribución de la renta en torno a las clases sociales en Andalucía a lo largo del período 1995-2024, que son los últimos datos que nos ofrece la Contabilidad Regional de Andalucía. En ella se ponen de manifiesto el reparto de la renta entre las personas que perciben el salario y las que perciben la plusvalía; rentas que previamente han sido producida y en cuya producción han intervenido de modo distinto estos sujetos sociales (unos entregando su fuerza de trabajo para que sea consumida y otros proporcionando los medios de producción); función en la producción que está condicionada por su condición de clase (propietarios de los medios de producción o burgueses, y vendedores de fuerza de trabajo o asalariados). De esta manera, la distribución de la renta entre las personas y las condiciones de vida que de ello se deriva, vemos que está mediada por su condición de clase social. También nos permite ver cómo se va modificando a lo largo del tiempo, que es otra forma de decir a lo largo del ciclo capitalista y sus diferentes fases. La pregunta para los otros enfoques es si a través suya se podría dar cuenta de la producción y distribución de la renta, pongamos por caso en Andalucía.


Ahora, que se debate la unidad de la izquierda, la centralidad de las clases sociales debiera ser un asunto a poner sobre la mesa y discutirse. Ahora, a unos días del aniversario de El Manifiesto del Partido Comunista publicado el 21 de febrero de 1848, correspondería a los comunistas y socialistas ser los portadores de esta posición que no puede ser otra que la posición de la clase obrera. Ahora, a pocos días de celebrar el día de Andalucía (28 de febrero), sería una ocasión para plantearse si tiene sentido, en la Andalucía capitalista inserta en la división internacional del trabajo, el andalucismo abstraído del análisis de las clases sociales y al margen de la clase obrera andaluza.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Andalucía: proveedora de fuerza de trabajo para sí, España y Europa

 

1. Introducción

A raíz de la elaboración de un libro sobre el sindicalismo en Andalucía, aún in itinere, su autora Encarna Ruiz me encargó una pequeña colaboración sobre el contexto económico. Ello dio pie a una investigación, uno de cuyos resultados quería compartir dado el interés político que podría tener, en mi opinión, ahora que se acerca el Día de Andalucía (28 de febrero).


Más aún, con el debate actual sobre la ley de amnistía, el soberanismo catalanista y el papel de los regionalismos en España y Europa, pudiera ser oportuno un debate en torno al andalucismo. Desde ese punto de vista, una mirada al reciente pasado arrojaría algo de luz sobre la necesidad y los límites del regionalismo en nuestra comunidad autónoma.


En lo que sigue, quisiera abordar dos aspectos: uno, el de las condiciones económicas (materiales) que hay tras el andalucismo; el segundo, es el tipo de andalucismo que respondería mejor a dichas condiciones materiales y que, por tanto, pudiera aglutinar mayoritariamente a la clase trabajadora andaluza.



2. La función de Andalucía en la división regional del trabajo

2.1 El excedente de fuerza de trabajo

Una de las características que llama la atención de la economía andaluza de este período es el comportamiento del desempleo de la fuerza de trabajo.

En primer lugar se trata de una evolución cíclica, con subidas y bajadas, como corresponde a una economía capitalista. En segundo lugar, y fenómeno en el que nos queremos detener, es su persistente elevado nivel, cuya tasa ha fluctuado entre el 10 y el 35 por ciento.




Sabemos que la población desempleada es la diferencia entre la población activa y la población ocupada. Para ver si la causa del excedente de fuerza de trabajo está situada en la oferta de fuerza de trabajo (población activa) o en la demanda de fuerza de trabajo (población ocupada), examinemos los datos de ambos componentes del desempleo en el período 1977-2022.


Observamos, en primer lugar que durante este período la población activa de Andalucía crece en más de 2 millones de personas, mientras su población ocupada lo hace en 1,5 millones, por tanto el desempleo aumenta en medio millón de andaluces aproximadamente. Esta observación podría dar pie a plantearse que el problema del desempleo andaluz está en una escasa capacidad para crear empleo (incapacidad de la acumulación andaluza de capital, subdesarrollo del capitalismo andaluz, carácter específico de las empresas o empresarios andaluces). Sigamos viendo



2.2 Demanda intensiva de fuerza de trabajo

Para dirimir si estas cifras de crecimiento de la población activa y de la población ocupada son grandes o pequeñas, comparémoslas con sus homónimas españolas. Teniendo en cuenta el distinto tamaño entre los mercados laborales andaluz y español (el español es unas cinco veces el andaluz), echaremos mano de las cifras relativas de la evolución de las dos variables mencionadas, actividad y ocupación.

Variación relativa acumulada (1977-2022) en %


Andalucía

España

Población activa

108

76

Población ocupada

86

60

Fuente: elaboración propia a partir de EPA (INE).


En la tabla de arriba se muestra que, durante el período 1977-2022 la demanda efectiva de fuerza de trabajo (población ocupada) en Andalucía (86%) es mayor que la de España (60%).


De modo que, no es que se cree poco empleo en Andalucía pues se crea bastante más que en España; no es que la acumulación andaluza de capital, a grosso modo, adolezca de algún problema en cuanto a creación de empleo pues genera una población ocupada mayor, en términos relativos, que la española durante este período.



2.3 Especialización en la oferta de fuerza de trabajo

Veamos lo que ocurre en el lado de la oferta de fuerza de trabajo (población activa). En la tabla de más arriba veíamos que, durante este período, el ritmo de crecimiento de la población activa en Andalucía (108%) es mayor que el de la española (76%). Esto nos lleva a plantear que, el desempleo andaluz tiene más que ver con la oferta de fuerza de trabajo que con su demanda.


Este mayor crecimiento de la población activa andaluza respecto a la de España, significa que Andalucía se especializa, en el marco de la economía española, en la generación de fuerza de trabajo. Esto llevará, de manera paulatina y permanente, a aumentar el porcentaje de andaluces en la población activa nacional, pasando del 14,6 por ciento en 1977 al 17,5 por ciento en 2022.



2.4 El lugar de Andalucía en la división del trabajo


Ahora bien, hemos de preguntarnos por qué el desarrollo del capitalismo en Andalucía, durante este periodo, pasa por generar más fuerza de trabajo, en términos relativos, que la generada en el resto del estado español y, en términos absolutos, más de la que necesita en lo inmediato la propia acumulación andaluza de capital. De otra forma, qué otra necesidad pretende atender la especialización andaluza en la oferta de fuerza de trabajo.


Nuestra hipótesis es que la oferta andaluza de fuerza de trabajo atiende, además de los requerimientos de su propia acumulación de capital, las necesidades de mano de obra de la acumulación foránea (española y europea) de capital.


Este rasgo de la sociedad andaluza sería un aspecto, entre otros1, de su función en la división regional del trabajo (DRT) español y europeo, específicamente su papel de suministradora de fuerza de trabajo. Así, Andalucía produce mano de obra para su acumulación de capital2, lo cual comprende tanto el necesario desempleo para su desarrollo capitalista como para las administraciones públicas que le corresponden. Y, además, la sociedad andaluza produce fuerza de trabajo para atender los requerimientos de la acumulación del capitalismo español y europeo.


Esta especialización en la oferta de fuerza de trabajo tiene que ver con otros fenómenos, señalados frecuentemente a la hora de caracterizar a la economía andaluza3. Expondremos tres, que servirían para desglosar, en otras tres subfunciones, esta función en la división regional del trabajo nacional en cuanto a la provisión de fuerza de trabajo . Se trata del crecimiento demográfico (subfunción de generación de personas); de la emigración (subfunción de exportación de mano de obra); y del paro masivo (subfunción de reserva de fuerza de trabajo).



2.5 El crecimiento de la población andaluza

Para que Andalucía suministre fuerza de trabajo a la acumulación española (y europea) de capital, primero ha de producir dicha fuerza de trabajo, lo cual pasa por el crecimiento, formación y mantenimiento4 de una población mayor de la que correspondería a sus necesidades endógenas, es decir si no hubiera de suministrar fuerza de trabajo a otras economías. Este sería el contenido de la subfunción de generación de la fuerza de trabajo.


Efectivamente, a lo largo del período 1971-2021, la población andaluza creció en 2,5 millones de personas, casi un 42 por ciento, mientras el crecimiento español fue de 13,4 millones (algo más de un 39%).


Variación relativa acumulada en tantos por ciento


Andalucía

España

Población

42,0

39,0

Población mayor de 16 años

73,5

56,6

Fuente: elaboración propia a partir de INE.


Es más el crecimiento demográfico se basó durante bastante tiempo en el crecimiento natural de la población, la diferencia entre natalidad y mortalidad, que en Andalucía ha venido siendo superior al español. Poniendo de manifiesto el específico modelo demográfico que corresponde a su lugar en la división regional del trabajo. Además, esto se lleva a cabo con la participación de buena parte de la sociedad andaluza, empezando por las familias (donde adquiere especial protagonismo la mujer como cuidadora del hogar y de los hijos5) y terminando por el sistema educativo, pasando por otras instituciones y organizaciones (comunidades vecinales, organizaciones de atención social y solidaridad, religiosas, entre otras), que hubieron de implicarse en esta tarea.



2.6 La emigración andaluza

Una vez generada la fuerza de trabajo, para que ésta preste su servicio en la acumulación foránea de capital es preciso que la mano de obra se traslada al lugar correspondiente, emigre. Echemos un vistazo a las cifras de la emigración en Andalucía.


Emigración andaluza por períodos


Sumatorio período

Promedio anual

Tasa de emigración

1962-1974

1.005.972

77.382


1975-1987

301.554

23.196

10,43

1988-2001

464.615

33.187

12,13

2002-2021

1.890.541

94.527

24,52

Fuente: elaboración propia.


La emigración es, a lo largo del período, un fenómeno persistente, se reduce o aumenta, pero no desaparece. Hasta un período como el comprendido entre la crisis de los setenta y la de los noventa en el que la emigración quedó bastante reducida, se mantiene un promedio del flujo anual de emigrantes andaluces que supera los 20 mil.



Alguien podría pensar que la emigración andaluza responde a una imagen del pasado, pero la tabla anterior nos indica que es un fenómeno actual. Durante el siglo XXI es muy intensa, superando en cuanto promedio anual a la emigración del siglo XX. No solo se trata de un cambio cuantitativo sino también cualitativo. En el período más reciente, todos los años, decenas de miles de andaluces siguen marchando a otras regiones a vender su fuerza de trabajo, pero ya no son aquellos trabajadores del agro expulsados por la mecanización; hoy se va, conforme a los requerimientos de la nueva acumulación de capital6, en mayor medida una mano de obra cualificada con formación universitaria, el obrero intelectual (o quizás la obrera).



En cuanto al origen temporal de la emigración y, por tanto del papel de Andalucía en la división regional del trabajo, podría creerse que se trata de un fenómeno que viene de lejos, con raíces históricas alejadas. Pero, no es así. La tabla de abajo expone los andaluces residentes fuera de Andalucía. En ella puede observarse que el fenómeno de la emigración masiva que acompaña a la subfunción de exportación de fuerza de trabajo que tiene encomendada Andalucía en la división regional del trabajo, se inicia después de 1940 y antes de 1970. Probablemente date del momento en que se pone en marcha la mecanización del campo andaluz y como consecuencia inmediata de los excedentes de mano de obra generados por ella.


Andaluces residentes fuera de Andalucía

Año

España (sin Ceuta y Melilla)

1920

142.601

1930

221.300

1940

286.039

1970

1.598.900

1975

1.838.627

1981

1.846.912

1986

1.759.184

1991

1.724.990

Fuente: Recaño Valverde, J. "La emigración andaluza en España". Boletín Económico de Andalucía, nº 24. Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo. Junta de Andalucía. 1998.



2.7 El paro crónico y masivo

La gráfica de abajo muestra a la tasa de desempleo andaluza y española, observándose que la primera está a lo largo de todo el período a un nivel superior, manteniendo una brecha positiva (promedio de 8 puntos). Esta brecha puede ser explicada, además de por otras singularidades andaluzas, por el particular papel que juega Andalucía en la división regional del trabajo en cuanto a la provisión de fuerza de trabajo.




Este paro corresponde a la subfunción de reserva de fuerza de trabajo, que está regulada por las entradas (subfunción de generación) y por las salidas (subfunción de exportación7). En la medida que la emigración se frena, se aglomera la población desempleada aumentando la tasa de paro. Esta situación plantea el problema del sostenimiento material de dicha sobrepoblación relativa.



2.8 La acumulación de capital y la división del trabajo


La sobreproducción de fuerza de trabajo, esto es la producción de fuerza de trabajo en Andalucía por encima de las necesidades endógenas de la región, desemboca en la sobreabundancia de fuerza de trabajo como pone de manifiesto el paro masivo.


Así, al tener fuerza de trabajo por encima de la necesidad solvente de los capitalistas, como con cualquier mercancía, la venta de la fuerza de trabajo tenderá a establecerse por debajo de su valor permitiendo a los capitalistas apropiarse una plusvalía extra8.


Pero, la venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor supone, en lo inmediato, una estrechez del mercado interno que impide un desarrollo normal al capital y, con el tiempo, el deterioro de la fuerza de trabajo poniendo en peligro la reproducción y acumulación fluidas del capital en Andalucía. Esto no solo debilita la acumulación de capital en Andalucía sino también su papel de cara a las acumulaciones foráneas de capital. Dado esto, llegado un punto, el propio estado favorecerá los mecanismos que reviertan esta situación y tiendan a establecer la venta de la fuerza de trabajo andaluza por su valor. El impulso definitivo a esta situación será la lucha de clases como veremos posteriormente9.


Nótese que esta desvalorización de la fuerza de trabajo junto con el efecto empobrecimiento de la emigración y la detracción de recursos que supone la generación de fuerza de trabajo y su mantenimiento, insisten en el descenso del nivel de vida de la mayoría de la población andaluza. Y apuntan en la misma dirección, la lucha de clases y el papel del estado (autonómico, nacional y europeo)10.





3. Andalucismo y lucha de clases


3.1 La sobreproducción de fuerza de trabajo y los recursos

El papel de Andalucía en la división regional del trabajo en relación a la oferta de fuerza de trabajo (hecho diferencial), tanto por la generación como por la reserva de la misma supone un gasto de recursos.

Efectivamente, la crianza y formación de la fuerza de trabajo requiere medios de vida y renta, que habrán de llegar a las familias, al sistema sanitario y al sistema educativo, principalmente. De igual forma, una vez producida la fuerza de trabajo, mientras encuentra empleo, también ha de ser mantenida exigiendo, por tanto, recursos para ello. Por su parte, la emigración libera, en lo inmediato, del gasto de mantenimiento de la población afectada, pero tiene un carácter empobrecedor en la medida que Andalucía prepara y gasta recursos en una fuerza de trabajo que rendirá en otras regiones.

El cumplimiento de la función asignada a Andalucía, cuyos beneficiarios son el capital español y europeo, supone un gasto de recursos que, en la medida en que no le son compensados suficientemente, le supone un empobrecimiento. El acumulativo a lo largo del tiempo de las compensaciones insuficientes o no realizadas, dará lugar a la deuda histórica. Así, ambos asuntos, la compensación por el hecho diferencial andaluz y la deuda histórica, se incorporarán a la agenda andalucista siendo objeto de pleito en la lucha de clases.



3.2 Andalucía: subsidio vs compensación

Durante mucho tiempo Andalucía ha sido tildada de sociedad subsidiada porque percibía una serie de transferencias de rentas. Discurso alimentado por las balanzas fiscales. Estadisticas BBV.


El análisis realizado hasta aquí, nos permite afirmar que dichas ayudas han sido, y son, en parte, la compensación a nuestra región por los recursos empleados empleados en el desempeño del papel que se le ha venido asignando en la división regional del trabajo español y europeo en relación a la provisión de fuerza de trabajo (hecho diferencial andaluz).


Porque de no producirse tal compensación, o ésta ser insuficiente, la consecuencia sería una reproducción atrofiada de la fuerza de trabajo vía empobrecimiento general de la clase obrera, dificultando la fluida valorización y acumulación del capital, dentro y fuera de Andalucía.



3.3 Compensación y acción estatal

Pero, dicha compensación oficial presupone el reconocimiento social, al menos tácitamente. La forma que expresa este reconocimiento social de manera más plena es la acción del representante político del capital en sus diversos ámbitos (europeo, nacional, autonómico, provincial y municipal).


Ese es el sentido que tienen las diversas transferencias autonómicas (sanidad, enseñanza, entre otros), prestaciones y subsidios11, en función de la población o de cualquier otra variable en términos per cápita, que así reconocen el papel de reservorio demográfico, específicamente de fuerza de trabajo, asignado a Andalucía.



3.4 Acción estatal y lucha de clases

Llegado un punto del desarrollo, bajo las condiciones que la división regional del trabajo impone a Andalucía en cuanto suministradora de fuerza de trabajo, el reconocimiento y la compensación del hecho diferencial andaluz, será la forma en que se exprese la necesidad del capital de una compraventa de la fuerza de trabajo andaluza por su valor.


La manera en que se impone esta necesidad del capital será la lucha de clases, en cuyas reivindicaciones andalucistas estarán implícitos el reconocimiento general y la obtención de compensaciones. Más aún, una vez que la dictadura franquista y la represión que la acompañan, dejan paso a formas políticas en las que las demandas sociales pueden ser expresadas abiertamente. De esta forma, el movimiento regionalista andaluz se extenderá y sus planteamientos, en mayor o menor grado, serán incorporados a la mayoría de agendas políticas y sociales.



3.5 Lucha de clases y andalucismo

Las manifestaciones multitudinarias, la incorporación de reivindicaciones andalucistas más o menos extremas a los programas políticos, las movilizaciones electorales, entre otras, son muestras de que la sociedad, con implicación decidida de la clase obrera, exigen el reconocimiento general que le permita, entre otras cosas, desempeñar el papel asignado en la división regional del trabajo sin el empobrecimiento y atraso en el que venía realizándolo, por tanto exigen mejoras de su situación (es la manera implícita de exigir compensaciones al hecho diferencial andaluz).


La movilización popular tiene su punto álgido en las manifestaciones multitudinarias del 4 de diciembre de 1977 en las distintas ciudades andaluzas, bajo la consigna de Libertad, Amnistía y Autonomía; posteriormente se pasará a un desarrollo legislativo e institucional (constitución de la Junta preautonómica en abril de 1978), que irá requiriendo el apoyo popular (referéndum autonómico el 28 de febrero de 1980) y finalmente las elecciones al parlamento andaluz de mayo de 1982, a partir de las cuales se constituirá el nuevo gobierno autonómico andaluz. Este “estado” andaluz, que representará políticamente al capital de la región, se desarrollará en un vínculo particular con el estado nacional.


Además, la clase obrera vinculará sus demandas laborales (empleo, salario) a las demandas sociales (educación, sanidad, prestaciones por desempleo) que la hagan salir, y con ella a la mayor parte de la sociedad, de la pobreza a la que parece estar condenada por una acumulación de capital que solo está dispuesta a reconocer su deuda a fuerza de serle exigida en la lucha de clases. Pero, pedir es admitir la “superioridad” del que tiene que dar. Por tanto, se parte de reconocer y aceptar la jerarquía nacional y europea, después.


En este proceso, una de las cuestiones que se plantean es por qué el sentimiento andalucista, cultivado bajo la represión franquista y que luego florecerá súbitamente en la transición, no adoptó, ni llegará a adoptar posteriormente, formas extremas como el soberanismo conformándose con un regionalismo centralista, que no discute la soberanía española, como el autonomismo. Entendemos que el planteamiento desarrollado más arriba puede responder de manera materialista.


Este papel desarrollado por Andalucía en la división regional del trabajo en relación al suministro de fuerza de trabajo (hecho diferencial) es pensado como una especificidad, un sentimiento andalucista. Pero, como ese hecho diferencial para sostenerse en el tiempo, sin afectar a la acumulación de capital, necesita una compensación (y previo reconocimiento, aunque sea implícito), este andalucismo no puede ser rupturista respecto del estado español (o europeo) sino todo lo contrario: ha de reconocer a ambas instancias y plegarse ante ellas, tiene que ser un regionalismo autonomista y no soberanista.


Es más, mientras se mantengan estas condiciones, el desarrollo capitalista andaluz habrá de revestirse políticamente de la forma autonómica referenciada en el estado español y europeo, que son los que le otorgan el reconocimiento general necesario para transferirle las compensaciones que su papel en la división regional del trabajo exige; y cualquier proyecto político que pretenda un apoyo social amplio en Andalucía deberá tenerlo en cuenta.


Otro debate, quizás más ideológico, es el de la consideración de Andalucía como región subsidiada. Esta posición resulta de una mirada parcial, que solo atiende a las compensaciones sin ver su vinculación al papel de Andalucía en su función de suministradora de fuerza de trabajo al capitalismo español y europeo. Es más, no solo no se vinculan las compensaciones a la función específica de Andalucía, sino que ni si quiera se explicita esta función, dando la apariencia de una voluntad política abstracta del centralismo, o una generosidad de la solidaridad territorial. A lo más se habla de “hecho diferencial” sin más.


La explicitación del mencionado hecho diferencial, el suministro de fuerza de trabajo para la acumulación foránea de capital, al que hay que vincular las adecuadas compensaciones; así como la reivindicación de la deuda histórica que surge de la evolución de este hecho diferencial no compensado, son demandas pendientes.


Además, muchas de las formas del salario indirecto, que han venido constituyendo la compensación de Andalucía por su hecho diferencial, como la sanidad y la educación públicas, están siendo cuestionadas; queda por ver -si se desmantela la provisión pública de estos bienes- cómo se hará para establecer las compensaciones al hecho diferencial que permitan la normal reproducción de la fuerza de trabajo.



4. Conclusión


Hemos partido del análisis del mercado laboral andaluz en el período 1977-2022, para concluir en el específico papel que tiene Andalucía en la división regional del trabajo en cuanto suministradora de fuerza de trabajo (hecho diferencial andaluz) al capitalismo español y europeo. Este papel se ha venido manifestando a través de una población, una emigración y un paro masivos.

Ahora bien, el desarrollo fluido de la acumulación de capital en Andalucía tiene como condición que este hecho diferencial tenga una compensación adecuada, la que permite la reproducción de la fuerza de trabajo al nivel de su valor. Bajo las condiciones de la dictadura franquista dicha compensación fue insuficiente como muestran la pobreza y el atraso andaluces. La represión franquista no permitió la expresión del sentimiento andaluz que se origina por el deseo de unos niveles de vida que permitan una vida digna, o sea una reproducción normal de la fuerza de trabajo. Este sentimiento andaluz encontraría su expresión ideológica y política en el andalucismo, arraigado en la clase obrera andaluza y que explosionaría en la transición democrática.


El andalucismo quedaría incorporado a la lucha de clases, como canalización de las demandas de reconocimiento del hecho diferencial y de las compensaciones que le corresponden, en su mayor parte como salario indirecto (educación, sanidad, prestaciones por desempleo, subsidios por desempleo, entre otros). El proceso político implicará la movilización popular y la acción del estado, siendo uno de sus principales resultado la constitución de la representación política del capital autóctono, la autonomía andaluza. El gobierno andaluz habrá de gestionar las diversas formas de la compensación, transferencias nacionales y, posteriormente, fondos europeos, siempre como cristalización de la lucha de clases. Esta vinculación con las instancias estatales, explica el carácter centralista de la autonomía andaluza, y del andalucismo de esta etapa. Algunos asuntos quedan pendientes, el reconocimiento explícito del hecho diferencial, la deuda histórica generada por la falta de una suficiente compensación durante muchos años atrás o el cuestionamiento de las formas publicas del salario indirecto (sanidad, educación). Estos junto a otros temas constituyen la agenda del andalucismo que debe acompañar las demandas de la clase obrera.


Hoy como ayer, el andalucismo reivindicativo requiere la movilización de la clase obrera andaluza para la consecución de sus aspiraciones a una vida mejor, empezando por la reproducción de la fuerza de trabajo al nivel de su valor, pues no otra que la lucha de clases es la forma del avance social en el capitalismo.


NOTAS

1Andalucía, además, estaría especializada en la producción agrícola, turística, entre otras.

2Incluyo al capital privado y al público, por tanto al empleo creado por las empresas privadas y por las administraciones públicas.

3Mencionamos algunos: modelo demográfico, tipo de familia, productividad inferior a la nacional, salarios inferiores a los nacionales, menor desarrollo tecnológico, entre otros.

4Este es uno de los aspectos que hacen que Anda lucia muestre un elevado dinamismo en las actividades económicas relacionadas con los medios de vida: alimentación, servicios públicos, construcción.

5Esto explicaría que la tasa femenina de actividad sea inferior en Andalucía que en España. Otra cosa sería ver por qué no se ha producido un reconocimiento social a la mujer andaluza por el desempeño de este papel de cuidadora tan necesario para llevar a cabo la función andaluza en la DRT de suministradora de fuerza de trabajo.

6Mientras la emigración de los sesenta y setenta responde al modelo fordista de acumulación que demanda una fuerza de trabajo relativamente simple y poco formada, la nueva emigración responde a las necesidades de fuerza de trabajo compleja y más formada que demanda la acumulación de capital propia de la automatización y la digitalización.

7Será interesante ver, cómo responde cada fubfunción a cada momento del ciclo económico (auge o crisis) según las características del momento, por ejemplo la recepción en el destino de la emigración.

8Esta plusvalía extra proviene de vender sus mercancías por su valor y comprar la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Quizás este sea uno de los motivos del mayor ritmo de creación de empleo, en relación a España.

9Al respecto, Karl Marx en el capítulo 8, sobre la jornada laboral, del primer libro de su magna obra El capital, expone como la regulación de la jornada es el resultado de la acción estatal a partir de la lucha de clases, que encuentra su determinación más simple en la necesidad del capital. Hemos tratado de adoptar la misma idea.

10Estos planteamientos son acreedores de las investigaciones del profesor Iñigo Carrera del CEICP.

11El subsidio agrario tiene una especificidad mayor: es la forma de compensar a la fuerza de trabajo por mantenerse disponible, sin abandonar el ámbito rural, para las variables necesidades de la acumulación del capital agrario.

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