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jueves, 11 de septiembre de 2025

La circulación de la plusvalía y el enigma del dinero

 (a todos los que afrontan críticamente la lectura de El Capital)

La producción capitalista, a nivel social, se inicia con un capital de 150 millones de unidades monetarias, digamos, y termina, tras la producción de plusvalor, con 210. ¿De donde sale la demanda efectiva para que circule más valor del que se inyectó en principio? Aclaremos, no se trata del origen del plusvalor, que ya sabemos es la explotación de la fuerza de trabajo, sino de cómo se convierte en dinero.

Este asunto, en apariencia inocente, hizo correr ríos de tinta en la historia del marxismo. Primero, por las sospechas de error en Marx, que lo abordó en la sección sobre la rotación del capital del libro II de El Capital donde investiga la circulación del capital. Después, porque según la solución se derivan conclusiones teóricas y políticas distintas. Un ejemplo, fue el planteamiento de la insigne revolucionaria Rosa Luxemburg que basándose en esto afirma la imposibilidad del desarrollo capitalista sin el recurso a modos de producción distintos.


Planteamiento del problema

Un apunte metodológico previo, en este asunto, como en buena parte del libro II, Marx aparca la dialéctica y echa mano del razonamiento lógico porque se trata de cálculos algebraicos. No obstante, en las conclusiones, indicaremos su significado dialéctico.

Nuestro autor se propone explicar la circulación del capital total de la sociedad sin recurrir a lo que denomina subterfugios, elementos exteriores a la inmediata producción capitalista, caso de la velocidad del dinero, el sistema de crédito u otros modos de producción.

De modo que, refiriéndose al capital social total, por tanto el protagonismo es de las clases sociales, y respetando la ley del valor (cada mercancía se vende por su valor), distingue dos escenarios: el de la reproducción simple (no hay capitalización de la plusvalía) y la reproducción ampliada en la que los capitalistas invierten parte de la plusvalía en cada período. 

Hemos adoptado un ejemplo numérico simple a costa de no ser espectaculares en los resultados: el tiempo de producción es el año, la compraventa inmediata (tiempo de circulación nulo), por tanto la rotación es anual. 


Reproducción simple

En este caso la escala de la producción se mantiene y toda la plusvalía se destina al consumo individual de la clase capitalista. 

En el punto de partida, al inicio del periodo, la situación o distribución entre las clases es la siguiente: la clase capitalista tiene dinero, medios de producción y medios de vida; la clase obrera tiene fuerza de trabajo.

A renglón seguido la clase capitalista adquiere los elementos de la producción: compra la fuerza de trabajo a la clase obrera por un monto, el salario (pongamos 50); se compra, entre la propia clase capitalista, los medios de producción por un importe de 100. Enseguida se inicia la producción que termina con mercancías por un valor de 210, o sea 60 más que las iniciales, la plusvalía. La pregunta: si la clase capitalista solo volcó capital dinerario por 150 a la circulación cómo puede recoger 210.

La solución que da Marx es que el dinero necesario para que circule la plusvalía (60) ya está en manos de los capitalistas bajo la forma de un fondo de consumo: un ahorro que los capitalistas destinan a su gasto personal. Este fondo de consumo será repuesto cuando se venda la producción con la plusvalía, de modo que funciona como un anticipo de la plusvalía futura.

Así, tras la producción por (100+50+60=210) contaría para su realización con el dinero correspondiente al capital adelantado (150) y al fondo de consumo capitalista (60). La situación volvería a ser la inicial; o sea, la clase capitalista tiene dinero (210), medios de producción (100) y medios de vida (110), mientras la clase trabajadora dispondría de su fuerza de trabajo. Este sería el punto de partida del nuevo proceso social de producción capitalista.

Ahora bien, nada garantiza, y menos aún en la sociedad de los productores privados e independientes que es la capitalista, que el consumo capitalista sea repuesto por la plusvalía. Así, se abriría una discusión en la que Marx se adentra poco, y que dejamos apuntada para desarrollos futuros. 


Reproducción ampliada

En el caso de que los capitalistas utilizan el plusvalor, además de para su consumo personal, para ampliar la escala de la producción adquiriendo más medios de producción y contratando más fuerza de trabajo, la situación se complica un poco.

Partimos del mismo ejemplo de arriba. De nuevo el problema es si la clase capitalista vuelca a la circulación el adelanto del capital productivo (150, por ejemplo, en medios de producción y salarios), de dónde sale el dinero adicional para realizar la nueva producción mercantil por 210. Pero, esta vez teniendo en cuenta que la plusvalía (60) se descompone en consumo capitalista (30) y acumulación de capital (30) y, por tanto, la realización del plusvalor ha de tener presente que la forma material de ambos es distinta: medios de vida para capitalistas (30), el primero, y nuevos medios de producción (20) más medios de vida para los nuevos obreros (10), el segundo.

Otra vez el problema está en la circulación de la plusvalía, pues la circulación del producto (100 en medios de producción y 50 en medios de vida para obreros) que repone el valor de capital (150) no tiene problema al ser volcado por la clase capitalista al inicio.

En cuanto a la circulación del plusproducto (medios de vida para capitalistas) que corresponde al consumo capitalista (30) tiene la misma solución que en la reproducción simple: fondo de consumo capitalista que anticipa una parte de la plusvalía. Pero, qué ocurre con la circulación del plusproducto compuesta por los elementos de la acumulación (20 de medios de producción y 10 de medios de vida para obreros).

De nuevo el dinero necesario para realizar esa parte del plusproducto ya está en manos de la clase capitalista, sería un fondo de acumulación que los capitalistas gastarán en los nuevos medios de producción (20) y la nueva fuerza de trabajo (10) cuando decidan ampliar la producción, anticipando la plusvalía a capitalizar (30).

El problema se plantea a partir del segundo período. El modelo no explica de manera endógena el origen de los fondos, más allá del insuficiente fondo de consumo inicial, que permiten la realización del plusvalor. Marx admitirá el recurso a los subterfugios: señala la constitución de capital dinerario latente (depósitos, títulos, activos reales ociosos) y destacará el desarrollo del sistema de crédito como indispensable para la expansión capitalista, al punto que le atribuye la potencia de desarrollar las fuerzas productivas, pero aclarando que sin mistificaciones al respecto. Esto abre una linea de desarrollo que toca los problemas de realización, e incluso las crisis, que preferimos dejar para más adelante.


Conclusión

La apariencia es que la clase capitalista acumula capital productivo, o sea compra medios de producción y contrata fuerza de trabajo adicionales, tras vender la producción. Pero, no tiene por qué. La clase capitalista gasta y acumula a medida que produce, porque dispone de un colchón monetario que garantizan la continuidad de la producción y la realización de todo el valor producido. 

De modo general, o sea teniendo en cuenta la rotación y, por tanto los adelantos, se podría formular la siguiente ley. La circulación del producto social bajo las condiciones de la reproducción, simple o ampliada, del capital, presupone una cantidad de dinero en manos de los capitalistas que se calcularía sumando: capital adelantado (la lógica y el álgebra de Marx), por un lado y, por el otro, la constitución del fondo de consumo capitalista y la del fondo de acumulación, teniendo en cuenta que la suma de ambos fondos anticiparían el plusvalor futuro. 

Esta conclusión de la disponibilidad previa del dinero necesario para realizar el plusvalor, mirando el desarrollo histórico, recuerda el papel del suministro de metales preciosos provenientes de América y, por tanto, los “viajes” de Colón y el resto de “descubridores”, en el despegue capitalista de Europa.

Más allá de las circunstancias históricas, la realidad plasmó diversas formas en que el capital ha ido superando esta limitación de dinero, en la versión metales preciosos, recurriendo a los subterfugios: sistema de crédito, la compraventa a plazos, el dinero fiduciario, la velocidad del dinero, las sociedades externas de las que habla Luxemburg, o el crédito que el obrero abre al capital cobrando después de trabajar, entre otros. Marx los conocía pero pretendía explicar el capital por sí, como automovimiento, y a mi juicio lo consiguió. Mostró algo más, que estos factores no explican al capital sino que es el capital el que los explica a ellos.

Por último, el análisis lógico-algebraico de Marx, que ocupa buena parte del libro II, cumple una función en el despliegue dialéctico de su investigación sobre el capital: avanzar en la consideración del capital social como el sujeto concreto de la producción social. Para ello, establece una (faltan otras) condición cuantitativa, la ley, por la que los capitales individuales, autónomos y fraccionales, se subsumen en el capital social, cual órganos de la unidad superior, que dijera Marx hace más de 150 años y que tanto nos cuesta digerir hoy.


miércoles, 4 de diciembre de 2024

Valor, dinero y precio (I). Presentación

Pretendemos abordar el problema de los precios en las sociedades capitalistas actuales, concretamente en la española.

Quizás, antes, estaría bien justificarlo.

Una simple atención a los medios de comunicación nos puede valer. Hace poco la aceleración de la inflación, del incremento generalizado de precios, era una de las primeras noticias; también, de vez en cuando, determinados bienes ocupan portadas por su carestía, caso de la gasolina o el diésel; incluso nos hacen mirar a los precios en el mercado mundial y nos señalan la evolución de lo que cuesta el petróleo. Es más, la intervención gubernamental sobre los precios de determinadas mercancías es frecuente sobre todo si tiene finalidad recaudatoria, caso del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). En determinadas circunstancias, por ejemplo durante la pandemia de la Covid, el gobierno modificó el IVA de algunos productos, afectando a su precio e incluso limitó el precio de algunos producto, como las mascarillas. Recientemente, ante la subida del coste de la vivienda o su alquiler, se demanda la regulación del precio. O al contrario, otros piensan que ninguna intervención sobre los precios trae nada bueno. Además, nos encontramos con la revisión de rentas (salarios, pensiones u otras) según el Índice general de Precios al Consumo (IPC). Como se ve el precio forma parte del debate económico y político.

Y es que, como señala el profesor Juan Iñigo Carrera1, la acción política remite al problema del precio y del valor. Merece la pena recoger a grandes rasgos su despliegue.

En el ámbito de la acción política, o sea de la transformación de la realidad social en el modo de producción capitalista, nos surge la cuestión de qué hacer, o sea qué forma ha de adoptar nuestra acción política. Si pretendemos que sea una acción que conozca su necesidad (consciente), hemos de preguntarnos por dicha necesidad. Pero, incluso antes, hemos de plantearnos qué es una acción política. Esto nos remite a la relación entre grupos de personas con intereses contrapuestos (clases sociales). Y ¿a qué intereses nos referimos? En las sociedades actuales los principales intereses son los intereses que se establecen entre la clase obrera y la clase capitalista.

Pero, ¿qué necesidad determina a estas dos clases sociales? El distinto modo en que participan del nuevo producto social, o sea el salario y la ganancia. ¿Qué son el salario y la ganancia? Los ingresos que surgen del capital. ¿Qué es el capital? Una suma de dinero que se pone en movimiento para obtener más dinero. ¿Qué es el dinero? Algo que se utiliza en el mercado para mediar en las compras y las ventas. ¿Qué es el mercado? El lugar donde se cambian las mercancías. ¿Qué es una mercancía? Un objeto con capacidad de cambiarse, un valor de cambio. ¿Por qué puede cambiarse ese objeto? ¿De dónde le viene esa capacidad para cambiarse?

De esta forma, partiendo de la acción política de los individuos, hemos llegado a las cuestiones fundacionales de la economía y de la crítica de la economía política. Hemos aterrizado en el análisis de la mercancía y específicamente del valor (el atributo de cambiabilidad de las mercancías) y de éste al valor de cambio, al dinero y al precio, de ahí el título del presente escrito.

Por ello, empezaremos presentando la explicación del valor que hace la teoría economía actualmente dominante, la neoclásica, y posteriormente la clásica. Después, expondremos la crítica de la economía clásica que emprendió Karl Marx y añadiremos la crítica de la economía neoclásica que otros autores han realizado.

Ahora bien, por qué la crítica; qué necesidad tiene la crítica de la economía política iniciada por Marx. Esta cuestión será abordada en las próximas entregas.

De momento, bástenos remarcar que la comprensión de la realidad capitalista es necesaria para intervenir con conocimiento de causa sobre esta realidad, o sea el conocimiento es necesario para la acción política. Y este conocimiento empieza por saber qué son el precio, el dinero y el valor. En la próxima entrada veremos qué explicación hace la teoría económica actualmente dominante.

1 Conocer el capital hoy. Usar críticamente El Capital. Editorial Imago Mundi, 2021. Más información en la página del CICP, https://cicpint.org/es/inigo-carrera-juan-2021-conocer-el-capital-hoy-usar-criticamente-el-capital-imago-mundi/

lunes, 28 de octubre de 2024

El salario y la ideología de la economía

La forma concreta salario es un ejemplo del carácter acentuadamente ideológico que han venido tomando tanto el conocimiento económico (la teoría económica) como la práctica económica.

Dividiré esta colaboración en dos partes. En la primera, recordaremos la crítica de Karl Marx a la teoría sobre el salario de la economía política clásica (sección VI del libro I de El Capital). En la segunda, basándonos en los desarrollos del profesor Juan Iñigo Carrera1, mostraremos el objetivo ideológico que preside el comportamiento de una de las instituciones más “técnicas” del estado capitalista, el banco central.

Cuando Marx investiga la valorización del capital presenta, como punto de partida, la compraventa de la fuerza de trabajo, la relación entre el capitalista que entrega dinero (salario) a cambio de la capacidad de trabajo del obrero.

Hago un paréntesis aclaratorio. Allí, en la sección IV, nuestro autor nos dice que el salario es la forma fenoménica del valor de la fuerza de trabajo. Recordemos que el valor, el trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente, aparece necesariamente bajo la forma valor de cambio. El valor de cambio de una mercancía, o sea la cantidad de otra mercancía por la que se cambia, en dinero es el precio. En nuestro caso, el salario (el precio de la fuerza de trabajo) es la forma en que se expresa el valor de la fuerza de trabajo. Esto ya lo sabíamos, lo que Marx se propone investigar es por qué en la realidad económica el salario, que es una forma del valor de la fuerza de trabajo como hemos visto mas arriba, se transmuta, o sea aparece como otra forma, en este caso el precio del trabajo.

Esta compraventa de la mercancía fuerza de trabajo, que es el contenido oculto, aparece en la superficie de la realidad económica como una compraventa de trabajo; la fuerza de trabajo, la mercancía comprada por el capitalista (y vendida por el obrero), aparece como trabajo; y, el salario, el dinero que paga el capitalista (y que cobra el obrero), aparece como precio del trabajo. Así, el precio del trabajo (forma) es la expresión del precio de la fuerza de trabajo o salario (contenido).

Así, Marx señala el carácter irracional de las expresiones “valor del trabajo” y “precio del trabajo”: primero, porque el trabajo no es una mercancía sino una acción, la puesta en funcionamiento de la fuerza de trabajo; segundo, porque el trabajo no se puede vender antes de realizarse; tercero, porque el trabajo, que se realiza bajo las órdenes del capitalista y en sus instalaciones, no pertenece al obrero sino al capitalista; y, cuarto, porque el trabajo crea valor pero no tiene valor.

No obstante, estas expresiones no son una invención arbitraria sino que surgen de la experiencia cotidiana, de las relaciones sociales tal y como se les presentan a las personas, y que la economía política las toma acríticamente, nos dirá nuestro autor.

Marx expresará que para descubrir el contenido tras la forma salario se requiere la investigación científica2, que busca la esencia (contenido) tras la apariencia (forma); pero, particularmente en este caso, se requiere una ciencia que no se detenga ante la crítica al capitalismo y no se subordine a su justificación. Pondrá el ejemplo de Adam Smith, padre de la ciencia económica y uno de los representantes de la economía política clásica, que planteó al trabajo como fundamento del valor. Pero, cuando llegó a su teoría de la distribución se detuvo porque esto implicaba que el trabajador debía ser el destinatario de la mayor parte del valor de la mercancía poniendo en peligro la justificación de la parte del capitalista (beneficio). Siendo así la cosa que termina planteando que el valor es la suma del salario, el beneficio y la renta de la tierra, dando de lado a su primera teoría laboral del valor.

Insisto, el planteamiento de Smith sigue vigente, adornado de un aparato matemático que pretende imprimirle carácter objetivo, en las modernas teorías sobre la distribución, particularmente sobre el salario.

Como ejemplo de teoría económica convencional sobre el salario no nos resistimos a presentar brevemente la versión neoclásica mayoritaria en las universidades y ganadora de la mayor parte de los nobeles de economía.

El obrero es, para la teoría neoclásica, un individuo que persigue la máxima utilidad (placer, felicidad). Dicha utilidad depende de dos cuestiones: tiempo de ocio que le reporta placer, e ingresos por salario resultado de trabajar (el trabajo quita placer pero genera ingresos para adquirir medios de consumo). Además, en un día el tiempo de placer y el tiempo de trabajo suman 24 horas.

De esta manera, la elección entre tiempo de placer y tiempo de trabajo que ha de realizar el obrero para fijar su jornada y llevarse un salario, adopta la forma de un problema matemático de maximización de la utilidad sujeto a restricción (el salario a ingresar es igual al salario por hora por la jornada). La solución es que nuestro obrero trabaja hasta que el salario real por hora iguale las tasas marginales de sustitución de ocio por salario. A ver si me explico: el obrero empieza a trabajar porque el ingreso que obtiene supera la perdida de utilidad que le supone el menor tiempo de ocio, hasta que llega un momento de la jornada laboral en que el obrero considera que el salario por hora que le dan ya no compensa la perdida de utilidad por el ocio sacrificado. En ese momento, como el obrero es libre para decidir cuanto tiempo trabaja, le dice al capitalista que hasta mañana.

Este es el fundamento de la oferta individual de trabajo que cuando se suman todos los obreros nos da la oferta de trabajo. Esta oferta de trabajo junto a la demanda de trabajo que hace la clase capitalista permitirá calcular el salario y el empleo en el conjunto de la economía.

La forma salario no solo oculta su contenido (el valor de la fuerza de trabajo), sino que al aparecer como el precio del trabajo genera la ilusión de que el capitalista paga al obrero todo el trabajo que éste realiza para el primero, por tanto oculta que una parte del trabajo realizado por el obrero no le es pagado, el plustrabajo, de donde sale la plusvalía. Por tanto, la forma precio del trabajo oculta la explotación capitalista.

Esta ocultación de la explotación capitalista imprime el carácter ideológico a la conciencia que se deriva de la forma precio del trabajo; sea esta conciencia resultado espontaneo de la experiencia cotidiana, sea el resultado de una elaboración mental sobre aquella experiencia por mucho disfraz matemático, estadístico o econométrico del que se recubra.

El interés ideológico prevalece sobre el carácter objetivo en la teoría económica porque no somete a crítica al modo de producción capitalista. A la vista de esto, se entiende la necesidad de la crítica de la economía política, por dos razones: por compromiso con la verdad, y para que la clase obrera adquiera una conciencia objetiva alejada de la mera apariencia como paso previo al ejercicio de su misión histórica.

También le cabe la duda a uno de qué otras ramas del saber necesitan de una critica tal para que dejen de justificar el capitalismo y sirvan para explicar la realidad. En la segunda parte veremos que también la gestión práctica, sobre todo de las instituciones estatales, tienen muy en cuenta los objetivos ideológicos.



El salario y la ideología económica (y II)

En la primera parte veíamos, apoyándonos en Karl Marx, cómo las teorías del salario de la moderna economía tienen más de ideología que de ciencia. En esta parte, gracias a los desarrollos de Juan Iñigo Carrera sobre la base de Marx, mostraremos que la práctica de control monetario de los bancos centrales también tiene como una de sus finalidades la ocultación de la explotación capitalista y el apaciguamiento del conflicto laboral.

Marx expone que la fuerza de trabajo, la mercancía que el obrero vende al capitalista, tiene su valor determinado por la cesta de medios de vida que consume la familia del obrero. También demuestra que el capitalismo se caracteriza por el incesante desarrollo de las fuerzas productivas, una de cuyas expresiones es el crecimiento de la productividad. Así mismo, que el crecimiento de la productividad reduce el valor de las mercancías. Particularmente, el aumento de la productividad de la cesta de mercancías que determina el valor de la fuerza de trabajo provocará la reducción de éste. Y con ello, manteniendo la jornada, aumentará el plusvalor.

Esto lo ejemplifica Juan Iñigo introduciendo además el dinero, bajo su forma de signo de valor. Es decir, el papel moneda que emite el banco central, que no tiene valor pero lo representa (Marx dixit). Así los precios serían las expresiones monetarias de los valores de las mercancías. El valor que representa cada unidad monetaria dependerá, dada la masa de valor necesaria para la circulación de las mercancías, de la cantidad de billetes o monedas (oferta monetaria). De tal manera que la duplicación de la cantidad de dinero reduce a la mitad el valor que representa la unidad monetaria. Veamos un ejemplo para ilustrar lo que ocurre.

Tengamos una cesta de medios de vida cuyo valor es de 4 horas. En la medida que responde al consumo diario de la familia obrera, determina el valor diario de la fuerza de trabajo (4 horas).

Como la jornada de la obrera es de 8 horas, el plusvalor que se apropia el capitalista serán 4 horas (8 menos 4). Para expresar en unidades monetarias tenemos que la unidad monetaria representa un valor de 3 minutos, por tanto 20 euros representan el valor de 1 hora de trabajo. Por tanto, el valor diario de la fuerza de trabajo se expresará monetariamente como 80 euros y la plusvalía otros 80.

Si la productividad del trabajo se duplica. Tendremos que la misma cantidad de bienes se producen en la mitad de tiempo. En el caso que nos trae, la cesta diaria de bienes de consumo de la familia obrera reduciría su valor desde 4 hasta 2 horas; y con la cesta el valor de la fuerza de trabajo pasa a ser 2 horas. Como la jornada continua siendo de 8 horas, el plusvalor será 6 horas. Al no modificarse la cantidad de dinero, las expresiones monetarias respectivas, del valor de la fuerza de trabajo y del plusvalor, serán: 40 euros y 120 euros.

Detengámonos aquí. El crecimiento de la productividad ha provocado una bajada del salario nominal, de 80 a 40 euros, sin que se modifique la cesta de bienes que consume la familia obrera (salario real). La plusvalía por su parte ha pasado de 80 a 120 euros. Pero, para que se dé esta bajada del salario nominal, y el consecuente aumento de la plusvalía, el capitalista ha de llamar al obrero y notificarle la mencionada reducción salarial. Ni que decir que al obrero no le va a hacer ni chispa de gracia y protestará.

Cada vez que el capitalista introduzca una innovación tecnológica que reduzca el valor de los medios de vida que determinan el valor de la fuerza de trabajo, para hacer efectivo el aumento de beneficios el capitalista, habrá de llamar a capítulo a los obreros para reducirles el salario. Abriéndose otro período conflictivo.

Pero, el capital ha encontrado la manera de esquivar esta amenaza a la estabilidad del modo de producción capitalista: la inflación moderada o rampante resultado de la constante emisión de moneda por encima de los crecimientos de productividad.

Veamos el mismo movimiento, pero además de duplicarse la productividad tenemos que el banco emisor cuadruplica la oferta monetaria.

Por un lado, el doble de productividad reduce el valor de los medios de vida a la mitad, por tanto desciende el valor de la fuerza de trabajo a 2 horas y el plusvalor a 6 horas, como ya veíamos.

Miremos cómo se expresan monetariamente ambas categorías teniendo en cuenta que la cantidad de dinero se cuadruplica. Esto último significa que cada euro de antes se representa ahora por una cuarta parte. Así antes 20 euros representaban el valor de una hora de trabajo, ahora se requieren 80 euros. El salario ascenderá a 160 euros (2 horas por 80 euros la hora) y la plusvalía 480 euros.

En este caso, aumento de productividad y de oferta monetaria, el salario nominal pasa de 80 a 160 mientras la plusvalía pasa de 80 a 480 euros. Ahora el capitalista no tiene tanto interés en llamar al obrero para actualizar el salario. Pero, para los trabajadores es vital porque si no la pérdida de poder adquisitivo y con ello el propio salario real está garantizado.

Este planteo tiene diversos aspectos en los que no nos detenemos para no alargarnos (papel de las organizaciones de solidaridad de la clase obrera, negociación colectiva, protección legal e institucional de los mismos, entre otros).

No solo la teoría salarial, también la práctica de la política económica, el control de la política monetaria, sirven para ocultar la explotación capitalista y para apaciguar la lucha de clases, o sea defender el orden capitalista. Q.E.D.

1Taller sobre El Capital organizado por el CICP, http://cicpint.org/es

2Para una introducción sobre el método, ver mi blog criticonomia en https://criticonomia.blogspot.com

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...