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sábado, 6 de diciembre de 2025

Muchas ciencias para una sola realidad

A Juan Iñigo Carrera quien tanto me ayuda a conocer

Un artículo reciente de Giovanni Biuso (1), un filósofo que dialoga con la física, reflexiona amargamente sobre la teoría de cuerdas. En la que se confía para unificar la teoría de la relatividad y la física cuántica. El sueño de Einstein de una teoría unificadora, y de tantos otros científicos que se preguntan: si la realidad es una, cómo tenemos cientos de ciencias.

Bien, Giovanni plantea que todavía no sabemos si la materia es partícula (electrones, protones, etc), onda, o una cuerdita vibratoria como defiende la teoría de cuerdas. Su forma más simple -las hay más complejas- nos hablaría de nueve dimensiones (es decir, agreguen cinco más a las tradicionales alto, ancho, fondo y tiempo); pero, no pregunten qué significan esas cinco más. Ni falta que hace; no lo saben ni los que la elaboran. Eso sí, matemáticamente, da unas ecuaciones cuyas soluciones permitirían conciliar las contradicciones que hay entre la física de partículas y la física de cuantos, supuestamente. Habrán observado que este “avance” científico es a costa de perder contacto con la realidad: nos hemos metido en una vorágine teórica cada vez menos fundamentada realmente. Lo cual impone una pregunta: por qué. Qué necesidad tiene el saber teórico de separarse de su objeto, la realidad.

Acostumbrados como nos tienen a varias teorías para explicar un solo fenómeno, puede no llamarnos la atención. Por ejemplo, la inflación tiene casi una decena de teorías que la “explican” (productividad, costes, dinero, expectativas, ...). Y rellenamos miles de manuales, convencemos a millones de mentes pensantes, dando por normal disponer de un menú de teorías para dar cuenta de un fenómeno real.

Me van a permitir que discrepe: si la física unas veces ve la materia como cuerpo, otras como onda y otras como cuerdita; o, si la economía amontona teorías sobre la inflación; más que un exponente de diversidad, me parece una falta de claridad sobre el objeto de estudio, en un caso la materia y en el otro el precio.

Y no solo la fisica o la economía, me atrevería a decir que esta incapacidad para dar cuenta del propio objeto atraviesa a otras muchas otras disciplinas científicas (sociología, política, psicología, e incluso la historia). ¿Qué está ocurriendo?

Tenemos una realidad en la que vemos varios fenómenos: a, b, c y d, etcétera. Incluso podemos establecer una relación entre ellos, a se transforma en b, b en c, c en d, y así con todos. Lo cual nos permitiría reproducir idealmente que a produce b, b origina a c, c lo hace con d, … Esto nos animaría a actuar en la realidad sabiendo que si alteramos a, al final tendremos un cambio en d, mediado por cambios en b y c, pongamos por caso. Aún más, se podrían establecer relaciones cuantitativas del tipo si reduzco a la mitad el fenómeno a, obtendré el doble del fenómeno d, con sus mediaciones cuantitativas respectivas en b y c.

Qué es lo que hace la ciencia moderna, la ciencia teórica. Lo primero es recortar la realidad: dice a, b, c, d, son fenómenos separados, autónomos, de modo que a es a, b es b, etcétera. Como cada fenómeno es distinto cada uno se estudia por un saber  A, B, C, D, respectivamente. Cada ciencia estudia su trozo de realidad, y no admite intromisiones. 

Cuando investigamos el fenómeno d desde la ciencia D, se prescinde de c, b y a, porque pertenecen a otras disciplinas. El resultado es que perdemos la cadena de relaciones reales que hace que d sea lo que es.

Abandonemos el abecedario y vayamos a lo que acontece. Digamos que a es la materia, b es la vida, c es la sociedad y d es el hombre. Y las ciencias encargadas de estudiarlos la física, la biología, la sociología y la psicología, respectivamente, por poner.

Si al investigar el hombre a través de la Psicología nos abstraemos de la sociedad, la vida, y la materia, se me ocurren, dos cosas.

Primero, qué tipo de hombre es el que estudia la Psicología; un hombre al margen de la sociedad en la que vive, de la naturaleza que lo ampara y de la materia que lo constituye. Claramente, será un objeto de estudio abstraído de sus determinaciones fundamentales, que solo puede ser una representación ideal alejada del hombre real. Muchos se apresuraron a proclamar el fin (de la historia, de la ideología, de la clase obrera, del trabajo), pero ellos no saben ni por donde empezar.

Después, para mirar la actuación del hombre introducirán, las diversas teorías (porque no es malo tener muchas), sus definiciones, supuestos e hipótesis, que aún alejarán más a ese concepto de hombre del humano real. 

En resumen, esta manera de recortar la realidad y aislar cada tramo en su disciplina no solo mutila el objeto de estudio sino que vuelve impotente a la teoría a la hora de explicarse los fenómenos humanos concretos, como el sacrificio de la salud por el negocio, el acoso estudiantil o los suicidios de jóvenes, por no hablar de la violencia doméstica o la corrupción, etc.

Me disculpen los psicólogos, pues solo es un ejemplo. Se trata de un problema compartido por todas las ciencias teóricas, pero se nota más cuanto más nos alejamos de la materia y nos acercamos a la realidad concreta, donde la presencia del trabajo humano -perdón del comportamiento humano- es incuestionable. Tiempo habrá de ver dónde están las causas de esta manera de hacer ciencia, por otro lado, imprescindible para el avance de la Humanidad.

Termino. Muchos científicos, ya en el siglo XX, han pensado la unidad de la ciencia: desde los fisicalistas del Unity of Science Movement hasta la teoría general de sistemas de von Bertalanffy, la cibernética de Wiener, la consiliencia de Wilson, o la historia total de la ciencia de Bernal (admirado por Manuel Sacristán), si bien cada uno entiende a su manera esa unidad.

Mas, no puedo menos que recordar aquel pronóstico: “algún día la Ciencia natural se incorporará a la Ciencia del hombre”, basado en que la historia humana es parte de la historia natural, realizado por uno de los últimos científicos universales, Carlos Marx (Manuscritos económicos y filosóficos, 1844) (2).

________

(1)  https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/31807-alberto-giovanni-biuso-fisica-e-politica.html

(2) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/


domingo, 24 de agosto de 2025

La lógica, el álgebra de Marx y la Inteligencia Artificial

(A la memoria de mi querido tio Diego Ruiz, la persona que me introdujo en la lectura de El Capital)

La obra de Marx ha sido objeto de formalización matemática de la mano de autores como Okishio, Morishima, Shaik, además de Leontief o Lange, en la órbita soviética. Aún así el universo marxiano es tan rico que aún queda mucho por explorar,,, y más por difundir.

Cierto que, pese a su afición por las Matemáticas, Marx se entretuvo poco en la formalización. Aún así superó a la Economía Política Clásica, aunque resulte minimalista frente a la Teoría Económica Neoclásica (TEN), obsesionada con las fórmulas.

Sabemos que la dialéctica no se resuelve con ecuaciones, pero en determinados momentos son necesarias. De hecho Marx utiliza el razonamiento lógico-formal en algunas: cuando estudia las variaciones de una variable en función de otras. Por ejemplo, productividad y precio, cantidad de dinero y valor, o tasa de plusvalía y salario, en el libro I de El Capital.

Leyendo el libro II y ante el “fatigoso e interminable calcular” – que dirá Engels- en el que Marx detalla el calendario de adelantos y retornos de capital según diversos tiempos de producción y de circulación (los tres primeros apartados del capítulo XV ocupan unas 20 páginas en la edicion de siglo XXI), tuve la tentación de darle una versión algebraica más breve. Esto, en mi opinión, no exime de la lectura de Marx siempre rica en comentarios.


Un ejemplo

La producción de un vehículo nos proporciona un ejemplo. Se emplea un capital inicial (KA1) de 1500 que tiene un tiempo de producción (TP) de 3 semanas (de la primera a la tercera) y un tiempo de circulación (TC) de 2 semanas (la cuarta y la quinta). Al término de la tercera semana tendríamos la mercancía, el vehículo, listo. Pero, aún, ha de esperar en el concesionario 2 semanas para ser vendido. Al final de la quinta semana retornaría el dinero de la venta. (Obsérvese que no miramos al plusvalor, solo el valor de capital). En ese momento volvería a iniciar la producción nuestro capital por las 1500, de modo que nuevamente produciría durante 3 semanas (de la 6 a la 8) saliendo del taller al final de la octava, y habría de esperar dos más (9 y 10) en el concesionario para ser vendido. En ese momento nuevamente retornarían los 1500, y así sucesivamente. 

Como se ve el capital no produce continuamente sino que durante los periodos de circulación está “parado” (semanas 4-5, y 9-10). ¿Qué hacer para producir durante esas dos semanas, y que no existan paradas? La solución es tomar un capital adicional (KA2), que se emplee en ellas. Pero, de cuánto. La cuenta de la vieja: si cada semana de producción se usan 1500/3, o sea 500 unidades monetarias; como tenemos que ocupar el capital durante dos semanas de inactividad el capital sumplementario a desembolsar sería de 500x2, o sea 1000 unidades monetarias. El total de capital adelantado para lograr una producción de vehículos continua sería la suma de las 1500 iniciales y de las 1000 adicionales, o sea un total de 2500 unidades monetarias.


La formalización del capital adelantado

El problema consiste, entonces, en calcular, a partir del capital originario (KA1), el tiempo de producción (TP) y el tiempo de circulación (TC), la magnitud del capital suplementario necesario (KA2) y, en consecuencia, el capital total a desembolsar (KA) que garantiza la continuidad del proceso productivo sin interrupciones ni crisis de liquidez.

Como el capital necesario para un periodo de tiempo viene dado por KA1 dividido por el tiempo de producción, y el tiempo de inactividad productiva es el tiempo de circulación, entonces el capital adelantado suplementario (KA2) viene dado por: 

KA2 = KA1 x (TC/TP)


Y, la fórmula general, del total de capital adelantado para la continuidad de la producción, muy útil para poner en marcha un negocio sin sufrir crisis de efectivo, se calcula sumando KA1 y KA2:

KA = KA1 x (1 + (TC/TP))


A continuación, Marx discute tres escenarios según la relación entre el tiempo de producción y el tiempo de circulación:


Caso 1. Los tiempos de producción y de circulación son iguales, TP=TC.

Caso 2. El tiempo de producción es mayor al tiempo de circulación, TP>TC.

Caso 3. El tiempo de producción es menor que el tiempo de circulación, TP<TC.


Esta tabla sintetiza los resultados de la discusión de los tres casos de arriba.


Capital suplementario adelantado (KA2)

Capital total adelantado (KA)

Caso 1 (TP=TC)

KA2 = KA1

KA = 2 x KA1

Caso 2 (TP>TC)

KA2 < KA1

KA < 2 x KA1

Caso 3 (TP<TC)

KA2 > KA1

KA > 2 x KA1


Estos asuntos, me refiero a la rotación del capital, se miran poco en la TEN aunque sí se ven con detalle en las materias de gestión empresarial y contabilidad, poniendo de manifiesto la separación entre la TEN y la realidad empresarial (¿por qué?). 

Sin embargo, son importantes no sólo para indagar sobre las determinaciones de la rotación del capital, mirar la evolución de su producción, almacenamiento, venta y liquidez, sino que, además, proporcionan elementos para explicarse la necesidad del estado y su actividad económica en el desarrollo del capital. Marx señala diversos ejemplos concretos: la construcción de viviendas, la creación de infraestructuras o la explotación forestal, desgraciadamente de moda por los fuegos. En estos casos el tiempo de rotación (TP +TC) es muy amplio, a veces supera la vida del capitalista, lo cual supone una barrera a la explotación del capital requiriendo la colaboración público-privada, por ejemplo.

Una de las objeciones académicas a la Crítica de la Economía Política (CEP) es que Marx no formalizó y sus continuadores muy esporádicamente; ciertamente la falta de efectivos investigadores de la CEP, frente a las numerosas hordas neoclásicas, es notable. No obstante, la emergencia de la Inteligencia Artificial nos puede echar una mano; una de las cosas buenas de la IA, cuya base de funcionamiento actual es la lógica, es que facilita las operaciones aritméticas y la formalización algebraica. 

Otra cosa es el conocimiento dialéctico, donde el movimiento interno, la contradicción y la relación forma-contenido, todavía se le resisten, porque no son soportadas por su base lógica. Algún día veremos aparecer un ChapGPT o una Deepseek marxistas, entre tanto, para avanzar en la conciencia dialéctica, condición de la superación del capitalismo, solo queda arremangarse.


lunes, 11 de agosto de 2025

Lógica vs dialéctica: qué es el capital

En otra entrada (La paradoja de Russell) enunciamos tanto la necesidad de la crítica a la teoría, en cuanto forma actual del conocimiento científico, como la de su método (la lógica) frente al que planteamos la dialéctica materialista. 

Ahora, y como desarrollo de lo anterior, pretendemos ilustrarlo. Para ello mostramos la Teoría Económica Neoclásica del capital y la Crítica de la Economía Política inaugurada por Marx, como formas distintas de abordar el concreto real capital.

Aclaremos nuestra posición hacia la lógica (y la teoría): no negamos su utilidad en determinados aspectos (principalmente cuantitativos) así como los avances que han permitido en la ampliación del conocimiento objetivo. Pero sí denunciamos que su papel ideológico, de justificar el sistema capitalista, es cada vez más acentuado. De esta forma la discusión epistemológica, lógica vs dialéctica, entra en el ámbito de la lucha de clases.


El capital en la Teoría Económica

Veamos cómo la lógica aplicada a las relaciones económicas, o sea la Teoría Económica neoclásica (TEN, en adelante), aborda al capital. 

El capital es concebido como una cosa útil, un bien, que además es escaso, por tanto un bien económico (locales, maquinarias, herramientas, materias primas, entre otras). También es un objeto de apropiación por alguien (excluyendo de su uso al resto de personas), el capitalista. Su utilidad es servir para la producción y comercialización de bienes vendibles, es un factor productivo. El manual de Samuelson (Economía) empieza su capitulo sobre la Tierra y el Capital indicando: “El capital (o bienes de capital) consta de aquellos bienes durables producidos que son a su vez usados como insumos productivos para una producción subsiguiente.” (p. 293). Pero esta producción requiere su combinación con otros factores (trabajo y tierra, lo que se modeliza a través de una expresión matemática, la función de producción (siempre de Cobb-Douglas). Tras la venta del producto queda el reparto de su importe que se establece según la productividad marginal de los factores cuya expresión matemática es la derivada parcial de la función de producción. Al capital le corresponde la renta de capital (beneficio, interés, alquiler, …). 

La TEN del capital se basa en una serie de supuestos cuestionables: cualquier actividad se puede representar como un modelo a través de una función de Cobb-Douglas, el capital existe desde siempre, competencia perfecta (mercados competitivos, agentes precio-aceptantes y sin poder de mercado), agentes económicos deciden racionalmente en base a toda la información disponible,  a cada cual según su contribución marginal, la productividad marginal existe y es decreciente, el capital (sus partes componentes) es medible en términos monetarios y agregable.

Más allá, de enfrentar el capital de manera objetiva, el principal mérito de la TEN del capital es dotar de formalización matemática a su justificación del capitalismo. Para ello: cosifica al capital (fuera relaciones sociales molestas); deja al capital sin historia (fuera cualquier duda sobre su finitud); más que explicar la renta del capital solo la justifica (fuera explotación capitalista). Se trata de naturalizar la propiedad privada, la libertad capitalista, la igualdad mercantil y el interés egoísta, como explicara Marx.

Pero, ello no sería posible sin el concurso de la lógica, lo cual requiere vaciar de contenido los objetos de estudio. Para presentar el capital como una cosa asocial y ahistórica, hay que tomarlo en su apariencia, renunciar a buscar su contenido (negarlo), abstraerlo acríticamente y reducirlo a variables numéricas desde donde operar matemáticamente. El resultado es, posteriormente, reinterpretado como un relato ideológico a gusto del capital. 


Marx sobre el capital

El planteamiento en Marx es distinto. No parte de supuestos y definiciones, sino del concreto mismo, en este caso el capital. Preguntándose analíticamente por su necesidad lo que le conducirá hasta, sucesivamente, el dinero, la mercancía (el valor) y el trabajo. Luego, recorrerá sintéticamente el orden inverso para ver en el capital: trabajo, pero no simple trabajo sino trabajo acumulado; valor, pero no simple valor, sino valor que se valoriza; mercancía, pero no simple mercancía sino mercancía que produce mercancías; dinero, pero no simple dinero sino dinero que adquiere las mercancías que ponen en marcha la producción. Así llega a la fórmula general del capital: D-M-D’, dinero que compra mercancías que permiten obtener más dinero (plusvalía).

El siguiente paso no es tomar por dada la ganancia (plusvalía) sino explicarla; para ello profundizará en la fórmula general, lejos de quedarse en la apariencia, Marx mira el contenido y descubre la mercancía capaz de generar más valor del que cuesta, la fuerza de trabajo, y el fundamento de la plusvalía, la explotación capitalista.

En ese punto Marx confirma lo que su análisis le venía mostrando, las categorías económicas reflejan las relaciones económicas (trabajo, mercancía, dinero), y el capital es también una relación económica. Esta relación económica será la base sobre la que se erigen las formas políticas e ideológicas. El capital es la compra de fuerza de trabajo por la que el capitalista entrega dinero (salario) al poseedor de fuerza de trabajo (trabajador) con el fin de que éste realice más trabajo (jornada e intensidad) del que le cuesta (plusvalía, explotación). 

A continuación, Marx estudia la relación social en su movimiento reiterado, en su reproducción, descubriendo que el capital crea sus propias condiciones de existencia, esto es se convierte en un sujeto. El sujeto que no solo pone en marcha la producción sino que además interviene en el consumo, constituyéndose en la relación social que organiza la vida de la sociedad caracterizando al modo de producción social.

Pero, el capital no solo es compra de fuerza de trabajo también es compra de medios de producción así Marx descubrirá, junto al capital variable (salarios) al capital constante (medios de producción). 

Analizando las formas de producir plusvalor descubrirá la más potente, el plusvalor relativo consistente en el avance de la productividad que abarata la fuerza de trabajo aumentando la plusvalía. También descubrirá que el plusvalor relativo exige la sustitución de capital variable por capital constante.

La mirada de Marx se detendrá en el movimiento del capital, en la acumulación y allí descubrirá, primero, que si el capital produce plusvalía, ésta produce capital. Por tanto, el capital es plusvalía acumulada. En segundo lugar, descubrirá la ley que rige el movimiento del capital, la ley de la acumulación, por la que el capital tiende a crecer, bajo las formas de la concentración y la centralización, sobre la base de la plusvalía relativa, lo cual genera un ejército laboral de reserva. Así mismo, mostrará que este movimiento ascendente es cíclico con auges y crisis.

Llegados a este punto, Marx ve un límite a la expansión del capital, presentándose las condiciones de la superación del capitalismo de la mano de la clase obrera que se desarrolla con el capital. Antes nos ha mostrado la acumulación originaria, ese momento en que nace el capital (y las clases sociales capitalista y obrera) porque el capital no existe desde siempre ni vivirá indefinidamente.

Marx también se detendrá en la circulación global del capital, no solo en su producción también en la compra y en la venta. Allí nos mostrará que el capital adopta sucesivamente tres formas (dineraria, productiva y mercantil) por las que transita metamorfoseándose primero, para mostrarse después como unidad multiforme circulando cíclicamente. Finalmente, en el entrelazamiento de los capitales individuales multiformes e interdependientes se abre la perspectiva del capital social como red de capitales individuales constituyéndose la circulación global del capital social.

que transitan en sus diversas formas entrelazándose. Esta red  es el sujeto inmediato de la vida social; sujeto que es una relación social general; relación que se objetiva en el producto de los individuos; individuos que enajenan en esos objetos sus conciencias bajo la forma de ser libres. 

Tal es nada la potencia de la dialéctica materialista puesta en movimiento, por primera vez en la historia, por Marx. Ahí, el capital es descubierto como la red que estructura la sociedad contemporánea cual sujeto que se consume para apropiarse el medio a través de relaciones sociales que organizan la vida de la sociedad, que aparecen como cosas en las que los individuos enajenan sus conciencias bajo la apariencia de la libertad. Nada que ver con la mera y estática cosificación apologética capitalista de la TEN basada en la lógica.

Así la lucha de clases tiene como componente la lucha ideológica, entre la TEN del capital y la Crítica de la Economía Política iniciada por Marx que, a su vez, descansa en la lucha epistemológica entre la lógica y la dialéctica.






jueves, 31 de julio de 2025

La paradoja de Russell, la teoría y el fracaso de la lógica

La ciencia, el conocimiento objetivo de la realidad, se nos presenta en la actualidad bajo la forma de teoría. Así las tenemos de la relatividad, la cuántica o de la evolución, en el ámbito de las ciencias naturales. Y si vamos a las ciencias sociales la cosa no mejora: marginalista, psicoanalítica o del control demográfico. Como suele ocurrir cuando un paradigma domina se atreve a leer todo lo anterior bajo sus propias gafas, de modo que la historia del conocimiento es planteada como una sucesión de teorías donde la más reciente supera a las anteriores en cuanto al apoyo suscitado entre los expertos o académicos. Con ello se consuma la naturalización de la teoría como forma de exponer el conocimiento.


Nuestro esfuerzo, como pueden imaginar, irá en sentido contrario: en el de la critica de la teoría. Y por qué ocuparnos ahora de esto. Bajo mi punto de vista lo que hay en juego es la superación del capitalismo, que pasa a su vez por la eliminación de la escasez, o de manera elegante el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero, esto no será automático, sino que se realizará a través de la lucha de clases. Esta lucha habrá de darse en diversos frentes, como el de las ideas, la ciencia, o el método de conocimiento. En definitiva, se trata de avanzar en la conciencia dialéctica, frente a la lógica, como necesidad del socialismo.


Dicho esto, a modo de explicar la tarea en la que estamos inmersos, en lo que sigue expondremos la crisis de la lógica en tanto fundamento del conocimiento objetivo y el límite de la teoría en cuanto carece de fundamento racional.


Aclaremos. No se trata aquí de negar la ciencia, o el conocimiento científico, solo decimos que éste puede obtenerse y expresarse de otro modo, el dialéctico (un ejemplo es la Crítica de la Economía Política- de Marx). Retomando la crisis de la lógica, queremos recordar una de sus expresiones, la paradoja de Russell.


Friedrich Ludwig Gottlob Frege (1848-1925), filósofo y matemático alemán que, aunque poco reconocido por sus colegas, desarrolla su carrera académica con el apoyo inquebrantable de la empresa óptica Carl Zeiss. En 1893 había publicado el primer volumen de su obra Leyes Básicas de la Aritmética. En esta obra trata de fundamentar lógicamente las matemáticas, empezando por la aritmética. Esto y la fundamentación lógica del lenguaje eran los dos grandes proyectos de Frege, y de muchos otros filósofos contemporáneos y posteriores (también de Russell). 


Nueve años después, en 1902, a punto de publicar el segundo volumen de aquella obra, recibe una carta de Bertrand Russell, joven y prometedor filósofo de Cambridge, también muy preocupado por el programa logicista. Allí le anuncia, tras mostrar su acuerdo con todo, que ha detectado una dificultad en su argumentación, que desemboca en una contradicción (la gran enemiga del pensamiento lógico) y que, desde el punto de vista lógico, daría al traste con sus conclusiones. Es decir, su propuesta no permitiría fundamentar lógicamente el conocimiento teórico.


Decía Russell “no hay una clase (en su totalidad) de todas las clases que, en su totalidad, no sean miembros de sí mismas”. El problema venía del quinto axioma de Frege, que afirmaba que si todo A es una B, y toda B es una A, entonces la clase de las Aes es idéntica a la clase de las Bs. Esto llevaría a Russell a plantearse la existencia de una clase (aquí clase es igual a conjunto) de todas las clases de cosas que no son miembros de sí mismas. Este inconveniente sería conocido como la Paradoja de Russell, que podemos resumir de la siguiente forma: a qué conjunto (o clase) pertenece el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos. De otra forma, ¿se autoincluye dicho conjunto?


Efectivamente, cualquier respuesta lógica conduce a la contradicción. Al responder que dicho conjunto se pertenece, nos encontramos que no debería porque es el conjunto de los conjuntos que no se pertenecen; si la respuesta es que no se pertenece, entonces debería pertenecerse. O sea, cuando respondemos sí es no, y cuando respondemos no es sí. La pura contradicción inadmisible para la lógica.


Una forma más popular es la paradoja del barbero: si el barbero pela a las personas que no se pelan a sí mismos, ¿el barbero se pela a sí mismo? O ¿quién pela al barbero? Con esto la fundamentación lógica de la matemática se torna inconsistente.


El significado de la paradoja de Russel es que imposibilita la fundamentación racional del conocimiento científico bajo la forma teórica, empezando por la matemática. O sea, deja a la teoría sin basamento lógico. Y esto apunta a que, para salvar a la teoría, hay que desvalorizar (cuestionar) la verdad (como la teoría no explica la realidad, cambiemos lo que entendemos por verdad hasta que la teoría sea cierta), un paso previo al postmodernismo científico, la verdad líquida.


Alguien podrá pensar que esto es un refinamiento epistemológico y que no es para tanto. Para los lógicos es importante verse como portadores de la fundamentación del conocimiento científico; para algunos investigadores científicos es importante pensar que lo que hacen es racional y no una arbitrariedad, incluso pensar que lo que hacen es el mejor camino para llegar a la verdad. Estos programas son la fundamentación de los valores éticos y morales que rigen el avance del conocimiento científico. Y para los partidarios del capitalismo es importante pensar que están en la mejor sociedad posible y, sobre todo, que no hay alternativa.


Bien, termino aquí. Frege publicó su libro, a sabiendas del problema que se había encontrado, añadiendo un apéndice donde intentaba en balde responder a Russell; dedicó el resto de su vida a seguir indagando, solo pocos años antes de su muerte (el pasado 26 fue su centenario) reconoció su incapacidad para resolverlo. Russell tampoco dio con una respuesta. Nadie lo ha hecho hasta ahora.

jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


martes, 8 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (VIII)

El conocimiento lógico y el capital

Llegados a este punto, en la entrada anterior sostuvimos que el conocimiento lógico está imposibilitado para tener un carácter objetivo y termina conduciendo al subjetivismo, es justo preguntarse, por qué el capital lo adopta como la forma general del conocimiento.

Más aún, el capitalismo es un modo social de producción que descansa en el incremento de la capacidad productiva, en la revolución de las condiciones de producción como medio para aumentar la producción de plusvalía relativa. Teniendo en cuenta que esta revolución de las condiciones materiales de la producción pasa por el desarrollo de la investigación y la ciencia, hemos de detenernos en por qué el capitalismo se conforma con una forma de conocimiento, la representación lógico-formal, que es menos potente para operar sobre lo concreto que otros como pueda ser la representación lógico-dialéctica o la reproducción en el pensamiento de lo concreto, que veremos posteriormente.

La primera razón es que, hasta ahora, el conocimiento lógico-formal ha sido suficiente para desarrollar las fuerzas productivas que ha requerido el capital. O sea, aun al nivel de las apariencias, este conocimiento permite medir cada vez con mayor precisión el movimiento aunque no sepa explicar tal movimiento. Y ello porque transforma cualitativamente al objeto operando sobre su determinación cuantitativa.

Pero, ciertamente, un conocimiento que no solo se quedara en la apariencia (forma) y contemplara la esencia (contenido) de la realidad explicaría el movimiento y le daría aún más potencia transformadora a la acción. Sin embargo, un tal conocimiento,, pondría en evidencia la dualidad forma-contenido de la realidad y fundamentaría el movimiento interno de la realidad, y con ello fundamentaría la superación del capitalismo. Esta razón ideológica tiene mucho peso.

Dos razones más que no desarrollaremos para no extendernos son las siguientes que tienen que ver más directamente con el proceso de producción del conocimiento. Por un lado, la división de tareas entre científicos prácticos y teóricos, las contradicciones de orden lógico son muy manifiestas al nivel de la teoría, pero esas discusiones apenas llegan a la aplicación práctica de la ciencia. Por otro lado, la división entre ciencias naturales y sociales, y dentro de cada una de estas en un sinfín de ramas del conocimiento cuyo sentido está lejos de haberse explicado, y si que es una barrera para el desarrollo de un unico conocimiento objetivo, la natural del hombre al decir de Marx (Manuscritos de 1844).

El capital necesita una ideología revestida de ciencia; un conocimiento “objetivo” que se presente como una interpretación de la realidad, interpretación que brota de la subjetividad vinculada a la abstracta libertad cuya base es la naturaleza individual humana. Y esto lo proporciona la lógica formal. De lo que se trata es de negar la posibilidad de organizar el proceso de vida social sobre la base de una conciencia objetiva, que es lo que proporciona la dialéctica materialista.

Apuntes sobre el método (VII)

El conocimiento lógico-dialéctico

Los problemas que plantea el fundamento logico-formal en el conocimiento no han pasado inadvertidos para muchos marxistas que han visto la oportunidad de sustituir la lógica formal por la lógica dialéctica.

Si la aplicación de la lógica formal nos daba una forma de conocimiento que denominamos representación lógico-formal, en el caso de la lógica dialéctica se obtendría una representación lógico-dialéctica.

Esto ya nos advierte de que las causas que subyacen a los problemas de la verificación y de los principios (o axiomas) no quedan resueltas, pero veamos con algo de detenimiento qué sería la lógica dialéctica.

Los principios de la lógica formal son sustituidos por otros que son dialécticos: así se renuncia al principio de identidad y se admite que algo puede tener una forma distinta de su contenido; también, y frente al principio de no contradicción, se admite que puede haber contradicción. 

Este planteamiento es un avance respecto a la lógica formal porque incorpora el movimiento mejorando la capacidad explicativa del conocimiento, pero mantiene algunos de los problemas con que se encontraba la representación lógico-formal. En primer lugar no deja de ser una lógica, o sea una construcción exterior que sustituye la necesidad real del concreto por una necesidad artificial (en este caso la lógica dialéctica). Por ello, sigue conservando los problemas de verificación del conocimiento que ya veíamos en la representación logico-formal. Tampoco elude los problemas planteados por la paradoja de Russel sobre la veracidad de los fundamentos del conocimiento basado en la lógica dialéctica. Todo ello conduce a la bancarrota de fundamentar objetivamente este conocimiento. Por tanto, la salida sigue siendo el subjetivismo y su expresión política, el voluntarismo.

La renuncia al conocimiento objetivo abre el paso a los planteamientos subjetivistas sobre la acción política de las clases, particularmente de la clase obrera. Cualquier problema como el paro, el cual podemos medir con un grado de precisión asombroso pero que no podemos explicar objetivamente, es tratado subjetivamente. La explicación es subjetiva, se trata de un problema de voluntad, bien de la voluntad de los agentes políticos (gobiernos y partidos), de los agentes económicos (empresarios, y consumidores), de los agentes sociales (asociaciones de empresarios y de trabajadores) o simplemente un problema de voluntad de los individuos (parados, trabajadores o capitalistas). Pero qué explica la voluntad; los teóricos dirán, la libertad, y ¿qué explica la libertad?; la naturaleza. Somos seres libres por naturaleza.

Antes de entrar en el método de conocimiento que emplea Marx, nos detendremos en respondernos a una cuestión: si el conocimiento lógico tiene las limitaciones vistas por qué es dominante en el desarrollo capitalista, y por qué a pesar de todo se abre paso el conocimiento que lo cuestiona, primero en su forma original, la reproducción del concreto por la vía del pensamiento, y más tarde bajo la forma de conocimiento lógico-dialéctico.

lunes, 7 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (VI)

Los fundamentos de la representación lógica

Ahora que ya conocemos como actuar sobre el concreto, nos lo podemos enfrentar armados con este conocimiento lógico. Pero surge un problema, mientras el conocimiento descansa en la experiencia pasada del concreto (sus repeticiones) el concreto al que me enfrento está en potencia. Y nada garantiza que el concreto mantenga el comportamiento pasado.

Además, aunque coincida con el comportamiento predicho no tenemos seguridad de que dicha coincidencia responde al atributo que se venía repitiendo, contemplado en mi teoría, o se deba a otra circunstancia.

Ambos problemas, revelan la dificultad para verificar el conocimiento lógico, incapacita a la teoría para mostrarse válida y no permite actuar con conocimiento de causa.

Una respuesta a este problema de la verificación de la teoría basada en la representación lógica fue el falsacionismo de Karl Popper. Como no podemos estar seguros de la veracidad de una teoría conformémonos con que la teoría no haya sido falsada, o sea mostrada su falsedad (encontrando un caso que la contradiga). Así la teoría será válida no porque se haya sea verdadera sino porque no ha sido falsada. Sin embargo, la falsabilidad tiene los mismos problemas de verificación que la veracidad.

Así las cosas, la representación lógica, que nos prometía el dominio de la naturaleza y la libertad, no garantiza el conocimiento objetivo cierto. Se empieza a plantear que ya que no podemos conocer la verdad del conocimiento lógico-formal, al menos discútase democráticamente entre los miembros de la comunidad científica. De hecho las teorías son ciertas hoy y mañana son sustituidas. La verdad no será tanto la correspondencia con la realidad, sino el criterio mayoritario de la comunidad científica.

Pero, los problemas para la representación lógica no acaban aquí, las matemáticas, el espacio del conocimiento objetivo por excelencia, encuentra dificultades para fundarse en la lógica. La paradoja de Russel viene a plantear que cualquier conjunto de principios, o de axiomas (afirmaciones incuestionables), es incompleto o contradictorio. Surgen los planteos sobre unos tipos de axiomas sí y otros no, se abre el espacio a la interpretación y, en definitiva, a la subjetividad. Se acusa de totalitarismo (y determinismo) cualquier intento de huir del subjetivismo, a excepción de que sea la comunidad científica quien determine la posición. Claro que tras la comunidad científica y el reino de la libertad académica, están lás publicaciones, las instituciones empleadoras (universidades, fundaciones, entre otros), los premios de reconocimiento y la financiación de los proyectos científicos donde las grandes empresas tienen bastante que decir. Esto no escapará a algunos filósofos como Lakatos que se referirá a que los científicos tienen libertad, pero que si ello implica contradecir a la comunidad, mejor que la expresen en privado.

Apuntes sobre el método (V)

La representación lógico-formal

En esta entrada trataremos sobre la forma de conocimiento más extendida en el modo de producción capitalista, la representación lógica, particularmente la representación lógico-formal. Nos detendremos en qué consiste y cual ha sido su evolución.

El desarrollo del capital, la expansión y sofisticación de la producción basada en la maquinaria (automatización, robotización, digitalización, ….), o sea las formas concretas de la producción del plusvalor relativo, requieren el aumento de la productividad del trabajo y esto, a su vez, se consigue mediante la objetivación de las fuerzas de la naturaleza y de las habilidades humanas en la maquinaria. Esto presupone un cierto conocimiento objetivo y un exacto grado de cuantificación de estas fuerzas para producir los medios de producción y aplicarlos en la transformación de la materia.

Para ello, el conocimiento objetivo basado en la representación lógica formal (conocimiento lógico-formal), distinto al basado en la reproducción mental de lo concreto (dialéctica), es suficiente. Ni que decir tiene que el conocimiento lógico representa un gran avance respecto al conocimiento religioso o artístico en lo que respecta a la producción.

El conocimiento basado en la representación lógica formal niega el contenido, o sea la realidad es tal y como aparece (forma), no hay nada oculto (contenido). Por tanto, no reconoce el movimiento interno de lo concreto (la realidad) admitiendo sólo el movimiento causado por fuerzas exteriores al concreto.

Este planteamiento se fundamenta en tres principios: identidad (nada puede trascender de sí mismo y si lo hiciera sería ello mismo); no contradicción (nada puede ser y no ser al mismo tiempo); y el tercero excluido (no cabe otra posibilidad, o es o no es).

Sobre esta base se construyen diversos tipos de lógicas, la más extendida la lógica formal con la que se pretende fundamentar y crear el conocimiento lógico, en el que todos nos hemos educado (teoría de conjuntos, matemáticas convencionales, etc) y que constituyen los fundamentos de lo que actualmente denominamos ciencia.

Veamos sucintamente el proceso de conocimiento objetivo basado en la representación lógico-formal. El razonamiento lógico aplicado a los fenómenos naturales o sociales tiene dos fases: una de simplificación y otra de deducción.

El sujeto se enfrenta al objeto en su inmediatez (en su forma) pero, enseguida, se construye un concepto, que adopta la forma de una representación del objeto. Esto se hace mediante los supuestos simplificadores, es decir se establecen supuestos sobre la caracterización del objeto. Para ello, el conocimiento lógico acude a la repetición. De modo que aquellos atributos que se repitan con mayor frecuencia en el objeto permitirán elaborar un concepto o una teoría sobre el objeto. Esto es un proceso de simplificación en el que decimos que el objeto real al que nos enfrentábamos se reduce a una elaboración mental (concepto o relación de conceptos, teoría) donde se tienen en cuenta algunos atributos repetidos y se desechan otros que no se repiten.

El siguiente paso es el de incorporar progresivamente los casos o atributos desechados por no repetirse y comprobar que la teoría o el concepto se mantienen, o sea si la teoría da cuenta de los casos incorporados. Si, tras el levantamiento de los supuestos simplificadores, la teoría se sigue cumpliendo se considera la teoría válida, si no es así la teoría no es válida o al menos no es válida para los casos contemplados.

Una vez completado el conocimiento (concepto o teoría) se trata de ver si se ajusta a la realidad. Aquí es necesario tener indicadores cuantificables, tanto en la realidad como en la teoría para ver si la teoría da cuenta de lo que acontece en el mundo de los fenómenos. 

Veamos el ejemplo de la teoría subjetiva del valor, 


domingo, 6 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (IV)

El conocimiento consciente y la representación

En la última entrada nos detuvimos en el conocimiento consciente como resultado del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo a partir del conocimiento animal.

El conocimiento humano, a partir de ahí, habrá de enfrentarse al concreto sobre el que se propone operar, por tanto ha de enfrentarse a las potencias del sujeto respecto de las potencias del objeto que pretende transformar.

En la medida que se desarrolla la organización del metabolismo humano el conocimiento va adquiriendo complejidad, requiriendo ir más allá de la inmediatez y requiriendo poner en relación los distintos concretos a los que se enfrenta y a estos con la propia acción. Es el caso cuando hay que producir piedras para limar los metales cortantes de pieles que sirven para vestir, por ejemplo.

El sujeto humano se enfrenta al objeto sobre el que pretende actuar, en su inmediatez, tal y como se le presenta; como no lo puede explicar, se lo (al objeto) vuelve a presentar idealmente siguiendo una determinada necesidad constructiva; tras esta doble presentacion lo que se obtiene es una representación del concreto.

A lo largo de la historia, según la complejidad del metabolismo humano y el dominio de las fuerzas productivas del trabajo, se han venido sucediendo distintas formas de la representación: animismo, religión, arte, filosofía, o la propia ciencia.

Cada una de éstas se caracteriza por el tipo de necesidad constructiva, que sustituye a la necesidad real del concreto, en la elaboración del conocimiento.

Así, para operar sobre la naturaleza el sujeto humano ha de representarse las potencias del objeto, y las del sujeto, como emanadas del mundo animal (si matas al león te haces con su fuerza), de los antepasados (la fuerza te viene de ellos), o de los dioses, como en la religión. En este caso la conciencia religiosa va más allá de la inmediatez del proceso de reproducción de la vida humana representándose fenómenos más generales, e incluso universales trascendiendo al ser humano, a los que ha de subordinarse. Aparecen los grandes fenómenos naturales personificados, así el sol, la luna, el viento, el mar, adquieren rasgos humanos explicando los cambios naturales como la condición humana. El fundamento del conocimiento religioso es el convencimiento de que las cosas son tal como las cuentan, la fe.

En otras formas de conocimiento basado en la representación, que igualmente organizan la acción de los seres humanos, como la representación artística el fundamento, en su forma pura y no mezclada con otras representaciones, es la subjetividad individual tanto del artista como la del espectador; en el caso de la filosofía el fundamento es la abstracta subjetividad universal y la conciencia que le corresponde es la del individuo abstractamente libre por naturaleza.

Con el desarrollo de la sociedad, de las fuerzas productivas del trabajo, surge la necesidad plena de un conocimiento ya incipiente en las representaciones anteriores (por ejemplo, la geometría egipcia era patrimonio de los sacerdotes), conocer las fases del día, las estaciones del año, la periodicidad de los fenómenos naturales, aparece la necesidad de medir, etc.. En definitiva, surge un conocimiento objetivo o científico. Y con él las primeras formas de representación que aspiran a alcanzarlo, caso de la representación lógica que será el objeto de nuestra próxima entrada.

jueves, 3 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (III)

Humanidad y conocimiento consciente

La vida humana es un proceso de metabolismo social, un intercambio de materia y energía entre el grupo humano (sociedad) y la naturaleza, basado en una particular forma de apropiación de la naturaleza cuya finalidad es la reproducción de dicha vida.

La apropiación del medio por el sujeto humano tiene como peculiaridad la aplicación del cuerpo sobre el medio de modo que lo transforme de un medio ajeno (no apto para la reproducción del sujeto) en un medio propio (apto para dicha reproducción), o sea el trabajo.

Así, mientras la mayoría de sujetos vivos no humanos basan su apropiación del medio en la adaptación, en el caso de los humanos lo hacen en la transformación del medio; y, a la vez, se transforman los propios seres humanos (manos, piernas, cerebro, etcétera).

La capacidad humana para apropiarse el medio es la fuerza productiva del trabajo, cuyo desarrollo descansa en la incorporación de procesos intermedios en la transformación del medio con el fin de producir medios de vida, por tanto en la producción y uso de medios de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo será la base del desarrollo humano.

La acción humana, en particular el trabajo, requiere una organización, un conocimiento. A la par que las fuerzas productivas del trabajo se desarrollan, se extiende el conocimiento tanto del medio como del propio ser humano para actuar sobre dicho medio.

En algún momento el conocimiento, apoyado en el desarrollo anatómico particularmente de su órgano portador (cerebro), torna la mirada sobre sí, se autorreconoce y se constituye en conocimiento que se sabe conocimiento. Surge el conocimiento consciente.

En la próxima entrada veremos las formas que adquiere este conocimiento para situarnos en el conocimiento objetivo.


Post-data.

El sujeto humano portador del conocimiento consciente actúa voluntariamente cuando antes de actuar ya tiene en su cabeza los resultados de su acción. Con ello el ser humano va dejando atrás su animalidad; las relaciones naturales entre individuos dejan paso a las relaciones sociales; la evolución natural es sustituida por la sucesión de las distintas formas de organizar las fuerzas productivas del trabajo (modos de producción), la historia de la sociedad; así el ser humano hace su historia convirtiéndose en un sujeto histórico.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Apuntes sobre el método (I)

Introducción

El método en la Crítica de la Economía Política es de los temas más inhóspitos, controvertidos y oscuros al que se enfrenta cualquier persona que se acerque al marxismo. 

Sin embargo, bajo nuestra consideración, es un asunto importante no solo para el esclarecimiento de la objetividad del conocimiento sino para la acción política de la clase obrera como trataremos de mostrar. 

Por ello, este asunto es objeto de atención en el Taller sobre El Capital que imparte el profesor Juan Iñigo Carrera, que además ha tratado anteriormente en su obra Conocer el capital hoy, que podéis consultar en www.cicp.org. 

Con motivo de la presencia en dicho taller he ordenado mis notas que paso a exponer de forma resumida con la esperanza de que puedan arrojar algo de luz en relación al conocimiento objetivo, el método para obtenerlo y a su papel en la superación del capitalismo.

Por supuesto, esta exposición aunque acreedora de las elaboraciones del profesor Juan Iñigo son de mi plena responsabilidad. 

Antes de entrar en materia indiquemos el recorrido que haremos.

En primer lugar, se presentará el conocimiento objetivo (ciencia) como el resultado del desarrollo de la sociedad tomando como punto de partida el proceso de vida humana. Ahí presentaremos las distintas formas de conocimiento (religioso, artístico y filosófico) que anteceden al surgimiento de la ciencia, al menos en el desarrollo histórico occidental. Esto nos habrá permitido ver el carácter histórico de estas formas de conocimiento e iniciarnos en la forma de conocimiento propia del modo de producción capitalista que no es otra que el conocimiento objetivo basado en la representación lógica, particularmente en la lógica formal (luego miraremos la dialéctica). 

Veremos la forma en que opera el método de la lógica formal y las características de su resultado, la representación basada en la lógica formal, la evolución histórica que ha sufrido esta forma de conocimiento que, hoy por hoy, es la dominante en el consenso "científico". Constataremos el declive teórico en que se encuentra actualmente. También nos detendremos en otra forma del conocimiento objetivo como es la representación basada en la lógica dialéctica que es el método de la teoría crítica, que adolece de las mismas limitaciones que la ciencia que emerge de la lógica formal.

Desembocaremos, posteriormente, en la exposición del método dialéctico materialista (distinto al Materialismo Dialéctico más cercano a la lógica dialéctica), que identificamos con el método seguido por Karl Marx en su obra, particularmente en El Capital. Este método no se basa en ninguna lógica, por tanto no produce representaciones; sino que se basa en la dialéctica, dando lugar a la reproducción ideal (en el pensamiento) de lo real. Nos detendremos en su necesidad, en cuanto producto histórico del desarrollo capitalista. Finalmente, examinaremos las consecuencias del debate sobre el método en la acción política de la clase obrera, particularmente sobre la viabilidad y oportunidad de esta acción de cara a la consecución de una sociedad basada en el conocimiento objetivo de las determinaciones que le son propias, o de otra forma una sociedad donde el capital, en cuanto relación social general, sea sustituido por la ciencia.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...