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sábado, 6 de diciembre de 2025

Muchas ciencias para una sola realidad

A Juan Iñigo Carrera quien tanto me ayuda a conocer

Un artículo reciente de Giovanni Biuso (1), un filósofo que dialoga con la física, reflexiona amargamente sobre la teoría de cuerdas. En la que se confía para unificar la teoría de la relatividad y la física cuántica. El sueño de Einstein de una teoría unificadora, y de tantos otros científicos que se preguntan: si la realidad es una, cómo tenemos cientos de ciencias.

Bien, Giovanni plantea que todavía no sabemos si la materia es partícula (electrones, protones, etc), onda, o una cuerdita vibratoria como defiende la teoría de cuerdas. Su forma más simple -las hay más complejas- nos hablaría de nueve dimensiones (es decir, agreguen cinco más a las tradicionales alto, ancho, fondo y tiempo); pero, no pregunten qué significan esas cinco más. Ni falta que hace; no lo saben ni los que la elaboran. Eso sí, matemáticamente, da unas ecuaciones cuyas soluciones permitirían conciliar las contradicciones que hay entre la física de partículas y la física de cuantos, supuestamente. Habrán observado que este “avance” científico es a costa de perder contacto con la realidad: nos hemos metido en una vorágine teórica cada vez menos fundamentada realmente. Lo cual impone una pregunta: por qué. Qué necesidad tiene el saber teórico de separarse de su objeto, la realidad.

Acostumbrados como nos tienen a varias teorías para explicar un solo fenómeno, puede no llamarnos la atención. Por ejemplo, la inflación tiene casi una decena de teorías que la “explican” (productividad, costes, dinero, expectativas, ...). Y rellenamos miles de manuales, convencemos a millones de mentes pensantes, dando por normal disponer de un menú de teorías para dar cuenta de un fenómeno real.

Me van a permitir que discrepe: si la física unas veces ve la materia como cuerpo, otras como onda y otras como cuerdita; o, si la economía amontona teorías sobre la inflación; más que un exponente de diversidad, me parece una falta de claridad sobre el objeto de estudio, en un caso la materia y en el otro el precio.

Y no solo la fisica o la economía, me atrevería a decir que esta incapacidad para dar cuenta del propio objeto atraviesa a otras muchas otras disciplinas científicas (sociología, política, psicología, e incluso la historia). ¿Qué está ocurriendo?

Tenemos una realidad en la que vemos varios fenómenos: a, b, c y d, etcétera. Incluso podemos establecer una relación entre ellos, a se transforma en b, b en c, c en d, y así con todos. Lo cual nos permitiría reproducir idealmente que a produce b, b origina a c, c lo hace con d, … Esto nos animaría a actuar en la realidad sabiendo que si alteramos a, al final tendremos un cambio en d, mediado por cambios en b y c, pongamos por caso. Aún más, se podrían establecer relaciones cuantitativas del tipo si reduzco a la mitad el fenómeno a, obtendré el doble del fenómeno d, con sus mediaciones cuantitativas respectivas en b y c.

Qué es lo que hace la ciencia moderna, la ciencia teórica. Lo primero es recortar la realidad: dice a, b, c, d, son fenómenos separados, autónomos, de modo que a es a, b es b, etcétera. Como cada fenómeno es distinto cada uno se estudia por un saber  A, B, C, D, respectivamente. Cada ciencia estudia su trozo de realidad, y no admite intromisiones. 

Cuando investigamos el fenómeno d desde la ciencia D, se prescinde de c, b y a, porque pertenecen a otras disciplinas. El resultado es que perdemos la cadena de relaciones reales que hace que d sea lo que es.

Abandonemos el abecedario y vayamos a lo que acontece. Digamos que a es la materia, b es la vida, c es la sociedad y d es el hombre. Y las ciencias encargadas de estudiarlos la física, la biología, la sociología y la psicología, respectivamente, por poner.

Si al investigar el hombre a través de la Psicología nos abstraemos de la sociedad, la vida, y la materia, se me ocurren, dos cosas.

Primero, qué tipo de hombre es el que estudia la Psicología; un hombre al margen de la sociedad en la que vive, de la naturaleza que lo ampara y de la materia que lo constituye. Claramente, será un objeto de estudio abstraído de sus determinaciones fundamentales, que solo puede ser una representación ideal alejada del hombre real. Muchos se apresuraron a proclamar el fin (de la historia, de la ideología, de la clase obrera, del trabajo), pero ellos no saben ni por donde empezar.

Después, para mirar la actuación del hombre introducirán, las diversas teorías (porque no es malo tener muchas), sus definiciones, supuestos e hipótesis, que aún alejarán más a ese concepto de hombre del humano real. 

En resumen, esta manera de recortar la realidad y aislar cada tramo en su disciplina no solo mutila el objeto de estudio sino que vuelve impotente a la teoría a la hora de explicarse los fenómenos humanos concretos, como el sacrificio de la salud por el negocio, el acoso estudiantil o los suicidios de jóvenes, por no hablar de la violencia doméstica o la corrupción, etc.

Me disculpen los psicólogos, pues solo es un ejemplo. Se trata de un problema compartido por todas las ciencias teóricas, pero se nota más cuanto más nos alejamos de la materia y nos acercamos a la realidad concreta, donde la presencia del trabajo humano -perdón del comportamiento humano- es incuestionable. Tiempo habrá de ver dónde están las causas de esta manera de hacer ciencia, por otro lado, imprescindible para el avance de la Humanidad.

Termino. Muchos científicos, ya en el siglo XX, han pensado la unidad de la ciencia: desde los fisicalistas del Unity of Science Movement hasta la teoría general de sistemas de von Bertalanffy, la cibernética de Wiener, la consiliencia de Wilson, o la historia total de la ciencia de Bernal (admirado por Manuel Sacristán), si bien cada uno entiende a su manera esa unidad.

Mas, no puedo menos que recordar aquel pronóstico: “algún día la Ciencia natural se incorporará a la Ciencia del hombre”, basado en que la historia humana es parte de la historia natural, realizado por uno de los últimos científicos universales, Carlos Marx (Manuscritos económicos y filosóficos, 1844) (2).

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(1)  https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/31807-alberto-giovanni-biuso-fisica-e-politica.html

(2) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/


lunes, 11 de agosto de 2025

Lógica vs dialéctica: qué es el capital

En otra entrada (La paradoja de Russell) enunciamos tanto la necesidad de la crítica a la teoría, en cuanto forma actual del conocimiento científico, como la de su método (la lógica) frente al que planteamos la dialéctica materialista. 

Ahora, y como desarrollo de lo anterior, pretendemos ilustrarlo. Para ello mostramos la Teoría Económica Neoclásica del capital y la Crítica de la Economía Política inaugurada por Marx, como formas distintas de abordar el concreto real capital.

Aclaremos nuestra posición hacia la lógica (y la teoría): no negamos su utilidad en determinados aspectos (principalmente cuantitativos) así como los avances que han permitido en la ampliación del conocimiento objetivo. Pero sí denunciamos que su papel ideológico, de justificar el sistema capitalista, es cada vez más acentuado. De esta forma la discusión epistemológica, lógica vs dialéctica, entra en el ámbito de la lucha de clases.


El capital en la Teoría Económica

Veamos cómo la lógica aplicada a las relaciones económicas, o sea la Teoría Económica neoclásica (TEN, en adelante), aborda al capital. 

El capital es concebido como una cosa útil, un bien, que además es escaso, por tanto un bien económico (locales, maquinarias, herramientas, materias primas, entre otras). También es un objeto de apropiación por alguien (excluyendo de su uso al resto de personas), el capitalista. Su utilidad es servir para la producción y comercialización de bienes vendibles, es un factor productivo. El manual de Samuelson (Economía) empieza su capitulo sobre la Tierra y el Capital indicando: “El capital (o bienes de capital) consta de aquellos bienes durables producidos que son a su vez usados como insumos productivos para una producción subsiguiente.” (p. 293). Pero esta producción requiere su combinación con otros factores (trabajo y tierra, lo que se modeliza a través de una expresión matemática, la función de producción (siempre de Cobb-Douglas). Tras la venta del producto queda el reparto de su importe que se establece según la productividad marginal de los factores cuya expresión matemática es la derivada parcial de la función de producción. Al capital le corresponde la renta de capital (beneficio, interés, alquiler, …). 

La TEN del capital se basa en una serie de supuestos cuestionables: cualquier actividad se puede representar como un modelo a través de una función de Cobb-Douglas, el capital existe desde siempre, competencia perfecta (mercados competitivos, agentes precio-aceptantes y sin poder de mercado), agentes económicos deciden racionalmente en base a toda la información disponible,  a cada cual según su contribución marginal, la productividad marginal existe y es decreciente, el capital (sus partes componentes) es medible en términos monetarios y agregable.

Más allá, de enfrentar el capital de manera objetiva, el principal mérito de la TEN del capital es dotar de formalización matemática a su justificación del capitalismo. Para ello: cosifica al capital (fuera relaciones sociales molestas); deja al capital sin historia (fuera cualquier duda sobre su finitud); más que explicar la renta del capital solo la justifica (fuera explotación capitalista). Se trata de naturalizar la propiedad privada, la libertad capitalista, la igualdad mercantil y el interés egoísta, como explicara Marx.

Pero, ello no sería posible sin el concurso de la lógica, lo cual requiere vaciar de contenido los objetos de estudio. Para presentar el capital como una cosa asocial y ahistórica, hay que tomarlo en su apariencia, renunciar a buscar su contenido (negarlo), abstraerlo acríticamente y reducirlo a variables numéricas desde donde operar matemáticamente. El resultado es, posteriormente, reinterpretado como un relato ideológico a gusto del capital. 


Marx sobre el capital

El planteamiento en Marx es distinto. No parte de supuestos y definiciones, sino del concreto mismo, en este caso el capital. Preguntándose analíticamente por su necesidad lo que le conducirá hasta, sucesivamente, el dinero, la mercancía (el valor) y el trabajo. Luego, recorrerá sintéticamente el orden inverso para ver en el capital: trabajo, pero no simple trabajo sino trabajo acumulado; valor, pero no simple valor, sino valor que se valoriza; mercancía, pero no simple mercancía sino mercancía que produce mercancías; dinero, pero no simple dinero sino dinero que adquiere las mercancías que ponen en marcha la producción. Así llega a la fórmula general del capital: D-M-D’, dinero que compra mercancías que permiten obtener más dinero (plusvalía).

El siguiente paso no es tomar por dada la ganancia (plusvalía) sino explicarla; para ello profundizará en la fórmula general, lejos de quedarse en la apariencia, Marx mira el contenido y descubre la mercancía capaz de generar más valor del que cuesta, la fuerza de trabajo, y el fundamento de la plusvalía, la explotación capitalista.

En ese punto Marx confirma lo que su análisis le venía mostrando, las categorías económicas reflejan las relaciones económicas (trabajo, mercancía, dinero), y el capital es también una relación económica. Esta relación económica será la base sobre la que se erigen las formas políticas e ideológicas. El capital es la compra de fuerza de trabajo por la que el capitalista entrega dinero (salario) al poseedor de fuerza de trabajo (trabajador) con el fin de que éste realice más trabajo (jornada e intensidad) del que le cuesta (plusvalía, explotación). 

A continuación, Marx estudia la relación social en su movimiento reiterado, en su reproducción, descubriendo que el capital crea sus propias condiciones de existencia, esto es se convierte en un sujeto. El sujeto que no solo pone en marcha la producción sino que además interviene en el consumo, constituyéndose en la relación social que organiza la vida de la sociedad caracterizando al modo de producción social.

Pero, el capital no solo es compra de fuerza de trabajo también es compra de medios de producción así Marx descubrirá, junto al capital variable (salarios) al capital constante (medios de producción). 

Analizando las formas de producir plusvalor descubrirá la más potente, el plusvalor relativo consistente en el avance de la productividad que abarata la fuerza de trabajo aumentando la plusvalía. También descubrirá que el plusvalor relativo exige la sustitución de capital variable por capital constante.

La mirada de Marx se detendrá en el movimiento del capital, en la acumulación y allí descubrirá, primero, que si el capital produce plusvalía, ésta produce capital. Por tanto, el capital es plusvalía acumulada. En segundo lugar, descubrirá la ley que rige el movimiento del capital, la ley de la acumulación, por la que el capital tiende a crecer, bajo las formas de la concentración y la centralización, sobre la base de la plusvalía relativa, lo cual genera un ejército laboral de reserva. Así mismo, mostrará que este movimiento ascendente es cíclico con auges y crisis.

Llegados a este punto, Marx ve un límite a la expansión del capital, presentándose las condiciones de la superación del capitalismo de la mano de la clase obrera que se desarrolla con el capital. Antes nos ha mostrado la acumulación originaria, ese momento en que nace el capital (y las clases sociales capitalista y obrera) porque el capital no existe desde siempre ni vivirá indefinidamente.

Marx también se detendrá en la circulación global del capital, no solo en su producción también en la compra y en la venta. Allí nos mostrará que el capital adopta sucesivamente tres formas (dineraria, productiva y mercantil) por las que transita metamorfoseándose primero, para mostrarse después como unidad multiforme circulando cíclicamente. Finalmente, en el entrelazamiento de los capitales individuales multiformes e interdependientes se abre la perspectiva del capital social como red de capitales individuales constituyéndose la circulación global del capital social.

que transitan en sus diversas formas entrelazándose. Esta red  es el sujeto inmediato de la vida social; sujeto que es una relación social general; relación que se objetiva en el producto de los individuos; individuos que enajenan en esos objetos sus conciencias bajo la forma de ser libres. 

Tal es nada la potencia de la dialéctica materialista puesta en movimiento, por primera vez en la historia, por Marx. Ahí, el capital es descubierto como la red que estructura la sociedad contemporánea cual sujeto que se consume para apropiarse el medio a través de relaciones sociales que organizan la vida de la sociedad, que aparecen como cosas en las que los individuos enajenan sus conciencias bajo la apariencia de la libertad. Nada que ver con la mera y estática cosificación apologética capitalista de la TEN basada en la lógica.

Así la lucha de clases tiene como componente la lucha ideológica, entre la TEN del capital y la Crítica de la Economía Política iniciada por Marx que, a su vez, descansa en la lucha epistemológica entre la lógica y la dialéctica.






jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...