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lunes, 29 de diciembre de 2025

Capital, ciencia y libertad: lógica e ideología


En la sociedad capitalista, la ciencia está atravesada por una contradicción que no puede enfrentar sino recurriendo a la mediación de la lógica, adquiriendo un carácter ideológico. Aunque parezca un tema lejano, aspectos del mismo están presentes en fenómenos como la Inteligencia Artificial y su regulación, el abordaje político del cambio climático, la normalización de las mentiras públicas o el uso de la libertad por la derecha y la extrema derecha, por no hablar de la necesidad de reformular la izquierda.

La contradicción de la ciencia en el capitalismo

El científico, personificación del conocimiento objetivo, es un productor de mercancías. Su conciencia y voluntad libres se aplican a la producción de la ciencia que ha de vender para subsistir. Este trabajo, que es una acción consciente y voluntaria, por su carácter privado e independiente, se le presenta como abstractamente libre, aunque esa libertad solo sea la forma de su conciencia enajenada en el producto de su trabajo. 

Sin embargo, la función social que el capitalismo asigna a la ciencia es muy otra: avanzar en el conocimiento objetivo de la realidad y transformarla (aplicación del desarrollo tecnológico) para incrementar el plusvalor, mediante el aumento de la productividad social.

Aquí aparece la contradicción: el científico, encargado de reconocer la necesidad objetiva del mundo, se siente privado de toda necesidad, es decir, se ve como un sujeto libre.

Desgajar el conocer del ser

Esta contradicción, cuyo origen no es un accidente ni un problema moral sino la forma social (mercantil), no puede resolverse en la práctica inmediata. La ciencia, bajo el capital, no puede renunciar ni a su función objetiva (plusvalor relativo) ni a la forma social del trabajo científico y su producto (mercancía que presupone libertad). Por eso, la enfrenta de un modo específico: separando radicalmente la realidad de su conocimiento.

La filosofía moderna ofrece el andamiaje conceptual para esta operación. En el plano ontológico, se ocupa de cómo es el mundo. En el plano gnoseológico se encarga de cómo se conoce la realidad. Y, en el plano epistemológico, proporciona al conocimiento reglas de validez y métodos, donde la lógica aporta la necesidad constructiva (previo vaciamiento de la necesidad real).

De este modo, el mundo puede ser concebido como contingente (casual), carente de necesidad, mientras que el conocimiento de la realidad se dota de necesidad (causal), considerándose determinista. La necesidad no estaría en la realidad misma, sino en la forma en que la pensamos. La contradicción no se resuelve, pero se desplaza al plano epistemológico (fundamento y método científico), donde explota (caso de la paradoja de Russell entre otras).

Sustituir la necesidad real por la lógica

A través de la lógica se proporciona una necesidad constructiva (en otro momento nos detendremos en este aspecto), en este caso, al pensamiento sobre la realidad, consiguiendo así una representación ordenada que permite “comprender” y operar sobre esta realidad que, en sí misma, se concibe indeterminada.

Un ejemplo de esto es la teoría utilitarista del consumidor que lo concibe como un maximizador de utilidad sujeto a una restricción presupuestaria. Se supone que no podemos conocer el comportamiento sin comprometer su libertad, pero el modelo nos permite “comprender” el azaroso consumo. La libertad del consumidor queda preservada, mientras la necesidad aparece como una propiedad del razonamiento, no de la realidad social.

El mercado de valores o bolsa ofrece otro ejemplo: del que no se conocen todas las relaciones causales, pero se emplea una compleja formalización que permite operar en él. El ámbito de la meteorología, de la geología, incluso el análisis electoral, se han prestado al uso de teorías de catástrofes, modelos de estabilidad o cálculos estocásticos.

El caso de la concepción lógico-analítica

Esta concepción aparece con claridad en aquellas corrientes que tienden a concebir la realidad como carente de necesidad, mientras puede ser pensada de manera determinista. Basta con elaborar un modelo, una construcción mental que imprima necesidad a los elementos observados. Ante un mundo azaroso, la libertad del científico se expresa en la capacidad de construir modelos que permitan comprenderlo e intervenir en él.

Este es el caso de la tradición lógico-analítica (Carnap, Círculo de Viena, Quine, Russell, etc), en la que el mundo puede carecer de necesidad ontológica, mientras que la necesidad se introduce en el plano del lenguaje y la lógica. Así se compatibilizan la conciencia práctica del científico, que se vive como libre, con su conciencia objetiva, que debe reconocer regularidades. El conocimiento objetivo, de este modo, avanza sin cuestionar la relación social (capital) y mucho menos su expresión, la libertad.

La lógica cumple aquí una función decisiva: permite avanzar en el conocimiento objetivo a la vez que protege la conciencia abstractamente libre del científico. Así, se naturaliza la libertad, y lo que deriva: la mercancía, el dinero, el capital. Aquí emerge su carácter ideológico que, en la medida en que se defiende como lo mejor, se torna apologético.

Escindir la sociedad de la naturaleza: la teoría social

Una variante de este fenómeno aparece en aquellas concepciones que fragmentan la realidad en, pongamos, dos ámbitos: uno natural, regido por la necesidad, y otro social, donde gobierna el azar o la indeterminación. En el plano del conocimiento, el mundo natural puede ser conocido, porque la necesidad está en el propio objeto y el conocimiento puede captarla sin mediaciones. Mientras que el mundo social solo admite aproximaciones y regularidades débiles, impuestas por modelos que introducen exteriormente la necesidad constructiva. La libertad, que pertenece a la región social de la “realidad”, queda preservada y, con ella, la imagen del individuo abstractamete libre.

De este modo, el científico puede enfrentarse a un mundo lleno de determinaciones sin que eso afecte su autopercepción como sujeto libre. La libertad queda resguardada gracias a una partición ontológica del mundo y a la operación lógica de aplicar una necesidad constructiva en lo epistemológico.

La dialéctica y su carácter transformador

El planteamiento dialéctico rompe con todas estas separaciones (ser y pensar, sujeto y objeto, individuo y sociedad, sociedad y naturaleza,...). No concibe una exterioridad absoluta entre el mundo y el conocimiento objetivo del mismo. La dialéctica, en cuanto método de conocimiento, no impone una necesidad al concreto que aborda, solo reproduce en el pensamiento el movimiento de la forma concreta.

En la Crítica de la Economía Política se muestra que la libertad moderna no es la negación de la necesidad, sino su forma específica bajo determinadas relaciones sociales (mercancía). La libertad, lejos de ser el atributo natural del individuo, es la forma que adopta su enajenación. La enajenación es la conciencia que emana de una específica e histórica organización de la producción social. La mercancía es una forma concreta en que la sociedad media su metabolismo con la naturaleza. Y el trabajo es la forma humana de apropiarse la naturaleza con el fin de reproducirse. Individuo, sociedad y naturaleza quedan así vinculados de manera indisoluble e inmanente.

El reto de la ciencia moderna no es perfeccionar sus esquemas lógicos, sino comenzar a abandonarlos progresivamente para abrir espacio al desarrollo de la dialéctica aplicada al conocimiento de la realidad. Una dialéctica crítica y revolucionaria, como señalara Marx, que resulta un horror para la burguesía. Porque, en su comprensión positiva de lo existente, lo concibe en movimiento y, por tanto, transitorio y perecedero (El Capital).

Post-factum: aplicacion ideológica

La derecha hegemoniza, porque la ciencia basada en la lógica la habilita, el marco de la libertad (formal). La izquierda puede intervenir en el debate, pero reformulándolo mediante la dialéctica. Libertad material y social, vinculada a la satisfacción de la necesidad real, denunciando que el discurso de la libertad formal, sin garantías para ejercerla, conduce a una mayor explotación de la clase obrera. 

martes, 23 de diciembre de 2025

Elecciones extremeñas: anatomía electoral y tareas de la izquierda


La paradoja del adelanto

Las recientes elecciones autonómicas de Extremadura nos muestran un resultado paradójico. Convocadas, en perspectiva autonómica, por la derecha (PP) para destrabarse de Vox; y, en perspectiva nacional, para seguir presionando al gobierno y principalmente al presidente, el único que puede adelantar elecciones.

El resultado ha acentuado aun más la dependencia del PP hacia la ultraderecha, sin terminar de despejar el terreno para el adelanto electoral. La segmentación del voto de la derecha sólo tiene sentido si permite drenar votos a la izquierda. Y en ese sentido hay señales de agotamiento. De modo que no es descartable una situación en la que el monstruo sea innecesario y haya que emplearse en quitarlo de en medio. Entre tanto, las políticas de derecha seguirán maltratando a  buena parte de la clase obrera.


Método y resultados

En lo que sigue, nos detendremos en los resultados electorales autonómicos (21 de diciembre, A25) comparándolos con los de las autonómicas de 2023 (28 de mayo de 2023, A23), incorporando los resultados de las últimas generales (23 de julio de 2023, G23). Así, vemos si los cambios que se destacan son coyunturales o estructurales.

Por otro lado, estamos más interesados en los votos que en los escaños, porque tratamos de ver el comportamiento electoral de las personas más que su traducción legislativa y las oportunidades de gobierno.

Los resultados electorales: ganó PP con 228 mil votos, segundo PSOE con 136 mil, tercero Vox con 89 mil y cuarto Unidas por Extremadura (UxE) con 54 mil. Ahora bien, cómo se ha producido esto. Veamos algunas claves de la aritmética electoral que hay detrás.



Censo, abstención y participación

Un censo electoral prácticamente estable (aumentó un 0,12%). Este fenómeno nos habla de estancamiento demográfico, flujos migratorios, pirámide demográfica invertida (agudización de contradicciones intergeneracionales), España vaciada, entre otras.

La abstención se sitúa en 352 mil (37% del censo) subiendo 88 mil respecto a A23 o 99 mil en relación a G23. Este abstencionismo reúne diversos componentes. Además de las estructurales relacionadas con la protesta y la desafección ante el sistema electoral, a veces auspiciada desde la propia clase dominante (discurso de la antipolítica recreado en medios de comunicación), o exclusión práctica (falta de recursos, excesivo coste o ausencia de movilización). En estas elecciones, más allá de motivos coyunturales relacionados con el tipo de elecciones (autonómicas más abstencionistas frente a nacionales), fechas navideñas o mala climatología, hay que destacar un fuerte componente desmovilizador. La altísima abstención nos remite a que mucha gente decidió, esta vez, quedarse en casa.

En consecuencia, la participación se reduce en casi 87 mil, mínimo histórico. En porcentaje de electorado: pasó de 70,4% (A2023), 71,7% (G23) a 60,5% (A25). El dato nos habla de desmovilización, a pesar de la polarización actual, con el partido mayoritario hasta ahora, el PSOE, aquejado de una importante crisis (escándalos, corrupción).


Voto a candidato, representativo y útil

El voto blanco y nulo ascendió a casi 17 mil, reduciéndose en casi 6 miles respecto a A23 y aumentando en 1 mil en relación a G23. Esto puede interpretarse como que en el mismo contexto de agudización de la lucha ideológica, en las generales se resuelve apostando por un voto a candidaturas, mientras en las últimas lo ha hecho con una retirada del proceso.

La caída del voto a candidaturas en casi 81 miles (100 mil en relación a las generales) lo situó en unas 522 mil. Es la consecuencia de la reducción de la “participación” (abstenerse es también un comportamiento político) y del desencanto que ha llevado a mucha más gente a preferir quedarse en casa en vez de votar a otros o hacerlo en nulo/blanco.

Por su parte, el voto a candidaturas sin representación se situó en 14,5 mil, descendiendo en 20,5 mil. Pero, el descenso mayor se produjo en las generales como expresión de la movilización que acompañó la polarización que llevó a un voto útil. Posteriormente, aumentó (3,7 mil) quizás expresando un desencanto hacia partidos con representación.

El resultado de todo lo anterior es una reducción del voto a candidaturas con representación (57% del electorado) en casi 60 mil respecto a A23 (104 mil en G23).

Estos datos apuntan a un cambio en la canalización del conflicto político: en un marco de agudización de la lucha ideológica y partidaria, los escándalos producen una concentración de la masa electoral que elige gobierno, desplazando el peso hacia las opciones con más capacidad para arrastrar a su base electoral. A partir de aquí, se plantea quién pierde y quién gana votos.



La derecha gana, la ultraderecha manda

El PP ha ganado estas elecciones con 228 mil votos, pero lo ha hecho perdiendo votos: en torno a 9 mil. La pregunta es cuántos está dispuesto a perder en la próxima. Una parte ha podido ir a Vox, pero otra no sabemos si a la abstención. Lo cual da pie a pensar que la acción de gobierno autonómica o la oposición en el ámbito estatal, por no hablar de sus correspondientes escándalos (corrupción, machismo), le hayan pasado cierta factura. Si el motivo del adelanto electoral fue “escapar” de Vox, el efecto ha sido contrario: la gobernabilidad se encarece.

Por su parte, la ultraderecha es votada por 89 mil. Aumenta en 39,5 mil votos respecto a A23 y en casi 4 mil respecto a G23. El gran salto de Vox fue en las generales (más 36 mil votos). Y ahí no le quitó al PSOE, lo más probable es que esté restando a PP y a la abstención, voto a candidaturas minoritarias o incluso al nulo/blanco. Ahora ha consolidado aquel estirón. El lobo ya está aquí, lleva años con nosotros, ahora solo engorda.


El hueco a la izquierda tras el desplome

El peor parado ha sido el PSOE con una pérdida de más de 108 mil votos en relación a autonómicas del 2023 (109 mil si referenciamos en las generales). ¿Por qué? Crisis del PSOE (escándalos de corrupción y maltrato a mujeres), candidatura endeble (encausado, aforamiento, foco mediático), política nacional (gobierno, ataque de toda la derecha). En cuanto al reparto de esa pérdida: abstención (la mayor parte del ex-votante PSOE ha preferido no votar a votar a otro), y fuga de votos (la parte más izquierdosa hacia UxE y en muy menor medida hacia la derecha).

Unidas por Extremadura, por el contrario, mejora en 11 mil alcanzando los 54 mil (10% del voto). En las generales también mejoró resultado (6 mil). Así que eso de que Unidas Podemos sin Sumar suma, no es la única condición para aumentar. Ahora tiene el reto de retener este voto prestado. En cualquier caso la división de la izquierda no será un buen escaparate para el electorado potencial.


El quehacer de la izquierda

La ultraderecha está entre nosotros desde hace tiempo: ya no se trata de asustarse sino de avanzar líneas. El bipartidismo acusa el desgaste de su connivencia con los intereses económicos y su acomodo a patrones conservadores. Ahora este vacío lo explotan los que prometen orden, castigo y ajuste. 

La izquierda lo tiene difícil porque el clima, internacional y nacional, sopla en contra. Aun así, tiene una tarea: unirse institucional, partidaria y socialmente; renovarse, rotar líderes y formarse; ampliar su presencia en medios de comunicación y redes sociales, recuperar el vínculo con la movilización social, cuestionar el capitalismo (Crítica de la economía política). A la vez ser audaz introduciendo propuestas posibles pero rupturistas: renta básica, empresas y servicios públicos, vivienda como derecho efectivo, al empleo, transporte gratuito, …y cuando haga falta nacionalizaciones.

Esto no garantiza el éxito, pero permite salir del estrecho marco al que está condenada la izquierda, gestionar el capitalismo cuando la lucha de clases aprieta al capital, abriendo la discusión sobre las distintas contradicciones en que se expresa el capitalismo preparando las condiciones para superarlo. El socialismo, el cielo en la tierra, obra de una sociedad más consciente (conciencia dialéctica) y mejor preparada, vendrá más adelante. Ahora, solo podemos prometerlo y que inviten los ricos, y si no, expropiación.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

La izquierda ante el declive del eurocapitalismo

Introducción

Las recientes declaraciones de Trump sobre la Unión Europea calificándola de decadente y “gobernada por débiles” ya no ruborizan ni a las propias élites. Funcionan como un espejo que devuelve la imagen de un precipicio hacia el que pueden ser arrastrados los pueblos europeos.  A la vez, colocan a la izquierda en una encrucijada: además de organizarse frente a la ola derechizadora, necesita levantar la mirada y preguntarse qué referencia estratégica internacional adoptar en un escenario de agotamiento del modelo eurocapitalista.


Antecedentes históricos y la revolución rusa

El primer cuarto del siglo XX vivió un auge reivindicativo, mediado por ideologías revolucionarias. Aquello no fue un accidente político, sino el resultado del desarrollo capitalista, que incrementaba aceleradamente y desordenadamente la fuerza de trabajo, incentivando su organización y lucha. Fue el propio capital quien abrió el gran ciclo de luchas sociales a nivel mundial: revolución mexicana (1910), revolución alemana (1918), la república soviética húngara (1919), el bienio rojo italiano (1919-1920). Por supuesto, también, la revolución rusa de 1917.

Esto no pasó desapercibido a las clases dominantes y las alertó sobre la necesidad de tomar medidas. La más inmediata fue la represión, pero pronto se pusieron en marcha estrategias más “inteligentes”. En Europa, en países como Gran Bretaña y Alemania, la burguesía apoyada por sus estados, exploraron fórmulas reformistas: legalización de sindicatos, sufragio masculino, seguros sociales (pensiones y desempleo).

La Gran Depresión de 1929, en USA, fue otra prueba de fuego. El New Deal de Roosevelt no solo fue un programa económico, también tuvo un componente ideológico: mostrar la viabilidad del capitalismo reformado que neutralizara el peligro comunista.


La URSS y la emergencia del eurocapitalismo

De modo que el modelo de desarrollo capitalista europeo se acelera y generaliza tras la Segunda Guerra Mundial, resultado del nuevo equilibrio del capitalismo mundial, para responder directamente a la experiencia soviética. 

Efectivamente, la sociedad soviética y sus avances sociales (pleno empleo, educación y sanidad gratuitas, política de viviendas, el voto femenino, aborto, guarderías, entre otros), eran un atractivo escaparate para las clases trabajadoras mundiales y europeas. 

Más allá de las consideraciones sobre la naturaleza social de la URSS (ver nuestro blog), la clase capitalista mundial vio un justificado peligro en la “gran patria socialista”, donde: la burguesía fue expropiada, centralizada estatalmente la propiedad de los medios de producción e implantada la ideología socialista legitimadora de todo ello. 

Así que la supervivencia de la URSS, a pesar del hostigamiento del capital internacional (intervención en la guerra civil rusa, bloqueo diplomático y económico, campaña anticomunista permanente, represión de organizaciones obreras y comunistas, incluso la propia II GM) y la posterior victoria en la Segunda Guerra Mundial, mostró a la clase capitalista, principalmente estadounidense y europea, la necesidad de emprender formas de dominación más sutiles.


El auge del eurocapitalismo

El eurocapitalismo fue la respuesta, a través de la lucha de clases, al doble desafío: mantener el capitalismo bajo la hegemonía estadounidense, por una parte, a la vez que se neutralizaba la influencia soviética y del movimiento comunista.

Consistió en mostrar el rostro amable del capitalismo avanzado, donde la explotación capitalista era compatible con niveles de bienestar que anestesiaba el conflicto obrero. Así sus grandes ejes pueden resumirse en: el capitalismo como orden incuestionado (estado, leyes, ideología, educación, medios de comunicación), aceptación de la hegemonía estadounidense (Plan Marshall, Guerra Fría, OTAN, Red Gladio, USAID, Radio Liberty, entre otras), canalización del conflicto social a través del Estado del bienestar (economía mixta, keynesianismo, sanidad, educación, vivienda, pensiones), y el predominio ideológico del social-capitalismo que articulaban políticamente la socialdemocracia y la democracia cristiana, y el anticomunismo jugando un papel central.

Este capitalismo europeo de rostro humano, muy alejado del capitalismo salvaje reinante en el resto del mundo, permitía a Europa dar lecciones de derechos (humanos, civiles, políticos) en la comunidad internacional, mientras la URSS y el comunismo representaron algún peligro concretado en las organizaciones  de masas (Italia, Francia, Portugal, Grecia, España). Ante ellas, la culta Europa, además de educación y propaganda, desplegó una fuerte represión (ilegalización, cárcel, exilio, purgas, dictaduras). 

Además, en Europa, el capital se reconfiguró bajo una unidad que empieza siendo económica para ir ampliándose, la Unión Europea, exponente del eurocapitalismo.


El declive del Eurocapitalismo

La crisis de los años setenta, con el fin de la fase expansiva del ciclo de la posguerra, mostrará algunos de los límites del eurocapitalismo (dependencia petrolífera, inflación, desindustrialización, desempleo, rentabilidad) como resultado de la crisis capitalista mundial y su inserción en la circulación global del capital.


La respuesta neoliberal (Thatcher, Kohl, González, Delors), ya en los ochenta, apuntará en lo que será la política de privatizaciones, liberalizaciones, desmantelamiento del Estado del bienestar. También la ampliación de la UE (España, Portugal). 


El derrumbe del bloque soviético, en los noventa, dará algo de oxígeno, proveyendo de áreas de expansión a la UE. Las nuevas relaciones con una Rusia que aspira a incorporarse al bloque occidental también será fuente extraordinaria de materias primas y energía baratas, además de un gran mercado. Sin embargo, el capital norteamericano ansioso por el fraccionamiento de Rusia, no puede tolerar el avance de un bloque Euroasiático.


La Gran Recesión (2008) vuelve a exhibir las debilidades del eurocapitalismo cuya integración va lenta en relación a los requisitos de la competencia mundial (pérdida de competitividad, vulnerabilidad financiera, desindustrialización) donde emergen una serie de nuevas potencias, caso de China, sumando la crisis del euro, ante la que prevalecerán las viejas recetas neoliberales (austeridad, recortes sociales, disciplina fiscal y monetaria).


A partir de 2014, el nuevo orden geopolítico donde las potencias USA y China (junto a los BRICS) disputan el dominio mundial; la expansión del capital ruso que no se pliega ante el europeo y yanqui, terminará con la declaración otanista de guerra híbrida, que el gobierno ruso responderá invadiendo Ucrania y avanzando sobre África; a su vez, los gobiernos occidentales removerán el Extremo Oriente y permitirán el exterminio israelí de Gaza. 


Eurocapitalismo putrefacto y derechización

En este tablero, la UE se muestra cada vez menos relevante, por su desubicación en la circulación mundial del capital, particularmente del norteamericano, al que las élites europeas se aferran con desesperación.


Esta situación es más dramática porque ese capital USA trata a la UE con displicencia haciéndole pagar caro su liderazgo: las amenazas territoriales (Groenlandia), los aranceles, o la venta del caro gas licuado. Además, le vende su papel de gendarme mundial, obligándola a incrementar los presupuestos militares que ha de gastar en buena medida en armas norteamericanas.


La forma política adecuada para esta subordinación a USA y para la ofensiva de recortes que exige el belicismo es la derechización y el ascenso de la extrema derecha. La cual ya está normalizada en las instituciones europeas y gobierna en varios países (Italia, Hungría, Finlandia, Croacia, Eslovaquia, República Checa, por ahora). En la medida que esto se extienda asistiremos a recortes laborales, sociales, civiles y políticos, acompañados de un aumento de la represión del pensamiento disidente y los movimientos sociales.


Por una euroizquierda organizada

Mientras la derecha remata al agotado eurocapitalismo, que ya no resulta funcional para el capital americano que lo sostenía, la izquierda europea habrá de hacer tanto la crítica como la construcción de una alternativa al eurocapitalismo putrefacto. 


Durante mucho tiempo, más allá del período prosoviético, el modelo social europeo fue el paradigma de buena parte de la izquierda. El declive y probable final de este modelo, la obliga a repensar un nuevo referente internacional. Si el capital europeo quiere contar, habrá de permanecer unido y dejar atrás el agotado eurocapitalismo, redefiniendo su lugar en el capitalismo mundial. Existen tres opciones estratégicas: marchar sola, acompañarse del capital ruso o vincularse al capital chino.


Ante ello, la izquierda, todavía débil y fragmentada, habrá de hacer un serio esfuerzo de unidad y organización para sobrevivir, así como prepararse para armar el contraataque. También, de defender la unidad de los pueblos de Europa y discutir la forma política de inserción en el sistema mundial, la izquierda  habrá de hacer frente a las contradicciones del capitalismo en los planos ecológico, laboral, familiar, político ... Eso implica pensar cómo gestionar la economía mediante una centralización del capital, administrada democráticamente a través de la planificación orientada a las necesidades de la población. Además, de incorporar las tecnologías (incluida la Inteligencia Artificial), para elevar la productividad garantizando un bienestar material sostenible, que incluya la reducción de la jornada laboral. Todo ello como paso previo a un escenario en el que la vida social pueda regularse conscientemente mediante la asignación directa del producto del trabajo a las necesidades personales, es decir al socialismo.

martes, 25 de febrero de 2025

Andalucía, la izquierda y la centralidad de la clase obrera

 


Un debate frecuente entre los estudiosos, en los activistas políticos y también entre el público en general, es la primacía del punto de vista de clase social en el tratamiento de los fenómenos sociales, aunque sea a través de la negación del tal carácter central. Es más, una de las críticas a la izquierda actual es su wokismo (exageración de las identidades), que es una manera de afearle que se dedique a las mil y una causas de queja social (ecologismo, pacifismo, feminismo, racismo, transgenerismo, animalismo, edadismo, …). Otra expresión del descentramiento respecto del clasismo fue la afirmación del izquierdista Sanders respecto del abandono propinado por la clase obrera americana a los demócratas al indicar que antes los demócratas habían dado la espalda a la clase obrera.


Esta pérdida de centralidad de la clase obrera en el discurso ha estado precedida por la inflación de estudios, análisis, investigaciones que ponían el acento en otras perspectivas como el género, la raza, la edad, la geografía o cualesquiera otro atributo personal con tal de que la clase social quedara oculta o desdibujada. Aclaro, no es que esté mal la perspectiva de la edad, pongamos por caso, simplemente afirmo que ha de hacerse conjuntamente a la clase social, porque de lo contrario se naturaliza la clase social, y con ella el orden social existente. Ahora bien, por qué han tenido tanto éxito estos planteamientos.


Es claro, que ha contribuido que la corriente ideológico-científica multifactorial o interfactorial, pero sobre todo anticlasista, ha sido presentada, empujada, incentivada, premiada, por los defensores del capitalismo desde sus fundaciones, sus administraciones y sus academias.


Y no les falta motivos. La perspectiva de clase social suele conducir al cuestionamiento de los pilares del sistema social o del modo de producción. Por ello, la producción ideológica se procura alejar del detenimiento en las clases sociales, de la división de la sociedad en clases, de los intereses contrapuestos de estas clases y de la lucha de clases como relación social. Y sobre todo, por plantear el sujeto social portador de la transformación de la sociedad. Pero, por qué el enfoque de clase habría de priorizarse o tenerse en cuenta en el estudio de las cuestiones que atañen a la sociedad, frente a otros atributos que portan las personas (sexo, edad, género, raza, nacionalidad, residencia, etcétera).


Podría decirse que una cosa son los tratamientos y métodos de las investigaciones sociales y otra distinta los programas políticos de, pongamos por caso, las organizaciones de izquierda. Sin embargo, el programa político suele descansar en un diagnóstico que, a su vez, es acreedor de unas investigaciones sociales que, no tienen más remedio que descansar sobre unas bases metodológicas. De ahí la importancia de, más allá de la retórica, revisar los diagnósticos, investigaciones y metodologías, para plantear programas que respondan a las necesidades de aquellos a los que se quiere representar, hacerles una oferta electoral y, sobre todo, mostrarles una causa por la que luchar.


No obstante, sigue en pie la pregunta principal: por qué el enfoque de clase social ha de estar presente en cualquier análisis de la sociedad y, por tanto, ha de acompañar al resto de variables (género, edad, raza, sexo, nacionalidad, residencia, altura, o peso, por señalar algunas).


La cuestión tiene que ver con la reproducción de la sociedad, particularmente con su reproducción material, con la producción; lo cual nos lleva a los elementos de la producción (medios de producción y fuerza de trabajo) y, finalmente (por no continuar hasta el origen de la vida), al trabajo. Por esto, las clases sociales, o sea la organización de las personas de la sociedad en torno al trabajo, en torno a sus elementos necesarios (medios de producción y fuerza de trabajo), y en torno a la reproducción de la sociedad de que se trate, es un aspecto fundamental en el análisis de los comportamientos sociales y de la evolución de la sociedad.


¿Quiere decir esto que hay que despreciar al resto de aspectos? No, de hecho estos otros aspectos enriquecen y matizan. Solo quiere decir que hay que tratarlos acompañados de, o teniendo en cuenta a, las clases sociales. Aún así podríamos preguntarnos: qué pasa si no se hace así y se hace como hasta ahora, o sea tratar a la población, al mercado laboral, a las políticas públicas, por ejemplo, desde las distintos enfoques sin tener en cuenta a las clases sociales. Pues que, efectivamente, se hace desaparecer a las clases sociales; primero del método, luego de la investigación, posteriormente del diagnostico y, finalmente, del programa. Por lo que, en correspondencia, y como decía Sanders, no debiera sorprender que la clase obrera se olvide de las luchas, de los partidos y de los votos. Tampoco quiero dar la impresión de que todo el problema es ese; es una parte del problema, pero cada uno tiene que hacer su parte. Los partidos de izquierda no pueden esperar el apoyo si no cumplen con su parte; y esta es su parte.


A modo de ejemplo, planteo la distribución de la renta en torno a las clases sociales en Andalucía a lo largo del período 1995-2024, que son los últimos datos que nos ofrece la Contabilidad Regional de Andalucía. En ella se ponen de manifiesto el reparto de la renta entre las personas que perciben el salario y las que perciben la plusvalía; rentas que previamente han sido producida y en cuya producción han intervenido de modo distinto estos sujetos sociales (unos entregando su fuerza de trabajo para que sea consumida y otros proporcionando los medios de producción); función en la producción que está condicionada por su condición de clase (propietarios de los medios de producción o burgueses, y vendedores de fuerza de trabajo o asalariados). De esta manera, la distribución de la renta entre las personas y las condiciones de vida que de ello se deriva, vemos que está mediada por su condición de clase social. También nos permite ver cómo se va modificando a lo largo del tiempo, que es otra forma de decir a lo largo del ciclo capitalista y sus diferentes fases. La pregunta para los otros enfoques es si a través suya se podría dar cuenta de la producción y distribución de la renta, pongamos por caso en Andalucía.


Ahora, que se debate la unidad de la izquierda, la centralidad de las clases sociales debiera ser un asunto a poner sobre la mesa y discutirse. Ahora, a unos días del aniversario de El Manifiesto del Partido Comunista publicado el 21 de febrero de 1848, correspondería a los comunistas y socialistas ser los portadores de esta posición que no puede ser otra que la posición de la clase obrera. Ahora, a pocos días de celebrar el día de Andalucía (28 de febrero), sería una ocasión para plantearse si tiene sentido, en la Andalucía capitalista inserta en la división internacional del trabajo, el andalucismo abstraído del análisis de las clases sociales y al margen de la clase obrera andaluza.

lunes, 27 de enero de 2025

Sobre la unidad de la izquierda: dos propuestas y una pregunta

(Esto es lo que hubiera querido decir, pero por falta de tiempo no fui capaz, en una reunión donde se debatía sobre la unidad de la izquierda)

La unidad de la izquierda se entiende, la mayoría de las veces, como la unidad de los partidos y la coalición electoral. Cuestiones que son necesarias, de cara a las elecciones, pero que hoy día no son suficientes. El proceso al que nos referimos con unidad de la izquierda (UI, en adelante) debe aspirar a ser algo más profundo.

Se hace necesario plantearse la unidad de las personas de izquierda porque con todas las idas y venidas de las distintas organizaciones de la izquierda, con sus desencuentros y reencuentros, las que también van y vienen son las personas que las componen o se identifican con estas organizaciones así como muchas que quedaron en el camino. Estas personas, que también portan las afinidades y diferencias, son las que pueden constituir el proceso unitario. Por eso es importante plantearse la unidad de las personas de izquierda (UPI, en adelante) como prioridad. Ciertamente, a esto ayudan mucho las acciones concretas (concentraciones, manifestaciones, por ejemplo), pero es bueno tenerlo presente de cara a organizar un proceso constituyente de la UI.

En un primer momento, el papel de las organizaciones es importante para facilitar este proceso de de UPI y aceptar dejar en segundo plano la unidad electoral, que habrá de surgir más adelante como un resultado de la UPI.

Bien, de cara a la UPI, la cuestión a la que deberíamos respondernos, de manera individual, es: por qué estoy aquí; por qué he venido. Es una pregunta que apela a la necesidad interna que tengo, en relación con lo que me rodea, que no encuentra otro modo de expresarse que reunirme con otras personas que dialogan sobre la unidad de la izquierda.

Ciertamente, cada respuesta será diferente, y estaría bien, además de hacer el esfuerzo individual e interior de respondernos a nosotros mismos, haciendo consciente nuestro pensamiento, que se compartiera. Porque, en el comunicarnos la respuesta a “¿por qué he venido?” podemos descubrir aspectos que dábamos por sabidos que estaban equivocados, o aspectos que no se tenían en cuenta, etcétera. Con ser bueno, no es indispensable esa objetivación de nuestro parecer.

En cualquier caso, por distintas que sean las diferentes respuestas, muchas de éstas manejarán dos elementos: conciencia individual y transformación social.

Estas dos cuestiones son el objetivo de las dos propuestas que traigo. Pero, antes de pasar a ellas, quiero insistir en la importancia de la pregunta constituyente (¿por qué estoy aquí?). Porque este proceso, para ser genuino, honesto, sincero, debe ser la materialización colectiva de la satisfacción de aquella necesidad interna, de la pregunta constituyente. Y, aunque diversas puedan ser las respuestas individuales, la respuesta colectiva ha de ser única, común. Esta solución comunitaria empieza aquí y ahora.

La primera propuesta tiene que ver con las conciencias individuales, la lucha de ideas, la batalla cultural, llámese como se quiera, requiere poner el acento en los medios de comunicación; la izquierda debe, con los medios que tiene (hay muchos medios de comunicación y operadores en redes sociales de izquierda) y con lo que pueda crear, operar sobre el proceso en que las personas producimos nuestra propia conciencia. En esto nos va la vida.

La segunda tiene que ver con transformar la sociedad; la sociedad capitalista está cambiando, la lucha de clases ha cambiado, las formas políticas están cambiando, la sociedad se derechiza y la ultraderecha crece. Esto no es una maldición ni una casualidad. Es necesario un diagnóstico de la sociedad, del momento, basado en un método en consonancia con el objetivo (crítico y revolucionario), que nos permita plantearnos un programa realizable en la dirección de superar el capitalismo, lo cual implica mejorar las condiciones de vida de la mayoría, empezando por la clase obrera (socialismo o barbarie).

La izquierda no puede quedarse parada. Nos pueden ganar porque sean más fuertes, pero no porque bajemos los brazos. Por eso necesitamos todos los brazos y todas las cabezas, por eso necesitamos empezar por la Unidad de las Personas de Izquierda.

jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


domingo, 17 de noviembre de 2024

Próximamente: sobre la crisis en la izquierda

Un adelanto. 

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad.

Si queremos enfrentar con garantías la situación en la práctica de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

lunes, 28 de octubre de 2024

El caso Errejón y la maldición de la izquierda

Dos personas discuten: si eres tan comunista por qué no me das tu coche, termina el uno; y el otro, no dando crédito a lo que escucha y sin salir del asombro agacha la cabeza.

Después de lo que estamos sabiendo sobre el comportamiento de Iñigo Errejón, particularmente el trato degradante que dispensaba a las mujeres que le atraían sexualmente, a uno se le ocurre pensar si la izquierda puede sacar algo en claro de este asunto. Aquí no vamos a ser menos que nadie y vamos a insistir en que las víctimas son lo primero, concrétese eso como se concrete; pero, sí tengo claro que, además de buscar la mejor salida personal a lo que les ha pasado, no estaría de más plantearse que tienen en sus manos hacer algo por otras personas que estén en su situación.

Desde luego, las organizaciones políticas donde ejercía funciones deben tomar nota. Sobre todo si hacía ya más de un año que hubo informaciones públicas sobre el asunto, que fueron archivadas por dichas organizaciones y por más colectivos, algunos con importantes funciones de control en nuestra democracia. Se me vienen inmediatamente a la cabeza los medios de comunicación. Particularmente aquellos que dispensaban un protagonismo excepcional a esta persona, que dicho sea de paso fue muy bien tratada porque realizaba un servicio impagable haciendo de contrapunto a otras opciones politicas. Alguna explicación deberían de dar.

Pero, volviendo a la izquierda, esa difusa identificación con la superación (total o parcial) del capitalismo, hay dos aspectos de este asunto que quisiera mencionar. Uno es destacar al individuo o individua dentro del colectivo, que llevado al extremo degenera en el culto a la personalidad, y que adopta formas mas suaves como el liderismo. Otro es la coherencia, esa correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace. Me detendré en este último.

A las gentes de izquierda se les exige, y nos deberíamos autoexigir, extremar la coherencia. Porque lo contrario invalida nuestro discurso, le resta credibilidad y alimenta el abstencionismo político (incluido el electoral) de la sociedad en general. Pero, principalmente nos aleja del principal apoyo social de la izquierda, la clase obrera. Cuestión que mina nuestra razón de ser que no es otra que avanzar en la superación del capitalismo con la participación masiva de la sociedad, con la mayoría de la clase obrera.

Como siempre no hay unanimidad, encontrándonos dos posturas extremas entre las cuales nos situamos los que reflexionamos sobre estos asuntos. Por un lado, están los más exigentes que creen que los dirigentes deberían ser personificaciones impolutas de los ideales, valores e incluso programas que se defienden desde la izquierda; por otro lado, están los más comprensivos que admiten resignadamente que somos parte de la sociedad, un reflejo de ésta, y nos tocará en suerte un poquito de cada cosa, incluidos ladrones, violadores tanto como santos y anacoretas.

El camino que se ha encontrado, hasta ahora, es el de los protocolos donde la organización intenta filtrar aquellos casos, que tengan un coste público y, en la medida que se progrese, simplemente de aquellos casos no ejemplarizantes.

No deja de ser un camino al servicio de la propia organización, que sin estar mal no va a la causa. En primer lugar se destina a los dirigentes o cargos públicos, de modo que cargos intermedios e incluso afiliados por no hablar de simpatizantes quedan excluidos. Lo cual llevado al extremo nos enfrentaría a una organización que aspira a una primera linea modélica con el resto de la pirámide medio podrida, con todo el respeto entiéndaseme la idea. Aún así, sería fácil de arreglar pues se trataría de ampliar los protocolos. No considero que sea equivocado, pero tengo la sensación de que no es la panacea y que posiblemente nos estamos perdiendo una reflexión interesante si solo se va por ese camino.

Es claro que hay que ser coherentes, pero por qué no somos coherentes. Señalo algunas cuestiones que, en mi opinión deberíamos tener en cuenta apuntando a las causas. El capital genera en las personas una conciencia, un pensamiento, determinado que nos lleva a ser cómplices inconscientes del sistema (enajenación). También crea, aunque resulte paradójico, una conciencia crítica que grosso modo y de manera difusa identifico con la izquierda. Bien, esa es la maldición de la izquierda: acreedora del capitalismo ha de mostrarse crítica con él. Las personas, todas, que se identifican con la izquierda son igualmente portadoras de tal contradicción. La pregunta es si hay algún tratamiento que permita moverse en dicha contradicción. Mi respuesta es afirmativa y la clave está en tomar conciencia de la contradicción de manera dialéctica.

Lejos de eximir de responsabilidad personal obliga a prestar un cuidado especial a la conciencia de cada cual y a la colectiva. El tratamiento dialéctico de la contradicción supone distinguir la forma (crítica) de la conciencia de su contenido (enajenado). Saberse una conciencia enajenada y partir desde ahí en la crítica: hacer una crítica que tome en cuenta la conciencia de la enajenación. Y el corolario: el desarrollo del contenido en la dirección de ser, como partidarios de la izquierda, portadores de la conciencia superadora del capitalismo, por tanto ejemplo de socialismo en el capitalismo. Esto vale para el caso Errejón y para otros muchos más que fueron, que son y los que serán.

A los diez segundos, levantó la cabeza y le respondió: solo si esa es una condición para superar el capitalismo tiene sentido que te dé mi coche.


miércoles, 19 de junio de 2024

Apuntes sobre derecha e izquierda

 

Izquierda versus derecha

Tiene sentido hoy, a la vista de la oferta partidar, hablar de derecha e izquierda.

Qué es la derecha y qué la izquierda.

El origen historico de los términos es circunstancial, accidental, anecdótico. En la asamblea francesa previa a la revolucion, los partidarios de que el rey sancionara las leyes se pusieron a la derecha, mientras los que decían que bastaba que las aprobase la asamblea para que fuesen efectivas sin necesidad de aprobacion por el rey, se colocaron a la izquierda.

El significado ha cambiado algo con los tiempos, tiene un carácter histórico.

El significado es distinto en Europa que en Estados Unidos.

Centrándonos en Europa


La Izquierda (I) plantea:

- la sociedad (conjunto de personas que forman una comunidad)

- fortalecer a la sociedad (sanidad, educacion, pensiones);

- defiende estado fuerte que sea un instrumento para el bienestar de la sociedad;

- sufragado por impuestos pagados por los ciudadanos distribuidos según las posibilidades, que pague más quien más tiene (progresivos, proporcionales);

La izquierda se asocia a: republicanismo frente a monárquicos; democracia; progresismo, laborismo, socialismo, defensa de derechos civiles (discriminaciones, raciales, sexuales, feminismo, pacifismo, ecologismo, cambio político;

Muchos de sus valores se aproximan al humanismo (solidaridad con los más desfavorecidos o discriminados como trabajadores, mujeres, ancianos, discapacitados, inmigrantes, …); a veces defienden medidas discriminatorias para defender a los más debiles, caso de la discriminación positiva de la mujeres; defensa de los derechos de las minorías; reinsercion y rehabilitacion de los delincuentes (despenalización);

En los aspectos civiles la izquierda es más liberal (reduccion de penas, rehabilitacion, drogas, prostitucion, religion, aborto, divorcio, …); frente a la derecha mas tradicional y cerrada a estos cambios.

También la sexualidad, la anticoncepcion, planificacion familiar, educacion sexual, derechos de homosexuales, formas de union o matrimonios distintos al tradicional, a favor de los avances científicos, religion, pacifismo, derechos humanos, naciones unidas, critica del imperialismo y su forma actual yanqui,

Economia: estado de bienestar, servicios publicos (sanidad, educacion, prestaciones sociales, pensiones, prestacion desempleo, …); derechos básicos para ciudadanos; impuestos elevados y distribuidos según capacidad de pago;

Formas politicas: socialdemocratas, socialistas, socioliberales, cristianos de izquierda,

Hay una extrema izquierda: revolucionarios, comunistas, … que cuestiona el capitalismo, la propiedad privada, el mercado, plantea la superación del capitalismo, … No tiene representacion europarlamentaria.


La derecha (D) defiende:

- naturaliza al hombre y a la sociedad; las cosas siempre han sido así y así han de permanecer; conservación;

- las diferencias sociales tienen que ver con diferencias naturales y de cómo cada individuo hace uso de sus atributos en la competencia, que es una relación natural (no histórico); si responden al orden natural la sociedad no debe cambiarlas;

- el individuo y el individualismo, frente a lo colectivo;

En lo economico:

- los hay proteccionistas y liberales; defienden capitalismo, imperialismo (americano), libertad economica de empresas e individuos, la competencia frente a la regulacion, el mercado frente al estado, la empresa privada frente a la empresa publica,

- la iniciativa privada frente a la iniciativa pública;

- la empresa privada frente a la administracion publica

- para proveer servicios privados frente a servicios públicos;

- un estado mínimo (militar, policial, servicios centrales) frente a un estado grande e intervencionista;

- beneficiar a empresas y empresarios para promover la actividad economica, y como consecuencia mejore la sociedad;

- nacionalistas, imperialistas, se oponen a la inmigracion (emigracion?); cultura; tradición;

- tradicionalismo frente a modernismo;

- conservadurismo frente a progresismo;

- gradualismo frente a aceleracionismo;

- libertad de circulación de mercancías, capitales, empresas, turistas, pero no de fuerza de trabajo.

Los partidos: conservadores, nacionalistas, liberales, social-democratas,

Usar al estado para conservar tradiciones, defensa, seguridad,

Sus enemigos: Marx, marxismo, comunismo,

Son anticomunistas.

Resumen

Simplificando podemos decir, que los conceptos tradicionales de I / D, aquí presentamos extremos pero hay que entender que hay grados que hacen más de izquierda y menos , así como menos de derecha y más de izquierdas, llegándose a un punto intermedio de confusión (centro) mientras que cuanto más te alejas del centro te acercas a los extremos:

- en cuanto al sistema social, el capitalismo, la derecha es mas defensora del mismo (propiedad privada, empresa, mercado, competencia) que la izquierda, mientras ésta se muestra más crítica y reformista con este sistema (propiedad estatal, empresa y administración pública);

- en relación a estas reformas, la izquierda las impulsa a través del estado, mientras que la derecha cuando finalmente accede a ellas plantea que sean las empresas privadas quienes las lleven a cabo (ejemplo sanidad publica frente a sanidad privada, o educación o pensiones);

- el tamaño del estado, por tanto, diferencia a la izquierda que tiende a agrandarlo frente a la derecha que tiende a estrecharlo; también la financiación de la actividad estatal, por tanto, las distingue, así la izquierda defiende impuestos elevados mientras la derecha aboga por la reducción de impuestos; quién y en función de qué deben pagarse estos impuestos es otra nota distintiva, la izquierda defiende que lo paguen quienes más tienen de manera progresiva mientras la derecha es mas partidaria de la proporcionalidad;

- en su crítica del capitalismo la izquierda ha hecho causa común con el antirracismo, feminismo, pacifismo, ecologismo, sindicalismo, sexismo, etc; la derecha ha sido menos proactiva con la mayoría de estos movimientos aceptándolos tardíamente (cuando ya hay una mayoría social que los defiende) en versiones más suaves y siempre dispuesta a retroceder si hay condiciones para ello (contrarreformas);

- De igual manera en otros derechos civiles como divorcio, aborto, educacion sexual, legalizacion de drogas, rehabilitacion y de presos y delincuentes, prostitucion, eutanasia, … en general la izquierda se muestra más liberal, partidaria de la libertad individual, frente al prohibicionismo de la derecha;

- Aspectos culturales: la derecha suele defender la tradición mientras la izquierda se muestra más abierta a los cambios;


Qué significa esta simplificacion en el ámbito europeo.

Cuadro-resumen del planteamiento derecha e izquierda


Posiciones políticas ante los derechos económicos y civiles-humanos



Derechos económicos



Liberal

Regulador

Derechos civiles y humanos

Liberal

Ultraliberales consecuentes

Izquierda tradicional

Regulador

Derecha tradicional

Fascismo, franquismo, falangismo, Nazismo


Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...