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jueves, 4 de diciembre de 2025

El beneficio privado y la hipocresía pública

A Juan de Barrios Hartos y a Jose Luis de Los Lunes al Sol


¿La salud antes que el negocio?

El día 3 de diciembre de 2025, el diario El País, y tras ellos, la Cadena Ser (ambos de la empresa mediática Prisa), denunció en portada unos audios, donde un directivo de una empresa sanitaria privada hace un llamado a mejorar la cuenta de resultados. No se queda en la arenga empresarial, sino que ilustra sugiriendo engordar las listas de espera, recordándoles que ya una vez las adelgazaron, tratándose ahora de revertir el proceso.

Rápidamente la mayor parte de medios, instituciones y políticos, por no hablar de personas de a pie, absolutamente todos, se han llevado las manos a la cabeza.

A uno le gusta pensar que la sociedad se ha puesto de acuerdo en poner la sanidad, la salud, por delante del negocio. Lo que se dijo en la Pandemia. Pero, ya no me lo creo. Así que os cuento como lo veo.


Actividad económica y beneficio privado

Un gerente le explica a su plantilla que la empresa necesita ganar más dinero, y la orienta para llevarlo a cabo. Les convence de que es posible y les ilustra sobre cómo se hace. Hasta aquí todo normal. Es lo que hace cualquier gerente de empresa privada. Es más, el consejo de administración (propietarios) le contrata para ello. ¿Cuál es el problema?

No digo todos, pero buena parte de los sorprendidos, incluyendo al medio de comunicación denunciante, saben que las empresas privadas, se dediquen a lo que sea, tienen como objetivo ganar dinero, y cuanto más mejor. Más aún, saben o deberían saber, que es la única manera de sobrevivir en la competencia capitalista, en este caso, en torno al negocio de la sanidad. 


Beneficio privado e ideología

Sí, eso, el problema es que juegan con nuestra salud, por eso nos llevamos las manos a la cabeza. 

Pero, la prevalencia del beneficio monetario no solo es en la sanidad, también del negocio de la educación, de las residencias de ancianos, de las soluciones habitacionales ante desahucios, o las armas, el juego de azar, … y podríamos seguir hasta recorrer todas las ramas de la economía de un país. Todas en mayor o menor medida, de manera directa o indirecta, tienen que ver con el interés de la sociedad. Y en todas, porque es la esencia del capitalismo, el valor de uso es el medio para la valorización del valor.

Esta necesidad del beneficio privado, inmanente al capitalismo, es la base material de la ideología que lo justifica.


Ideología del interés particular e hipocresía

No se trata de la ideología de una persona, ni si quiera de una empresa o sector, se trata de la ideología general, que acompaña o justifica determinados intereses materiales.

Cuando se admite y naturaliza que el beneficio privado es lo que regule la actividad económica (lo que da beneficios se hace y lo que no se queda sin hacer) justificamos las decisiones y comportamientos que conducen a él: privatizaciones, cierres empresariales, reducciones de plantillas, externalizaciones, segregaciones, y toda la amplia ingeniería empresarial que realizan ese principio fundamental del capitalismo que es la obtención del beneficio monetario.

Así que sí, me parece hipócrita rasgarse las vestiduras por un caso que es una expresión de la norma rectora del funcionamiento de la sociedad, el capital. Pero, qué hacer.


Regular y el caso de Palmete

Resulta lógico plantearse regular la actividad económica; como herramienta para que prevalezca el bien público si choca con el interés privado de una empresa.

Existen ejemplos de como el beneficio privado termina abriéndose paso en la maraña de leyes y trámites: murieron ancianos en las residencias por falta de atención médica, vendieron mascarillas a precio de oro mientras morían personas carentes de ellas, personas enfermas trabajan por decisión de las mutuas, factorías producen instrumentos de muerte. 

O la vivienda, como el caso de la calle Verdad, del barrio sevillano de Palmete, en la que la nueva Ley de Vivienda y otras muchas similares se han mostrado impotentes. Once familias, con niños incluidos, han sido señaladas para desahucio en febrero; será ejecutado por las fuerzas y cuerpos de seguridad, por encargo de un juez, a petición de un banco para mayor enriquecimiento de un fondo buitre. Todo ello denunciado por la plataforma Barrios Hartos, y ante lo que la sociedad en general, los medios de comunicación y las instituciones (ayuntamiento, junta de andalucia o gobierno central) veremos si mueven un dedo.


La ideología y la práctica social

Volviendo a la práctica médica, la ideología que la dirige y su fundamento material. 

Es frecuente que pacientes de la sanidad pública con póliza privada se topen con un médico que, interviniendo en los dos ámbitos, le aconsejen operarse en la privada para evitar la lista de espera. En este caso, ganan el paciente, el médico y la sanidad privada. 

También se da lo contrario, el médico de la privada que te aconseja el tratamiento público basándose en que cuentan con más medios; el paciente agradece la sinceridad aparentemente desinteresada del profesional. Suelen coincidir con tratamientos costosos que a las empresas privadas les suponen menos rentabilidad. Así que no sería de extrañar que sean los propios gerentes de las privadas, espoleados por los consejos de administracion, los que animen al mencionado “ejercicio” de ética profesional entre su plantilla. 

El beneficio monetario es el fundamento de la ideología del interés privado. El problema es que, de una u otra manera, todos estamos sometidos a ella. Entonces, qué hacer.


Conclusión

Entre tanto cambiamos la relación social que organiza el funcionamiento de la sociedad capitalista, solo nos queda prepararnos (crear las condiciones que lo hagan posible) y, como paso previo, tomar conciencia de nuestra contradicción (producimos nuestras cadenas) para lo que necesitamos conocer.

Aunque solo sea por “quítate tú para ponerme yo”, o sea la vieja estratagema de la competencia capitalista ávida por monopolizar el negocio de la sanidad privada, este escándalo nos recuerda, en toda su crudeza, la ley absoluta del modo de producción capitalista, la producción del plusvalor (Marx); también la contradicción entre el bien social (valor de uso) y el interés privado (plusvalor), expresión de esa otra descubierta -de nuevo por Marx- la socialización del trabajo privado. Ahora, de nuevo, la pregunta es qué vamos a hacer con esto, nosotros, la ciudadanía, la clase obrera: seguimos rumiando nuestra desdicha, miramos hacia otro lado hasta que nos toque, o nos conjuramos para expropiar a los expropiadores (Marx dixit).


jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...