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sábado, 19 de abril de 2025

Hoy es Palestina, mañana nosotros



No hay que ser una persona especialmente sensibilizada con el pueblo palestino, ni identificarse con su raza, religión, idioma, o cualquier otra peculiaridad, para sentir cierta indignación ante el genocidio del que está siendo objeto la población de Gaza.

Me pregunto por el sentido que tiene la mediatización de esta matanza. Es claro que hay un interés en que veamos esta masacre, por eso la televisan. 

Se me vienen a la cabeza diversas explicaciones: quieren inmunizarnos frente al dolor ajeno para reducir nuestra empatía e indignación ante el sufrimiento humano porque de lo que se trata es de que cada uno se ventile lo suyo. O más bien, se trata de inocularnos el miedo, mirad podríamos estar peor, así que contento con lo que tienes, por lo menos no te bombardean tu casa. Así el conformismo se acentúa. 

La población gazatí, desde el punto de vista del capital, es una población sobrante. Karl Marx nos dió varias claves para entender este genocidio palestino, y otros: pasados, presentes y futuros.

Muy gruesamente. El capital desarrolla las fuerzas productivas, cuya expresión es el aumento de la productividad. De esta forma una cantidad de personas quedan excluidas de la producción y van al desempleo. Así, la capacidad de producción, por tanto de venta, sobrepasa la capacidad de compra, estamos ante la crisis de sobreproducción.

Para aminorar sus efectos, se alimenta a esta población sobrante, aunque no trabajen. Esto significa que una parte del plusvalor ha de dedicarse al mantenimiento de estas personas (también de mayores, incapacitados, discapacitados, entre otros). El resto del plusvalor se destina a la acumulación de capital y al consumo de la clase capitalista (no trabajadora).

En cada ciclo de producción se vuelve a plantear el problema: aumento de productividad, menos empleo y más desocupados, crisis de sobreproducción. Entonces, más plusvalor para desocupados y menos para acumulación y consumo capitalista.

Si este proceso se repite, no hay que esperar mucho para que la clase capitalista se pregunte por el sentido de mantener a la población sobrante para el capital. Aun más, si en esta redistribución viesen amenazados no solo la parte de la acumulación sino su propio consumo.

De otra manera, el mantenimiento de la población obrera sobrante estaría en cuestión y ahora sólo se trataría de mostrar socialmente aceptable su aniquilación. Otro problema es: qué sentido tiene mantener una gran capacidad productiva inutilizada o infrautilizada; incluso podría alentar un levantamiento de los parias en la que ocupasen fábricas, campos o viviendas, con el fin de prolongar su vida. Así que lo mejor es liquidar los medios de producción también.

La historia del capitalismo nos ha dado sobradas muestras de cómo acabar con personas y cosas. Desde catástrofes más o menos naturales (erupciones, terremotos, huracanes, inundaciones) hasta otras con clara influencia humana (sequía, hambruna, epidemia, guerra). Solo algunos ejemplos: en pleno proceso de acumulación primitiva, la Peste Negra (siglo XIV), mató entre 50 y 200 millones de personas (aproximadamente el 30-60% de la población europea); la conquista de las Américas (siglos XV-XVII) causó entre 10 y 50 millones de muertes entre las poblaciones indígenas (diezmando hasta el 90% de algunas comunidades); la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) provocó entre 70 y 85 millones de muertes; entre 1950 y 2000, las diversas guerras han acabado con la vida unos 25 millones de personas; la pandemia de VIH/SIDA (1981-presente) ha causado más de 40 millones de muertes hasta 2024, con un impacto devastador especialmente en África subsahariana; la Covid de 2020 provocó unos 7 millones de muertes (datos oficiales) y hasta 25 millones atendiendo al exceso de mortalidad.

Pero, qué reacción cabría esperar de la sociedad ante estos hechos; pudiera ser que fueran aprovechados para establecer un orden social distinto.

Por eso, quizás, nos televisen el genocidio palestino u otros; para mostrarnos que todo sigue igual, que seremos menos, pero perteneceremos - o no- a los afortunados que seguirán vendiendo la fuerza de trabajo para adquirir los medios de vida que nosotros mismos producimos, con el fin de enriquecer a los propietarios de los medios de producción que nos contratan. O sea, preparar a la humanidad con el fin de presentar como natural que la gente muera para que el capital siga viviendo.

lunes, 27 de enero de 2025

Sobre la unidad de la izquierda: dos propuestas y una pregunta

(Esto es lo que hubiera querido decir, pero por falta de tiempo no fui capaz, en una reunión donde se debatía sobre la unidad de la izquierda)

La unidad de la izquierda se entiende, la mayoría de las veces, como la unidad de los partidos y la coalición electoral. Cuestiones que son necesarias, de cara a las elecciones, pero que hoy día no son suficientes. El proceso al que nos referimos con unidad de la izquierda (UI, en adelante) debe aspirar a ser algo más profundo.

Se hace necesario plantearse la unidad de las personas de izquierda porque con todas las idas y venidas de las distintas organizaciones de la izquierda, con sus desencuentros y reencuentros, las que también van y vienen son las personas que las componen o se identifican con estas organizaciones así como muchas que quedaron en el camino. Estas personas, que también portan las afinidades y diferencias, son las que pueden constituir el proceso unitario. Por eso es importante plantearse la unidad de las personas de izquierda (UPI, en adelante) como prioridad. Ciertamente, a esto ayudan mucho las acciones concretas (concentraciones, manifestaciones, por ejemplo), pero es bueno tenerlo presente de cara a organizar un proceso constituyente de la UI.

En un primer momento, el papel de las organizaciones es importante para facilitar este proceso de de UPI y aceptar dejar en segundo plano la unidad electoral, que habrá de surgir más adelante como un resultado de la UPI.

Bien, de cara a la UPI, la cuestión a la que deberíamos respondernos, de manera individual, es: por qué estoy aquí; por qué he venido. Es una pregunta que apela a la necesidad interna que tengo, en relación con lo que me rodea, que no encuentra otro modo de expresarse que reunirme con otras personas que dialogan sobre la unidad de la izquierda.

Ciertamente, cada respuesta será diferente, y estaría bien, además de hacer el esfuerzo individual e interior de respondernos a nosotros mismos, haciendo consciente nuestro pensamiento, que se compartiera. Porque, en el comunicarnos la respuesta a “¿por qué he venido?” podemos descubrir aspectos que dábamos por sabidos que estaban equivocados, o aspectos que no se tenían en cuenta, etcétera. Con ser bueno, no es indispensable esa objetivación de nuestro parecer.

En cualquier caso, por distintas que sean las diferentes respuestas, muchas de éstas manejarán dos elementos: conciencia individual y transformación social.

Estas dos cuestiones son el objetivo de las dos propuestas que traigo. Pero, antes de pasar a ellas, quiero insistir en la importancia de la pregunta constituyente (¿por qué estoy aquí?). Porque este proceso, para ser genuino, honesto, sincero, debe ser la materialización colectiva de la satisfacción de aquella necesidad interna, de la pregunta constituyente. Y, aunque diversas puedan ser las respuestas individuales, la respuesta colectiva ha de ser única, común. Esta solución comunitaria empieza aquí y ahora.

La primera propuesta tiene que ver con las conciencias individuales, la lucha de ideas, la batalla cultural, llámese como se quiera, requiere poner el acento en los medios de comunicación; la izquierda debe, con los medios que tiene (hay muchos medios de comunicación y operadores en redes sociales de izquierda) y con lo que pueda crear, operar sobre el proceso en que las personas producimos nuestra propia conciencia. En esto nos va la vida.

La segunda tiene que ver con transformar la sociedad; la sociedad capitalista está cambiando, la lucha de clases ha cambiado, las formas políticas están cambiando, la sociedad se derechiza y la ultraderecha crece. Esto no es una maldición ni una casualidad. Es necesario un diagnóstico de la sociedad, del momento, basado en un método en consonancia con el objetivo (crítico y revolucionario), que nos permita plantearnos un programa realizable en la dirección de superar el capitalismo, lo cual implica mejorar las condiciones de vida de la mayoría, empezando por la clase obrera (socialismo o barbarie).

La izquierda no puede quedarse parada. Nos pueden ganar porque sean más fuertes, pero no porque bajemos los brazos. Por eso necesitamos todos los brazos y todas las cabezas, por eso necesitamos empezar por la Unidad de las Personas de Izquierda.

lunes, 30 de diciembre de 2024

El bulo, la fake y el capital

 


Cuando se habla de bulo, de noticia falsa (fake news), en estos tiempos, se pretende trasladar la idea de que son fenómenos nuevos. Es decir que antes (¿cuándo?) no las había y ahora han aparecido. Es más se los vincula a una forma concreta de extenderse, las redes sociales, obviando la cantidad de veces que se publican en medios de comunicación convencionales. Con esto se quiere generar la ilusión de que haciendo desaparecer o regulando las redes sociales se acabaría con el bulo o la fake.


Sin embargo, ninguna de estas afirmaciones son ciertas: ni son nuevos ni tienen su origen en las redes sociales ni, por supuesto, la regulación de éstas acabarán con las noticias falsas.


Más allá de que la mentira acompañe al hombre desde que empieza a comunicarse, lo que se está planteando es que la mentira se considere una forma de intervención política socialmente aceptada y, en un momento determinado, como el modo necesario de la reproducción del capital.


Debería sorprendernos, me pregunto, que la mentira sea un ingrediente constitutivo del capitalismo, o deberíamos añadirlo como un determinante de la relación social general, el capital, al igual que la explotación, la valorización o la acumulación.


El capitalismo produce la conciencia libremente enajenada, es decir que hace que las personas porten la capacidad de regir su acción deteniéndose en la apariencia (libertad), olvidando su esencia (enajenación) y elevando la apariencia a la categoría de esencia. Es decir, que se crean libres cuando realmente son multidependientes (mercado, dinero, capital) y, en muchos casos, sin ser conscientes de ello. Pero, el capitalismo, borra aparentemente todas esas dependencias y genera la ilusión de que basta tener el dinero en el bolsillo para que todo ocurra mágicamente (fetichismo).


No es solo que la clase capitalista use la mentira, en su modernidad bulo y fake, para mantener su dominio; por tanto, incorpore la mentira en su estructura de dominación (fuerza bruta, legalidad, escuela, familia). Ni si quiera que la propia clase obrera, cuando es incapaz de hacer la crítica del capital, en la subsunción al capital se encargue de reproducir la mentira capitalista. Por no hablar del papel del representante político del capital, el estado, o sus gestores inmediatos, los gobiernos. Recuérdense: las mentiras sobre el derrame del chapapote del Prestige, las armas de destrucción masiva de Irak, el 11M, o las de la dana de Valencia, etc. Todo ello forma parte de una mentira aún mayor, el propio capitalismo.


Es mentira que la propiedad (privada o publica) de las cosas esté en la naturaleza de las cosas, es la relación social general, el capital en el caso del capitalismo, la que requiere que ello sea así. También es mentira que el dinero sea necesario, es la relación social la que obliga a que sea así. Como una mentira es que la fuerza de trabajo haya de ser una mercancía y venderse por un salario, es el capital el que exige que sea así. Por no decir que el salario equivalga a la contribución de la fuerza de trabajo en el proceso capitalista de producción. Y mentira es, que la única forma en que se puedan relacionar las personas sea la relación social general de las sociedades actuales, el capital. Pero, el capital exige que así lo creamos.


Como se ve, los fundamentos de la sociedad actual, están basados en la mentira (el capital como atributo natural de la persona, cuando no el único o mejor) como “verdad” socialmente admitida. Mantener la mentira como “verdad” socialmente admitida exige un esfuerzo, que concierne a toda la sociedad. Un esfuerzo que consiste en crear un aparato, que exige la intervención de varios actores (creadores, difusores, legitimadores, …), toda una superestructura que se eleva sobre la base capitalista.


Un sociedad que se afirma en la mentira, como la capitalista, no tiene más medio que hacer de la mentira un medio de su reproducción. Otra cosa es que el fenómeno se ha disparado en la actualidad, y lo que ello dice de la situación actual, pero eso será para otra ocasión.


Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...