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domingo, 4 de enero de 2026

El secuestro de Maduro como expresión dialéctica del capital


La forma de conocer y de expresarnos, incluso cuando pretende ser científica, tiende a separar, a fracturar la realidad. Y eso es un error que nos puede llevar a consignas rápidas, indignación sin brújula, o posicionamientos bienintencionados, pero superficiales.

Por eso es importante el método de investigación. El método ya nos orienta sobre cómo pensar lo real. La dialéctica no lo fractura, no lo presupone, no lo interpreta, sino que aspira a reproducir idealmente la realidad. Física, química, biología, historia, economía o psicología, son momentos de la realidad, no apartados estancos. Comprender dialécticamente es ver la unidad. Lo de Venezuela, hoy, es una prueba.

Conviene aclarar: no se trata de negar el análisis como recurso legítimo. Forma parte del trabajo intelectual estudiar en detalle los elementos. Pero, es necesaria la síntesis unificadora. Esto ocurre en el comentario de la actualidad: los hechos se narran como eventos independientes, cuando están conectados. Algunos pretenden separar el ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro, lo que me parece equívoco.


Del secuestro a la presión militar

Por qué no debemos separar ataque a Venezuela y secuestro del presidente Maduro, perpetrados ambos por el gobierno de USA (Trump). Pues por la misma razón que ambos actos no pueden separarse de la acción militar que USA lleva meses realizando frente a las costas de Venezuela. Forman parte de la misma estrategia que pretende torcer el gobierno venezolano.


Los intereses inmediatos en juego

Acciones que no debieran mirarse al margen de los intereses de esta potencia en Venezuela, que tiene que ver con sus recursos específicamente petroleros (también diamante, oro, coltán, …) y con su papel en la división internacional del trabajo. Intereses que no se detienen en Venezuela y que alcanzan toda la región sudamericana, considerada el “patio trasero” desde el siglo XIX (guerra de Cuba de 1898). Por lo que el valor político disciplinar, la neturalización de un gobierno antagonista o el aviso a navegantes juegan un papel. La acción sobre este área de influencia no excluye el interés del presidente Trump por el resto del mundo.


Quién está detrás

Al mirar la unidad del proceso, emerge la pregunta sobre las condiciones sociales, subsumiendo el capricho trumpista. Ni en el gobierno o incluso el estado USA,que no hacen más que velar por la repoducción de su capital, del capital estadounidense. Un capital que engloba las grandes empresas americanas, sus instituciones financieras, el resto del tejido empresarial, y la sociedad norteamericana en su diversidad de clases y expresiones políticas.

Es importante entender que tras la voluntad de un político loco, equivocado, incluso corrupto, están los intereses que lo empujan, lo sostienen, lo eligen, etc. En definitiva, hay una relación social que se impone de manera general.


Mirando más allá

Pero, la insistencia de este capital americano por extenderse por todo el mundo no actúa en el vacío. Se mueve en la circulación mundial del capital, donde se encuentra con otros capitales, de otros ámbitos nacionales, con los que colabora y compite. Sobre todo compite por mercados en los que colocar productos, por fuentes de materias primas, por rutas logísticas, por tecnologías, condiciones fiscales, laborales, entre otras. Todo ello, sin más finalidad que la apropiación del plusvalor producido a nivel mundial por la clase obrera mundial.

No se trata de un vicio moral, ni de un capricho de clase, o cualquier otra “desviación” humana. Es la esencia del capital, su razón de ser es la obtención de plusvalor y su posterior apropiación. Para eso, no se detiene en las barreras y límites ecológicos, culturales, legales, o de cualquier otro tipo. El plusvalor, su acumulación, es la ley absoluta del comportamiento del capital. Y el capital es la relación social general que se objetiva (mercancía, dinero, medios de producción) organizando el mundo en la actualidad.


De la observación a la acción

Por eso, el secuestro de Maduro, es una expresión del ataque a Venezuela, y de la maldad de Trump, y de la política imperialista yanqui, y de la competencia mundial de los capitales, y de la expansión mundial del capital. Es todo eso, que explica que un obrero conductor, sindicalista erigido en presidente de Venezuela haya sido objeto de la acción piratesca de la primera potencia capitalista mundial.

Quienes pensamos que la situación mundial actual de guerras, desastres ecológicos, derechos humanos conculcados, debe cambiar hacia la paz, el respeto por la naturaleza, y la hermandad entre las personas, y que eso pasa por la superación del capitalismo, en la dirección de una sociedad socialista, no podemos fracturar la realidad, tampoco la venezolana.

Vincularla como parte de un mismo movimiento. Denunciarla como tal. Movilizarnos para revertirla, desde la acción ideal hasta la empírica, desde las notas de prensa hasta las concentraciones. Pensar es adelantar la acción. La dialéctica nos ayuda a pensar: que todo está vinculado, que nada es inmutable. Crítica y revolucionaria, como dijera Marx, la dialéctica nos empuja a vivir (actuar y organizar la acción) de otra manera, lo que incluye al secuestro del presidente Maduro.

viernes, 17 de octubre de 2025

La naturaleza social de la URSS: revolución o fetiche

Introducción

El aniversario de la gran revolución rusa, el 25 de octubre (7 de noviembre en el calendario actual) de 1917, nos da un pretexto para pensar el régimen soviético.

Más allá de un asunto espinoso para los que se reclaman de la superación del capitalismo (socialistas, comunistas, marxistas, entre otros), e incluso para la izquierda estatalista, nos parece de cierta actualidad. No sólo la nueva potencia mundial, China, sino otros países como Vietnam, Laos, Cuba o Corea del Norte tienen regímenes similares.

Dicho esto, la pregunta es si la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, 1922-1991) fue la realización del socialismo, y si no lo fue qué modo de producción era el dominante, o qué relación social general regía aquella sociedad.


Interpretaciones sobre la naturaleza social de la URSS

Una puede tener la tentación de guiarse por lo que los soviéticos escribían. Por ejemplo, echar mano del Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS que afirma que se estaba superando la primera fase del comunismo, el socialismo. O mejor aún, ver lo que decían sus constituciones: la de 1936 destacaba que la sociedad soviética había alcanzado el socialismo, y la de 1977 sostuvo que la URSS había construido el socialismo de todo el pueblo.

En esto coincidían con la ciencia oficial de los países capitalistas con la diferencia que éstos destacaban la dictadura, el totalitarismo, etc.

La posición del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética, partido único) también era compartida por los regímenes y las corrientes prosoviéticos (Ibarruri, Líster). Sin embargo, otras corrientes del marxismo discrepaban. Sin ánimo de ser exhaustivos veamos algunas.

La socialdemocracia clásica (Bernstein, Kautsky) negará el carácter socialista por la falta de elementos democráticos y el recurso a la violencia estatal. Los modernos hacen un uso “estético” del socialismo.

Los consejistas (Pannekoek, Maurin, Nin) serían de los primeros en criticar la forma partido-Estado y el trabajo asalariado planteando que se trataba de un capitalismo de Estado. Por su parte, lo trotskistas hablan de un socialismo degenerado donde la burocracia habría traicionado a la clase obrera, con fuerte crítica al estalinismo.

Maoistas y prochinos sostendrán que, tras el XX Congreso (1956), la URSS dejó de ser socialista para convertirse en social-imperialista.

Los eurocomunistas (Carrillo, 1977), críticos con el régimen soviético (Praga-1968, falta de libertades), lo califican de “intermedio”, ni capitalismo ni socialismo.

Muy similar, pero trece años antes, la posición de Claudín y Semprún (1964). También Sacristán (1968), del que se conmemora el centenario, niega el carácter socialista, además de criticar al estalinismo.

Otros teóricos coinciden en “ni socialismo ni capitalismo” sino régimen colectivista burocrático, donde la burocracia sería la nueva “clase” social enfrentada a la clase obrera por la gestión productiva.

Pero, dejemos las interpretaciones y pasemos a los hechos históricos.


En qué condiciones se formó la URSS

La previsible derrota rusa frente a la Alemania creó las condiciones para la revolución rusa que de la mano de Lenin y del partido bolchevique (escisión del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia), bajo la consigna “Paz, pan y tierra”, dando paso a la URSS.

La reacción internacional y el fracaso de la revolución mundial situarían a la nueva nación, en situaciones (internas y externas) complicadas: la guerra civil (1918-1922), guerra contra Polonia (1919-1921), campañas del Cáucaso (1918-1921), enfrentamiento con China (1929), el enfrentamiento con los kulaks por la colectivización (1929-1933), la guerra con Finlandia (1939-1940), los choques con Japón (1938 y 1945), la II Guerra Mundial (1939-1945), las deportaciones del colaboracionismo nazi, la Guerra Fría entre 1946 y 1979 (Berlin, Corea, Suez, Cuba, Oriente Medio, China, Afganistán), intervenciones en Hungría (1956) y Checoslovaquia (Primavera de Praga-1968), la guerra de Afganistán (1979-1989), diversos levantamientos secesionistas en la segunda parte de los ochenta y primeros noventa.

Como se ve pocos fueron los períodos de paz del régimen soviético. A pesar de ello, la URSS hizo logros importantes: avance en derechos laborales (jornada de ocho horas, vacaciones pagadas, abolición del desempleo, el moderno sindicato de servicios desde 1930s, entre otros); feminismo (voto, divorcio, aborto, trabajo fabril e incluso pilotaron aviones frente a los nazis), cívicos (alfabetización masiva en 1930s, educación-sanidad-vivienda-transporte gratuitos) y nacionalistas (teórico derecho a la secesión, autonomías); derrotó a los nazis en la IIGM (recomendamos el podscat La operación Urano); disputó más que honorablemente la carrera aeroespacial, la nuclear, y aspectos del progreso tecnológico y científico (matemáticas, astrofísica, química, biología), entre muchas otras cuestiones (cultura, deporte, ajedrez). Algunas de ellas fueron palancas fundamentales para su implantación en las sociedades capitalistas occidentales.

Cierto que, a veces, a un precio muy elevado: cada guerra fue seguida de hambre y muerte (la IIGM se llevó más de 20 millones de soviéticos), “errores” en las políticas que condujeron a hambrunas, la resistencia campesina a la colectivización forzosa (1929-1933), las purgas estalinistas (1936-1938) con mayoría de camaradas (Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Rubin, Preobrazhenski, posteriormente Trotsky), la fuerte represión y persecución hacia los opositores (Sakharov, Solzhenitsyn), ausencia de “libertades” (prensa, expresión, movilidad), entre otras.

Pero, de vuelta: qué modo de producción sustentó a esta sociedad soviética.


Qué fue la URSS

Un régimen que expropió rápidamente a capitalistas y terratenientes (1917), eliminándolos y con ellos la competencia entre capitales. La propiedad de los principales medios de producción (industria, transporte, banca) se estatalizó aunque parte de la tierra se repartió entre campesinos (en los años 30 serán obligados a formar explotaciones estatales o cooperativas). La producción y la circulación de bienes y servicios se planifica (el primer plan quinquenal 1928-1932). Hasta aquí los principales elementos que nos hablarían de la superación del capitalismo y de la instauración de un nuevo modo de producción, el socialismo.

Frente a esto los elementos capitalistas: los productos del trabajo, bienes y servicios, que son medios de vida (los medios de producción los asigna el estado), siguen adoptando la forma mercancía y adquiriéndose en el mercado (regulado) a cambio de un precio; la fuerza de trabajo es una mercancía a la que se le paga un salario, por tanto, la clase obrera (asalariados) sigue existiendo. Lo cual nos lleva a plantearnos la existencia de la explotación de la fuerza de trabajo, y de la relación capitalista. También existe el dinero (el rublo no es simple unidad de cuenta, es medio de compra); a partir de 1960, se crea el crédito oficial y se establece el precio del dinero (tipo de interés).

En mi opinión, el estado sería, como propietario de los medios de producción, el gran capitalista. Gestionaría la producción a través de la oficina del plan (Gosplan), de igual manera que una empresa planifica su actividad. Las empresas serian órganos estatales, aún así compiten por la fuerza de trabajo, por la inversión y por el crédito, persiguiendo mayor autonomía.

Los mercados negros o paralelos, colas, cuellos de botella, corrupción, serían formas que acompañan al capitalismo de estado. En el que, a su vez, coexiste la tendencia a desarrollar los elementos capitalistas como muestran las diversas reformas que se emprendidas para asimilar el funcionamiento al de un mercado capitalista competitivo (NEP de Lenin en 1921-1928, los sovnarkhozy de Jrushchov en 1957, el beneficio planificado de Liberman de 1965, aperturismo al exterior de Brezhnev en 1973-1974, principio de autofinanciación impulsado por Kosygin 1973-1975, Perestroika de Gorbachov en 1985-1990).


Conclusión

La URSS fue la primera vez en la historia que el proletariado nacional, mediante la revolución soviética, eliminaba a capitalistas y terratenientes.

Pero, las relaciones sociales capitalistas (mercancías, dinero y trabajo asalariado) se mantuvieron.

Por lo que el estado soviético, que centralizó los medios de producción, seguía siendo el representante político del capital en su conjunto, un estado capitalista.

Aunque el estado estaba en manos de la clase obrera -no había otra-, solo una fracción de ésta, la ocupada estatalmente en puestos directivos (burocracia), se encargaba de la planificación y gestión de la sociedad.

Añadimos que la inserción en el mercado mundial, donde el estado soviético compite cual capital privado, muestra a la URSS como una forma específica del capitalismo.

Y esto nos enfrenta a la organización social del trabajo privado como un atributo enajenado en el capital, en la que el fetichismo de la mercancía es permanentemente negado como necesidad ideológica.

En cualquier caso, algunas preguntas nos asaltan: qué sentido histórico tuvo la revolución rusa en el contexto del desarrollo del capitalismo mundial; por qué el capitalismo estatal ruso hubo de revestirse del socialismo y recurrir al marxismo (materialista histórico y materialismo dialéctico); qué obstáculo encontró aquella generación de intrépidos y capacitados revolucionarios para superar el capitalismo ruso; si aquello fue capitalismo por qué la clase capitalista no le dió un momento de sosiego; por qué las fuerzas productivas de la sociedad rusa, que permitieron la victoria sobre el nazismo (ver el podcast La operación Urano), en vez de dar paso al socialismo evolucionaron hasta tomar forma en el actual capitalismo competitivo, previa desintegración del bloque de la Europa del Este (deshaciendo el imperialismo soviético). En fin.

Cien años después, algunas de las cuestiones planteadas, nos siguen interpelando. Ni la propiedad estatal ni la planificación son suficientes para hablar de socialismo. China, donde además se acompaña de capital privado y competencia, nos lo confirma. Sin embargo, hasta donde sé, a menos que el desarrollo tecnológico (automatización, IA) nos abra otras vías o formas de organización, ambas seguirán siendo necesarios para lograr la unidad directa entre la producción y el consumo sin más mediación que los seres humanos guiados por el conocimiento científico.


jueves, 26 de junio de 2025

La corrupción capitalista, la CEP y el socialismo


El ruido mediático en torno a los casos García, Cerdán o Ábalos no nos deja escuchar el mensaje que el capitalismo español nos hace llegar.


Ciertamente, tampoco ayuda la ofensiva (partidista, mediática, policial, judicial) clasista, en el sentido de lucha de clases, que supone el asedio al presidente (caso Begoña, David, Fiscal General) como punto “débil” del gobierno de progreso. Aunque no se trata de una novedad, pues el anterior gobierno, también de progreso, fue objeto de hostigamiento (las veintitantas causas judiciales a Podemos finalmente archivadas que ocuparon portadas y tertulias televisivas, las quedadas en el casoplón del coletas, el chuletón de Garzón, la ley del solo sí es sí, zancadillas al ingreso vital o a la ley de vivienda, o el robo del móvil de Iglesias, entre otros). Pero, en aquellos momentos Pedro Sánchez recomendaba a Pablo Iglesias mejorar sus relaciones con los jueces, al punto de ofrecerse a presentarle alguno. Por lo visto, no tomó su propia medicina.


En cualquier caso, los actuales casos de corrupción -decía- no nos dejan ver lo importante. Y no lo digo solo porque ensombrezcan la amenaza nuclear, la guerra, el genocidio o la política de rearme, sino porque se oculta algo tan estructural como lo anterior: el significado que tiene la corrupción en la sociedad capitalista.


En mi opinión, la corrupción es parte integrante del normal funcionamiento del capitalismo; no digo que sea parte de su contenido, pero sí de la forma en que se realiza tal contenido. Sin ir más lejos, la corrupción es una manera más, que acompaña a la competencia, en que se lleva a cabo la ley absoluta de la producción capitalista, el amontonamiento de valor (dinero) a través de la explotación del trabajo asalariado. Más aún, en las sociedades en las que la mercancía es la relación social objetivada con alcance general, todo se compra y se vende -aun sin ser mercancía- incluso la moral o el honor, nos dirá Márx. En algunos sectores productivos, los pactos empresariales de reparto de la obra pública nos plantearían si la corrupción no es un mecanismo concreto en que se lleva a cabo la propia ley del valor. A modo de ilustración: la corrupción ha acompañado a otros paridos gobernantes como el PP (Naseiro, Hormaechea, Gurtel, Caja B, Kitchen,…), también al propio PSOE de otras épocas (Rumasa, Filesa, Roldan, Guerra, GAL, entre otros), no solo a gobierno de la democracia también de la dictadura (enriquecimiento de la familia Franco y de otras grandes fortunas al calor de las decisiones gubernamentales, presencia en consejos de administración de las grandes empresas por ex-ministros franquistas, caso Matesa, entre otros). Con estos datos pretender que la corrupción no es una característica del desarrollo histórico capitalista español es negarse a ver lo evidente.


Sin embargo, la corrupción capitalista, es presentada unas veces como un fenómeno casual como si de un fenómeno atmosférico desconocido se tratase; anecdótico o un aspecto particular de individuos concretos, tal que manzanas podridas, con dudosa moralidad que se relaciona con determinados ambientes familiares, o tipos de educaciones recibidas, cuando no causadas por algún gen (todavía por descubrir). En otras ocasiones se la circunscribe abstractamente a la naturaleza humana (avaricia, afán de enriquecimiento). Para terminar con este elenco no exhaustivo de justificaciones de la corrupción, tenemos la clase política, las instituciones o las estructuras estatales, como máxima concesión a una comprensión científica de este fenómeno.


A la luz de esta cuestión, uno se pregunta por qué a pesar del carácter sistémico de la corrupción en el capitalismo, en particular la del español, ésta es presentada al margen del contexto social, particularmente al margen del capital, tan onmipresente en la vida social. 


No acierto a saber cuánto hay de intención y cuanto de incapacidad, pero unas veces los medios de comunicación y otras la propia ciencia burguesa, y con ellos todo el aparato jurídico y legal, se niegan a descubrir el contenido de la corrupción deteniéndose en su apariencia. Así nos muestran los detalles más escabrosos desvelando las miserias de la condición humana hasta sus minucias más denigrantes, una y otra vez, uno y otro día, hasta que la evanescencia mediática tenga a bien cambiar la agenda. Un ejemplo es la teoría de la agencia (autor y año), según la cual los burócratas (funcionarios) y políticos tienen objetivos particulares (enriquecimiento personal, financiación partidaria) que anteponen al bienestar general, objetivo del principal (Estado), y aprovechan cualquier ocasión para alcanzarlos; una de ellas es darles ilegalmente contratos públicos a empresas (maximizadoras de beneficios), que no se sabe cómo pasaban por allí, a cambio de comisiones ilegales (mordidas) que luego se reparten entre la red de corruptos (intermediarios, facilitadores, y otras personificaciones de la apropiación del valor).

Algunos marxistas, o teóricos críticos, avanzan y señalan como las empresas estudian, diseñan, invierten, colocan a personas en organismos públicos (puertas giratorias), para hacerse con dichos contratos. Esto le da más realismo a las teorías apologéticas. Pero, no se trata de empresas moralmente corruptas, son empresas que han de corromperse para sobrevivir en el mundo competitivo que el capital depara a las unidades donde se lleva a cabo el trabajo privado e independiente.


Este detenerse en la apariencia, junto a la naturalización de las relaciones sociales capitalistas, características de las interpretaciones burguesas, y a veces de teorías que se presentan como críticas, terminan por, consciente o inconscientemente, desviar el punto de mira del fenómeno de la corrupción resaltando lo casual, anecdótico, individual, personal, moral o estatal, obviando, dando de lado, lo empresarial y lo social. Llegado un punto, dejan de preguntarse por la causa que hay tras ellos. Porque de hacerlo terminarían topándose con la relación social general que organiza la vida de la sociedad actual, el capital.


Todas estas modalidades de eximir al capital en cuanto relación social, a su fin absoluto (valorización del valor), a sus formas políticas (estado, gobierno, presupuestos, partidos, burócrastas, políticos), a sus formas ideológicas (moral, avaricia, leyes, laxitud presupuestaria, culpabilizar a políticos y funcionarios) a sus formas económicas (empresas, competencia, beneficio) y desplazar las responsabilidades al ámbito de la política (la denominada clase política, o al estado);algo muy de moda entre liberales. Se trata de otra forma de olvidar la relación entre la superestructura y la base económica. Así, entre ignorancia y la hipocresía, la ideología dominante pretende sortear la responsabilidad social en el fenómeno de la corrupción capitalista. 


La Crítica de la Economía Política (CEP) nos recuerda lo contrario, y en mi opinión recomienda cuestiones que el pensamiento transformador debería tener en cuenta. En primer lugar, que ningún fenómeno social actual, tampoco la corrupción, escapa a la influencia del capital, pues éste es la relación social general que organiza la vida de las personas en el capitalismo. La corrupción es parte del normal funcionamiento capitalista, constituyendo una forma de la lucha de clases, que es el modo necesario en que el capital se desarrolla. Además, la CEP señala las limitaciones de los demás “explicaciones” poniendo al descubierto, más allá de su desconexión con la verdad, su carácter hipócrita y apologético. Con ello se avanza en la generalización, y preservación, de una necesaria conciencia dialéctica. Esto significa, para cada caso concreto de corrupción armar la lucha de clases mediante: determinar las causas (capital, estado, políticos, moralidad, personas), atribuir las responsabilidades (sociedad, empresas, educación, familia, corruptores y corruptos) y diseñar medidas preventivas (familia, educación, leyes, reglas presupuestarias, mecanismos de control). Todo ello a sabiendas que no acabaremos con la corrupción capitalista, pero se la dificultará (reparar multiplicadamente el desfalco) obligando al capital a ser más eficiente y desarrollar las fuerzas productivas. Condición ésta necesaria para la definitiva generalización de la conciencia dialéctica, aún incipiente, que desemboque en la superación del capitalismo, o sea en el socialismo.


domingo, 29 de septiembre de 2024

Apuntes sobre el método (I)

Introducción

El método en la Crítica de la Economía Política es de los temas más inhóspitos, controvertidos y oscuros al que se enfrenta cualquier persona que se acerque al marxismo. 

Sin embargo, bajo nuestra consideración, es un asunto importante no solo para el esclarecimiento de la objetividad del conocimiento sino para la acción política de la clase obrera como trataremos de mostrar. 

Por ello, este asunto es objeto de atención en el Taller sobre El Capital que imparte el profesor Juan Iñigo Carrera, que además ha tratado anteriormente en su obra Conocer el capital hoy, que podéis consultar en www.cicp.org. 

Con motivo de la presencia en dicho taller he ordenado mis notas que paso a exponer de forma resumida con la esperanza de que puedan arrojar algo de luz en relación al conocimiento objetivo, el método para obtenerlo y a su papel en la superación del capitalismo.

Por supuesto, esta exposición aunque acreedora de las elaboraciones del profesor Juan Iñigo son de mi plena responsabilidad. 

Antes de entrar en materia indiquemos el recorrido que haremos.

En primer lugar, se presentará el conocimiento objetivo (ciencia) como el resultado del desarrollo de la sociedad tomando como punto de partida el proceso de vida humana. Ahí presentaremos las distintas formas de conocimiento (religioso, artístico y filosófico) que anteceden al surgimiento de la ciencia, al menos en el desarrollo histórico occidental. Esto nos habrá permitido ver el carácter histórico de estas formas de conocimiento e iniciarnos en la forma de conocimiento propia del modo de producción capitalista que no es otra que el conocimiento objetivo basado en la representación lógica, particularmente en la lógica formal (luego miraremos la dialéctica). 

Veremos la forma en que opera el método de la lógica formal y las características de su resultado, la representación basada en la lógica formal, la evolución histórica que ha sufrido esta forma de conocimiento que, hoy por hoy, es la dominante en el consenso "científico". Constataremos el declive teórico en que se encuentra actualmente. También nos detendremos en otra forma del conocimiento objetivo como es la representación basada en la lógica dialéctica que es el método de la teoría crítica, que adolece de las mismas limitaciones que la ciencia que emerge de la lógica formal.

Desembocaremos, posteriormente, en la exposición del método dialéctico materialista (distinto al Materialismo Dialéctico más cercano a la lógica dialéctica), que identificamos con el método seguido por Karl Marx en su obra, particularmente en El Capital. Este método no se basa en ninguna lógica, por tanto no produce representaciones; sino que se basa en la dialéctica, dando lugar a la reproducción ideal (en el pensamiento) de lo real. Nos detendremos en su necesidad, en cuanto producto histórico del desarrollo capitalista. Finalmente, examinaremos las consecuencias del debate sobre el método en la acción política de la clase obrera, particularmente sobre la viabilidad y oportunidad de esta acción de cara a la consecución de una sociedad basada en el conocimiento objetivo de las determinaciones que le son propias, o de otra forma una sociedad donde el capital, en cuanto relación social general, sea sustituido por la ciencia.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...