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viernes, 12 de diciembre de 2025

Una realidad, muchas disciplinas, una ciencia


Dos debates que conviene separar

En un artículo anterior, en el marco de una discusión sobre el conocimiento de la realidad, me despachaba a gusto frente a dos fenómenos que no terminé de distinguir bien, y que ahora me propongo aclarar.

Por un lado, me planteaba la pregunta de si la realidad es una por qué existen múltiples ciencias; por otro lado, qué sentido tiene, dentro de una misma ciencia, una variedad de teorías sobre un mismo fenómeno.

Ambos asuntos recorren la discusión sin una adecuada diferenciación, de modo que puede generar confusión o inducir al rechazo, por lo que he decidido presentarlas por separado. En esta entrada abordamos el primero.


Una realidad, muchas disciplinas

Empecemos por la diferenciación de las disciplinas científicas. De entrada, nada que objetar. Pero, ¿por qué hay muchas disciplinas?

Las sociedades, para su reproducción, requieren dominar la realidad. El fraccionamiento del conocimiento de lo real resulta del choque de la apropiación colectiva de las fuerzas productivas con las capacidades individuales de los seres humanos. 

Por ejemplo, la agricultura egipcia de hace miles de años, que requería el control e intervención sobre las crecidas del rio Nilo, dio pie al desarrollo incipiente de saberes que hoy denominaríamos como geometría, climatología o astronomía, entre otras.


De la división a la fractura disciplinar

En el capitalismo, esta contradicción está mediada por la específica forma de crear conocimiento, la representación lógica (separación sujeto-objeto y entre objetos), que emana de la conciencia del productor (libre e independiente), de mercancías. El resultado será la construcción de la forma disciplinar, la separación entre regiones de lo real (naturaleza/sociedad, sociedad/individuo) y la fracturación del conocimiento objetivo (ciencia).

Así, por ejemplo, la agricultura capitalista está basada en múltiples ciencias: mecánica, electrónica, meteorología, biología, genética, entre muchas otras, pero que se hablan lo justo, de modo que asuntos como el agotamiento del suelo o la precariedad de los temporaros, siguen en discusión. 


La fractura y la dificultad para explicar

Entiéndase, por tanto, que no se critica la división del conocimiento ni su especialización. Tampoco están en discusión los logros científicos alcanzados. Lo que planteamos es que la forma en que se organiza el conocimiento científico, bajo el capitalismo, tiene unas características determinadas (sociales e históricas), y serios límites.

Concretamente, pretendía poner foco en que se trata de una separación tajante de lo real (naturaleza y sociedad, sociedad e individuo, etc) de ahí la fracturación del conocimiento (ciencias naturales y sociales, etcétera). Cada ciencia sería un cajón estanco (con escasa relación con las otras), que pretende dar cuenta (explicar) un trozo de realidad (mutilada, una representación de lo real). Este es el origen de la dificultad para explicar el propio objeto de estudio. ¿Cómo va explicar al individuo, la psicología, si lo ha aislado de la sociedad?

Un ejemplo muy claro, el problema de la vivienda: el urbanismo y la arquitectura miran espacios en construcción, la economía analiza precios y mercados, el derecho se encarga de regulaciones y propiedades, el trabajo social la situación de las familias (exclusión, desahucios). El problema es uno, pero cada uno lo mira de manera no ya distinta, sobre todo, aislada, separada. 


Institucionalizando la fractura

Este ensimismamiento disciplinar no es solo un asunto de ideas. Se agrava con la forma en que se organiza la producción científica: ministerios y organismos reguladores, colegios profesionales, universidades divididas en facultades y departamentos, planes de estudios, cuerpos docentes, sistemas de evaluación y revistas especializadas. Todo ello acentúa la escisión del saber. 

Un ejemplo muy pedestre, a parte de los proyectos competitivos troceados por áreas de conocimiento, son las publicaciones en revistas (pueden no puntuar si la revista escde otra disciplina). 

Por tanto, esta fractura del conocimiento no se queda en los libros. Se traduce en facultades y departamentos que apenas dialogan, en agencias de financiación que reparten recursos por “áreas de conocimiento”, en colegios profesionales que levantan fronteras corporativas, en ministerios que se reparten la realidad en competencias administrativas. La forma disciplinar del saber es también una forma concreta de división material del trabajo científico. 


La fractura del conocimiento y su impotencia

Si entendemos que el proceso material es uno, hemos de cuestionarnos que su conocimiento se organice de manera fracturada. El problema aparece cuando los fragmentos impiden reconstruir la realidad.

Aún más, no es solo la coherencia que impone el planteamiento de “una realidad, un conocimiento”, o la capacidad de explicar el propio objeto de investigación, sino que esta situación afecta a la capacidad para actuar sobre la realidad, la separación disciplinar puede convertirse en una rémora. De modo que, aún reconociendo el avance científico me atrevo a afirmar que es menor del que se podría obtener con un enfoque más unificador de las disciplinas. 

El cambio climático donde confluyen física, climatología, economía, política, sociología, por decir algunos, es otro ejemplo de gran cantidad de esfuerzo sin claros avances. Y habría más, caso de las enfermedades mentales, que son abordados desde muy distintos puntos de vista (psicología, psiquiatría, sociologías, trabajo social, etc), que no se comunican ni mucho menos unifican.


Muchas disciplinas, una ciencia

De alguna manera, determinadas tendencias interdisciplinares o multidisciplinares apuntan a eso, reconociendo la limitación que supone abordar problemas concretos desde un único punto de vista. 

El inconveniente es que estos enfoques se entienden como agregados de disciplinas bajo una “ciencia”, mientras que, lo que aquí reivindicamos es lo contrario: una ciencia, que se despliega en multitud de disciplinas.

Y ahí, de nuevo, las palabras de Carlos Marx relativas a una única ciencia, donde la ciencia del hombre se integrara en la ciencia de la naturaleza, cobran más sentido.


jueves, 31 de julio de 2025

La paradoja de Russell, la teoría y el fracaso de la lógica

La ciencia, el conocimiento objetivo de la realidad, se nos presenta en la actualidad bajo la forma de teoría. Así las tenemos de la relatividad, la cuántica o de la evolución, en el ámbito de las ciencias naturales. Y si vamos a las ciencias sociales la cosa no mejora: marginalista, psicoanalítica o del control demográfico. Como suele ocurrir cuando un paradigma domina se atreve a leer todo lo anterior bajo sus propias gafas, de modo que la historia del conocimiento es planteada como una sucesión de teorías donde la más reciente supera a las anteriores en cuanto al apoyo suscitado entre los expertos o académicos. Con ello se consuma la naturalización de la teoría como forma de exponer el conocimiento.


Nuestro esfuerzo, como pueden imaginar, irá en sentido contrario: en el de la critica de la teoría. Y por qué ocuparnos ahora de esto. Bajo mi punto de vista lo que hay en juego es la superación del capitalismo, que pasa a su vez por la eliminación de la escasez, o de manera elegante el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero, esto no será automático, sino que se realizará a través de la lucha de clases. Esta lucha habrá de darse en diversos frentes, como el de las ideas, la ciencia, o el método de conocimiento. En definitiva, se trata de avanzar en la conciencia dialéctica, frente a la lógica, como necesidad del socialismo.


Dicho esto, a modo de explicar la tarea en la que estamos inmersos, en lo que sigue expondremos la crisis de la lógica en tanto fundamento del conocimiento objetivo y el límite de la teoría en cuanto carece de fundamento racional.


Aclaremos. No se trata aquí de negar la ciencia, o el conocimiento científico, solo decimos que éste puede obtenerse y expresarse de otro modo, el dialéctico (un ejemplo es la Crítica de la Economía Política- de Marx). Retomando la crisis de la lógica, queremos recordar una de sus expresiones, la paradoja de Russell.


Friedrich Ludwig Gottlob Frege (1848-1925), filósofo y matemático alemán que, aunque poco reconocido por sus colegas, desarrolla su carrera académica con el apoyo inquebrantable de la empresa óptica Carl Zeiss. En 1893 había publicado el primer volumen de su obra Leyes Básicas de la Aritmética. En esta obra trata de fundamentar lógicamente las matemáticas, empezando por la aritmética. Esto y la fundamentación lógica del lenguaje eran los dos grandes proyectos de Frege, y de muchos otros filósofos contemporáneos y posteriores (también de Russell). 


Nueve años después, en 1902, a punto de publicar el segundo volumen de aquella obra, recibe una carta de Bertrand Russell, joven y prometedor filósofo de Cambridge, también muy preocupado por el programa logicista. Allí le anuncia, tras mostrar su acuerdo con todo, que ha detectado una dificultad en su argumentación, que desemboca en una contradicción (la gran enemiga del pensamiento lógico) y que, desde el punto de vista lógico, daría al traste con sus conclusiones. Es decir, su propuesta no permitiría fundamentar lógicamente el conocimiento teórico.


Decía Russell “no hay una clase (en su totalidad) de todas las clases que, en su totalidad, no sean miembros de sí mismas”. El problema venía del quinto axioma de Frege, que afirmaba que si todo A es una B, y toda B es una A, entonces la clase de las Aes es idéntica a la clase de las Bs. Esto llevaría a Russell a plantearse la existencia de una clase (aquí clase es igual a conjunto) de todas las clases de cosas que no son miembros de sí mismas. Este inconveniente sería conocido como la Paradoja de Russell, que podemos resumir de la siguiente forma: a qué conjunto (o clase) pertenece el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos. De otra forma, ¿se autoincluye dicho conjunto?


Efectivamente, cualquier respuesta lógica conduce a la contradicción. Al responder que dicho conjunto se pertenece, nos encontramos que no debería porque es el conjunto de los conjuntos que no se pertenecen; si la respuesta es que no se pertenece, entonces debería pertenecerse. O sea, cuando respondemos sí es no, y cuando respondemos no es sí. La pura contradicción inadmisible para la lógica.


Una forma más popular es la paradoja del barbero: si el barbero pela a las personas que no se pelan a sí mismos, ¿el barbero se pela a sí mismo? O ¿quién pela al barbero? Con esto la fundamentación lógica de la matemática se torna inconsistente.


El significado de la paradoja de Russel es que imposibilita la fundamentación racional del conocimiento científico bajo la forma teórica, empezando por la matemática. O sea, deja a la teoría sin basamento lógico. Y esto apunta a que, para salvar a la teoría, hay que desvalorizar (cuestionar) la verdad (como la teoría no explica la realidad, cambiemos lo que entendemos por verdad hasta que la teoría sea cierta), un paso previo al postmodernismo científico, la verdad líquida.


Alguien podrá pensar que esto es un refinamiento epistemológico y que no es para tanto. Para los lógicos es importante verse como portadores de la fundamentación del conocimiento científico; para algunos investigadores científicos es importante pensar que lo que hacen es racional y no una arbitrariedad, incluso pensar que lo que hacen es el mejor camino para llegar a la verdad. Estos programas son la fundamentación de los valores éticos y morales que rigen el avance del conocimiento científico. Y para los partidarios del capitalismo es importante pensar que están en la mejor sociedad posible y, sobre todo, que no hay alternativa.


Bien, termino aquí. Frege publicó su libro, a sabiendas del problema que se había encontrado, añadiendo un apéndice donde intentaba en balde responder a Russell; dedicó el resto de su vida a seguir indagando, solo pocos años antes de su muerte (el pasado 26 fue su centenario) reconoció su incapacidad para resolverlo. Russell tampoco dio con una respuesta. Nadie lo ha hecho hasta ahora.

jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


sábado, 12 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (y X)

El conocimiento dialéctico de Marx, la exposición


Nos falta exponer la síntesis como parte de la investigación dialéctica, pero la vamos a unir a la exposición porque están muy relacionadas.

El método de exposición que emplea Marx toma existencia socialmente objetivada en El Capital. Allí parte del punto donde terminó su análisis, la forma más simple (la mercancía) del concreto objeto de estudio (el capital). Generalmente, inicia la exposición con una observación inmediata ("la mercancía es la forma más simple en que se presenta la riqueza en las sociedades modernas" más o menos empieza Marx), indicando su punto de partida (sin conceptos, sin supuestos). A continuación expone un análisis: la mercancía es valor de uso y valor de cambio; el valor de cambio es la forma del valor (el valor es el contenido del valor de cambio), y se detiene en el valor como trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente. 

El último paso de la exposición es la síntesis, descubierta la necesidad real (no filtrada como en la lógica) del concreto (esto lo hace en el análisis) se trata de desplegarla mostrando el avance desde las formas más simple hasta las formas complejas, y muestra a la acción humana como la forma de realizar esta necesidad.

En la síntesis la cuestión que se plantea es qué forma compleja (del concreto objeto de investigación) porta la necesidad realizada, que ha llegado a su término (=está terminada), que es la realización de la necesidad a realizar (potencia) que porta la forma simple (del concreto); es decir, la determinación de la forma compleja por la forma simple, por haber llegado ésta a su término. Como se ve la determinación, aquí, es un movimiento interno. En el ejemplo, de la mercancía y el valor de cambio: el valor de cambio es la forma que adopta el valor que aparece en potencia en la mercancía; el valor de cambio está determinado por la mercancía.

Por último, se trata de ver la acción humana tras el despliegue de la necesidad, o sea como la forma necesaria de la realización de la potencia portada en la forma simple del concreto. En nuestro ejemplo, la acción humana que hay tras la realizacion del valor es el cambio de mercancías. La síntesis quedaría: el valor de cambio está determinado por la mercancía a través del cambio.

Y así Marx nos va exponiendo el resultado de su investigación. Investigación que le llevó varias décadas. Este método es doblemente crítico, tanto en el análisis como en la síntesis, por ello es autocrítico. De modo que no podemos estar más de acuerdo con Juan Iñigo Carrera cuando afirma que hay que leer críticamente a Marx lo cual significa que a la vez que se lee hemos de realizar su despliegue y confrontar sus resultados con los nuestros. En caso contrario, el resultado de la lectura será una representación y no una reproducción en el pensamiento de la realidad.

Pero, es método dialéctico de Marx es el que mejor expresa el movimiento de la realidad y, por ahora, el único que origina un conocimiento plenamente objetivo. Este conocimiento es el que permite actuar con pleno conocimiento de causa porque contiene las determinaciones, cuantas más mejor. Renunciar al conocimiento objetivo significa condenarse a no actuar (paradoja de Zenon) o a “jugar a los dados”, o sea actuar con una venda en los ojos a ver si tenemos suerte y acertamos (léase el voluntarismo en términos políticos). La transformación del capitalismo en socialismo supone la realización de la potencia a realizar que porta el capitalismo y que aparecerá realizada en el socialismo; realización que no tiene otra forma que la acción humana transformadora. Dicha acción, para ser consciente, ha de ir acompañada de un conocimiento objetivo que no puede ser otro que el conocimiento dialéctico descubierto por Marx. Cuanto antes la acción política de la clase obrera esté regida por este conocimiento antes superaremos la explotación capitalista del hombre por el hombre. Pero esto presupone la extensión de este conocimiento.

Post-data

No quisiera terminar este bloque de entradas sobre el método sin expresar un pequeño homenaje a Marx, el descubridor del método dialéctico materialista. Lo que a algunas personas hoy les supone un trabajo relativamente breve a Marx le supuso muchos años de estudio, solo ese tesón unido a una genialidad extraordinaria, permitieron que su trabajo individual junto al trabajo social objetivado en el apoyo familiar, el de su entrañable camarada Engels, el de sus predecesores (Hégel), entre otros, dieran a la luz un conocimiento que todavía hoy día se muestra más potente y más avanzado que el academicismo postmodernista, no digamos ya del individualismo metodológio o meritocrático.

jueves, 10 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (IX)

El conocimiento dialéctico de Marx, la investigación

Vamos a tratar de exponer el método que emplea Marx para obtener el conocimiento al que se refería como la reproducción de lo concreto en el pensamiento.

Es sabido que Marx distinguía claramente el método de investigación y el método de exposición. En esta entrada nos referiremos al método de investigación. 

La investigación es un proceso complejo y difícil de sistematizar, aquí vamos a intentar poner racionalidad en ello. El proceso de conocer en Marx tiene dos momentos: análisis y síntesis.

El punto de partida es el concreto real enfrentándolo tal y como aparece, por ejemplo se enfrenta a la mercancía sin ponerle condiciones o supuestos (que sí hace el conocimiento lógico). Por ello, Marx dirá yo no parto de conceptos, mientras el conocimiento lógico empieza por los conceptos y las definiciones. 

Partiendo de este concreto real complejo o desarrollado vamos buscando sus formas menos evolucionadas hasta llegar a la forma más simple. En El Capital, para descubrir la ley economica que rige las sociedades capitalistas, Marx investiga las formas complejas como salario, ganancia, capital, dinero hasta llegar a la forma capitalista más simple, la mercancía. 

¿Cómo estamos seguros de que hemos llegado a la forma más simple del concreto al que nos enfrentamos? Esto nos lo dirá el otro aspecto del análisis, la abstracción.

Ahora se toma un movimiento de un concreto simple a uno más desarrollado, por ejemplo de la mercancía al dinero. Mediante el análisis (separación) y la abstracción hemos de descubrir la necesidad de dicho movimiento. Tomamos la existencia desarrollada y miramos qué atributo (potencia realizada) tiene, por tanto qué la determina como tal existencia actual, que es la realización de una potencia a realizar portada en la existencia actual más simple (concreto simple). Por ejemplo, en el movimiento de la mercancía al valor de cambio. Miramos al valor de cambio y nos preguntamos por un atributo o cualidad que es la realización de una potencia a realizar en la mercancía. La respuesta es el valor. El valor está realizado en el valor de cambio(el valor de cambio es la forma del valor) pero está en potencia en la mercancía (la mercancía es valor en potencia hasta que se realiza este valor mediante el cambio de la mercancía).

Repetimos este proceso, de una forma concreta a otra forma concreta más simple, hasta llegar a la forma más simple. ¿Cuándo terminaría este movimiento de lo complejo a lo simple en la investigación?

Cuando llegamos a la forma más simple, o sea aquella que no tiene concreto que la origine, que la determine. Y qué la origina entonces, pues la acción transformadora. Así que la forma más simple es tal porque solo tiene, y solo puede tener, por simple necesidad a realizar (potencia a realizar) a la acción transformadora. O sea, en nuestro ejemplo, la mercancía es el concreto más simple porque está determinado necesariamente por el trabajo. El trabajo es la acción cuya potencia a realizar está realizada en la mercancía (la mercancía es trabajo social realizado privadamente).

Termino esta entrada señalando dos aspectos en relación al trabajo: lo visto anteriormente es uno de los fundamentos de la centralidad del trabajo en el conocimiento dialéctico que desarrolla Marx. La segunda cuestión a señalar es que hemos partido de las ciencias sociales (capital, dinero, mercancía) y hemos “terminado” en el trabajo, recuerden las primeras entradas, donde el trabajo era la particular forma humana que adoptaba el metabolismo social para la reproducción de la sociedad en su conjunto y de los individuos como componentes orgánicos de la misma, o sea las ciencias naturales; esta unidad de las ciencias sociales y naturales nos vuelve a situar en el anuncio de Marx sobre una única Ciencia natural del hombre. 

martes, 8 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (VIII)

El conocimiento lógico y el capital

Llegados a este punto, en la entrada anterior sostuvimos que el conocimiento lógico está imposibilitado para tener un carácter objetivo y termina conduciendo al subjetivismo, es justo preguntarse, por qué el capital lo adopta como la forma general del conocimiento.

Más aún, el capitalismo es un modo social de producción que descansa en el incremento de la capacidad productiva, en la revolución de las condiciones de producción como medio para aumentar la producción de plusvalía relativa. Teniendo en cuenta que esta revolución de las condiciones materiales de la producción pasa por el desarrollo de la investigación y la ciencia, hemos de detenernos en por qué el capitalismo se conforma con una forma de conocimiento, la representación lógico-formal, que es menos potente para operar sobre lo concreto que otros como pueda ser la representación lógico-dialéctica o la reproducción en el pensamiento de lo concreto, que veremos posteriormente.

La primera razón es que, hasta ahora, el conocimiento lógico-formal ha sido suficiente para desarrollar las fuerzas productivas que ha requerido el capital. O sea, aun al nivel de las apariencias, este conocimiento permite medir cada vez con mayor precisión el movimiento aunque no sepa explicar tal movimiento. Y ello porque transforma cualitativamente al objeto operando sobre su determinación cuantitativa.

Pero, ciertamente, un conocimiento que no solo se quedara en la apariencia (forma) y contemplara la esencia (contenido) de la realidad explicaría el movimiento y le daría aún más potencia transformadora a la acción. Sin embargo, un tal conocimiento,, pondría en evidencia la dualidad forma-contenido de la realidad y fundamentaría el movimiento interno de la realidad, y con ello fundamentaría la superación del capitalismo. Esta razón ideológica tiene mucho peso.

Dos razones más que no desarrollaremos para no extendernos son las siguientes que tienen que ver más directamente con el proceso de producción del conocimiento. Por un lado, la división de tareas entre científicos prácticos y teóricos, las contradicciones de orden lógico son muy manifiestas al nivel de la teoría, pero esas discusiones apenas llegan a la aplicación práctica de la ciencia. Por otro lado, la división entre ciencias naturales y sociales, y dentro de cada una de estas en un sinfín de ramas del conocimiento cuyo sentido está lejos de haberse explicado, y si que es una barrera para el desarrollo de un unico conocimiento objetivo, la natural del hombre al decir de Marx (Manuscritos de 1844).

El capital necesita una ideología revestida de ciencia; un conocimiento “objetivo” que se presente como una interpretación de la realidad, interpretación que brota de la subjetividad vinculada a la abstracta libertad cuya base es la naturaleza individual humana. Y esto lo proporciona la lógica formal. De lo que se trata es de negar la posibilidad de organizar el proceso de vida social sobre la base de una conciencia objetiva, que es lo que proporciona la dialéctica materialista.

Apuntes sobre el método (VII)

El conocimiento lógico-dialéctico

Los problemas que plantea el fundamento logico-formal en el conocimiento no han pasado inadvertidos para muchos marxistas que han visto la oportunidad de sustituir la lógica formal por la lógica dialéctica.

Si la aplicación de la lógica formal nos daba una forma de conocimiento que denominamos representación lógico-formal, en el caso de la lógica dialéctica se obtendría una representación lógico-dialéctica.

Esto ya nos advierte de que las causas que subyacen a los problemas de la verificación y de los principios (o axiomas) no quedan resueltas, pero veamos con algo de detenimiento qué sería la lógica dialéctica.

Los principios de la lógica formal son sustituidos por otros que son dialécticos: así se renuncia al principio de identidad y se admite que algo puede tener una forma distinta de su contenido; también, y frente al principio de no contradicción, se admite que puede haber contradicción. 

Este planteamiento es un avance respecto a la lógica formal porque incorpora el movimiento mejorando la capacidad explicativa del conocimiento, pero mantiene algunos de los problemas con que se encontraba la representación lógico-formal. En primer lugar no deja de ser una lógica, o sea una construcción exterior que sustituye la necesidad real del concreto por una necesidad artificial (en este caso la lógica dialéctica). Por ello, sigue conservando los problemas de verificación del conocimiento que ya veíamos en la representación logico-formal. Tampoco elude los problemas planteados por la paradoja de Russel sobre la veracidad de los fundamentos del conocimiento basado en la lógica dialéctica. Todo ello conduce a la bancarrota de fundamentar objetivamente este conocimiento. Por tanto, la salida sigue siendo el subjetivismo y su expresión política, el voluntarismo.

La renuncia al conocimiento objetivo abre el paso a los planteamientos subjetivistas sobre la acción política de las clases, particularmente de la clase obrera. Cualquier problema como el paro, el cual podemos medir con un grado de precisión asombroso pero que no podemos explicar objetivamente, es tratado subjetivamente. La explicación es subjetiva, se trata de un problema de voluntad, bien de la voluntad de los agentes políticos (gobiernos y partidos), de los agentes económicos (empresarios, y consumidores), de los agentes sociales (asociaciones de empresarios y de trabajadores) o simplemente un problema de voluntad de los individuos (parados, trabajadores o capitalistas). Pero qué explica la voluntad; los teóricos dirán, la libertad, y ¿qué explica la libertad?; la naturaleza. Somos seres libres por naturaleza.

Antes de entrar en el método de conocimiento que emplea Marx, nos detendremos en respondernos a una cuestión: si el conocimiento lógico tiene las limitaciones vistas por qué es dominante en el desarrollo capitalista, y por qué a pesar de todo se abre paso el conocimiento que lo cuestiona, primero en su forma original, la reproducción del concreto por la vía del pensamiento, y más tarde bajo la forma de conocimiento lógico-dialéctico.

lunes, 7 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (V)

La representación lógico-formal

En esta entrada trataremos sobre la forma de conocimiento más extendida en el modo de producción capitalista, la representación lógica, particularmente la representación lógico-formal. Nos detendremos en qué consiste y cual ha sido su evolución.

El desarrollo del capital, la expansión y sofisticación de la producción basada en la maquinaria (automatización, robotización, digitalización, ….), o sea las formas concretas de la producción del plusvalor relativo, requieren el aumento de la productividad del trabajo y esto, a su vez, se consigue mediante la objetivación de las fuerzas de la naturaleza y de las habilidades humanas en la maquinaria. Esto presupone un cierto conocimiento objetivo y un exacto grado de cuantificación de estas fuerzas para producir los medios de producción y aplicarlos en la transformación de la materia.

Para ello, el conocimiento objetivo basado en la representación lógica formal (conocimiento lógico-formal), distinto al basado en la reproducción mental de lo concreto (dialéctica), es suficiente. Ni que decir tiene que el conocimiento lógico representa un gran avance respecto al conocimiento religioso o artístico en lo que respecta a la producción.

El conocimiento basado en la representación lógica formal niega el contenido, o sea la realidad es tal y como aparece (forma), no hay nada oculto (contenido). Por tanto, no reconoce el movimiento interno de lo concreto (la realidad) admitiendo sólo el movimiento causado por fuerzas exteriores al concreto.

Este planteamiento se fundamenta en tres principios: identidad (nada puede trascender de sí mismo y si lo hiciera sería ello mismo); no contradicción (nada puede ser y no ser al mismo tiempo); y el tercero excluido (no cabe otra posibilidad, o es o no es).

Sobre esta base se construyen diversos tipos de lógicas, la más extendida la lógica formal con la que se pretende fundamentar y crear el conocimiento lógico, en el que todos nos hemos educado (teoría de conjuntos, matemáticas convencionales, etc) y que constituyen los fundamentos de lo que actualmente denominamos ciencia.

Veamos sucintamente el proceso de conocimiento objetivo basado en la representación lógico-formal. El razonamiento lógico aplicado a los fenómenos naturales o sociales tiene dos fases: una de simplificación y otra de deducción.

El sujeto se enfrenta al objeto en su inmediatez (en su forma) pero, enseguida, se construye un concepto, que adopta la forma de una representación del objeto. Esto se hace mediante los supuestos simplificadores, es decir se establecen supuestos sobre la caracterización del objeto. Para ello, el conocimiento lógico acude a la repetición. De modo que aquellos atributos que se repitan con mayor frecuencia en el objeto permitirán elaborar un concepto o una teoría sobre el objeto. Esto es un proceso de simplificación en el que decimos que el objeto real al que nos enfrentábamos se reduce a una elaboración mental (concepto o relación de conceptos, teoría) donde se tienen en cuenta algunos atributos repetidos y se desechan otros que no se repiten.

El siguiente paso es el de incorporar progresivamente los casos o atributos desechados por no repetirse y comprobar que la teoría o el concepto se mantienen, o sea si la teoría da cuenta de los casos incorporados. Si, tras el levantamiento de los supuestos simplificadores, la teoría se sigue cumpliendo se considera la teoría válida, si no es así la teoría no es válida o al menos no es válida para los casos contemplados.

Una vez completado el conocimiento (concepto o teoría) se trata de ver si se ajusta a la realidad. Aquí es necesario tener indicadores cuantificables, tanto en la realidad como en la teoría para ver si la teoría da cuenta de lo que acontece en el mundo de los fenómenos. 

Veamos el ejemplo de la teoría subjetiva del valor, 


jueves, 3 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (III)

Humanidad y conocimiento consciente

La vida humana es un proceso de metabolismo social, un intercambio de materia y energía entre el grupo humano (sociedad) y la naturaleza, basado en una particular forma de apropiación de la naturaleza cuya finalidad es la reproducción de dicha vida.

La apropiación del medio por el sujeto humano tiene como peculiaridad la aplicación del cuerpo sobre el medio de modo que lo transforme de un medio ajeno (no apto para la reproducción del sujeto) en un medio propio (apto para dicha reproducción), o sea el trabajo.

Así, mientras la mayoría de sujetos vivos no humanos basan su apropiación del medio en la adaptación, en el caso de los humanos lo hacen en la transformación del medio; y, a la vez, se transforman los propios seres humanos (manos, piernas, cerebro, etcétera).

La capacidad humana para apropiarse el medio es la fuerza productiva del trabajo, cuyo desarrollo descansa en la incorporación de procesos intermedios en la transformación del medio con el fin de producir medios de vida, por tanto en la producción y uso de medios de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo será la base del desarrollo humano.

La acción humana, en particular el trabajo, requiere una organización, un conocimiento. A la par que las fuerzas productivas del trabajo se desarrollan, se extiende el conocimiento tanto del medio como del propio ser humano para actuar sobre dicho medio.

En algún momento el conocimiento, apoyado en el desarrollo anatómico particularmente de su órgano portador (cerebro), torna la mirada sobre sí, se autorreconoce y se constituye en conocimiento que se sabe conocimiento. Surge el conocimiento consciente.

En la próxima entrada veremos las formas que adquiere este conocimiento para situarnos en el conocimiento objetivo.


Post-data.

El sujeto humano portador del conocimiento consciente actúa voluntariamente cuando antes de actuar ya tiene en su cabeza los resultados de su acción. Con ello el ser humano va dejando atrás su animalidad; las relaciones naturales entre individuos dejan paso a las relaciones sociales; la evolución natural es sustituida por la sucesión de las distintas formas de organizar las fuerzas productivas del trabajo (modos de producción), la historia de la sociedad; así el ser humano hace su historia convirtiéndose en un sujeto histórico.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (II)

Vida y conocimiento inconsciente

Partimos de la vida, del sujeto vivo, como un intercambio de materia y energía entre el sujeto y la naturaleza (proceso de metabolismo) que descansa en la apropiación de la naturaleza por el sujeto vivo.

Esta apropiación consiste en la aplicación del cuerpo del sujeto vivo sobre el medio que le rodea para reproducir este cuerpo y con él al propio sujeto.

La aplicación del cuerpo no se realiza de manera total sino que requiere de una fase previa en la que el sujeto tantea al medio para ver si es realmente apto para su reproducción. También consta, esta aplicación del cuerpo sobre el medio, de una fase posterior en la que se lleva a cabo la aplicación total del cuerpo de cara a la efectiva apropiación del medio una vez probado que se trata de un medio apto para la reproducción del sujeto. Un ejemplo grafico lo tenemos en el comportamiento de los seres vivos mas simples: la ameba antes de envolver a un objeto le lanza una parte de su cuerpo (pseudopodo) y comprueba que la reacción es aquella que le permite engullir al objeto sobre el que .

La primera fase, la apropiación virtual del medio, forma parte de la organización de la acción, mientras la segunda, la apropiación efectiva, sería la acción realizada. Como se ve en nuestro ejemplo, incluso en las formas de vida mas simples la acción presupone una preparación de dicha acción, un conocimiento, aunque sea de manera inconsciente.

De modo que, incluso a un nivel inconsciente, el “conocimiento” forma parte de la acción; ambos constituyen una unidad inseparable. En esta unidad, que aparece como la acción efectiva es la forma,  mientras el conocimiento sería el contenido que subyace a la forma. La acción contiene al conocimiento; el conocimiento se expresa como la acción. A mi modo de ver, destacar esto tiene importancia porque cuestiona el planteamiento que separa la acción del conocimiento, la práctica de la teoría. Pero esto es algo sobre lo que volveremos más adelante.

Partiendo del sujeto vivo hemos llegado a la organización inconsciente de la acción, el conocimiento inconsciente. En la próxima entrada aterrizaremos en el ser humano para explicarnos el conocimiento consciente.

domingo, 29 de septiembre de 2024

Apuntes sobre el método (I)

Introducción

El método en la Crítica de la Economía Política es de los temas más inhóspitos, controvertidos y oscuros al que se enfrenta cualquier persona que se acerque al marxismo. 

Sin embargo, bajo nuestra consideración, es un asunto importante no solo para el esclarecimiento de la objetividad del conocimiento sino para la acción política de la clase obrera como trataremos de mostrar. 

Por ello, este asunto es objeto de atención en el Taller sobre El Capital que imparte el profesor Juan Iñigo Carrera, que además ha tratado anteriormente en su obra Conocer el capital hoy, que podéis consultar en www.cicp.org. 

Con motivo de la presencia en dicho taller he ordenado mis notas que paso a exponer de forma resumida con la esperanza de que puedan arrojar algo de luz en relación al conocimiento objetivo, el método para obtenerlo y a su papel en la superación del capitalismo.

Por supuesto, esta exposición aunque acreedora de las elaboraciones del profesor Juan Iñigo son de mi plena responsabilidad. 

Antes de entrar en materia indiquemos el recorrido que haremos.

En primer lugar, se presentará el conocimiento objetivo (ciencia) como el resultado del desarrollo de la sociedad tomando como punto de partida el proceso de vida humana. Ahí presentaremos las distintas formas de conocimiento (religioso, artístico y filosófico) que anteceden al surgimiento de la ciencia, al menos en el desarrollo histórico occidental. Esto nos habrá permitido ver el carácter histórico de estas formas de conocimiento e iniciarnos en la forma de conocimiento propia del modo de producción capitalista que no es otra que el conocimiento objetivo basado en la representación lógica, particularmente en la lógica formal (luego miraremos la dialéctica). 

Veremos la forma en que opera el método de la lógica formal y las características de su resultado, la representación basada en la lógica formal, la evolución histórica que ha sufrido esta forma de conocimiento que, hoy por hoy, es la dominante en el consenso "científico". Constataremos el declive teórico en que se encuentra actualmente. También nos detendremos en otra forma del conocimiento objetivo como es la representación basada en la lógica dialéctica que es el método de la teoría crítica, que adolece de las mismas limitaciones que la ciencia que emerge de la lógica formal.

Desembocaremos, posteriormente, en la exposición del método dialéctico materialista (distinto al Materialismo Dialéctico más cercano a la lógica dialéctica), que identificamos con el método seguido por Karl Marx en su obra, particularmente en El Capital. Este método no se basa en ninguna lógica, por tanto no produce representaciones; sino que se basa en la dialéctica, dando lugar a la reproducción ideal (en el pensamiento) de lo real. Nos detendremos en su necesidad, en cuanto producto histórico del desarrollo capitalista. Finalmente, examinaremos las consecuencias del debate sobre el método en la acción política de la clase obrera, particularmente sobre la viabilidad y oportunidad de esta acción de cara a la consecución de una sociedad basada en el conocimiento objetivo de las determinaciones que le son propias, o de otra forma una sociedad donde el capital, en cuanto relación social general, sea sustituido por la ciencia.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...