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jueves, 13 de noviembre de 2025

La situación de la clase obrera española y el Informe FOESSA (I)

 

El IX Informe FOESSA de 2025 me ha traído al recuerdo la obra de Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, que allá por 1845 expusiera y denunciara las condiciones de vida de las familias trabajadoras inglesas. Desde la salud hasta las condiciones de trabajo, pasando por la educación, la vivienda, Engels desgrana la miserable vida de las familias generadoras de la riqueza social, que la clase burguesa se apropiaba despiadadamente. Además, cuenta que el maquinismo, la revolución industrial, que multiplicó varias veces la producción material, significó un mayor empobrecimiento para la clase trabajadora.


Quién es FOESSA y por qué hace un informe

Igual de desgarrador y demoledor es el nuevo Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España (https://www.foessa.es/ix-informe/) que, elaborado por más de quinientos voluntarios, académicos y técnicos, y con más de 700 páginas, nos proporciona la fundación. Además, el informe se acompaña de un resumen de más de 100 páginas (https://www.caritas.es/main-files/uploads/2025/10/IX-Informe-FOESSA-resumen.pdf), en el que nos hemos basado para esta entrada, así como informes regionales que se publicarán próximamente.

Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada (FOESSA) es una fundación promovida por Cáritas Española, vinculada a Caritas Internationalis, una organización de carácter humanitario, creada en Alemania (1897) y perteneciente a la Iglesia Católica.

Tal como se indica en la Presentación el Informe analiza y comprende las transformaciones sociales de nuestro país para contribuir activamente a su mejora proponiendo un giro hacia un nuevo modelo que ponga la justicia social y el bien común en el centro de las políticas públicas.

Por nuestra parte, divulgamos las conclusiones del informe y más adelante haremos una modesta aportación al debate que plantea. Ni que decir tiene que nuestra exposición no hace justicia al informe, rico en datos (evolución y comparación con la UE) y en descripciones.

A continuación presentamos una síntesis de los apartados que aparecen en el Resumen del Informe FOESSA.


Una sociedad en transformación

España se nos presenta como una sociedad con grandes contradicciones: crece la macroeconomía (incluso el empleo) mientras aumenta la vulnerabilidad social; vivimos una modernización tecnológica a la vez que se agranda la inseguridad, la incertidumbre y la polarización. Ello está configurando la sociedad del desasosiego, en la que la exclusión deja de ser un accidente y se constituye en un rasgo estructural del modelo socioeconómico español.

Señala una serie de grandes transformaciones sociales que se han dado en las últimas décadas: recomposición de clases (de la clase media y disolución de la identidad obrera), expansión de la educación universitaria, transición migratoria (dejamos de emigrar para recibir inmigrantes), incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral (perduran la doble jornada y las desigualdades de género), revolución tecnológica, el empleo ya no garantiza la integración, la vivienda se ha convertido en factor de exclusión, el envejecimiento poblacional junto a la baja natalidad cuestionan la sostenibilidad del bienestar, cambio cultural (pluralismo, secularización y diversidad familiar).

Todo ello ha provocado un cambio en la cohesión social caracterizada por identidades troceadas y debilitamiento de los lazos de solidaridad.


Desigualdad y estructura social

En este bloque se expone una radiografía de las brechas socioeconómicas y de la creciente polarización de rentas y patrimonios.

1. Desigualdad estructural persistente, a pesar del crecimiento macroeconómico a partir de 2015, evidenciando la inefectividad de las políticas redistributivas. El índice de Gini en 2024 ascendió a 33,1 superior al 32,4 de 2007.

2. Vivienda (hipotecas, alquileres, desahucios, sintecho): eje central de la nueva desigualdad (jóvenes). Es un factor que limita la autonomía y movilidad social. El porcentaje de población que destina más del 40 por ciento de sus ingresos a vivienda fue en 2024 de casi el 30 (en 2007 era el 22%).

3. Sistema redistributivo con escasa capacidad correctora: las prestaciones contributivas (pensiones, desempleo) funcionan, pero las no contributivas (familia, vivienda, ingreso mínimo) son insuficientes y fragmentadas, perjudicando a la infancia. Además, el sistema fiscal menos progresivo de lo que se dice. La eficacia redistributiva (reducción de pobreza gracias a transferencias sociales) fue en 2024 del 21 por ciento (en 2007 fue del 31%).

4. Pobreza crónica y multidimensional: la pobreza relativa (ingresos inferiores al 60% de la renta mediana) fue en 2024 de casi el 21 por ciento (en 2007 no llegaba al 20%); la pobreza persistente (seguir más de cuatro años seguidos en la pobreza) estaba en el 10,4% de los hogares (en 2007 eran el 7,6%).

5. Concentración de riqueza y fragilidad económica. El 10 por ciento más rico concentra más de la mitad del patrimonio nacional (en 2007 poseía el 44%); casi la mitad de hogares carece de ahorros para afrontar un mes de imprevistos. Los nuevos empleos son precarios.

6. El origen familiar determina el destino social, desmintiendo la idea de que la posición socioeconómica depende del esfuerzo personal (meritocracia) y la reproducción intergeneracional de la desigualdad. El porcentaje de personas que superaban el nivel educativo y ocupacional de sus padres fue en 2024 del 34 por ciento (en 2007 del 43%).

7. Desigualdad territorial y transición energética. El mapa español de la pobreza no ha cambiado: el norte rico y el sur (Andalucía, Extremadura, Canarias) pobre (mayor concentración de la exclusión). Así la tasa AROPE (mide el riesgo de pobreza y exclusión) en Andalucía pasó de 34% en 2007 a 35,6% en 2024. Por otro lado, la transición energética penaliza a los hogares vulnerables elevando sus costes de energía y movilidad.

8. La infancia y la juventud como grandes perdedores. La fractura generacional es alarmante: la infancia significa un tercio de la exclusión severa, unos 2,5 millones de jóvenes están instalados en la precariedad estructural, a la vez que los mayores de 65 años (pensiones y vivienda en propiedad) son el grupo con menor exclusión. La exclusión severa en menores de 16 años pasó de 6,8% (2007) a 15,4% en 2024.


Síntesis de la evolución (2007-2024)

Dimensión

2007

2015

2024

Tendencia

Índice Gini

32,4

34,7

33,1

Desigualdad estructural persistente

Sobreesfuerzo vivienda (%)

22

30

29

Encarecimiento estable

Eficacia redistributiva (%)

31

25

21

Caída continuada

Pobreza relativa (%)

19,7

22,3

20,8

Ligera mejora desde 2015

Pobreza persistente (%)

7,6

—

10,4

Más cronificada

Riqueza 10 % superior (%)

44

49

52

Creciente concentración

Movilidad ascendente (%)

43

36

34

Descenso estructural

Pobreza energética (%)

14

18

19

Sin revertir la subida

Exclusión severa infantil (%)

6,8

13,5

15,4

Duplicada en 17 años


La dinámica de la exclusión social en España

El tercer capítulo examina los resultados de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales (EINSFOESSA) que, desde 2007, mide 37 indicadores de exclusión (empleo, vivienda, salud, educación, redes, etc). A partir de estos indicadores se construyen los índices de exclusión, cuyos resultados aparecen en la tabla (indicar que en 2018 hay un cambio en la metodología, lo que no permite comparar con rigor con datos anteriores).

Según la serie, cada crisis amplía la fractura social y las recuperaciones no consiguen cerrarla. En 2024 la exclusión severa era un 52 por ciento superior a la de 2007.

La exclusión no es un fracaso individual sino el resultado de estructuras económicas y políticas que generan vulnerabilidad. La exclusión severa afecta al 9 por ciento (más de 4 millones de personas), y la exclusión moderada a un tercio de la población.

El empleo ya no protege; asistimos a una polarización laboral en la que coexisten empleos altamente cualificados bien pagados junto a una mayoría de trabajos precarios, parciales y mal remunerados.

Los servicios sociales son insuficientes; la vivienda actúa como trampa que absorbe la mayor parte del ingreso abocando a la inseguridad alimentaria o material; la inseguridad residencial (hipotecas cuantiosas, alquileres por las nubes, desahucios, sin techo) impacta directamente en la salud mental y las posibilidades de emprender un proyecto vital autónomo para los jóvenes; los hijos de padres con baja formación y que trabajan antes de los 18 años duplican el riesgo de repetir el ciclo de exclusión; solo el 3 por ciento de los hogares en exclusión severa pueden permitirse clases de idiomas externas frente al 15 por ciento de los integrados.

En la sociedad hiperconectada aparece el muro de la brecha digital (falta de conectividad o de competencias digitales) que limita el acceso al empleo, la educación y los servicios públicos, mostrándose otro determinante de la exclusión.

La exclusión se agrava en las nuevas generaciones: en 2024 la infancia (15,4%) y la juventud (11%) viven en exclusión severa, el doble que en 2007.

Aparecen nuevos fenómenos que amplían el mapa de la exclusión: la inseguridad alimentaria afecta al 38 por ciento de los hogares mientras las ayudas son fragmentadas y asistenciales; el 21 por ciento no puede mantener una temperatura adecuada (pobreza energética); el 17 por ciento padece privación material; una buena parte de los hogares vive sin red financiera (endeudamiento y falta de activos).


Situación FOESSA (hogares)

2007

2013

2018*

2024

Integración plena

46,3 %

36,7 %

49,0 %

45,0 %

Integración precaria

37,8 %

41,2 %

34,6 %

35,7 %

Exclusión moderada

10,3 %

13,3 %

10,1 %

10,5 %

Exclusión severa

5,6 %

8,7 %

6,3 %

8,8 %


Las políticas sociales en España

El Estado de Bienestar, que goza de fuerte respaldo ciudadano, funciona a baja intensidad y amenazado (geopolítica, privatizaciones, individualismo, debilidad fiscal).

El sistema sanitario acusa fracturas estructurales y dinámicas privatizadoras; el modelo de cuidados debe transitar del hogar a la responsabilidad comunitaria; la vivienda exige respuesta decidida, estructural y coordinada; las pensiones requieren un pacto intergeneracional; y el Ingreso Mínimo Vital, aunque duplica cobertura, arrastra problemas de acceso, permanencia y desigualdades territoriales. El capítulo cierra con una reforma fiscal pendiente: demandas crecientes del bienestar chocan con una base fiscal obsoleta e insuficiente, principal grieta estructural del modelo.


Confianza en el modelo de bienestar y capital social

Se extiende la percepción de una democracia ineficaz y desconectada, que alimenta desafección y desapego institucional además de erosionar el compromiso cívico. A la vez hay un amplio respaldo a sanidad, educación y pensiones, lo que preserva una legitimidad social estable, pero sostenerla requiere reconstruir la confianza en el sistema fiscal. La participación asociativa cae y la pobreza agrava el aislamiento. La juventud es pesimista ante la precariedad laboral, las dificultades con la vivienda y las dudas sobre las pensiones. La proliferación de noticias falsas polariza y socava la credibilidad informativa erosionando la verdad compartida necesario para el diálogo democrático.

Termina el apartado reclamando corresponsabilidad y consensos estables para un proyecto de bienestar común legítimo y sostenible.


El futuro que estamos construyendo

Estamos en la sociedad del miedo, en la que la inseguridad se normaliza, se alimenta el “sálvese quien pueda” y erosiona la confianza democrática. El Informe aboga por lógicas predistributivas que prevengan la desigualdad, así como la producción de lo común regulando complementariamente lo público y lo privado, lo individual y lo colectivo. Plantea reconocernos interdependientes y ecodependientes, recuperar la ética del trabajo desligado del empleo, rechazar el falso debate sociedad vs estado. Propone, finalmente, entrar en la lógica de lo común para profundizar la democracia. Llama a desacelerar frente a la vida acelerada, las identidades excluyentes y las noticias falsas. Invita a reaccionar individual y colectivamente, superar el repliegue y construir un futuro justo, sostenible y común.


Propuestas inmediatas y operativas

Extractamos algunas de las propuestas inmediatas que se plantean en el Informe:

- Empleo: reducir la temporalidad y la parcialidad involuntaria, fortalecer la negociación colectiva, acompañar el trabajo con formación y cuidados.

- Ingresos: ampliar y simplificar el Ingreso Mínimo Vital, y vincularlo a itinerarios personalizados de inserción; aumentar las prestaciones familiares y la cobertura infantil.

- Vivienda: expandir el parque público de alquiler; regular precios en zonas tensionadas; coordinar políticas territoriales diferenciadas.

- Salud: reducir listas de espera y desplegar una estrategia nacional de salud mental comunitaria.

- Educación: universalizar la educación infantil y combatir la segregación escolar; reducir abandono temprano.

- Igualdad y transición energética. Políticas específicas para mujeres, población gitana y migrante. Transición energética justa con participación de comunidades locales.

- Reforma fiscal y predistributiva: fiscalidad progresiva real, políticas que prevengan la desigualdad para evitar intentar corregirla ex post.



lunes, 29 de septiembre de 2025

La reproducción social del sujeto capital

 


El capital no es un mero objeto, producido por las personas, es el sujeto que produce a las personas en la sociedad capitalista. En esta inversión descansa buena parte de las cortinas sociales que nos impiden comprender nuestras propias vidas.


Pero, vayamos por partes. El capital se nos presenta fraccionado, sectorial y empresarialmente. Como cantidades de capital que dotadas de vida propia, buscando su valorización, funcionan de manera independiente unas de otras. Sin embargo, el capital termina imponiéndose como el protagonista de la vida social en el modo de producción capitalista. Esta contradicción, entre el fraccionamiento autónomo y la unidad orgánica, es abordada por Marx en su investigación de la reproducción social (Libro II de El Capital).


El capital como sujeto

Pero, a qué nos referimos cuando afirmamos que el capital es el sujeto. Mientras la economía convencional se “atasca” en el objeto (máquina, mercancía) sin ver la relación social que hay detrás, la Crítica de la Economía Política (CEP) avanza más allá. No solo ve, en el capital, la relación social objetivada que regula tanto la producción como el consumo sociales y, con ello, la superestructura ideológica y política de la sociedad. Sino que descubre que en su automovimiento, el capital genera las condiciones de su producción, es decir se reproduce. Sin pretender adelantarme, descubre aún más, que se termina aniquilando, pero esto quedará para otro momento.

Un ejemplo. Sabemos que el capital necesita que los obreros estén separados de los medios de producción y se vean obligados a vender su fuerza de trabajo a los propietarios de aquellos, los capitalistas. Esta condición, punto de partida, del capital es re-creada cuando, al final del proceso, el capitalista tiene el producto mientras el obrero tiene solo el salario con el que reconstituir su fuerza de trabajo para volverla a vender.


Unidad versus fraccionamiento

Así, el capital organiza la sociedad autorreproduciéndose; por eso, es el protagonista de la vida social. Para otro momento quedará el papel de las personas en este engranaje social. Ahora se trata de conciliar este planteamiento con la observación de un capital fraccionado, sectorialmente (entre las distintas ramas de la producción) y empresarialmente (las miles o cientos de empresas en cada rama).

Abordar esta contradicción es el significado que encuantro a la investigación sobre la reproducción social.


La reproducción social

Veamos sintéticamente esta el análisis de Marx. Tomemos el caso de la reproducción simple donde la sociedad produce siempre lo mismo, no crece. 

El capital social global se descompone en dos grandes sectores, el que produce medios de producción (sector 1) y el que produce medios de vida (sector 2). Cada uno de estos sectores emplean medios de producción (capital constante, c) y fuerza de trabajo (capital variable, v), que genera una plusvalía (p), siendo la suma el valor de la producción (m) de cada sector.

En términos algebraicos la cosa queda así:

Sector 1 (medios de producción)        c1+v1+p1=m1

Sector 2 (medios de vida)                 c2+v2+p2=m2

Capital total global                                c  + v  + p= m


Se puede hacer de diversas formas (igualando la producción de medios de producción y su consumo, m1=c; o con los medios de vida, m2=v+p), pero este sistema de ecuaciones lineales tiene como solución v1+p1=c2. 

Lo cual significa que la condición para que la sociedad produzca y consuma lo mismo que en el período anterior, es que ambos sectores se relacionen según esta proporción concreta: el valor de los medios de producción consumidos por el sector productor de medios de vida (2) ha de ser igual al valor añadido neto (suma de capital variable y plusvalía, v+p) del sector productor de medios de producción (1). Si no se cumple, la sociedad no podrá sostener la producción y el consumo actuales. 


Conclusión

La relación entre ambos sectores, y por extensión las relaciones intersectoriales e interempresariales, que vincula a los capitales individuales es la condición de la unidad de estos y de su reproducción social. De forma más contundente: tras la forma del fraccionamiento de los múltiples unidades autónomas de capital, emerge el contenido de su unidad orgánica, el capital social global, el sujeto de la vida social.

Por ello, cualquier análisis que se reivindique de la CEP debe partir del capital social global para ir descendiendo en concreción hacia los capitales sectoriales y, finalmente, a las empresas aisladas, con el objetivo de explicarse la realidad capitalista.


lunes, 18 de agosto de 2025

Frente al fuego capitalista en España

El fuego azota a España, y a buena parte de la Unión Europea especialmente en el área mediterránea, también al mundo (el fuego de California). Parece un fenómeno natural ante cuya arbitrariedad la racionalidad humana poco puede hacer. Sin embargo, un mínimo detenimiento nos muestra sus aspectos sociales abriéndose un abanico de intervenciones. Finalmente, nuestra mirada pretende ir más allá.

España arde; más de trescientas mil hectáreas carbonizadas. Esto representa casi el 1,0 por ciento de los 28 millones de superficie forestal (España es el tercero de la UE). Sin embargo, la sensación que trasladan los medios de comunicación es otra, con ello unos tiran trastos a otros y en el camino otros fenómenos (guerras, genocidios, corrupción, vivienda, inmigración, entre otros) se difuminan. Por qué.

Los daños están ahí, requiriendo tomarse el asunto en serio y con decisión. Más de treinta mil desplazados, miles de primeras y segundas residencias incendiadas junto a muchos negocios, miles de vacaciones truncadas, casi una decena de muertos, espacios públicos (polideportivos, residencias o albergues) -y pocos privados- abarrotados con depliegues de la Cruz Roja, promesas de ayudas públicas; son motivo suficiente. Ahora se echan de menos las soluciones de autorregulación del mercado. Solo a modo de indicador, el coste económico de apagar una hectárea es de 19 mil euros, ahí no se incluye el coste social derivado. Pero, todo esto tiene mucho de la mano del hombre, ahora el fenómeno se nos presenta menos natural o atmosférico. 


Qué podemos hacer contra el fuego

Lo primero, intentar apargarlo, para lo cual contar con medios de extinción es fundamental. Cuánto presupuesto dedican los gobiernos; todos, desde el nacional hasta el local; pasando por los autonómicos, que detentan las principales -no todas- competencias, de la seguridad frente al fuego. El presupuesto público en extinción (nacional y comunitario) se ha mentenido en torno a los 400 millones de euros en 2009-2022  (período en el que el dinero se depreció casi un 30%). 

Cuando consigamos que se vaya el humo, sería bueno actuar con más amplitud de miras. La prevención es una de las perjudicadas de la gran partida presupuestaria contra el fuego. En el mismo período descendió en más del 25 por ciento, situándose en 175 millones de euros.

En un tratamiento aun más amplio, se incluyen actividades conexas, más allá de la extinción y la prevención, como la investigación, la reforestación, infraestructuras o la gestión de recursos forestales. Esta es la principal partida, aunque también ha sufrido el recorte correspondiente, pasando de 1.000 a 700 millones de euros. Las campañas de concienciación rondan los 50.

Esa gran partida es importante porque incluye las ayudas a las explotaciones privadas forestales (producción de madera, corcho y otros), que las hay. Primero, el 70 por ciento de la superficie forestal española es privada. Sin embargo, las exigencias de medidas de seguridad forestal, y no digamos de responsabilidades, son mínimas. La modernización y profesionalización, eufemismos de un desarrollo capitalista, está pendiente. España tiene un déficit claro: mientras en la media europea se aprovecha el 60 por ciento de la biomasa forestal generada, en España solo es el 40 por ciento; el resto queda amontonado. Este absentismo productivo de los propietarios privados de bosques no se puede achacar a la protección de espacios forestales, que representan un porcentaje pequeño en el caso de Parques Nacionales y Parques Naturales, la mayoría púbicos; y que en su forma más laxa (Red Natura 2000 y Reservas de la Biosfera) ocupan el 30 por ciento de la superficie forestal, se reparten por mitad entre público y privado. Esta mayor eficiencia en la explotación forestal vendría muy bien a la sociedad española que necesita 50 millones de metros cúbicos de madera de los que ha de importar más de 30. Una condición necesaria para incentivar esto desde lo público sería el compromiso con el avance tecnológico que redundara en mayores controles de seguridad y de la gestión evitando el despilfarro que significa el fuego.

Pero, una gestión científica, del fuego exige conocer el por qué se produce, qué condiciones lo hacen posible y cuáles permiten que progrese hasta alcanzar viviendas, pongamos por caso. 

Las estadísticas al respecto son elocuentes: la primera causa es la humana (intención o negligencia) con el 40%, luego el abandono y ausencia de gestión forestal (30 %), cambio climático (20%), y otras como  (infraestructuras, vegetación o fenómenos atmosféricos extremos), 10 por ciento.


Una nueva conciencia frente al fuego

Por atractiva que parezca la idea de un pirómano desequilibrado sobre el que descargar toda la responsabilidad aplicándole la Ley de Talión, esa visión demagógica es injusta, irreal y poco efectiva.

Más allá de quien prende la llama, los incendios toman dimensiones y tamaños, por tanto provocan efectos amplios y dañinos, por otros motivos. En este sentido, recurrir a las condiciones climatológicas tanto pasadas como presentes resulta una respuesta inmediata: que si ha llovido mucho y hay mucho arbusto; que si tanto material combustible acumulado; que si hace mucha calor a lo que se junta el viento, entonces la propagación del fuego es más fácil; que si no ha llovido, que si … A más el cambio climático. 

Todo es cierto. Pero, resulta que el material que arde está acumulado, la gestión y el abandono del mismo responde a intereses privados y a medidas públicas. El despoblamiento, la España vaciada, el éxodo rural, no son fenómenos atmosféricos; los modelos culturales y de ocio (barbacoas o cotos de caza), tanto de las clases altas como de las bajas, tampoco caen del cielo; las prioridades en los presupuestos públicos (armamento o contraincendios) no son un accidente de la naturaleza; las formas de la gestión privada de los recursos forestales no responden a inclemencias del tiempo; incluso la abstracta crítica a la política (no se qué de despachos), como el juego politiquero de tirarse trastos exigiendo interrumpir vacaciones o acercarse a las zonas devastadas, todo este espectáculo donde los medios juegan su papel, y la sociedad se sacude la responsabilidad; el calculado tratamiento mediático bien para reprochar al adversario partidista bien para tapar otros asuntos; incluso el demente que se aburría y prendió la cerilla. Todo eso es, de una u otra forma, una manifestación de lo que somos.

Tanto en la intención como en la negligencia, la acción individual está mediada (en su diversidad de formas, relación laboral, lucha de clases, leyes, presupuestos, …) por la relación de capital, por el general y por el particular de cada uno. El fuego capitalista es un fenómeno específico de las sociedades actuales, donde el metabolismo que vincula al hombre en sociedad con la naturaleza, de la cual aquel es parte orgánica porque la materia es una en su diversidad, se caracteriza por una peculiaridad; se llama capital. Como red a través de la que se estructura el sujeto de la producción y el consumo sociales sobre la base de la valorización del valor, el capital determina la conciencia libremente enajenada que rige la acción personal en nuestra sociedad. Como superación de aquella conciencia, el avance de la conciencia dialéctica no solo nos demanda conocer las causas, inmediatas y mediatas, traspasando así la apariencia; sino que, además, nos permite reconocer en su diversidad la unidad de la realidad, así como dirigir nuestra acción hacia la revolución del modo de producción capitalista rumbo a un desarrollo humano más pleno. 


jueves, 7 de noviembre de 2024

En defensa del marxismo clásico: una respuesta a Isidoro Moreno


Con el máximo respeto que puedo profesar y con la humildad de quien se reconoce menos puesto en Antropología, me dirijo al catedrático Isidoro Moreno respondiendo a su artículo A propósito del caso Errejón1.

Este artículo plantea una cuestión interesante, como explicarse que un político de izquierda que predica el feminismo tenga unos comportamientos privados antifeministas (en mi blog Criticonomia2 pueden ver mi planteamiento). Mi desacuerdo con el artículo es la vinculación que establece Isidoro Moreno, IM en adelante, con la presencia del marxismo clásico en la izquierda, que sirve a IM para descargar su crítica con este marxismo. En particular, le reprocha considerar a las diferencias y desigualdades de clase, frente a otras diferencias como las de sexo o raza, como elemento vertebrador de las sociedades actuales, factor determinante de sus cambios y de la evolución de las sociedades.

Cuando IM niega que la historia de la humanidad sea la historia de la lucha de clases, me pregunto, si le parece más cierto que la historia de la humanidad sea la historia de la lucha de sexos, o de la lucha de razas, o de la lucha de cualquier otro aspecto de las personas. Claro, que siempre se puede decir que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de todos los elementos identitarios que hacen a las personas y, por ese camino, terminemos en la tautología.

Sí me parece sugerente aprovechar la intervención de IM para plantearnos por qué el marxismo otorga un lugar central a las clases sociales, frente a otros aspectos como el sexo, la raza, la altura, el peso, la lengua, etc. de las personas, para explicar el movimiento de las sociedades a lo largo del tiempo, o sea la historia de las sociedades.

Antes que nada y para despejar dudas, el marxismo “clásico”, entendiendo por tal la obra de Karl Marx y Frederic Engels, tiene un planteamiento que aborda el conjunto de la sociedad, incluidos las desigualdades de sexo, raza, y todas las que conocieran estos autores, solo que las vinculan de diversas maneras a las desigualdades de clase.

Dentro de la variedad de formas sociales presentes en una sociedad, el marxismo clásico destaca el papel de las clases sociales. Por supuesto, cuando existen. En las sociedades sin clases, léase en las comunidades primitivas, si no hay clases es claro que el marxismo “clásico” -mal que les pese a sus críticos- no explica dichas formaciones sociales, sus relaciones internas y su evolución, por la lucha de clases.

Una última observación respecto de la crítica de Moreno al marxismo clásico antes de exponer lo que éste dice. El que las diferencias de sexos existan antes que las diferencias de clase social, como afirma IM y que no le discutimos, no es argumento para afirmar que son más explicativas de la dinámica de las sociedades actuales (capitalistas). Pero, es más, en mi opinión y sin ser un experto del conocimiento de las sociedades, el que las diferencias de sexos existan desde el origen de la humanidad no quita para que éstas adquieran contenidos diversos, y con ello tengan más o menos relevancia, según el modo de producción en el que se inserten. No creo que haga falta explicar esto, pero bástenos un ejemplo que lo ilustra: la subordinación de la mujer al hombre no es igual, ni tiene la misma función, en una sociedad esclavista que en una sociedad capitalista

Pero, yendo a lo que considero importante: qué dice el marxismo clásico al respecto de las sociedades y su movimiento.

En mi opinión está expresado en el prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política. A veces por archinombrado no reparamos en él, pero recomiendo la lectura de estas cuatro páginas a cualquier persona que quiera acercarse sin prejuicios a lo que dice el marxismo “clásico”. La síntesis, aunque Marx se detiene, es: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.”

Es la existencia social, particularmente el modo de producción de la vida material (fuerzas productivas del trabajo y relaciones de producción), lo que determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general, dirá Marx.

Y qué tienen que ver las clases sociales y su lucha con todo lo anterior. Nuestro autor insiste en este prólogo: las formas jurídicas y políticas no se pueden comprender por sí mismas, ni como expresiones del desarrollo general del espíritu humano; hay que buscar su explicación en las condiciones materiales de vida, o lo que Hégel denomina la sociedad civil. Marx profundiza: hemos de ver la anatomía de la sociedad civil, que descansa en la economía política. Esta ciencia plantea cómo se produce la riqueza y quién, y por qué, se la apropia. Esto es, el reparto del producto social entre las clases sociales, cuando existen. Y si nos retrotrajésemos a las sociedades sin clases descubriríamos la presencia del trabajo social como factor determinante. Pues, las clases sociales no son más que la posición que tienen los individuos ante este trabajo social, su ejecución y el reparto de sus resultados. Aquí aprovecho para sugerir la lectura de un opúsculo de Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre.

Lamentablemente, mal que les pese, a las personas que desprecian el marxismo por reduccionista, determinista, axiomático, etc. los investigadores, y el propio razonamiento de la cuestión, no conceden tanta importancia a otro tipo de diferencias sean éstas anatómicas, cognitivas, sexuales, raciales o de cualquiera otra índole, que hay miles. A las cuales no quito importancia, pero están subordinadas a las que se plantean en el ámbito del trabajo social y, por extensión, a las clases sociales, cuando están presentes dichas clases obviamente.

Es más opino que es tarea del marxismo, y de cualquiera que pretenda explicarse la realidad social, el investigar todas las formas sociales presentes; pero también opino que el carácter marxista de una tal investigación es vincularlas a la relación social general de las sociedades modernas, el capital.





1Publicado en diversos periódicos: Diario de Sevilla, El Dia de Córdoba, Granada Hoy, entre otros.

2https://criticonomia.blogspot.com/2024/10/el-caso-errejon-y-la-maldicion-de-la.html

jueves, 3 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (III)

Humanidad y conocimiento consciente

La vida humana es un proceso de metabolismo social, un intercambio de materia y energía entre el grupo humano (sociedad) y la naturaleza, basado en una particular forma de apropiación de la naturaleza cuya finalidad es la reproducción de dicha vida.

La apropiación del medio por el sujeto humano tiene como peculiaridad la aplicación del cuerpo sobre el medio de modo que lo transforme de un medio ajeno (no apto para la reproducción del sujeto) en un medio propio (apto para dicha reproducción), o sea el trabajo.

Así, mientras la mayoría de sujetos vivos no humanos basan su apropiación del medio en la adaptación, en el caso de los humanos lo hacen en la transformación del medio; y, a la vez, se transforman los propios seres humanos (manos, piernas, cerebro, etcétera).

La capacidad humana para apropiarse el medio es la fuerza productiva del trabajo, cuyo desarrollo descansa en la incorporación de procesos intermedios en la transformación del medio con el fin de producir medios de vida, por tanto en la producción y uso de medios de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo será la base del desarrollo humano.

La acción humana, en particular el trabajo, requiere una organización, un conocimiento. A la par que las fuerzas productivas del trabajo se desarrollan, se extiende el conocimiento tanto del medio como del propio ser humano para actuar sobre dicho medio.

En algún momento el conocimiento, apoyado en el desarrollo anatómico particularmente de su órgano portador (cerebro), torna la mirada sobre sí, se autorreconoce y se constituye en conocimiento que se sabe conocimiento. Surge el conocimiento consciente.

En la próxima entrada veremos las formas que adquiere este conocimiento para situarnos en el conocimiento objetivo.


Post-data.

El sujeto humano portador del conocimiento consciente actúa voluntariamente cuando antes de actuar ya tiene en su cabeza los resultados de su acción. Con ello el ser humano va dejando atrás su animalidad; las relaciones naturales entre individuos dejan paso a las relaciones sociales; la evolución natural es sustituida por la sucesión de las distintas formas de organizar las fuerzas productivas del trabajo (modos de producción), la historia de la sociedad; así el ser humano hace su historia convirtiéndose en un sujeto histórico.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...