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miércoles, 30 de abril de 2025

El Primero de Mayo, la lucha y el socialismo


Cada Primero de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera, ésta es convocada para recordar aquella protesta laboral (por la jornada de 8 horas); pero, también nos sitúa frente a la represión de que fueron objeto los mártires de Chicago (5 penas de muerte y 3 largas condenas), mostrando así el carácter irreconciliable de la lucha de clases, cuyo horizonte es la superación del capitalismo.

Bastantes personas piensan que los grandes problemas (pobreza, desigualdad, guerra, deterioro ecológico, falta de vivienda, desempleo, o jornadas extenuantes, entre tantos otros) que afronta la sociedad actual solo podrán resolverse definitivamente cambiando este modo de producción. Así, el socialismo nos remite a la revolución social. Pero, difícilmente puede darse una acción política de ese calibre sin que haya un sujeto revolucionario. Y qué menos que éste sea el portador de la conciencia revolucionaria. Ahora bien, de donde surge esta conciencia. 

Muchas preguntas, y más si nos remontásemos analíticamente hasta el final (no lo haremos). Aquí, antes que dar respuestas, proporcionaremos elementos para formular con más precisión las preguntas, invitando a una reflexión más detenida.

Vale la pena examinar el desarrollo histórico de la humanidad, como hace Marx en los Grundrisse, centrándonos en el carácter de la organización de las fuerzas productivas de la sociedad (relaciones sociales). 

Así, pueden distinguirse dos grandes etapas, con la posibilidad (salvo destrucción nuclear o ecológica) de una tercera. La sociedad humana, tras dejar atrás su estadio animal, inicia una etapa en las que las relaciones entre las personas (sociales) tienen un carácter directo y personal, bien sean de parentesco (comunidad primitiva), de propiedad (esclavitud) o de servidumbre (feudalismo). En la segunda etapa, la actual (capitalista), los vínculos que se establecen entre las personas son a través de las cosas (mercancía, dinero, capital) e indirectos (la compra o la venta median en la producción o el consumo). Esta etapa crea las condiciones de la tercera, el socialismo o comunismo, donde la organización de la producción social tendrá como fin inmediato (no mediado por las cosas) la satisfacción de las necesidades personales de los integrantes de la sociedad. Por tanto, las relaciones sociales serán directas e impersonales. Esta etapa requiere de la abundancia que otorga el adecuado desarrollo de las fuerzas productivas que proporciona la segunda etapa.

La nueva sociedad, o socialismo, surgirá del desarrollo de la sociedad capitalista; ¿es posible pensar otro origen? Pero, lo interesante es ver el cómo. Para ello tenemos que partir de la propia relación social general de la segunda etapa, el capital.

La relación de capital, la compraventa de fuerza de trabajo para la valorización (plusvalor), consolida la división de la población en dos grandes clases sociales. Los propietarios de medios de producción que compran la fuerza de trabajo y la explotan para valorizar su capital (capitalistas); y aquellos que, exentos de medios de producción, venden su fuerza de trabajo para vivir (asalariados).

En cuanto individuos libres (de vínculos personales), propietarios de la mercancía fuerza de trabajo y partícipes de la relación de capital, la clase obrera tiene su conciencia libremente enajenada en la mercancía y en el capital. Es gracias a esta enajenación que puede ser más o menos formalmente libre.

El capital aspira al máximo plusvalor para lo que pone en marcha tanto los procedimientos de incremento del trabajo vivo total (plusvalor absoluto) como de reducción de la parte que entrega al trabajador (plusvalor relativo). Este último, que supone cambios sustanciales en el proceso de trabajo, es el que se revela como más potente otorgando al capitalismo su carácter revolucionario.

Frente a ello, la clase obrera habrá de entablar diversas luchas (económicas, políticas e ideológicas), cuyo contenido es la defensa de su mercancía (la fuerza de trabajo) y de las condiciones de su compraventa y uso (jornada, ritmos, salario). Pero, esas luchas, son también expresión de la más general lucha de clases. Observemos que este enfrentamiento obrero es una elección libre guiada por la conciencia enajenada en la fuerza de trabajo (vender la mercancía en las mejores condiciones posibles) sujeta a la necesidad: primero personal (es el medio de vida del obrero), pero también social (el capital, no el capitalista, necesita que la obrera venda su fuerza de trabajo por su valor como condición de reproducción normal del conjunto del capital y de la sociedad).

A raíz de esta lucha de clases, como reacciones a las expresiones burguesas de la conciencia libremente enajenada, en algunos sectores de la clase obrera se desarrolla una conciencia crítica y revolucionaria, cuyo resultado será el surgimiento de: el socialismo científico, la dialéctica materialista y la crítica de la economía política, a manos de dos genios del proletariado mundial, Marx y Engels.

El movimiento del capital, su reproducción ampliada (centralización y concentración del capital), sobre la base de la plusvalía relativa (maquinaria, automatización, digitalización, inteligencia artificial) irá extendiendo la producción de plusvalía a tasas cada vez mayores pero sobre bases de fuerza de trabajo más estrechas. Una expresión de esto es la formulación de la ley del descenso de la tasa de ganancia, que señala el límite histórico del capitalismo. A la vez, sobre esta revolución técnica operada por el capital, se edificará una conciencia renovada sobre lo que es la persona. La acumulación de capital adopta la forma del desarrollo de la contraposición de intereses de ambas clases agudizando su enfrentamiento (vecinal, laboral, ecológica, feminista, por los derechos humanos, entre otras). A veces de manera contradictoria (guerras, exclusiones, segregaciones, hambrunas o desempleo), la unidad, organización y conciencia, de la clase obrera (o una fracción) se irá configurando como hegemónica en la sociedad.

El desarrollo del capital, cuyo carácter histórico se ha venido poniendo de manifiesto a través de las diversas crisis de sobreproducción, pone contra las cuerdas a la privatización del trabajo social, al propio capital. Éste entrará en una fase de estancamiento y descomposición, donde las alternativas se sucederán sin dar soluciones duraderas. Se abrirá un proceso conflictivo (entre los propios capitalistas y entre las clases), durante el que las personas asalariada adquirirán las últimas herramientas necesarias para asestar el golpe definitivo. Cualquier catástrofe puede ser el detonante (guerra, inundación, sequía, apagón). Las élites capitalistas buscarán cobijo, pero antes intentarán dividir a la clase trabajadora recurriendo a todo tipo de medios, incluso violentos (encierros, terrorismo, fascismo), poniendo a prueba la unidad, organización y solidaridad obreras.

Puesto que la clase capitalista no entregará la propiedad de los medios de producción, el avance capitalista de las fuerzas productivas, la socialización del trabajo privado, habrá de llevarse a cabo a través de la acción política consciente de la clase obrera, que expropiará a una burguesía convertida en parásito social y rémora para el propio capital, o sea la revolución social. 

Todavía a esta altura alguien podría plantearse por qué es la clase obrera el sujeto revolucionario. No es solo la clase que ha conseguido la conciencia y organización a través de la lucha de clases, sino que -sobre todo- es la clase capacitada para organizar (diseña, ejecuta y controla) la producción social, que garantiza la reproducción material de la sociedad.

Es más, alguna podría objetar que por qué no ha ocurrido ya esta revolución. La respuesta general es que el capitalismo, aún con los avances técnicos actuales (falta un mayor avance de la fábrica oscura, por ejemplo), no ha alcanzado ese punto de madurez en el que se aviste su final. La situación geopolítica mundial, el fraccionamiento de la clase obrera, un vistazo al top ten de programas de TV, el seguimiento de conversaciones en redes o leer los chats en whatsapp, lo mismo nos curan de la impaciencia revolucionaria. 

Una perspectiva cronológica también nos puede ayudar: tras millones de años viviendo en manadas, los hombres se organizan en sociedades bajo vínculos directamente personales durante pocas decenas de milenios (la revolución neolítica es del 10.000 a.n.e, el esclavismo duró unos pocos miles de años, el feudalismo en torno al milenio), la sociedad capitalista tiene una vigencia de unos cinco siglos (en su forma plena, pocos cientos de años). Pero, el capitalismo cambia vertiginosamente, de una generación a otra a penas se reconoce al género humano (los jóvenes de hace 25 años distan mucho de los actuales). 


Significa esto que hay que sentarse a esperar que el capital desarrolle las condiciones de su superación. Claramente, no. Cuanto más preparada esté la clase obrera más se acortará y menos sufrimiento supondrá el advenimiento de la nueva sociedad. Muchas son las tareas de las personas revolucionarias: desarrollar el método dialéctico y la crítica, recoger la historia de la lucha de clases, operar para extender la conciencia revolucionaria, potenciar la socialización del trabajo privado, o realizar la acción política consciente, por señalar algunas. También impulsar la lucha de clases no solo por su efecto organizador y pedagógico, sino porque al elevar el valor de la fuerza de trabajo obliga al capital a desarrollar las fuerzas productivas acercándonos a su final.


La memoria acumulada del Primero de Mayo, más allá de la lucha por los derechos laborales (sindicalismo) incluso en su expresión política corporativista (laborismo), nos conmina a preparar y entablar la lucha de clases que conduzca a la comunidad de los individuos libremente asociados, o sea al socialismo.


Referencias:

Denari, Luis Lorenzo (2025). Biografía de Marx. En https://cicpint.org/es/denari-l-2025-biografia-de-karl-marx-volumen-i-cicp/

Iñigo Carrera, Juan (2019). Del capital como sujeto de la vida social enajenada a la clase obrera como sujeto revolucionario. En https://cicpint.org/es/inigo-carrera-j-2019d-del-capital-como-sujeto-de-la-vida-social-enajenada-a-la-clase-obrera-como-sujeto-revolucionario-en-r-escorcia-romo-g-caligaris-eds-sujeto-capital-sujeto-re/ 

Marx, Karl. Grundrisse (1857). En https://www.fim.org.es/media/3/3187.pdf

martes, 25 de febrero de 2025

Andalucía, la izquierda y la centralidad de la clase obrera

 


Un debate frecuente entre los estudiosos, en los activistas políticos y también entre el público en general, es la primacía del punto de vista de clase social en el tratamiento de los fenómenos sociales, aunque sea a través de la negación del tal carácter central. Es más, una de las críticas a la izquierda actual es su wokismo (exageración de las identidades), que es una manera de afearle que se dedique a las mil y una causas de queja social (ecologismo, pacifismo, feminismo, racismo, transgenerismo, animalismo, edadismo, …). Otra expresión del descentramiento respecto del clasismo fue la afirmación del izquierdista Sanders respecto del abandono propinado por la clase obrera americana a los demócratas al indicar que antes los demócratas habían dado la espalda a la clase obrera.


Esta pérdida de centralidad de la clase obrera en el discurso ha estado precedida por la inflación de estudios, análisis, investigaciones que ponían el acento en otras perspectivas como el género, la raza, la edad, la geografía o cualesquiera otro atributo personal con tal de que la clase social quedara oculta o desdibujada. Aclaro, no es que esté mal la perspectiva de la edad, pongamos por caso, simplemente afirmo que ha de hacerse conjuntamente a la clase social, porque de lo contrario se naturaliza la clase social, y con ella el orden social existente. Ahora bien, por qué han tenido tanto éxito estos planteamientos.


Es claro, que ha contribuido que la corriente ideológico-científica multifactorial o interfactorial, pero sobre todo anticlasista, ha sido presentada, empujada, incentivada, premiada, por los defensores del capitalismo desde sus fundaciones, sus administraciones y sus academias.


Y no les falta motivos. La perspectiva de clase social suele conducir al cuestionamiento de los pilares del sistema social o del modo de producción. Por ello, la producción ideológica se procura alejar del detenimiento en las clases sociales, de la división de la sociedad en clases, de los intereses contrapuestos de estas clases y de la lucha de clases como relación social. Y sobre todo, por plantear el sujeto social portador de la transformación de la sociedad. Pero, por qué el enfoque de clase habría de priorizarse o tenerse en cuenta en el estudio de las cuestiones que atañen a la sociedad, frente a otros atributos que portan las personas (sexo, edad, género, raza, nacionalidad, residencia, etcétera).


Podría decirse que una cosa son los tratamientos y métodos de las investigaciones sociales y otra distinta los programas políticos de, pongamos por caso, las organizaciones de izquierda. Sin embargo, el programa político suele descansar en un diagnóstico que, a su vez, es acreedor de unas investigaciones sociales que, no tienen más remedio que descansar sobre unas bases metodológicas. De ahí la importancia de, más allá de la retórica, revisar los diagnósticos, investigaciones y metodologías, para plantear programas que respondan a las necesidades de aquellos a los que se quiere representar, hacerles una oferta electoral y, sobre todo, mostrarles una causa por la que luchar.


No obstante, sigue en pie la pregunta principal: por qué el enfoque de clase social ha de estar presente en cualquier análisis de la sociedad y, por tanto, ha de acompañar al resto de variables (género, edad, raza, sexo, nacionalidad, residencia, altura, o peso, por señalar algunas).


La cuestión tiene que ver con la reproducción de la sociedad, particularmente con su reproducción material, con la producción; lo cual nos lleva a los elementos de la producción (medios de producción y fuerza de trabajo) y, finalmente (por no continuar hasta el origen de la vida), al trabajo. Por esto, las clases sociales, o sea la organización de las personas de la sociedad en torno al trabajo, en torno a sus elementos necesarios (medios de producción y fuerza de trabajo), y en torno a la reproducción de la sociedad de que se trate, es un aspecto fundamental en el análisis de los comportamientos sociales y de la evolución de la sociedad.


¿Quiere decir esto que hay que despreciar al resto de aspectos? No, de hecho estos otros aspectos enriquecen y matizan. Solo quiere decir que hay que tratarlos acompañados de, o teniendo en cuenta a, las clases sociales. Aún así podríamos preguntarnos: qué pasa si no se hace así y se hace como hasta ahora, o sea tratar a la población, al mercado laboral, a las políticas públicas, por ejemplo, desde las distintos enfoques sin tener en cuenta a las clases sociales. Pues que, efectivamente, se hace desaparecer a las clases sociales; primero del método, luego de la investigación, posteriormente del diagnostico y, finalmente, del programa. Por lo que, en correspondencia, y como decía Sanders, no debiera sorprender que la clase obrera se olvide de las luchas, de los partidos y de los votos. Tampoco quiero dar la impresión de que todo el problema es ese; es una parte del problema, pero cada uno tiene que hacer su parte. Los partidos de izquierda no pueden esperar el apoyo si no cumplen con su parte; y esta es su parte.


A modo de ejemplo, planteo la distribución de la renta en torno a las clases sociales en Andalucía a lo largo del período 1995-2024, que son los últimos datos que nos ofrece la Contabilidad Regional de Andalucía. En ella se ponen de manifiesto el reparto de la renta entre las personas que perciben el salario y las que perciben la plusvalía; rentas que previamente han sido producida y en cuya producción han intervenido de modo distinto estos sujetos sociales (unos entregando su fuerza de trabajo para que sea consumida y otros proporcionando los medios de producción); función en la producción que está condicionada por su condición de clase (propietarios de los medios de producción o burgueses, y vendedores de fuerza de trabajo o asalariados). De esta manera, la distribución de la renta entre las personas y las condiciones de vida que de ello se deriva, vemos que está mediada por su condición de clase social. También nos permite ver cómo se va modificando a lo largo del tiempo, que es otra forma de decir a lo largo del ciclo capitalista y sus diferentes fases. La pregunta para los otros enfoques es si a través suya se podría dar cuenta de la producción y distribución de la renta, pongamos por caso en Andalucía.


Ahora, que se debate la unidad de la izquierda, la centralidad de las clases sociales debiera ser un asunto a poner sobre la mesa y discutirse. Ahora, a unos días del aniversario de El Manifiesto del Partido Comunista publicado el 21 de febrero de 1848, correspondería a los comunistas y socialistas ser los portadores de esta posición que no puede ser otra que la posición de la clase obrera. Ahora, a pocos días de celebrar el día de Andalucía (28 de febrero), sería una ocasión para plantearse si tiene sentido, en la Andalucía capitalista inserta en la división internacional del trabajo, el andalucismo abstraído del análisis de las clases sociales y al margen de la clase obrera andaluza.

jueves, 20 de febrero de 2025

La actualidad del Manifiesto Comunista en su 177 aniversario

El 21 de febrero de 1848, bajo el estandarte de ¡Proletarios de todos los países, uníos!, vió la luz el libro de cabecera de la clase obrera revolucionaria. Escrito por Marx y Engels, bajo el encargo de la Liga de los Comunistas, fue una obra que unió a todos los comunistas, desde los socialistas hasta los anarquistas (Bakunin lo tradujo). 

A pesar del tiempo transcurrido mantiene bastante actualidad.

Esta imagen ha sido realizada con la IA Grok 2

Más allá de la primera parte donde expone que la historia de las sociedades es la historia de la lucha de clases, así como explica el origen del capitalismo y de la clase burguesa, la propietaria de los medios de producción. También señala que el desarrollo del capitalismo supone el desarrollo del proletariado, el que vende su fuerza de trabajo.

El segundo apartado está dedicado a los comunistas como una parte del proletariado, que no tienen intereses distintos ni singulares y que se distinguen por destacar los intereses comunes del proletariado mundial, entre otras cuestiones.


También su programa está hoy vigente, según la wikipedia:

  1. Expropiación de la propiedad de la tierra y empleo de la renta de la tierra para los gastos del Estado.
  2. Fuertes impuestos progresivos.
  3. Supresión del derecho de herencia.
  4. Confiscación de la propiedad de todos los emigrantes y sediciosos.
  5. Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital estatal y monopolio exclusivo.
  6. Centralización del transporte en manos del Estado.
  7. Multiplicación de las fábricas nacionales, de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.
  8. Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.
  9. Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.
  10. Educación pública y gratuita de todos los niños. Abolición del trabajo infantil fabril en su forma actual. Unificación de la educación con la producción material, etc

El manifiesto podeis consultarlo aquí: https://www.marxists.org/espanol/m-e 1840s/48-manif.htm

https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm


Os dejo un resumen realizado por la IA Deepseek.

El Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels y publicado en 1848, es un texto fundamental del socialismo científico y del movimiento comunista. A continuación, un resumen de sus ideas principales:

  1. Contexto histórico: Marx y Engels analizan la lucha de clases como motor de la historia, destacando que la sociedad se divide entre opresores y oprimidos. En su época, identifican a la burguesía (clase dominante) y al proletariado (clase trabajadora) como los dos polos principales.

  2. Crítica al capitalismo: Denuncian la explotación del proletariado por parte de la burguesía, que acumula riqueza a costa del trabajo asalariado. Critican la alienación del trabajador, la concentración de la riqueza en pocas manos y las crisis cíclicas del sistema capitalista.

  3. Papel revolucionario del proletariado: El proletariado, al ser la clase más oprimida y universal, tiene el potencial de liderar una revolución que derroque a la burguesía y establezca una sociedad sin clases.

  4. Objetivos del comunismo: Abogan por la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la socialización de la riqueza y la eliminación de las diferencias de clase. Proponen medidas como la educación pública gratuita, la nacionalización de la banca y el transporte, y la redistribución de la tierra.

  5. Internacionalismo: Llaman a la unión de los trabajadores de todo el mundo ("¡Proletarios de todos los países, uníos!") para superar las fronteras nacionales y luchar contra el capitalismo global.

  6. Conclusión: El manifiesto termina con un llamado a la acción revolucionaria, afirmando que los comunistas no tienen por qué esconder sus intenciones y que su objetivo final es la transformación radical de la sociedad.

El texto es una crítica profunda al sistema capitalista y una defensa de la lucha obrera como medio para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria.

martes, 28 de enero de 2025

Ultraderecha, capital y Aushwitz



La victoria de Trump a finales de 2024 pone de manifiesto que el ascenso de la ultraderecha al poder ejecutivo en muchos países es una característica del capitalismo contemporáneo.

En la Unión Europea la extrema derecha también ha avanzado sustancialmente sus posiciones como muestran los resultados de las últimas elecciones europarlamentarias (junio 2024). En 6 de sus países miembros gobierna (Italia, Hungría, Finlandia, Países Bajos, Eslovaquia, Croacia), y en otros tantos está a punto de hacerlo (Austria, Suecia, Polonia, Francia, Alemania, Bélgica, por mencionar algunos muy sonados).

En América, aparte de USA, la derecha clásica que ya es bastante extrema deja algo de menos hueco; aún así la extrema derecha progresa sin gobernar (Brasil, México, Colombia, Chile, Venezuela, Canadá, por citar los principales) y gobierna (Argentina, El Salvador).

La situación en el resto del mundo no parece desmentir el avance de la ultraderecha hasta el punto de tener presencia en el gobierno en países importante como Israel, Turquía, India.

Visto lo anterior, hay que descartar el planteamiento surgido hace unos años de que la ultraderecha ascendente era una anomalía pasajera que terminaría desvaneciéndose.

Aún más si no olvidamos que en los años veinte y treinta del siglo pasado buena parte de la humanidad vio ascender proyectos políticos que encarnaban ideas supremacistas, expansionistas, populistas, y muy anticomunistas. El 80 aniversario de la liberación por los soviéticos del campo nazi de exterminio Aushwitz-Birkenau (27/01/1945) , donde fueron asesinados 1,1 millones de personas, nos lo vuelve a traer a la memoria.

Pero, no solo fue el nazismo en Alemania (Hitler) y su área de influencia, Mussolini en Italia, Franco en España (1936) y antes la derecha de la segunda república (1932), Salazar en Portugal, como manifestaciones europeas del ascenso del extremismo de derechas.

No obstante, el éxito de la ultraderecha no solo hay que medirlo por su presencia en los ejecutivos, ni si quiera por el aumento en los parlamentos, sino por la capacidad para hacer socialmente aceptables sus planteamientos (alargamiento de la ventana de Overtone) arrastrando al espectro político tras ella.

Mirado así, la pregunta es ineludible: es la ultraderecha la forma política que reclama el nuevo capitalismo, particularmente en el viejo occidente. Una vez contestada, surgen otras: qué podemos esperar y, sobre todo, qué podemos hacer. De la misma forma que el presente nos interroga, la historia nos responde.

lunes, 27 de enero de 2025

Sobre la unidad de la izquierda: dos propuestas y una pregunta

(Esto es lo que hubiera querido decir, pero por falta de tiempo no fui capaz, en una reunión donde se debatía sobre la unidad de la izquierda)

La unidad de la izquierda se entiende, la mayoría de las veces, como la unidad de los partidos y la coalición electoral. Cuestiones que son necesarias, de cara a las elecciones, pero que hoy día no son suficientes. El proceso al que nos referimos con unidad de la izquierda (UI, en adelante) debe aspirar a ser algo más profundo.

Se hace necesario plantearse la unidad de las personas de izquierda porque con todas las idas y venidas de las distintas organizaciones de la izquierda, con sus desencuentros y reencuentros, las que también van y vienen son las personas que las componen o se identifican con estas organizaciones así como muchas que quedaron en el camino. Estas personas, que también portan las afinidades y diferencias, son las que pueden constituir el proceso unitario. Por eso es importante plantearse la unidad de las personas de izquierda (UPI, en adelante) como prioridad. Ciertamente, a esto ayudan mucho las acciones concretas (concentraciones, manifestaciones, por ejemplo), pero es bueno tenerlo presente de cara a organizar un proceso constituyente de la UI.

En un primer momento, el papel de las organizaciones es importante para facilitar este proceso de de UPI y aceptar dejar en segundo plano la unidad electoral, que habrá de surgir más adelante como un resultado de la UPI.

Bien, de cara a la UPI, la cuestión a la que deberíamos respondernos, de manera individual, es: por qué estoy aquí; por qué he venido. Es una pregunta que apela a la necesidad interna que tengo, en relación con lo que me rodea, que no encuentra otro modo de expresarse que reunirme con otras personas que dialogan sobre la unidad de la izquierda.

Ciertamente, cada respuesta será diferente, y estaría bien, además de hacer el esfuerzo individual e interior de respondernos a nosotros mismos, haciendo consciente nuestro pensamiento, que se compartiera. Porque, en el comunicarnos la respuesta a “¿por qué he venido?” podemos descubrir aspectos que dábamos por sabidos que estaban equivocados, o aspectos que no se tenían en cuenta, etcétera. Con ser bueno, no es indispensable esa objetivación de nuestro parecer.

En cualquier caso, por distintas que sean las diferentes respuestas, muchas de éstas manejarán dos elementos: conciencia individual y transformación social.

Estas dos cuestiones son el objetivo de las dos propuestas que traigo. Pero, antes de pasar a ellas, quiero insistir en la importancia de la pregunta constituyente (¿por qué estoy aquí?). Porque este proceso, para ser genuino, honesto, sincero, debe ser la materialización colectiva de la satisfacción de aquella necesidad interna, de la pregunta constituyente. Y, aunque diversas puedan ser las respuestas individuales, la respuesta colectiva ha de ser única, común. Esta solución comunitaria empieza aquí y ahora.

La primera propuesta tiene que ver con las conciencias individuales, la lucha de ideas, la batalla cultural, llámese como se quiera, requiere poner el acento en los medios de comunicación; la izquierda debe, con los medios que tiene (hay muchos medios de comunicación y operadores en redes sociales de izquierda) y con lo que pueda crear, operar sobre el proceso en que las personas producimos nuestra propia conciencia. En esto nos va la vida.

La segunda tiene que ver con transformar la sociedad; la sociedad capitalista está cambiando, la lucha de clases ha cambiado, las formas políticas están cambiando, la sociedad se derechiza y la ultraderecha crece. Esto no es una maldición ni una casualidad. Es necesario un diagnóstico de la sociedad, del momento, basado en un método en consonancia con el objetivo (crítico y revolucionario), que nos permita plantearnos un programa realizable en la dirección de superar el capitalismo, lo cual implica mejorar las condiciones de vida de la mayoría, empezando por la clase obrera (socialismo o barbarie).

La izquierda no puede quedarse parada. Nos pueden ganar porque sean más fuertes, pero no porque bajemos los brazos. Por eso necesitamos todos los brazos y todas las cabezas, por eso necesitamos empezar por la Unidad de las Personas de Izquierda.

martes, 14 de enero de 2025

El estado profundo y la ultraderecha


El estado profundo es una realidad que se muestra en contadas ocasiones y siempre de manera poco transparente. De hecho la mayoría de sus intervenciones que salen a la luz quedan como misterios o casos irresueltos. Ahí están el asesinato de JF Kennedy, el 23F, la X de los GAL o las escuchas del Pegasus al gobierno de España. 

La expresión saltó a la opinión pública hace unos años durante el primer mandato del ultraderechista Donald Trump (2017-2021). La serie de filtraciones, una de las cuales hizo dimitir al recién nombrado asesor nacional de seguridad (Michael Flynn1) por la publicación de una conversación con el embajador ruso, señalaba las resistencias al gobierno de una parte de la burocracia estatal portadora de información comprometedora.

No obstante, muchos científicos sociales niegan su existencia e incluso hay un consenso bastante general en que se trata de una teoría de la conspiración2. Sin embargo, los “conspiracionistas” suelen dudar de la honradez de este tipo de negaciones. Y es que hay evidencias difíciles de explicar desde la naturalización del capital, que preside la producción teórica dominante. 

Además, existen antecedentes históricos del estado profundo (o deep state, en inglés ): como el kratos kratei (poder dentro del poder) de los griegos; el status in statu (estado en el estado) de los romanos; y ya, en 1923, surge la expresión derin devlet (estado profundo, en turco) para referirse a la guerra sucia contra la insurgencia kurda.

Más recientemente, en USA, al inicio de la década de los sesenta el presidente Eisenhower sorprendía con un discurso televisado de despedida en el que denunciaba al complejo industrial-militar; el caso Moore-Redford, de principios de los setenta, mostraba el espionaje sufrido por el presidente a manos de la Junta del Estado Mayor, desembocando en el informe del comité Church que concluía que los adelantos tecnológicos y la falta de control de organismos como el FBI, la CIA, la DIA y la NSA les convertía en poderosas acumuladoras de información. Se trata de la Comunidad de Inteligencia nacional.

También en España se ha señalado al CNI y las cúpulas militar y policial, además de parte de la alta judicatura3. Sin embargo, determinadas operaciones, requerían la participación de importantes medios de comunicación, cuando no de estructuras empresariales influyentes (palcos, partidos de golf, jornadas de vela o cacerías).

Lo relacionado con la financiación irregular de partidos (casos Filesa, Gurtel o Palau), las subvenciones a dedo, las puertas giratorias, la falta de renovación de las instituciones, los apellidos ilustres en las organizaciones, los fondos reservados o los secretos de estado. Todos son mecanismos relacionados con las cloacas del estado4, que alcanzan su expresión álgida en el uso del ministerio de interior de Fernández Diaz para espiar a miembros de Podemos o las actividades contra el procés. Y un poco después la campaña orquestada para desprestigiar a este partido a través de veintitantos casos judiciales alimentados con denuncias admitidas con documentación falsa o escasa base que, tras años de portadas y tertulias, terminaron archivadas.

Pero, paradójicamente, ha sido la reacción al gobierno de la ultraderecha la que puso al estado profundo en un primer plano del interés mediático. Y desde luego no fue el cuestionamiento del sistema capitalista ni si quiera del estado capitalista lo que temía la alta burocracia detentadora de información sensible. Entonces, qué divide al bloque capitalista de poder, qué ha suscitado esta particular lucha de clases en la élite.

La informalidad del denominado estado profundo impide saber exactamente cuál es su agenda y qué aspectos o líneas de las políticas ultraderechistas son las que rechazan. Si la función del estado capitalista es la representación y defensa del capital, la del estado profundo incluye además la defensa y seguridad del estado, lo cual implica su propio mantenimiento. A decir de Pedro Vallín es un mecanismo de autopreservación del estado.

La “guerra” declarada de la ultraderecha (UD, en adelante) al estado en su forma actual, la denominada deconstrucción del aparato administrativo del estado (palabras de Steve Bannon, uno de los consejeros de Trump) es el origen de la desconfianza del estado profundo hacia la UD. La reducción del presupuesto, la reorganización administrativa, los nuevos criterios de gestión o el cambio de las fórmulas de reclutamiento, pueden poner nerviosos a los altos funcionarios que tienen la posesión de parte, la más comprometedora, del aparato estatal.

Sin embargo, este no parece ser el caso de España. Los cuarenta años de franquismo dejaron un aparato estatal franquista que ni la transición ni los posteriores gobiernos removieron. El ascenso de la UD al gobierno español supondría un “feliz reencuentro” de las clases poderosas5. La UD española no jugará, por ahora, el papel que puede jugar el trumpismo de cara al estado capitalista actual.

Qué relevancia puede tener el interés por el estado profundo, más allá de verlo como otro fenómeno social relacionado con el estado capitalista. Bien, solo decir que aquellos que están interesados en la transformación radical de la sociedad habrán de tenerlo muy presente. Y quién sabe si el papel histórico de la UD trumpista sea la reducción del estado profundo, abriendo el paso a transformaciones más sistémicas en USA y fuera. Veremos. En cualquier caso, en esta etapa en la que el capital de Occidente requiere unos cambios en el estado que solo la ultraderecha puede impulsar, bien merecen ser investigados la estructura (oscura e impenetrada), las funciones (de último recurso) y las formas de intervención del estado profundo, a la luz de la crítica de la economía política.

domingo, 5 de enero de 2025

Reto en torno a la producción capitalista de la fuerza de trabajo

Desde aquí lanzo un reto a los investigadores sociales y a las personas preocupadas por el desarrollo de la sociedad.

Es un hecho fácilmente observable que la producción de mercancías avanza en la sociedad capitalista. La tendencia a la mercantilización del producto del trabajo es tan poderosa que terminó afectando a la facultad humana para trabajar, lo que se denomina fuerza de trabajo. Tan importante es la mercancía fuerza de trabajo que está en el origen del sistema capitalista.

Pero, no es solo que la producción de mercancías se extienda, sino que en el capitalismo va recorriendo un patrón muy específico desde la producción artesana hasta la producción en masa o fabril. Este es un proceso en el que Marx se detiene en El Capital, para la mercancía en general.

La pregunta es si, volviendo al caso de la fuerza de trabajo, esta mercancía está sufriendo el mismo proceso. Es decir, si la producción capitalista de la fuerza de trabajo está avanzando desde las formas artesanales hasta las formas fabriles. Otra cuestión sería ver si esto plantea algún límite al desarrollo capitalista, o sea si la producción capitalista plena de la mercancía fuerza de trabajo sería compatible con la sociedad capitalista.

Mi respuesta es afirmativa en los dos casos: efectivamente se avanza en la producción capitalista plena de la fuerza de trabajo, y que esta tendencia no puede consumarse a riesgo de acabar con el capitalismo.

jueves, 7 de noviembre de 2024

En defensa del marxismo clásico: una respuesta a Isidoro Moreno


Con el máximo respeto que puedo profesar y con la humildad de quien se reconoce menos puesto en Antropología, me dirijo al catedrático Isidoro Moreno respondiendo a su artículo A propósito del caso Errejón1.

Este artículo plantea una cuestión interesante, como explicarse que un político de izquierda que predica el feminismo tenga unos comportamientos privados antifeministas (en mi blog Criticonomia2 pueden ver mi planteamiento). Mi desacuerdo con el artículo es la vinculación que establece Isidoro Moreno, IM en adelante, con la presencia del marxismo clásico en la izquierda, que sirve a IM para descargar su crítica con este marxismo. En particular, le reprocha considerar a las diferencias y desigualdades de clase, frente a otras diferencias como las de sexo o raza, como elemento vertebrador de las sociedades actuales, factor determinante de sus cambios y de la evolución de las sociedades.

Cuando IM niega que la historia de la humanidad sea la historia de la lucha de clases, me pregunto, si le parece más cierto que la historia de la humanidad sea la historia de la lucha de sexos, o de la lucha de razas, o de la lucha de cualquier otro aspecto de las personas. Claro, que siempre se puede decir que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de todos los elementos identitarios que hacen a las personas y, por ese camino, terminemos en la tautología.

Sí me parece sugerente aprovechar la intervención de IM para plantearnos por qué el marxismo otorga un lugar central a las clases sociales, frente a otros aspectos como el sexo, la raza, la altura, el peso, la lengua, etc. de las personas, para explicar el movimiento de las sociedades a lo largo del tiempo, o sea la historia de las sociedades.

Antes que nada y para despejar dudas, el marxismo “clásico”, entendiendo por tal la obra de Karl Marx y Frederic Engels, tiene un planteamiento que aborda el conjunto de la sociedad, incluidos las desigualdades de sexo, raza, y todas las que conocieran estos autores, solo que las vinculan de diversas maneras a las desigualdades de clase.

Dentro de la variedad de formas sociales presentes en una sociedad, el marxismo clásico destaca el papel de las clases sociales. Por supuesto, cuando existen. En las sociedades sin clases, léase en las comunidades primitivas, si no hay clases es claro que el marxismo “clásico” -mal que les pese a sus críticos- no explica dichas formaciones sociales, sus relaciones internas y su evolución, por la lucha de clases.

Una última observación respecto de la crítica de Moreno al marxismo clásico antes de exponer lo que éste dice. El que las diferencias de sexos existan antes que las diferencias de clase social, como afirma IM y que no le discutimos, no es argumento para afirmar que son más explicativas de la dinámica de las sociedades actuales (capitalistas). Pero, es más, en mi opinión y sin ser un experto del conocimiento de las sociedades, el que las diferencias de sexos existan desde el origen de la humanidad no quita para que éstas adquieran contenidos diversos, y con ello tengan más o menos relevancia, según el modo de producción en el que se inserten. No creo que haga falta explicar esto, pero bástenos un ejemplo que lo ilustra: la subordinación de la mujer al hombre no es igual, ni tiene la misma función, en una sociedad esclavista que en una sociedad capitalista

Pero, yendo a lo que considero importante: qué dice el marxismo clásico al respecto de las sociedades y su movimiento.

En mi opinión está expresado en el prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política. A veces por archinombrado no reparamos en él, pero recomiendo la lectura de estas cuatro páginas a cualquier persona que quiera acercarse sin prejuicios a lo que dice el marxismo “clásico”. La síntesis, aunque Marx se detiene, es: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.”

Es la existencia social, particularmente el modo de producción de la vida material (fuerzas productivas del trabajo y relaciones de producción), lo que determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general, dirá Marx.

Y qué tienen que ver las clases sociales y su lucha con todo lo anterior. Nuestro autor insiste en este prólogo: las formas jurídicas y políticas no se pueden comprender por sí mismas, ni como expresiones del desarrollo general del espíritu humano; hay que buscar su explicación en las condiciones materiales de vida, o lo que Hégel denomina la sociedad civil. Marx profundiza: hemos de ver la anatomía de la sociedad civil, que descansa en la economía política. Esta ciencia plantea cómo se produce la riqueza y quién, y por qué, se la apropia. Esto es, el reparto del producto social entre las clases sociales, cuando existen. Y si nos retrotrajésemos a las sociedades sin clases descubriríamos la presencia del trabajo social como factor determinante. Pues, las clases sociales no son más que la posición que tienen los individuos ante este trabajo social, su ejecución y el reparto de sus resultados. Aquí aprovecho para sugerir la lectura de un opúsculo de Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre.

Lamentablemente, mal que les pese, a las personas que desprecian el marxismo por reduccionista, determinista, axiomático, etc. los investigadores, y el propio razonamiento de la cuestión, no conceden tanta importancia a otro tipo de diferencias sean éstas anatómicas, cognitivas, sexuales, raciales o de cualquiera otra índole, que hay miles. A las cuales no quito importancia, pero están subordinadas a las que se plantean en el ámbito del trabajo social y, por extensión, a las clases sociales, cuando están presentes dichas clases obviamente.

Es más opino que es tarea del marxismo, y de cualquiera que pretenda explicarse la realidad social, el investigar todas las formas sociales presentes; pero también opino que el carácter marxista de una tal investigación es vincularlas a la relación social general de las sociedades modernas, el capital.





1Publicado en diversos periódicos: Diario de Sevilla, El Dia de Córdoba, Granada Hoy, entre otros.

2https://criticonomia.blogspot.com/2024/10/el-caso-errejon-y-la-maldicion-de-la.html

domingo, 29 de septiembre de 2024

Apuntes sobre el método (I)

Introducción

El método en la Crítica de la Economía Política es de los temas más inhóspitos, controvertidos y oscuros al que se enfrenta cualquier persona que se acerque al marxismo. 

Sin embargo, bajo nuestra consideración, es un asunto importante no solo para el esclarecimiento de la objetividad del conocimiento sino para la acción política de la clase obrera como trataremos de mostrar. 

Por ello, este asunto es objeto de atención en el Taller sobre El Capital que imparte el profesor Juan Iñigo Carrera, que además ha tratado anteriormente en su obra Conocer el capital hoy, que podéis consultar en www.cicp.org. 

Con motivo de la presencia en dicho taller he ordenado mis notas que paso a exponer de forma resumida con la esperanza de que puedan arrojar algo de luz en relación al conocimiento objetivo, el método para obtenerlo y a su papel en la superación del capitalismo.

Por supuesto, esta exposición aunque acreedora de las elaboraciones del profesor Juan Iñigo son de mi plena responsabilidad. 

Antes de entrar en materia indiquemos el recorrido que haremos.

En primer lugar, se presentará el conocimiento objetivo (ciencia) como el resultado del desarrollo de la sociedad tomando como punto de partida el proceso de vida humana. Ahí presentaremos las distintas formas de conocimiento (religioso, artístico y filosófico) que anteceden al surgimiento de la ciencia, al menos en el desarrollo histórico occidental. Esto nos habrá permitido ver el carácter histórico de estas formas de conocimiento e iniciarnos en la forma de conocimiento propia del modo de producción capitalista que no es otra que el conocimiento objetivo basado en la representación lógica, particularmente en la lógica formal (luego miraremos la dialéctica). 

Veremos la forma en que opera el método de la lógica formal y las características de su resultado, la representación basada en la lógica formal, la evolución histórica que ha sufrido esta forma de conocimiento que, hoy por hoy, es la dominante en el consenso "científico". Constataremos el declive teórico en que se encuentra actualmente. También nos detendremos en otra forma del conocimiento objetivo como es la representación basada en la lógica dialéctica que es el método de la teoría crítica, que adolece de las mismas limitaciones que la ciencia que emerge de la lógica formal.

Desembocaremos, posteriormente, en la exposición del método dialéctico materialista (distinto al Materialismo Dialéctico más cercano a la lógica dialéctica), que identificamos con el método seguido por Karl Marx en su obra, particularmente en El Capital. Este método no se basa en ninguna lógica, por tanto no produce representaciones; sino que se basa en la dialéctica, dando lugar a la reproducción ideal (en el pensamiento) de lo real. Nos detendremos en su necesidad, en cuanto producto histórico del desarrollo capitalista. Finalmente, examinaremos las consecuencias del debate sobre el método en la acción política de la clase obrera, particularmente sobre la viabilidad y oportunidad de esta acción de cara a la consecución de una sociedad basada en el conocimiento objetivo de las determinaciones que le son propias, o de otra forma una sociedad donde el capital, en cuanto relación social general, sea sustituido por la ciencia.

miércoles, 19 de junio de 2024

Apuntes sobre derecha e izquierda

 

Izquierda versus derecha

Tiene sentido hoy, a la vista de la oferta partidar, hablar de derecha e izquierda.

Qué es la derecha y qué la izquierda.

El origen historico de los términos es circunstancial, accidental, anecdótico. En la asamblea francesa previa a la revolucion, los partidarios de que el rey sancionara las leyes se pusieron a la derecha, mientras los que decían que bastaba que las aprobase la asamblea para que fuesen efectivas sin necesidad de aprobacion por el rey, se colocaron a la izquierda.

El significado ha cambiado algo con los tiempos, tiene un carácter histórico.

El significado es distinto en Europa que en Estados Unidos.

Centrándonos en Europa


La Izquierda (I) plantea:

- la sociedad (conjunto de personas que forman una comunidad)

- fortalecer a la sociedad (sanidad, educacion, pensiones);

- defiende estado fuerte que sea un instrumento para el bienestar de la sociedad;

- sufragado por impuestos pagados por los ciudadanos distribuidos según las posibilidades, que pague más quien más tiene (progresivos, proporcionales);

La izquierda se asocia a: republicanismo frente a monárquicos; democracia; progresismo, laborismo, socialismo, defensa de derechos civiles (discriminaciones, raciales, sexuales, feminismo, pacifismo, ecologismo, cambio político;

Muchos de sus valores se aproximan al humanismo (solidaridad con los más desfavorecidos o discriminados como trabajadores, mujeres, ancianos, discapacitados, inmigrantes, …); a veces defienden medidas discriminatorias para defender a los más debiles, caso de la discriminación positiva de la mujeres; defensa de los derechos de las minorías; reinsercion y rehabilitacion de los delincuentes (despenalización);

En los aspectos civiles la izquierda es más liberal (reduccion de penas, rehabilitacion, drogas, prostitucion, religion, aborto, divorcio, …); frente a la derecha mas tradicional y cerrada a estos cambios.

También la sexualidad, la anticoncepcion, planificacion familiar, educacion sexual, derechos de homosexuales, formas de union o matrimonios distintos al tradicional, a favor de los avances científicos, religion, pacifismo, derechos humanos, naciones unidas, critica del imperialismo y su forma actual yanqui,

Economia: estado de bienestar, servicios publicos (sanidad, educacion, prestaciones sociales, pensiones, prestacion desempleo, …); derechos básicos para ciudadanos; impuestos elevados y distribuidos según capacidad de pago;

Formas politicas: socialdemocratas, socialistas, socioliberales, cristianos de izquierda,

Hay una extrema izquierda: revolucionarios, comunistas, … que cuestiona el capitalismo, la propiedad privada, el mercado, plantea la superación del capitalismo, … No tiene representacion europarlamentaria.


La derecha (D) defiende:

- naturaliza al hombre y a la sociedad; las cosas siempre han sido así y así han de permanecer; conservación;

- las diferencias sociales tienen que ver con diferencias naturales y de cómo cada individuo hace uso de sus atributos en la competencia, que es una relación natural (no histórico); si responden al orden natural la sociedad no debe cambiarlas;

- el individuo y el individualismo, frente a lo colectivo;

En lo economico:

- los hay proteccionistas y liberales; defienden capitalismo, imperialismo (americano), libertad economica de empresas e individuos, la competencia frente a la regulacion, el mercado frente al estado, la empresa privada frente a la empresa publica,

- la iniciativa privada frente a la iniciativa pública;

- la empresa privada frente a la administracion publica

- para proveer servicios privados frente a servicios públicos;

- un estado mínimo (militar, policial, servicios centrales) frente a un estado grande e intervencionista;

- beneficiar a empresas y empresarios para promover la actividad economica, y como consecuencia mejore la sociedad;

- nacionalistas, imperialistas, se oponen a la inmigracion (emigracion?); cultura; tradición;

- tradicionalismo frente a modernismo;

- conservadurismo frente a progresismo;

- gradualismo frente a aceleracionismo;

- libertad de circulación de mercancías, capitales, empresas, turistas, pero no de fuerza de trabajo.

Los partidos: conservadores, nacionalistas, liberales, social-democratas,

Usar al estado para conservar tradiciones, defensa, seguridad,

Sus enemigos: Marx, marxismo, comunismo,

Son anticomunistas.

Resumen

Simplificando podemos decir, que los conceptos tradicionales de I / D, aquí presentamos extremos pero hay que entender que hay grados que hacen más de izquierda y menos , así como menos de derecha y más de izquierdas, llegándose a un punto intermedio de confusión (centro) mientras que cuanto más te alejas del centro te acercas a los extremos:

- en cuanto al sistema social, el capitalismo, la derecha es mas defensora del mismo (propiedad privada, empresa, mercado, competencia) que la izquierda, mientras ésta se muestra más crítica y reformista con este sistema (propiedad estatal, empresa y administración pública);

- en relación a estas reformas, la izquierda las impulsa a través del estado, mientras que la derecha cuando finalmente accede a ellas plantea que sean las empresas privadas quienes las lleven a cabo (ejemplo sanidad publica frente a sanidad privada, o educación o pensiones);

- el tamaño del estado, por tanto, diferencia a la izquierda que tiende a agrandarlo frente a la derecha que tiende a estrecharlo; también la financiación de la actividad estatal, por tanto, las distingue, así la izquierda defiende impuestos elevados mientras la derecha aboga por la reducción de impuestos; quién y en función de qué deben pagarse estos impuestos es otra nota distintiva, la izquierda defiende que lo paguen quienes más tienen de manera progresiva mientras la derecha es mas partidaria de la proporcionalidad;

- en su crítica del capitalismo la izquierda ha hecho causa común con el antirracismo, feminismo, pacifismo, ecologismo, sindicalismo, sexismo, etc; la derecha ha sido menos proactiva con la mayoría de estos movimientos aceptándolos tardíamente (cuando ya hay una mayoría social que los defiende) en versiones más suaves y siempre dispuesta a retroceder si hay condiciones para ello (contrarreformas);

- De igual manera en otros derechos civiles como divorcio, aborto, educacion sexual, legalizacion de drogas, rehabilitacion y de presos y delincuentes, prostitucion, eutanasia, … en general la izquierda se muestra más liberal, partidaria de la libertad individual, frente al prohibicionismo de la derecha;

- Aspectos culturales: la derecha suele defender la tradición mientras la izquierda se muestra más abierta a los cambios;


Qué significa esta simplificacion en el ámbito europeo.

Cuadro-resumen del planteamiento derecha e izquierda


Posiciones políticas ante los derechos económicos y civiles-humanos



Derechos económicos



Liberal

Regulador

Derechos civiles y humanos

Liberal

Ultraliberales consecuentes

Izquierda tradicional

Regulador

Derecha tradicional

Fascismo, franquismo, falangismo, Nazismo


domingo, 2 de junio de 2024

La Europa que es, que será o la que quiero que sea

Por Pedro Andrés G.R.
Millones de personas de la Unión Europea (UE) estamos llamadas a votar. Pero, realmente sabemos: qué significa Europa, cómo está y qué políticas necesita, qué poder tienen las instituciones europeas que vamos a elegir, qué defiende cada opción política, cuál es el contenido de clase de cada política, qué intereses nos representan como clase, o a qué clase pertenecemos. Algunas de esas cuestiones deben ser respondidas para emitir un voto consciente, o sea para actuar con una conciencia libre. La intención de lo que viene a continuación es dar algunas claves para hacer un viaje que nadie puede hacer por nosotros, que comienza preguntándonos quiénes somos mirándonos al espejo de la sociedad y termina respondiéndonos metiendo la papeleta en la urna, y entre medias algunas de las cuestiones señaladas más arriba. Veámoslas. 

1. La situación mundial y la acumulación de capital. El capital es la relación social general a nivel mundial; o sea, el proceso social de vida humana está mediado por la necesaria valorización del valor. En la actual coyuntura económica el capital se expande, sobre todo el norteamericano y el de los BRICs (Brasil, Rusia, India, China y otros), y no tanto el europeo. Esta acumulación se desenvuelve con las contradicciones entre bloques internacionales cada vez más en el primer plano. El agotamiento de esta expansión podría ser la condición que hiciera disparar el detonante definitivo (Ucrania, Palestina, África, península arábiga y Oriente próximo, extremo Oriente y Taiwan o cualquier otro). Para acercarnos a una mayor comprensión del fenómeno habría que tener un conocimiento más concreto de la situación en cada zona del planeta donde los capitales transnacionales de las respectivas potencias se ventilan sus intereses, la plusvalía mundial. 

2. La acumulación de capital y la Unión Europea. La posición de Europa en esta competencia internacional aparece a la sombra de USA, poniendo de manifiesto el hermanamiento y la subordinación del capital europeo al estadounidense. Aún así el capital europeo transnacional tiene necesidades específicas, amén de que deba progresar en la integración política para que sea representado plenamente por las instituciones europeas. Paradójicamente, dicha representación aparece vinculada a posiciones consideradas hasta ahora euroescépticas. Un detalle más amplio del papel de Europa requeriría detenerse en su intervención, que todavía pasa por la participación de cada una de sus potencias nacionales (Alemania, Francia, principalmente, pero no exclusivamente), en cada parte del globo donde se dirimen los intereses de los capitales europeos y su relación con los capitales de los grandes bloques (USA, BRICs). 

3. Interés del capital europeo e instituciones políticas. Este avance en la representación política no es la única necesidad que tiene el capital transnacional europeo (ver documento En qué piensa la Unión Europea): medioambientales (Pacto Verde); adaptación al avance de las tecnologías digitales garantizando conectividad de personas y empresas; impulso de las economías nacionales (NextGenerationUE) tras la crisis de la Covid; desarrollar el comercio y la cooperación internacionales; apuesta por la inclusion evitando las discriminaciones por sexo, raza, creencias, discapacidad, edad u otras; y el refuerzo de la libertad, la democracia y las instituciones europeas. Una concreción mayor sobre los grandes desafíos mencionados sería necesaria para tener una idea más precisa de las necesidades del capital transnacional europeo y, por tanto, de las posibilidades de transformación de la sociedad europea.

4. Las instituciones políticas europeas y los grupos europarlamentarios. Las instituciones políticas europeas (Parlamento, Consejo de Europa, Consejo de la Unión Europea, Comisión Europea y Tribunal de Justicia) actúan, aun con sus limitaciones, como el representante político del capital global europeo. Articulando dicha representación con los gobiernos de los 27 países que forman la UE y con las elecciones europeas, donde solo se eligen directamente a los europarlamentarios. Los diputados electos se agrupan según la orientación política (y no según el país). En el último mandato había 8 grupos europarlamentarios. Una caracterización más minuciosa de cada uno de estos grupos así como de las afinidades con los partidos tiene interés de cara a saber qué se vota. 

5. Los grupos europarlamentarios y (los intereses de) las clases sociales. Pero lo que nos dice la relación entre la lucha europea de clases y la agenda europea es la composición del Parlamento Europeo, cuyas principales competencias son: legislar, aprobar el presupuesto europeo (190 mil millones de euros, la mitad que el español y 1,3% PIB de la UE) y elegir a la presidencia de la Comisión Europea. Dentro del PE en la última legislatura había 8 grupos a los que los distintos eurodiputados, electos en cada país, se adscriben. Eran los siguientes (indicamos el número de miembros de un total de 705, que serán 720 para 2024): Partido Popular Europeo (176), Socialdemócratas (139), los liberales de Renew Europe (102), Verdes (72), Conservadores y Reformistas (69), la ultraderechista Identidad y Democracia (49), La Izquierda (37) y No Inscritos (61). En las últimas elecciones los 59 eurodiputados españoles (61 en 2024) se adscribieron de la siguiente forma: PSOE (21 a SD); PP (13 a PPE); Ciudadanos y PNV (9 a RE); Podemos, IU y Anticapitalistas (6 a LI); VOX (4 a CyR); ERC y BNG (3 a Verdes); JxC (3 a NI). En mi opinión, los partidos no marcan el contenido de la agenda europea, que está dictada por el capital europeo, pero sí pueden afectar a la forma en que se cumpla (ritmos e intensidad). 

6. Las clases sociales y las personas que votan. De los casi 450 millones de personas que residen en la Unión Europea, 212 forman la población activa de las que más del 80 por ciento son asalariados (datos de 2023). En las últimas elecciones europeas (2019) la participación electoral fue del 51 por ciento; y el voto se repartió, como indicábamos antes entre los grupos (60 por ciento para la derecha y 40 por ciento para la izquierda). De donde: el grueso de la clase obrera europea no vota (45 a 40%), y de la que vota una parte importante lo hace a la derecha (en torno al 20%) y el resto a la izquierda (15 a 20%). Si el reparto lo hiciéramos entre planteamientos capitalistas y anticapitalistas la cosa sería aún peor. Es dificil imaginar que sea muy distinto, pues uno de los factores de estabilidad del capitalismo es que genera una conciencia mayoritaria de enajenación en la mercancía que surge, y se modula, como resultado del desarrollo del capital. Lo cual no anula la lucha de clases sino que la sitúa como la forma de realizarse la determinación del capital. Y, la necesaria lucha ideológica para que la clase obrera supere dicha circunstancia es muy desigual, no hay más que ver el reparto de los medios de comunicación o de las estructuras de poder (militares, policias, jueces, altos funcionarios o propietarios de empresas). 

Arriba, hemos partido de una serie de determinaciones generales, como el modo de producción capitalista, y hemos ido elevándonos a mayores niveles de concreción hasta llegar al acto individual del voto en estas elecciones europeas. Si descendiésemos aún más comprobaríamos que de lo que se trata es del proceso de vida humana (contenido) y de las expresiones concretas (formas) que va adoptando. La actual forma, la capitalista, nos muestra que la afirmación de la vida humana avanza en formas concretas cada vez más brutales (esquilmación de la naturaleza, explotación laboral, derechos humanos que se restringen, servicios públicos que se deterioran, guerras, entre otros) en las que el factor común es garantizar la rentabilidad del capital. La Unión Europea no está escapando a esta linea y las posiciones políticas que las encarnan con mayor brutalidad parecen en auge. No sabemos si se trata de una tendencia permanente, o de una agudización que marca un cambio en la tendencia. En cualquier caso, existe otro planteamiento que nos impulsa a tratar el proceso como sujetos activos y no como meros espectadores (o víctimas o autores involuntarios). Así, mediante la aplicación de la dialéctica, cada uno de nosotros es invitado a explorar las capacidades de intervención que tiene, como individuo y como colectivo, en relación a las posibilidades de cambiar la situación en la que decidimos actuar. La apropiación por el pensamiento de las determinaciones presentes otorga la conciencia transformadora, pero ya no como la sola voluntad abstracta (la Europa que yo quiero) sino como la voluntad conocedora de la necesidad (la Europa que es) y, con ello, avanzar en su transformación (la Europa que será).

miércoles, 1 de mayo de 2024

Caracterizacion de la clase obrera en España

 (A la memoria de Braulio Moreno Muñiz, compañero del alma, compañero)

La persona que quiere intervenir conscientemente en la realidad social, tarde o temprano, ha de plantearse la materialidad de su proceso de vida social, su pertenencia de clase y la conciencia que de ello emerge1.

En nuestro caso, aprovechando la conmemoración del Primero de Mayo, día internacional de la clase obrera, nos detendremos en la actualidad de la clase obrera española y sus formas concretas. y Más adelante, si las condiciones lo permiten, abordaríamos el mismo asunto referido a la clase burguesa y las formas de la conciencia que corresponden a esta estructura de clase.

A grandes rasgos, los cambios en la clase obrera son acreedores de la acumulación de capital. Efectivamente, los avances técnicos introducidos en las unidades de producción y circulación (automatización, robotización, digitalización, entre otros), a nivel mundial, que toman forma en los procesos nacionales de acumulación de capital, como el español, plantean nuevas exigencias (cuantitativas y cualitativas) a la fuerza de trabajo. Este es el contenido de los cambios que observaremos en el mercado de trabajo, lugar económico de la compraventa de la fuerza de trabajo.

Pero, este mercado implica la relación entre personas, que por su distinto vínculo con la propiedad de los medios de producción (instalaciones, maquinaria, instrumentos, entre otros), cambian dos mercancías particulares (fuerza de trabajo y dinero). Así, la burguesía (o clase capitalista), propietaria de medios de producción, y el proletariado (o clase obrera) carente de estos y, por tanto, obligado a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, sostendrán intereses contrapuestos. Primero, en la compraventa de la fuerza de trabajo y, posteriormente, en el uso de la misma más allá de las necesidades reproductivas del obrero (explotación). Por ello, la compraventa de la fuerza de trabajo se lleva a cabo a través de la lucha de clases.

En el caso de España, la parte de la población que participa en la producción de valores de uso sociales, o sea lo que viene a denominarse población económicamente activa (excluye a niños y estudiantes, a jubilados o incapacitados, y a los que cuidan del propio hogar), en 2023, ascendió a 24,1 millones de personas. Éstas se repartieron entre 3,3 millones de burgueses (13%) y 20,8 millones de integrantes de la clase obrera (87%). Desde 2006 la evolución de la clase obrera, tanto en personas como en porcentaje sobre la población activa (obrerización), ha sido creciente estabilizándose el porcentaje a parir de la 2008-20142.

Atendiendo a la edad observamos la siguiente composición en la clase obrera: 6 millones (28%) entre 16 y 34 años; 11 millones (53%) entre 35 y 54 años, y 3,9 millones (19%) de más de 55 años. La tendencia que muestran los datos manifiesta dos fenómenos: el envejecimiento progresivo (crecimiento del segmento de más edad) y la falta de relevo generacional (reducción del segmento más joven).

La división sexual de la clase obrera es la siguiente: 10,2 millones de mujeres (49%), mientras que hay 10,6 millones de hombres (51%). Los porcentajes son, respectivamente, 51 y 49 por ciento. En cuanto a tendencia de los últimos 20 años, desde 2006, la feminización de la clase de la clase obrera es un fenómeno inapelable. El origen de este fenómeno hay que buscarlo en las necesidades de la acumulación de capital (aumentar el volumen de fuerza de trabajo, reducir salarios, procesos productivos menos exigentes de fuerza bruta y más necesitados de otro tipo de habilidades, entre otras causas). Una consecuencia de este ascenso ha sido el despegue de la lucha feminista de clases y su expresión ideológica, el feminismo3.

En el caso de la formación la estadística no facilita el dato para la clase obrera, así que nos conformamos con la formación de la fuerza de trabajo en general como una buena aproximación. Como se ve actualmente el mayor porcentaje (44%) lo conforman las personas con estudios superiores, mientras el segmento menor es el de la formación hasta primaria (5%). La tendencia que se detecta es el incremento del grado de formación de la fuerza de trabajo. Esto tiene que ver con las exigencias de la acumulación española de capital poniéndose de manifiesto cuando veamos los puestos que ocupan los asalariados.



2014

2023

Primaria o menos

9,4

5,4

Secundaria – 1 etapa

30,0

26,3

Secundaria – 2 etapa

14,0

13,5

Formación Profesional

9,4

10,6

Superior

37,2

44,2

Atendiendo a la nacionalidad, la clase obrera muestra la siguiente estructura: un 80 por ciento de sus miembros de nacionalidad española (16,6 millones) siendo el restante 20 por ciento (casi 4 millones) de nacionalidad extranjera. La clase obrera extranjera venía creciendo y con la crisis se redujo (mínimo en 2015 con 3 millones), posteriormente ha continuado creciendo. Este ascenso, la agudización de la competencia por la venta de la fuerza de trabajo y la sobreexplotación por determinados capitales, son algunos de los determinantes de la reacción xenofoba a la que asistimos desde hace unos años. A pesar de ello la necesidad de mano de obra foránea es incuestionable4.

Si nos fijamos en que tengan un empleo (asalariado) o no, tenemos que la clase obrera tiene una parte ocupada (19,3 millones, el 93 por ciento de la clase) y otra parte parada (1,4 millones, el 7 por ciento). El movimiento en los últimos años muestra que la salarización (porcentaje de asalariados respecto de ocupados) fue creciendo hasta la crisis, se redujo durante ésta (con el mínimo de 83% en 2013) y empezó a crecer con la recuperación económica.

En cuanto a los sectores económicos en los que se contrató a la clase obrera: la mayor parte, unos 13,9 millones, fue en los Servicios (77%); casi 2,6 millones (14%) en la industria; poco más de 1 millón (6%) en la construcción, y casi 500 mil (no llega al 3%) en el sector primario. Desde 2014, tras el estallido de la burbuja del ladrillo y la Gran Recesión, el reparto por sectores ha sido bastante estable.



Agricultura

Industria

Construcción

Servicios

2008

2,5

17,0

11,5

69,0

2023

2,6

14,4

5,8

77,1

Según el carácter público o privado del empleador, la clase obrera ocupada se distribuye entre 15,6 millones del sector privado (81%) y el 3,7 millones perteneciente al sector público (19%). En cuanto a la tendencia de los últimos 20 años hemos de destacar que, excepto en la crisis, el empleo público ha crecido en términos absolutos (lo cual contrasta con el discurso liberal de reducción del sector publico); mientras que en términos relativos el porcentaje ha sido bastante estable.

Si observamos el conjunto de los asalariados en base al tipo de ocupación (tareas y cometidos según competencias y especialización), tenemos que: en torno al 32 por ciento son técnicos y profesionales (científicos, docentes, apoyo a la toma de decisiones); el 21 % son trabajadores de servicios (restauración, protección, personales y vendedores); el 19 % trabajadores cualificados (primario, manufactura, instaladores y construcción); el 14% no cualificados (peones, personal de limpieza, repartidores); el 11% empleados (contables administrativos y de oficina); y, el 3% directores y gerentes. Las ocupaciones predominantemente manuales retroceden a lo largo de los últimos 15 años, mientras que las intelectuales avanzan, particularmente las que tienen que ver con la gestión y el control científicos de los procesos de trabajo y de la intervención social. El obrero colectivo, además de las manos y pies del capital, es cada vez más su cerebro.

Atendiendo al tipo de relación laboral (contrato) según su terminación, tenemos que el número de asalariados indefinidos (incluyendo los fijos-discontinuos que ascienden a 640 mil) asciende a 14,8 millones (83%) frente a los 3 millones (17%) de temporales. Si en 2006 los temporales significaban el 33 por ciento, la crisis los hundió en el 23 por ciento recuperándose posteriormente hasta el 27 por ciento para finalmente descender, en buena medida por efecto de la reforma laboral, hasta el 17 por ciento de 2023.

El tipo de jornada es otro aspecto que diferencia a unos miembros de la clase obrera de otros. La jornada puede ser completa (mayor de 35 horas) o parcial (menor de 30 horas), siendo la remuneración proporcional a la magnitud de dicha jornada. De esta forma los asalariados con jornada completa ascendieron a 15,4 millones (86%) mientras que los que tenían jornada parcial fueron 2,5 millones (14%). Desde 2006 la jornada parcial ha aumentado en términos absolutos, sin embargo esto solo supuso el aumento porcentual hasta el final de la crisis (17%) iniciando un paulatino descenso del porcentaje hasta la actualidad.

En fin, la diversidad de la clase obrera española es un hecho.

Ante esto, algunos han cuestionado la existencia de la clase obrera cuando no han afirmado su irrelevancia política e histórica, invitando al pesimismo y al derrotismo. Otros niegan tal diversidad reafirmándose en la abstracta unidad de la clase obrera invocando formas del pasado; con buenas intenciones, pero con poco realismo hacen un flaco favor a la clase obrera y su protagonismo político.

Por nuestra parte, entendemos que esta diversidad es la forma concreta que adopta en la actualidad la unidad de la clase obrera; que el movimiento de conjunto señala la expansión cuantitativa de la clase obrera; y que los cambios en la composición de ésta apuntan al avance de la clase obrera en el conocimiento, control y gestión de los procesos de producción y de circulación, en las esferas, tanto privadas como publicas, del capital.

No obstante, este avance que pone cada vez más a las claras el carácter prescindible y parasitario de la burguesía, no está exento de contradicciones en el interior de la propia clase obrera. Su tratamiento y superación, deben adoptar las formas que reafirmen la unidad de la clase obrera (lo cual parte de su reconocimiento), que no pueden ser otras que el establecimiento de las relaciones de solidaridad. Pero no una abstracta solidaridad sino la solidaridad que parte de la comunidad de intereses que le imprime el ser portadora de la mercancía fuerza de trabajo que para venderse por su valor exige superar la competencia. Lo cual implica la lucha de clases que acompaña a la venta de la fuerza de trabajo, en sus niveles económico, político e ideológico. Y sobre esta lucha avanzar en la comprensión de la enajenación de la conciencia en el capital, que requiere el desarrollo de la crítica de la economía política5, que despeje el camino hacia la sociedad de los individuos conscientemente asociados, es decir libres.


1Karl Marx en el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.”

2Véase la Encuesta de Población Activa (EPA), serie anual (2006-2023), publicada por Instituto Nacional de Estadística.

3Ver Feminismo y acumulación de capital en España (https://criticonomia.blogspot.com/).

4Para más detalle véase Inmigración y capital en España (https://criticonomia.blogspot.com/).

5Véase la entrevista a Juan Iñigo Carrera, director del CICP (www.cicpint.org) titulada La obra de Marx como posibilidad de autoconocimiento como sujeto político.

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