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domingo, 4 de enero de 2026

El secuestro de Maduro como expresión dialéctica del capital


La forma de conocer y de expresarnos, incluso cuando pretende ser científica, tiende a separar, a fracturar la realidad. Y eso es un error que nos puede llevar a consignas rápidas, indignación sin brújula, o posicionamientos bienintencionados, pero superficiales.

Por eso es importante el método de investigación. El método ya nos orienta sobre cómo pensar lo real. La dialéctica no lo fractura, no lo presupone, no lo interpreta, sino que aspira a reproducir idealmente la realidad. Física, química, biología, historia, economía o psicología, son momentos de la realidad, no apartados estancos. Comprender dialécticamente es ver la unidad. Lo de Venezuela, hoy, es una prueba.

Conviene aclarar: no se trata de negar el análisis como recurso legítimo. Forma parte del trabajo intelectual estudiar en detalle los elementos. Pero, es necesaria la síntesis unificadora. Esto ocurre en el comentario de la actualidad: los hechos se narran como eventos independientes, cuando están conectados. Algunos pretenden separar el ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro, lo que me parece equívoco.


Del secuestro a la presión militar

Por qué no debemos separar ataque a Venezuela y secuestro del presidente Maduro, perpetrados ambos por el gobierno de USA (Trump). Pues por la misma razón que ambos actos no pueden separarse de la acción militar que USA lleva meses realizando frente a las costas de Venezuela. Forman parte de la misma estrategia que pretende torcer el gobierno venezolano.


Los intereses inmediatos en juego

Acciones que no debieran mirarse al margen de los intereses de esta potencia en Venezuela, que tiene que ver con sus recursos específicamente petroleros (también diamante, oro, coltán, …) y con su papel en la división internacional del trabajo. Intereses que no se detienen en Venezuela y que alcanzan toda la región sudamericana, considerada el “patio trasero” desde el siglo XIX (guerra de Cuba de 1898). Por lo que el valor político disciplinar, la neturalización de un gobierno antagonista o el aviso a navegantes juegan un papel. La acción sobre este área de influencia no excluye el interés del presidente Trump por el resto del mundo.


Quién está detrás

Al mirar la unidad del proceso, emerge la pregunta sobre las condiciones sociales, subsumiendo el capricho trumpista. Ni en el gobierno o incluso el estado USA,que no hacen más que velar por la repoducción de su capital, del capital estadounidense. Un capital que engloba las grandes empresas americanas, sus instituciones financieras, el resto del tejido empresarial, y la sociedad norteamericana en su diversidad de clases y expresiones políticas.

Es importante entender que tras la voluntad de un político loco, equivocado, incluso corrupto, están los intereses que lo empujan, lo sostienen, lo eligen, etc. En definitiva, hay una relación social que se impone de manera general.


Mirando más allá

Pero, la insistencia de este capital americano por extenderse por todo el mundo no actúa en el vacío. Se mueve en la circulación mundial del capital, donde se encuentra con otros capitales, de otros ámbitos nacionales, con los que colabora y compite. Sobre todo compite por mercados en los que colocar productos, por fuentes de materias primas, por rutas logísticas, por tecnologías, condiciones fiscales, laborales, entre otras. Todo ello, sin más finalidad que la apropiación del plusvalor producido a nivel mundial por la clase obrera mundial.

No se trata de un vicio moral, ni de un capricho de clase, o cualquier otra “desviación” humana. Es la esencia del capital, su razón de ser es la obtención de plusvalor y su posterior apropiación. Para eso, no se detiene en las barreras y límites ecológicos, culturales, legales, o de cualquier otro tipo. El plusvalor, su acumulación, es la ley absoluta del comportamiento del capital. Y el capital es la relación social general que se objetiva (mercancía, dinero, medios de producción) organizando el mundo en la actualidad.


De la observación a la acción

Por eso, el secuestro de Maduro, es una expresión del ataque a Venezuela, y de la maldad de Trump, y de la política imperialista yanqui, y de la competencia mundial de los capitales, y de la expansión mundial del capital. Es todo eso, que explica que un obrero conductor, sindicalista erigido en presidente de Venezuela haya sido objeto de la acción piratesca de la primera potencia capitalista mundial.

Quienes pensamos que la situación mundial actual de guerras, desastres ecológicos, derechos humanos conculcados, debe cambiar hacia la paz, el respeto por la naturaleza, y la hermandad entre las personas, y que eso pasa por la superación del capitalismo, en la dirección de una sociedad socialista, no podemos fracturar la realidad, tampoco la venezolana.

Vincularla como parte de un mismo movimiento. Denunciarla como tal. Movilizarnos para revertirla, desde la acción ideal hasta la empírica, desde las notas de prensa hasta las concentraciones. Pensar es adelantar la acción. La dialéctica nos ayuda a pensar: que todo está vinculado, que nada es inmutable. Crítica y revolucionaria, como dijera Marx, la dialéctica nos empuja a vivir (actuar y organizar la acción) de otra manera, lo que incluye al secuestro del presidente Maduro.

jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


sábado, 12 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (y X)

El conocimiento dialéctico de Marx, la exposición


Nos falta exponer la síntesis como parte de la investigación dialéctica, pero la vamos a unir a la exposición porque están muy relacionadas.

El método de exposición que emplea Marx toma existencia socialmente objetivada en El Capital. Allí parte del punto donde terminó su análisis, la forma más simple (la mercancía) del concreto objeto de estudio (el capital). Generalmente, inicia la exposición con una observación inmediata ("la mercancía es la forma más simple en que se presenta la riqueza en las sociedades modernas" más o menos empieza Marx), indicando su punto de partida (sin conceptos, sin supuestos). A continuación expone un análisis: la mercancía es valor de uso y valor de cambio; el valor de cambio es la forma del valor (el valor es el contenido del valor de cambio), y se detiene en el valor como trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente. 

El último paso de la exposición es la síntesis, descubierta la necesidad real (no filtrada como en la lógica) del concreto (esto lo hace en el análisis) se trata de desplegarla mostrando el avance desde las formas más simple hasta las formas complejas, y muestra a la acción humana como la forma de realizar esta necesidad.

En la síntesis la cuestión que se plantea es qué forma compleja (del concreto objeto de investigación) porta la necesidad realizada, que ha llegado a su término (=está terminada), que es la realización de la necesidad a realizar (potencia) que porta la forma simple (del concreto); es decir, la determinación de la forma compleja por la forma simple, por haber llegado ésta a su término. Como se ve la determinación, aquí, es un movimiento interno. En el ejemplo, de la mercancía y el valor de cambio: el valor de cambio es la forma que adopta el valor que aparece en potencia en la mercancía; el valor de cambio está determinado por la mercancía.

Por último, se trata de ver la acción humana tras el despliegue de la necesidad, o sea como la forma necesaria de la realización de la potencia portada en la forma simple del concreto. En nuestro ejemplo, la acción humana que hay tras la realizacion del valor es el cambio de mercancías. La síntesis quedaría: el valor de cambio está determinado por la mercancía a través del cambio.

Y así Marx nos va exponiendo el resultado de su investigación. Investigación que le llevó varias décadas. Este método es doblemente crítico, tanto en el análisis como en la síntesis, por ello es autocrítico. De modo que no podemos estar más de acuerdo con Juan Iñigo Carrera cuando afirma que hay que leer críticamente a Marx lo cual significa que a la vez que se lee hemos de realizar su despliegue y confrontar sus resultados con los nuestros. En caso contrario, el resultado de la lectura será una representación y no una reproducción en el pensamiento de la realidad.

Pero, es método dialéctico de Marx es el que mejor expresa el movimiento de la realidad y, por ahora, el único que origina un conocimiento plenamente objetivo. Este conocimiento es el que permite actuar con pleno conocimiento de causa porque contiene las determinaciones, cuantas más mejor. Renunciar al conocimiento objetivo significa condenarse a no actuar (paradoja de Zenon) o a “jugar a los dados”, o sea actuar con una venda en los ojos a ver si tenemos suerte y acertamos (léase el voluntarismo en términos políticos). La transformación del capitalismo en socialismo supone la realización de la potencia a realizar que porta el capitalismo y que aparecerá realizada en el socialismo; realización que no tiene otra forma que la acción humana transformadora. Dicha acción, para ser consciente, ha de ir acompañada de un conocimiento objetivo que no puede ser otro que el conocimiento dialéctico descubierto por Marx. Cuanto antes la acción política de la clase obrera esté regida por este conocimiento antes superaremos la explotación capitalista del hombre por el hombre. Pero esto presupone la extensión de este conocimiento.

Post-data

No quisiera terminar este bloque de entradas sobre el método sin expresar un pequeño homenaje a Marx, el descubridor del método dialéctico materialista. Lo que a algunas personas hoy les supone un trabajo relativamente breve a Marx le supuso muchos años de estudio, solo ese tesón unido a una genialidad extraordinaria, permitieron que su trabajo individual junto al trabajo social objetivado en el apoyo familiar, el de su entrañable camarada Engels, el de sus predecesores (Hégel), entre otros, dieran a la luz un conocimiento que todavía hoy día se muestra más potente y más avanzado que el academicismo postmodernista, no digamos ya del individualismo metodológio o meritocrático.

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