lunes, 29 de septiembre de 2025

La reproducción social del sujeto capital

 


El capital no es un mero objeto, producido por las personas, es el sujeto que produce a las personas en la sociedad capitalista. En esta inversión descansa buena parte de las cortinas sociales que nos impiden comprender nuestras propias vidas.


Pero, vayamos por partes. El capital se nos presenta fraccionado, sectorial y empresarialmente. Como cantidades de capital que dotadas de vida propia, buscando su valorización, funcionan de manera independiente unas de otras. Sin embargo, el capital termina imponiéndose como el protagonista de la vida social en el modo de producción capitalista. Esta contradicción, entre el fraccionamiento autónomo y la unidad orgánica, es abordada por Marx en su investigación de la reproducción social (Libro II de El Capital).


El capital como sujeto

Pero, a qué nos referimos cuando afirmamos que el capital es el sujeto. Mientras la economía convencional se “atasca” en el objeto (máquina, mercancía) sin ver la relación social que hay detrás, la Crítica de la Economía Política (CEP) avanza más allá. No solo ve, en el capital, la relación social objetivada que regula tanto la producción como el consumo sociales y, con ello, la superestructura ideológica y política de la sociedad. Sino que descubre que en su automovimiento, el capital genera las condiciones de su producción, es decir se reproduce. Sin pretender adelantarme, descubre aún más, que se termina aniquilando, pero esto quedará para otro momento.

Un ejemplo. Sabemos que el capital necesita que los obreros estén separados de los medios de producción y se vean obligados a vender su fuerza de trabajo a los propietarios de aquellos, los capitalistas. Esta condición, punto de partida, del capital es re-creada cuando, al final del proceso, el capitalista tiene el producto mientras el obrero tiene solo el salario con el que reconstituir su fuerza de trabajo para volverla a vender.


Unidad versus fraccionamiento

Así, el capital organiza la sociedad autorreproduciéndose; por eso, es el protagonista de la vida social. Para otro momento quedará el papel de las personas en este engranaje social. Ahora se trata de conciliar este planteamiento con la observación de un capital fraccionado, sectorialmente (entre las distintas ramas de la producción) y empresarialmente (las miles o cientos de empresas en cada rama).

Abordar esta contradicción es el significado que encuantro a la investigación sobre la reproducción social.


La reproducción social

Veamos sintéticamente esta el análisis de Marx. Tomemos el caso de la reproducción simple donde la sociedad produce siempre lo mismo, no crece. 

El capital social global se descompone en dos grandes sectores, el que produce medios de producción (sector 1) y el que produce medios de vida (sector 2). Cada uno de estos sectores emplean medios de producción (capital constante, c) y fuerza de trabajo (capital variable, v), que genera una plusvalía (p), siendo la suma el valor de la producción (m) de cada sector.

En términos algebraicos la cosa queda así:

Sector 1 (medios de producción)        c1+v1+p1=m1

Sector 2 (medios de vida)                 c2+v2+p2=m2

Capital total global                                c  + v  + p= m


Se puede hacer de diversas formas (igualando la producción de medios de producción y su consumo, m1=c; o con los medios de vida, m2=v+p), pero este sistema de ecuaciones lineales tiene como solución v1+p1=c2. 

Lo cual significa que la condición para que la sociedad produzca y consuma lo mismo que en el período anterior, es que ambos sectores se relacionen según esta proporción concreta: el valor de los medios de producción consumidos por el sector productor de medios de vida (2) ha de ser igual al valor añadido neto (suma de capital variable y plusvalía, v+p) del sector productor de medios de producción (1). Si no se cumple, la sociedad no podrá sostener la producción y el consumo actuales. 


Conclusión

La relación entre ambos sectores, y por extensión las relaciones intersectoriales e interempresariales, que vincula a los capitales individuales es la condición de la unidad de estos y de su reproducción social. De forma más contundente: tras la forma del fraccionamiento de los múltiples unidades autónomas de capital, emerge el contenido de su unidad orgánica, el capital social global, el sujeto de la vida social.

Por ello, cualquier análisis que se reivindique de la CEP debe partir del capital social global para ir descendiendo en concreción hacia los capitales sectoriales y, finalmente, a las empresas aisladas, con el objetivo de explicarse la realidad capitalista.


domingo, 21 de septiembre de 2025

Juventud, protesta y capital

El capital arrebata el futuro y la juventud se moviliza. No se trata de un fenómeno natural, sino de una función social: las nuevas generaciones catalizan la protesta social. De Vietnam a Palestina, de la dictadura franquista a Nepal, la historia se repite con nuevas formas.”


Algunas de las protestas ciudadanas, en las sociedades capitalistas contemporáneas vuelven a poner en evidencia el protagonismo juvenil. Ojo! No solo en la izquierda, también en la derecha (movimiento MAGA, votantes de Milei, por no detenernos en España). La pregunta que nos asalta: qué potencias movilizadoras tiene la juventud en cuanto fracción de la clase obrera, y qué necesidad tiene la acumulación del capital de que dichas potencias se actualicen. Echemos un vistazo.

Efectivamente, desde las movilizaciones propalestinas, iniciadas por los universitarios estadounidenses duramente reprimidas, primero por Biden y luego por Trump, hasta las más recientes protestas contra el genocidio israelí en España; pasando por el movimiento antiglobalización (Seattle, Génova o Sevilla) continuadas por el pacifismo contra la Guerra de Irak (2003). Pasando por; las revoluciones de colores (Serbia en el 2000, Armenia en 2003, Ucrania en 2004); las primaveras árabes (Túnez, Egipto, Siria, en 2010); el movimiento de los indignados (15M en España, Ocupad Wall Street o las movilizaciones juveniles francesas, en 2011); el movimiento climático (Fridays for Future iniciado por Greta Thunberg en 2018 cuyas huelgas, campamentos y sentadas se extendieron mundialmente); la última ola feminista (Ni una menos de Argentina, el Mee Too estadounidense, huelgas mundiales del 8M, o la reacción a la sentencia del caso La Manada que desembocaría en la Ley del solo sí es sí, en España). Incluso la reciente movilización nepalí, el siglo XXI nos ha traído un resurgir del descontento juvenil.

Sabemos que no es un fenómeno nuevo: las protestas universitarias estadounidenses (guerra del Vietnam), el Mayo del 68 francés, la Primavera de Praga o el movimiento antifranquista en España, entre otros. Sin mucho detenimiento, hay algunas diferencias: la guerra fria, la perspectiva del socialismo, grandes organizaciones de masas, liderazgos verticales, lucha armada, medios de comunicación masivos (tv, radio).


El caso de Nepal

El Asia sudoriental viene siendo una zona con estallidos esporádicos de protagonismo juvenil: Bangladesh, 2018; Hong-Kong, 2019; Sri-Lanka, 2022. 

Pero, la reciente movilización en Nepal (09/2025) resulta llamativa. El gobierno prohibió varias plataformas digitales (Facebook, WhatsApp, Instagram, YouTube, X, entre otras), el día 4. Larvadamente, durante pocos días, miles de personas, con fuerte presencia de la generación Z (jóvenes que nacieron con el móvil en la mano) se organizan a través de las redes sociales destacando Discord (muy vinculada a la comunidad gamers, videojuegos). El día 8, bajo la bandera de la libertad digital, se inician levantamientos ciudadanos: manifestaciones, ocupaciones de edificios, un ministro es arrojado desnudo a un rio, varias decenas de muertos, y el ministro de interior, tras imponer el toque de queda, dimite. Al día siguiente el gobierno rectifica, pero la agenda reivindicativa se ha ampliado  (corrupción, desigualdad, falta de oportunidades) y las movilizaciones continúan contagiando a otros sectores de la sociedad (sindicatos estudiantiles, partidos incluso gubernamentales, sectores agrarios y trabajadores informales); el gobierno se descompone y el primer ministro dimite. El 11 de septiembre tras una reunión con los representantes se acuerda: nombrar primera ministra a la ex-jueza Karki, ya jubilada; disolver el parlamento, y convocar nuevas elecciones para marzo de 2026; además, reparación a las víctimas y un día de luto nacional.

En nuestra opinión, el planteamiento materialista que deriva de la Crítica de la Economía Política nos permite señalar algunas claves para iniciar la comprensión general de este fenómeno, más allá de las particularidades de cada caso.


Ciudadanía y lucha de clases

El avance de los derechos ciudadanos, empezando por los laborales, viene precedido, y no es casualidad, de la protesta social. La lucha de clases es irremediable dado el antagonismo de clases; siempre está latente. A pesar de lo cual no es facil saber en qué momento, lugar, acontecimiento o sector estallará. La causalidad adopta, como otras tantas veces, la forma de la casualidad.

Más allá del conflicto generacional, que bajo la expresión de la lucha de clases adopta otras connotaciones. La reivindicación juvenil por su desapego a lo particular y su planteamiento más general y altruista suele generar simpatías e involucrar a otros sectores de la sociedad. Se ha visto en las luchas propalestinas donde la paz, los derechos humanos o la defensa de la vida, tienen esa significación. Pero, también en Nepal (derechos digitales), en la lucha feminista, en los movimientos ambientalistas, en las protestas de los indignados (regeneración política) e incluso las primaveras árabes (democracia) o las revoluciones de colores (libertad).


Lucha de clases y juventud

Siendo inevitable la lucha y la protesta social, por qué la juventud es propensa a encender la chispa. Señalemos algunas, teniendo presente que el ser social determina a la conciencia social, no en modo mecánico sino dialéctico: tienen menos que perder (precariedad laboral, propiedades, responsabilidades familiares), perciban en mayor medida el daño y la injusticia (clima, guerra, igualdad, oportunidades), desconfíen más de las instituciones (y del mundo de los mayores) o estén más comunicados a través de las redes sociales adoptando una visión más global.  

Las personas jóvenes son portadoras de las novedades sociales, son una especie de avanzadilla social que anticipan las contradicciones sociales (humanitarismo, digitalización, ecología, feminismo, democracia, libertad, vivienda) y globalizan las luchas locales. No solo en los contenidos, también en las formas (acampadas, disfraces, músicas, móviles, aplicaciones, redes).


Juventud y clase obrera

Aún con su novedad, la juventud, su mayor parte, no puede obviar que es una fracción de la clase obrera: bien porque venda su fuerza de trabajo (ocupada), bien porque no encuentre comprador (parada), bien porque se esté formando para vender su fuerza de trabajo en el futuro (estudiante). Por tanto, sus intereses son los de la clase obrera, y sus enemigos de clase son la burguesía (la clase capitalista y sus defensores), participando de su lucha, en su diversidad de formas (económica, política o ideológica).

Ahora bien, precisamente la edad temprana les lleva a mayor desempleo (falta experiencia), empleos más precarios (menores sueldos, mayor inestabilidad y peores tareas) o incluso a percibir más dramáticamente la falta de oportunidades en el caso de los estudiantes. Este último aspecto se evidencia aún más con la guerra, el cambio climático o el avance tecnológico de la Inteligencia Artificial, cuestiones nada ajenas al desarrollo capitalista.


Clase obrera y enajenación

La clase obrera está enajenada en su mercancía, la fuerza de trabajo. No tiene otra que personificarla si quiere venderla en el mercado de trabajo. Por ello, ha de formarse para dotar a su fuerza de trabajo de los mejores atributos; ha de reconstituirla a diario para presentarla en las mejores condiciones; y, ha de usarla de acuerdo a los fines que guían su contratación (someterse a la explotación). Todo ello so pena de no venderla, y perder su vinculo social, el dinero.

La juventud obrera, también es portadora de la fuerza de trabajo, y está enajenada en su mercancía. Por un lado, tiene la mejor formación (capacidades y habilidades técnicas), la que requiere los capitales técnicamente más avanzados, lo cual dota a la juventud de poder (los medios de comunicación destacan las movilizaciones juveniles). Por otro, la escasa experiencia laboral, a pesar de los esfuerzos escolares, la disciplina fabril y la subordinación jerárquica, están menos presentes en los jóvenes.


Enajenación y libertad

A pesar de estar enajenados en la fuerza de trabajo, nos creemos libres. (Todos, pero los jóvenes más). La libertad es la forma de la conciencia enajenada. Nos creemos libres porque podemos elegir a qué capitalista vender la fuerza de trabajo, pero estamos obligados a vendérsela a uno; nos creemos libres porque podemos elegir el tipo de fuerza de trabajo que nos formaremos, pero estamos obligados a especializarnos en una (no siempre la que más te gusta); nos creemos libres porque podemos pedir el salario que queramos, pero solo nos pagarán, con suerte, su valor de mercado; y así podríamos seguir. No es que sea falsa esta libertad, es simplemente la libertad capitalista. Lo importante es entender que esta libertad capitalista está fundamentada en la enajenación en el capital.

La juventud, por la próximidad del colchón familiar, por la ausencia de compromisos materiales, por la falta de propiedades, etc.. se vé aún más libre. Esto se refuerza  al tener la perspectiva de salir de la disciplina familiar y escolar, y no tener tan presente la dictadura patronal. Todo esto contribuye a naturalizar en mayor medida la libertad, hasta verla como un absoluto e idealizarla. 


Libertad y capital

El ejercicio de la lucha de clases, necesario para el desarrollo del capital, requiere un marco jurídico, político e ideológico en el que desenvolverse. Esto implica la existencia de leyes, mecanismos para crearlas y modificarlas, instituciones (negociación colectiva, huelga), organizaciones (políticas y sindicales), entre otros, etc. No es que sea una conquista arrancada al capital. Son una necesidad para el desarrollo pleno del capital. Un ejemplo es la libertad de compraventa de la fuerza de trabajo, que es una condición para que ésta se compre y se venda por su valor, que es requisito de la máxima plusvalía relativa (robotización, digitalización, inteligencia artificial).

Así, la libertad capitalista no es un otro ajeno al capital, es una forma necesaria suya. Cuando la juventud, u otro sector de la clase obrera, lucha por la libertad, o la democracia, o la igualdad, capitalistas, luchan, entre otras cosas, por formas capitalistas, que dotan al capital de más potencia para su expansión aparentemente ilimitada.


Capital mundial

La unidad mundial capitalista está, hoy por hoy, fraccionada en estados. Estados que son los representantes políticos de sus respectivos capitales. Éstos compiten y se alían en el mercado mundial de los productos, las materias primas y energéticas, las rutas y lugares estratégicos, etc. Competencias y alianzas que echan mano de todos los instrumentos posibles, y uno de ellos es la desestabilización política y social de los otros estados.

Este “juego” geopolítico siempre está presente, de manera evidente u oculta, en cualquier lucha social. Cuando se conoce se puede utilizar, y cuando no se conoce el utilizado es uno. Un caso, la presencia e influencia de los servicios de inteligencia occidentales y otanistas en las revoluciones de colores o en las primaveras árabes, por decir algunos suficientemente acreditadas, enarbolando las banderas de la democracia y la libertad.


Conclusión

El capital, la relación de compraventa de la fuerza de trabajo, organiza la humanidad (geopolítica y economía) como un sujeto automático. La acumulación de capital no solo supone el aumento del capital y las clases sociales, también supone la reproducción de las condiciones jurídicas (leyes), políticas (partidos, sindicatos y estado) e ideológicas (enajenación, libertad, teorías capitalistas) que la hacen posible. Marx añadirá a la libertad, la propiedad, la igualdad y la utilidad (el interés propio). Pero, dado el antagonismo de clases, la forma en que se reproducen no es mecánica sino la lucha de clases. El lugar que ocupa la juvenil fuerza de trabajo en la acumulación de capital en la era de la automatización, la digitalización y la inteligencia artificial, le imprimen a esta fracción de la clase obrera, una serie de potencias de cara a estos enfrentamientos.

La conciencia juvenil, absolutamente libre, va adquiriendo en su formación y en su ejercicio los atributos de la conciencia libremente enajenada; posteriormente, en su explotación y lucha, muta en la conciencia de clase; y, finalmente, si entiende que la explotación solo desaparecerá con la superación del capitalismo, se transformará en conciencia revolucionaria. Pero, este desarrollo de la conciencia no es ajeno a las condiciones materiales bajo las cuales las personas se relacionan en la reproducción de sus vidas. Lejos de encontrarnos ante un nuevo sujeto social, esta particular fracción de la población, la juventud, forma parte del sujeto histórico, la clase obrera. Ahí tiene un papel que cumplir, ser la chispa que incendie las viejas relaciones capitalistas dando paso a la organización consciente de la nueva sociedad, el comunismo.


jueves, 11 de septiembre de 2025

La circulación de la plusvalía y el enigma del dinero

 (a todos los que afrontan críticamente la lectura de El Capital)

La producción capitalista, a nivel social, se inicia con un capital de 150 millones de unidades monetarias, digamos, y termina, tras la producción de plusvalor, con 210. ¿De donde sale la demanda efectiva para que circule más valor del que se inyectó en principio? Aclaremos, no se trata del origen del plusvalor, que ya sabemos es la explotación de la fuerza de trabajo, sino de cómo se convierte en dinero.

Este asunto, en apariencia inocente, hizo correr ríos de tinta en la historia del marxismo. Primero, por las sospechas de error en Marx, que lo abordó en la sección sobre la rotación del capital del libro II de El Capital donde investiga la circulación del capital. Después, porque según la solución se derivan conclusiones teóricas y políticas distintas. Un ejemplo, fue el planteamiento de la insigne revolucionaria Rosa Luxemburg que basándose en esto afirma la imposibilidad del desarrollo capitalista sin el recurso a modos de producción distintos.


Planteamiento del problema

Un apunte metodológico previo, en este asunto, como en buena parte del libro II, Marx aparca la dialéctica y echa mano del razonamiento lógico porque se trata de cálculos algebraicos. No obstante, en las conclusiones, indicaremos su significado dialéctico.

Nuestro autor se propone explicar la circulación del capital total de la sociedad sin recurrir a lo que denomina subterfugios, elementos exteriores a la inmediata producción capitalista, caso de la velocidad del dinero, el sistema de crédito u otros modos de producción.

De modo que, refiriéndose al capital social total, por tanto el protagonismo es de las clases sociales, y respetando la ley del valor (cada mercancía se vende por su valor), distingue dos escenarios: el de la reproducción simple (no hay capitalización de la plusvalía) y la reproducción ampliada en la que los capitalistas invierten parte de la plusvalía en cada período. 

Hemos adoptado un ejemplo numérico simple a costa de no ser espectaculares en los resultados: el tiempo de producción es el año, la compraventa inmediata (tiempo de circulación nulo), por tanto la rotación es anual. 


Reproducción simple

En este caso la escala de la producción se mantiene y toda la plusvalía se destina al consumo individual de la clase capitalista. 

En el punto de partida, al inicio del periodo, la situación o distribución entre las clases es la siguiente: la clase capitalista tiene dinero, medios de producción y medios de vida; la clase obrera tiene fuerza de trabajo.

A renglón seguido la clase capitalista adquiere los elementos de la producción: compra la fuerza de trabajo a la clase obrera por un monto, el salario (pongamos 50); se compra, entre la propia clase capitalista, los medios de producción por un importe de 100. Enseguida se inicia la producción que termina con mercancías por un valor de 210, o sea 60 más que las iniciales, la plusvalía. La pregunta: si la clase capitalista solo volcó capital dinerario por 150 a la circulación cómo puede recoger 210.

La solución que da Marx es que el dinero necesario para que circule la plusvalía (60) ya está en manos de los capitalistas bajo la forma de un fondo de consumo: un ahorro que los capitalistas destinan a su gasto personal. Este fondo de consumo será repuesto cuando se venda la producción con la plusvalía, de modo que funciona como un anticipo de la plusvalía futura.

Así, tras la producción por (100+50+60=210) contaría para su realización con el dinero correspondiente al capital adelantado (150) y al fondo de consumo capitalista (60). La situación volvería a ser la inicial; o sea, la clase capitalista tiene dinero (210), medios de producción (100) y medios de vida (110), mientras la clase trabajadora dispondría de su fuerza de trabajo. Este sería el punto de partida del nuevo proceso social de producción capitalista.

Ahora bien, nada garantiza, y menos aún en la sociedad de los productores privados e independientes que es la capitalista, que el consumo capitalista sea repuesto por la plusvalía. Así, se abriría una discusión en la que Marx se adentra poco, y que dejamos apuntada para desarrollos futuros. 


Reproducción ampliada

En el caso de que los capitalistas utilizan el plusvalor, además de para su consumo personal, para ampliar la escala de la producción adquiriendo más medios de producción y contratando más fuerza de trabajo, la situación se complica un poco.

Partimos del mismo ejemplo de arriba. De nuevo el problema es si la clase capitalista vuelca a la circulación el adelanto del capital productivo (150, por ejemplo, en medios de producción y salarios), de dónde sale el dinero adicional para realizar la nueva producción mercantil por 210. Pero, esta vez teniendo en cuenta que la plusvalía (60) se descompone en consumo capitalista (30) y acumulación de capital (30) y, por tanto, la realización del plusvalor ha de tener presente que la forma material de ambos es distinta: medios de vida para capitalistas (30), el primero, y nuevos medios de producción (20) más medios de vida para los nuevos obreros (10), el segundo.

Otra vez el problema está en la circulación de la plusvalía, pues la circulación del producto (100 en medios de producción y 50 en medios de vida para obreros) que repone el valor de capital (150) no tiene problema al ser volcado por la clase capitalista al inicio.

En cuanto a la circulación del plusproducto (medios de vida para capitalistas) que corresponde al consumo capitalista (30) tiene la misma solución que en la reproducción simple: fondo de consumo capitalista que anticipa una parte de la plusvalía. Pero, qué ocurre con la circulación del plusproducto compuesta por los elementos de la acumulación (20 de medios de producción y 10 de medios de vida para obreros).

De nuevo el dinero necesario para realizar esa parte del plusproducto ya está en manos de la clase capitalista, sería un fondo de acumulación que los capitalistas gastarán en los nuevos medios de producción (20) y la nueva fuerza de trabajo (10) cuando decidan ampliar la producción, anticipando la plusvalía a capitalizar (30).

El problema se plantea a partir del segundo período. El modelo no explica de manera endógena el origen de los fondos, más allá del insuficiente fondo de consumo inicial, que permiten la realización del plusvalor. Marx admitirá el recurso a los subterfugios: señala la constitución de capital dinerario latente (depósitos, títulos, activos reales ociosos) y destacará el desarrollo del sistema de crédito como indispensable para la expansión capitalista, al punto que le atribuye la potencia de desarrollar las fuerzas productivas, pero aclarando que sin mistificaciones al respecto. Esto abre una linea de desarrollo que toca los problemas de realización, e incluso las crisis, que preferimos dejar para más adelante.


Conclusión

La apariencia es que la clase capitalista acumula capital productivo, o sea compra medios de producción y contrata fuerza de trabajo adicionales, tras vender la producción. Pero, no tiene por qué. La clase capitalista gasta y acumula a medida que produce, porque dispone de un colchón monetario que garantizan la continuidad de la producción y la realización de todo el valor producido. 

De modo general, o sea teniendo en cuenta la rotación y, por tanto los adelantos, se podría formular la siguiente ley. La circulación del producto social bajo las condiciones de la reproducción, simple o ampliada, del capital, presupone una cantidad de dinero en manos de los capitalistas que se calcularía sumando: capital adelantado (la lógica y el álgebra de Marx), por un lado y, por el otro, la constitución del fondo de consumo capitalista y la del fondo de acumulación, teniendo en cuenta que la suma de ambos fondos anticiparían el plusvalor futuro. 

Esta conclusión de la disponibilidad previa del dinero necesario para realizar el plusvalor, mirando el desarrollo histórico, recuerda el papel del suministro de metales preciosos provenientes de América y, por tanto, los “viajes” de Colón y el resto de “descubridores”, en el despegue capitalista de Europa.

Más allá de las circunstancias históricas, la realidad plasmó diversas formas en que el capital ha ido superando esta limitación de dinero, en la versión metales preciosos, recurriendo a los subterfugios: sistema de crédito, la compraventa a plazos, el dinero fiduciario, la velocidad del dinero, las sociedades externas de las que habla Luxemburg, o el crédito que el obrero abre al capital cobrando después de trabajar, entre otros. Marx los conocía pero pretendía explicar el capital por sí, como automovimiento, y a mi juicio lo consiguió. Mostró algo más, que estos factores no explican al capital sino que es el capital el que los explica a ellos.

Por último, el análisis lógico-algebraico de Marx, que ocupa buena parte del libro II, cumple una función en el despliegue dialéctico de su investigación sobre el capital: avanzar en la consideración del capital social como el sujeto concreto de la producción social. Para ello, establece una (faltan otras) condición cuantitativa, la ley, por la que los capitales individuales, autónomos y fraccionales, se subsumen en el capital social, cual órganos de la unidad superior, que dijera Marx hace más de 150 años y que tanto nos cuesta digerir hoy.


viernes, 5 de septiembre de 2025

Cambio climático: ciencia y política

El debate sobre el cambio climático, en apariencia técnico, termina incorporado a la batalla cultural. Y no solo me refiero, a las refriegas entre gobiernos, entre partidos o entre representantes políticos, digamos, por los incendios del verano, o las danas otoñales. La discusión es más profunda: poner bajo la lupa al modo de producción capitalista.


Capital y cambio climático

Tras más de dos siglos de capitalismo plenamente establecido, el planeta se está calentando por la acción humana, principalmente por la emisión de gases de efecto invernadero derivados mayoritariamente de la combustión fósil.

Entre las evidencias más robustas: aumento de la temperatura media global en 1,5 grados desde la era preindustrial, incremento de la concentración de CO2 en la atmósfera hasta 420 ppm desde los 280, acumulación de calor en los océanos y su acidificación, elevación del nivel del mar, deshielo de los glaciares, y mayor frecuencia de fenómenos extremos (olas de calor, lluvias torrenciales, incendios forestales).


Cambio climático y ambientalismo

Este panorama ha ido originando una conciencia climática que ha tomado cuerpo en el movimiento ambientalista.

No sólo han sido las luchas sociales derivadas de los efectos más inmediatos de este daño ecológico, sino que la propia clase capitalista empezó a ver una barrera al crecimiento del capital. Una expresión de esto fue el Club de Roma (1968) que reúne a la economía, la política y la ciencia para elaborar su informe Los límites del crecimiento (1972).

A partir de ahí, la ONU, lo más parecido a un gobierno mundial, tómó cartas en el asunto: primera conferencia sobre medio ambiente en Estocolmo (1972); la primera sobre el clima en Ginebra (1979); luego Toronto (1988) y la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro (1992). A partir de ahí, todos los años, cientos de mandatarios políticos de los principales países se reúnen en las COPs (cumbres del clima). Ya van casi 30. Cierto que hay mucho “bla, bla, bla, ...tururú”. Pero, también nos indica que el problema es real, global y difícil de resolver bajo la red capitalista.


Ambientalismo y ciencia

Una parte del ambientalismo, está constituido por el sector científico (universidades, laboratorios, industrias, complejos, academias, personalidades independientes). 

A lo largo del capitalismo, la ciencia ha jugado un papel clave: descubrimiento del efecto invernadero a mediados del XIX, luego el papel de CO2, más tarde el de otros gases (metano, cloro…), hasta las mediciones (las de gases en atmósfera y océanos, pues las de temperatura venían de antes) que permitirán, tras el surgimiento de la computación, la elaboración de modelos predictivos sobre los efectos del calentamiento global.


Ciencia y negacionismo

De este modo, muy empírico, la comunidad científica se ha ido posicionando muy mayoritariamente, más del 90 por ciento de las encuestas, sobre la existencia del cambio climático, su prevalencia sobre el enfriamiento global (otra teoría científica), y la necesidad de acometer medidas (reducción global de emisiones). 

No obstante, existen minorías científicas que, aunque introduzcan elementos racionales de crítica, generalmente están impulsadas o apoyadas por intereses muy particulares (como la industria fósil y energética). Otro exponente de la subordinación de la producción científica a los intereses económicos.

Este negacionismo científico, que adopta diversas formas (niega el fenómeno, niega su origen, niega sus efectos y niega la urgencia de afrontarlo), no solo protagonza el ddebate científico sino que es la base científica de las luchas ideológicas en torno al clima. 


Negacionismo ambiental y expresiones políticas

Si el negacionismo climático es la expresión teórica de los intereses económicos de sectores particulares de la sociedad entre los que destacan la industria tradicional (fósil, acero, automoción, entre otros), el consenso científico climático vendría a ser la posición teórica dominante del capital. 

Veamos, grosso modo, las formas políticas que toman estos intereses sociales y que protagonizan la batalla cultural.


1. Negacionismo climático apoyado por corporaciones fósiles y la industria y el transporte tradicionales  (capitalistas y trabajadores). 

    • Niegan o minimizan el problema.

    • Ve las políticas climáticas una “agenda ideológica” o imposición de las élites.

    • Propone reabrir térmicas y nucleares, potenciar hidrocarburos y eliminar impuestos verdes.

La expresión política de esta posición es la derecha reaccionaria, tradicionalista y la extrema derecha. Destaquemos la hipocresía que se gastan cuando con una mano niegan y con la otra se preparan contra sus efectos (búnkeres, tecnologías alternativas, seguridad privada en catástrofes, como Walmart en el huracán Katrina).


2. Capitalismo verde. La base social está en el resto de la industria, el sector primario, y los servicios tradicionales. Se busca compatibilizar crecimiento económico y reducción de emisiones.

    • Oscila entre la aceptación tibia y el cuestionamiento parcial.

    • Se preocupa por los costes económicos y la competitividad.

    • Prefiere instrumentos de mercado (comercio de emisiones, impuestos al carbono), innovación tecnológica (hidrógeno, nuclear, CCS o captura de carbono) y un papel limitado del Estado. Aboga por una transición gradual y “pragmática”.

En este planteamiento convergen la derecha moderada y parte de la izquierda institucional. Su expresión mayoritaria es la Agenda 2030 diseñada por la ONU en 2015.


3. Green New Deal (o Nuevo Pacto Verde): contempla inversión pública masiva, creación de empleo verde y protección social, aunque sin superar necesariamente la lógica capitalista.

    • Reconoce el origen humano y desigual del fenómeno (ricos y países más desarollados más culpables).

    • Pone énfasis en la justicia climática: desigualdades sociales, territoriales y otras.

    • Propone transición justa: regulación estricta, impuestos a sectores contaminantes, fin de subsidios fósiles, impulso a energías limpias y protección a trabajadores y regiones afectadas.

Aquí se ubicarían la izquierda socialdemócrata, progresista y verde e incluso elementos del ecosocialismo, siendo una de sus expresiones el Pacto Verde Europeo (2019).


Superar críticamente el ambientalismo

Como se ve un el ecosocialismo más radical o el ecologismo revolucionario son muy minoritarios. Este es el grado actual de la conciencia ecológica.

Sin embargo, el ambientalismo mainstrean, soporta serias críticas: a pesar de las reuniones y acuerdos las emisiones aumentan; las leyes y planes tienen muy en cuenta las necesidades de capitales nacionales y sectoriales; las empresas que más emiten se apropian el negocio verde, los fondos (Next Generation) o las subvenciones; se pone el acento en medidas individuales y de consumidores socavando la conciencia ciudadana; el mix energético con predominio de renovables requiere mejorarse (apagón); mercantilización de la naturaleza; y tantas y tantas otras. 

Pero, más allá de estas críticas, el ambientalismo mayoritario, presupone el capitalismo, lo naturaliza, no se plantea su superación, por tanto, solo aspira a la gestión capitalista de la naturaleza: se trata de explotarla hasta que su situación dificulte o encarezca la reproducción capitalista. 

Por ello, las luchas ecologistas son necesarias; más aún si se vinculan al cuestionamiento del capital como relación social que subordina todo a la rentabilidad; luchas que han de ser regidas por una conciencia dialéctica que subsuma a la conciencia ambiental. Aunque el predominio de la conciencia dialéctica está determinado por el propio desarrollo capitalista, siempre será más fácil y más indemne si empezamos a tenerla presente desde ya.

El secuestro de Maduro como expresión dialéctica del capital

La forma de conocer y de expresarnos, incluso cuando pretende ser científica, tiende a separar, a fracturar la realidad. Y eso es un error q...