Dos debates que conviene separar
En un artículo anterior, en el marco de una discusión sobre el conocimiento de la realidad, me despachaba a gusto frente a dos fenómenos que no terminé de distinguir bien, y que ahora me propongo aclarar.
Por un lado, me planteaba la pregunta de si la realidad es una por qué existen múltiples ciencias; por otro lado, qué sentido tiene, dentro de una misma ciencia, una variedad de teorías sobre un mismo fenómeno.
Ambos asuntos recorren la discusión sin una adecuada diferenciación, de modo que puede generar confusión o inducir al rechazo, por lo que he decidido presentarlas por separado. En esta entrada abordamos el primero.
Una realidad, muchas disciplinas
Empecemos por la diferenciación de las disciplinas científicas. De entrada, nada que objetar. Pero, ¿por qué hay muchas disciplinas?
Las sociedades, para su reproducción, requieren dominar la realidad. El fraccionamiento del conocimiento de lo real resulta del choque de la apropiación colectiva de las fuerzas productivas con las capacidades individuales de los seres humanos.
Por ejemplo, la agricultura egipcia de hace miles de años, que requería el control e intervención sobre las crecidas del rio Nilo, dio pie al desarrollo incipiente de saberes que hoy denominaríamos como geometría, climatología o astronomía, entre otras.
De la división a la fractura disciplinar
En el capitalismo, esta contradicción está mediada por la específica forma de crear conocimiento, la representación lógica (separación sujeto-objeto y entre objetos), que emana de la conciencia del productor (libre e independiente), de mercancías. El resultado será la construcción de la forma disciplinar, la separación entre regiones de lo real (naturaleza/sociedad, sociedad/individuo) y la fracturación del conocimiento objetivo (ciencia).
Así, por ejemplo, la agricultura capitalista está basada en múltiples ciencias: mecánica, electrónica, meteorología, biología, genética, entre muchas otras, pero que se hablan lo justo, de modo que asuntos como el agotamiento del suelo o la precariedad de los temporaros, siguen en discusión.
La fractura y la dificultad para explicar
Entiéndase, por tanto, que no se critica la división del conocimiento ni su especialización. Tampoco están en discusión los logros científicos alcanzados. Lo que planteamos es que la forma en que se organiza el conocimiento científico, bajo el capitalismo, tiene unas características determinadas (sociales e históricas), y serios límites.
Concretamente, pretendía poner foco en que se trata de una separación tajante de lo real (naturaleza y sociedad, sociedad e individuo, etc) de ahí la fracturación del conocimiento (ciencias naturales y sociales, etcétera). Cada ciencia sería un cajón estanco (con escasa relación con las otras), que pretende dar cuenta (explicar) un trozo de realidad (mutilada, una representación de lo real). Este es el origen de la dificultad para explicar el propio objeto de estudio. ¿Cómo va explicar al individuo, la psicología, si lo ha aislado de la sociedad?
Un ejemplo muy claro, el problema de la vivienda: el urbanismo y la arquitectura miran espacios en construcción, la economía analiza precios y mercados, el derecho se encarga de regulaciones y propiedades, el trabajo social la situación de las familias (exclusión, desahucios). El problema es uno, pero cada uno lo mira de manera no ya distinta, sobre todo, aislada, separada.
Institucionalizando la fractura
Este ensimismamiento disciplinar no es solo un asunto de ideas. Se agrava con la forma en que se organiza la producción científica: ministerios y organismos reguladores, colegios profesionales, universidades divididas en facultades y departamentos, planes de estudios, cuerpos docentes, sistemas de evaluación y revistas especializadas. Todo ello acentúa la escisión del saber.
Un ejemplo muy pedestre, a parte de los proyectos competitivos troceados por áreas de conocimiento, son las publicaciones en revistas (pueden no puntuar si la revista escde otra disciplina).
Por tanto, esta fractura del conocimiento no se queda en los libros. Se traduce en facultades y departamentos que apenas dialogan, en agencias de financiación que reparten recursos por “áreas de conocimiento”, en colegios profesionales que levantan fronteras corporativas, en ministerios que se reparten la realidad en competencias administrativas. La forma disciplinar del saber es también una forma concreta de división material del trabajo científico.
La fractura del conocimiento y su impotencia
Si entendemos que el proceso material es uno, hemos de cuestionarnos que su conocimiento se organice de manera fracturada. El problema aparece cuando los fragmentos impiden reconstruir la realidad.
Aún más, no es solo la coherencia que impone el planteamiento de “una realidad, un conocimiento”, o la capacidad de explicar el propio objeto de investigación, sino que esta situación afecta a la capacidad para actuar sobre la realidad, la separación disciplinar puede convertirse en una rémora. De modo que, aún reconociendo el avance científico me atrevo a afirmar que es menor del que se podría obtener con un enfoque más unificador de las disciplinas.
El cambio climático donde confluyen física, climatología, economía, política, sociología, por decir algunos, es otro ejemplo de gran cantidad de esfuerzo sin claros avances. Y habría más, caso de las enfermedades mentales, que son abordados desde muy distintos puntos de vista (psicología, psiquiatría, sociologías, trabajo social, etc), que no se comunican ni mucho menos unifican.
Muchas disciplinas, una ciencia
De alguna manera, determinadas tendencias interdisciplinares o multidisciplinares apuntan a eso, reconociendo la limitación que supone abordar problemas concretos desde un único punto de vista.
El inconveniente es que estos enfoques se entienden como agregados de disciplinas bajo una “ciencia”, mientras que, lo que aquí reivindicamos es lo contrario: una ciencia, que se despliega en multitud de disciplinas.
Y ahí, de nuevo, las palabras de Carlos Marx relativas a una única ciencia, donde la ciencia del hombre se integrara en la ciencia de la naturaleza, cobran más sentido.
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