domingo, 5 de enero de 2025

Reto en torno a la producción capitalista de la fuerza de trabajo

Desde aquí lanzo un reto a los investigadores sociales y a las personas preocupadas por el desarrollo de la sociedad.

Es un hecho fácilmente observable que la producción de mercancías avanza en la sociedad capitalista. La tendencia a la mercantilización del producto del trabajo es tan poderosa que terminó afectando a la facultad humana para trabajar, lo que se denomina fuerza de trabajo. Tan importante es la mercancía fuerza de trabajo que está en el origen del sistema capitalista.

Pero, no es solo que la producción de mercancías se extienda, sino que en el capitalismo va recorriendo un patrón muy específico desde la producción artesana hasta la producción en masa o fabril. Este es un proceso en el que Marx se detiene en El Capital, para la mercancía en general.

La pregunta es si, volviendo al caso de la fuerza de trabajo, esta mercancía está sufriendo el mismo proceso. Es decir, si la producción capitalista de la fuerza de trabajo está avanzando desde las formas artesanales hasta las formas fabriles. Otra cuestión sería ver si esto plantea algún límite al desarrollo capitalista, o sea si la producción capitalista plena de la mercancía fuerza de trabajo sería compatible con la sociedad capitalista.

Mi respuesta es afirmativa en los dos casos: efectivamente se avanza en la producción capitalista plena de la fuerza de trabajo, y que esta tendencia no puede consumarse a riesgo de acabar con el capitalismo.

jueves, 2 de enero de 2025

Reflexión: conocer antes de actuar

 Reflexión sobre el estilo de dirección

Por un nuevo estilo de dirección en los colectivos que pretenden transformar la sociedad, por un nuevo concepto de dirección, por una dirección consciente


Conocer antes de actuar

Transformar un objeto significa operar sobre otro objeto de modo que se actualice la potencia que determina al primer objeto.


Pero, antes de lanzarnos con todas nuestras potencias a transformar el objeto mencionado, hemos de conocer tanto el objeto que pretendemos transformar como las potencias que tenemos para ello; previamente a proceder a la apropiación real (transformación) del objeto hemos de apropiárnoslo idealmente.


Antes de entrar en la consideración sobre qué significa, en mayor detalle, la apropiación real y la apropiación ideal del objeto, detengámonos.


Hasta aquí tenemos que: transformar es actuar y para actuar hay que conocer.


Una primera cuestión es que se puede actuar sin conocer. Efectivamente, pero se trata de una actuación a ciegas, sin saber, probar a ver qué pasa. Este es el método de prueba y error. Actuar sin conocer conduce en la mayoría de casos al error, pero puede ocurrir que tengas éxito (esto es, transformes). En estos casos se dice que aciertas. Es como jugar a la lotería, a un juego de azar.


Por qué esta forma de actuar (actuar sin conocer) no es la más adecuada, nos preguntamos. Porque tiene menos garantías de éxito (es menos eficaz) y porque, aunque obtengas el éxito se obtiene con un gasto mayor de recursos (es menos eficiente). Se entiende, por tanto, que la forma correcta es conocer antes de actuar.


Esto tiene que ver con lo que significa ejercer el poder, mandar, en un colectivo. Particularmente, con el desempeño de los que ordenan (dirección) a otros (dirigidos) a llevar a cabo acciones para conseguir determinados resultados (transformar). 

Una primera cuestión es que la dirección ha de conocer. ¿Qué ha de conocer?

Otra cuestión es que los dirigidos también han de conocer. ¿Qué han de conocer?


Sin entrar en más detalles. Una dirección consciente supone que conoce y que los dirigidos también conocen, así que antes de actuar sin conocer han de ocuparse en conocer.

lunes, 30 de diciembre de 2024

El bulo, la fake y el capital

 


Cuando se habla de bulo, de noticia falsa (fake news), en estos tiempos, se pretende trasladar la idea de que son fenómenos nuevos. Es decir que antes (¿cuándo?) no las había y ahora han aparecido. Es más se los vincula a una forma concreta de extenderse, las redes sociales, obviando la cantidad de veces que se publican en medios de comunicación convencionales. Con esto se quiere generar la ilusión de que haciendo desaparecer o regulando las redes sociales se acabaría con el bulo o la fake.


Sin embargo, ninguna de estas afirmaciones son ciertas: ni son nuevos ni tienen su origen en las redes sociales ni, por supuesto, la regulación de éstas acabarán con las noticias falsas.


Más allá de que la mentira acompañe al hombre desde que empieza a comunicarse, lo que se está planteando es que la mentira se considere una forma de intervención política socialmente aceptada y, en un momento determinado, como el modo necesario de la reproducción del capital.


Debería sorprendernos, me pregunto, que la mentira sea un ingrediente constitutivo del capitalismo, o deberíamos añadirlo como un determinante de la relación social general, el capital, al igual que la explotación, la valorización o la acumulación.


El capitalismo produce la conciencia libremente enajenada, es decir que hace que las personas porten la capacidad de regir su acción deteniéndose en la apariencia (libertad), olvidando su esencia (enajenación) y elevando la apariencia a la categoría de esencia. Es decir, que se crean libres cuando realmente son multidependientes (mercado, dinero, capital) y, en muchos casos, sin ser conscientes de ello. Pero, el capitalismo, borra aparentemente todas esas dependencias y genera la ilusión de que basta tener el dinero en el bolsillo para que todo ocurra mágicamente (fetichismo).


No es solo que la clase capitalista use la mentira, en su modernidad bulo y fake, para mantener su dominio; por tanto, incorpore la mentira en su estructura de dominación (fuerza bruta, legalidad, escuela, familia). Ni si quiera que la propia clase obrera, cuando es incapaz de hacer la crítica del capital, en la subsunción al capital se encargue de reproducir la mentira capitalista. Por no hablar del papel del representante político del capital, el estado, o sus gestores inmediatos, los gobiernos. Recuérdense: las mentiras sobre el derrame del chapapote del Prestige, las armas de destrucción masiva de Irak, el 11M, o las de la dana de Valencia, etc. Todo ello forma parte de una mentira aún mayor, el propio capitalismo.


Es mentira que la propiedad (privada o publica) de las cosas esté en la naturaleza de las cosas, es la relación social general, el capital en el caso del capitalismo, la que requiere que ello sea así. También es mentira que el dinero sea necesario, es la relación social la que obliga a que sea así. Como una mentira es que la fuerza de trabajo haya de ser una mercancía y venderse por un salario, es el capital el que exige que sea así. Por no decir que el salario equivalga a la contribución de la fuerza de trabajo en el proceso capitalista de producción. Y mentira es, que la única forma en que se puedan relacionar las personas sea la relación social general de las sociedades actuales, el capital. Pero, el capital exige que así lo creamos.


Como se ve, los fundamentos de la sociedad actual, están basados en la mentira (el capital como atributo natural de la persona, cuando no el único o mejor) como “verdad” socialmente admitida. Mantener la mentira como “verdad” socialmente admitida exige un esfuerzo, que concierne a toda la sociedad. Un esfuerzo que consiste en crear un aparato, que exige la intervención de varios actores (creadores, difusores, legitimadores, …), toda una superestructura que se eleva sobre la base capitalista.


Un sociedad que se afirma en la mentira, como la capitalista, no tiene más medio que hacer de la mentira un medio de su reproducción. Otra cosa es que el fenómeno se ha disparado en la actualidad, y lo que ello dice de la situación actual, pero eso será para otra ocasión.


martes, 24 de diciembre de 2024

Honda + Nissan, y la centralización del capital

Una de las acusaciones más frecuentes hacia las ideas de Marx es la falta de actualidad, sin embargo las secciones económicas de los diarios con sus frecuentes reseñas sobre fusiones y adquisiciones empresariales se empeñan en desmentirlo.

En este sentido, el último anuncio ha sido la fusión de Honda y Nissan (y posiblemente Mitsubishi) para 2025. La nueva empresa sería la tercera del mundo en producción con 3,65 millones de unidades, solo por detrás de Wolkswagen (4,34) y Toyota (5,16). Además, Nissan que atraviesa una mala situación tras despedir a más de 9000 personas (en 2021 cerró su planta de Barcelona) con progresiva reducción de beneficios, acepta que Honda ponga a la mayoría de los dirigentes. Uno de los argumentos de este movimiento empresarial es la competencia de la industria automotriz china, mejor posicionada en el vehículo eléctrico que se espera sea dominante en los próximos años.

Se reúnen aquí varios de los elementos que contempla Marx en su investigación sobre la acumulación del capital (capitulo 23 de su obra El Capital): mercado mundial, lucha y competencia entre capitalistas, centralización del capital (fusión), aumento de tamaño de las unidades capitalistas de producción, cambio de tecnología. Veamos a grandes rasgos como se relacionan.

La acumulación de capital, esto es el incremento de capital, bajo la forma de la reunión de distintos capitales (como el caso anterior de Honda y Nissan) que forman un nuevo capital individual, le otorga a éste nuevas potencias.

Por un lado, al ser un capital mayor aprovecha en mayor medida la elasticidad de la fuerza de trabajo (prolongaciones de jornada, aumentos en la intensidad del trabajo, recurso a formas de fuerza laboral más simple, por ejemplo) así como obtiene  mayores ahorros por el uso de más cantidad de medios de producción. Ambos aspectos redundan en una mayor productividad y reducción de costes derivados del mayor tamaño del nuevo capital.

Por otro lado, si el capital centralizado opera con un cambio en la relación entre los medios de producción y la fuerza de trabajo, de modo que el proceso de producción resultante sea más productivo, se acentuará el descenso del coste de producción.

Así, el nuevo capital incrementado resultante de la unión de capitales ya existentes, la expropiación de los capitalistas entre sí que dirá Marx, redundará en una mayor productividad y en una rebaja del coste de producir las mercancías. Esto será la base de la rebaja del precio y de la consecuente ampliación del mercado. Resultando de ambos fenómenos el aumento de beneficios del capital centralizado. 

Simultáneamente se intensifica la lucha entre capitales que se libra en el mercado, resultando que algunos competidores perderán compradores y sufrirán el retroceso del beneficio (caso de Nissan más arriba).

Marx concluirá que, por regla general y como una ley inexorable, los capitales menores son desplazados hacia otras esferas y si no lo hacen, insistiendo en competir con los grandes, terminan arruinados o en manos de los grandes (léase el caso de Nissan).

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Valor, dinero y precio (I). Presentación

Pretendemos abordar el problema de los precios en las sociedades capitalistas actuales, concretamente en la española.

Quizás, antes, estaría bien justificarlo.

Una simple atención a los medios de comunicación nos puede valer. Hace poco la aceleración de la inflación, del incremento generalizado de precios, era una de las primeras noticias; también, de vez en cuando, determinados bienes ocupan portadas por su carestía, caso de la gasolina o el diésel; incluso nos hacen mirar a los precios en el mercado mundial y nos señalan la evolución de lo que cuesta el petróleo. Es más, la intervención gubernamental sobre los precios de determinadas mercancías es frecuente sobre todo si tiene finalidad recaudatoria, caso del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). En determinadas circunstancias, por ejemplo durante la pandemia de la Covid, el gobierno modificó el IVA de algunos productos, afectando a su precio e incluso limitó el precio de algunos producto, como las mascarillas. Recientemente, ante la subida del coste de la vivienda o su alquiler, se demanda la regulación del precio. O al contrario, otros piensan que ninguna intervención sobre los precios trae nada bueno. Además, nos encontramos con la revisión de rentas (salarios, pensiones u otras) según el Índice general de Precios al Consumo (IPC). Como se ve el precio forma parte del debate económico y político.

Y es que, como señala el profesor Juan Iñigo Carrera1, la acción política remite al problema del precio y del valor. Merece la pena recoger a grandes rasgos su despliegue.

En el ámbito de la acción política, o sea de la transformación de la realidad social en el modo de producción capitalista, nos surge la cuestión de qué hacer, o sea qué forma ha de adoptar nuestra acción política. Si pretendemos que sea una acción que conozca su necesidad (consciente), hemos de preguntarnos por dicha necesidad. Pero, incluso antes, hemos de plantearnos qué es una acción política. Esto nos remite a la relación entre grupos de personas con intereses contrapuestos (clases sociales). Y ¿a qué intereses nos referimos? En las sociedades actuales los principales intereses son los intereses que se establecen entre la clase obrera y la clase capitalista.

Pero, ¿qué necesidad determina a estas dos clases sociales? El distinto modo en que participan del nuevo producto social, o sea el salario y la ganancia. ¿Qué son el salario y la ganancia? Los ingresos que surgen del capital. ¿Qué es el capital? Una suma de dinero que se pone en movimiento para obtener más dinero. ¿Qué es el dinero? Algo que se utiliza en el mercado para mediar en las compras y las ventas. ¿Qué es el mercado? El lugar donde se cambian las mercancías. ¿Qué es una mercancía? Un objeto con capacidad de cambiarse, un valor de cambio. ¿Por qué puede cambiarse ese objeto? ¿De dónde le viene esa capacidad para cambiarse?

De esta forma, partiendo de la acción política de los individuos, hemos llegado a las cuestiones fundacionales de la economía y de la crítica de la economía política. Hemos aterrizado en el análisis de la mercancía y específicamente del valor (el atributo de cambiabilidad de las mercancías) y de éste al valor de cambio, al dinero y al precio, de ahí el título del presente escrito.

Por ello, empezaremos presentando la explicación del valor que hace la teoría economía actualmente dominante, la neoclásica, y posteriormente la clásica. Después, expondremos la crítica de la economía clásica que emprendió Karl Marx y añadiremos la crítica de la economía neoclásica que otros autores han realizado.

Ahora bien, por qué la crítica; qué necesidad tiene la crítica de la economía política iniciada por Marx. Esta cuestión será abordada en las próximas entregas.

De momento, bástenos remarcar que la comprensión de la realidad capitalista es necesaria para intervenir con conocimiento de causa sobre esta realidad, o sea el conocimiento es necesario para la acción política. Y este conocimiento empieza por saber qué son el precio, el dinero y el valor. En la próxima entrada veremos qué explicación hace la teoría económica actualmente dominante.

1 Conocer el capital hoy. Usar críticamente El Capital. Editorial Imago Mundi, 2021. Más información en la página del CICP, https://cicpint.org/es/inigo-carrera-juan-2021-conocer-el-capital-hoy-usar-criticamente-el-capital-imago-mundi/

jueves, 21 de noviembre de 2024

La crisis de la izquierda y la dialéctica

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad. 

Si queremos enfrentar con garantías, en la práctica, la situación de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

Numerosas son las formas que adquiere esta crisis: fraccionamiento en partidos, escasa adhesión de la ciudadanía, separación de la clase obrera, vaivén electoral, la errática política de alianzas, malas soluciones de las discrepancias internas y externas, las incoherencias personales, incluso en lo programático la cosa no esta bien, y un largo etcétera. 

La cuestión, más allá de las formas, es ver las causas, descubrir el contenido. En esto contamos con la ayuda de Marx; hay que partir de la reproducción del capital y la conciencia que de ella emana.

Así bajo la forma de la acumulación y la valorización, la reproducción capitalista implica el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en la sociedad; expandiéndose la producción, el consumo, el cambio, la ciencia, la técnica, entre otras formas de aquellas fuerzas. 

Aquellas formas del proceso de vida social (la expansión sin límites del valor que se valoriza) se expresa como una particular manera de organización en las cabezas de los órganos individuales del cuerpo social (los individuos), la conciencia libremente enajenada en el capital. Esta conciencia enajenada bajo la forma de la libertad (individual), la igualdad (mercantil), la propiedad (privada) y la utilidad (egoísmo), que dirá Marx, naturaliza y eterniza el orden social capitalista.

Sin embargo, la reproducción capitalista a la vez que desarrolla incesantemente las fuerzas productivas del trabajo, conlleva el antagonismo de las clases (capitalista y obrera) y su lucha, que se expresa de diversas formas: guerras, desastres ecológicos, explotación laboral, desigualdades sociales y un largo etcétera de contradicciones. Estos “problemas”, consustanciales a la sociedad capitalista, son la base material de una voluntad de cambio que puede alcanzar una mayor o menor conciencia de que ello termina pasando por la superación del propio capitalismo. La expresión política de esta voluntad de cambio es a lo que denomino izquierda.

La izquierda, por tanto, se enfrenta a una contradicción: por su origen capitalista es acreedora de la conciencia libremente enajenada mientras, por otro, debe su singularidad a su potencia crítica del capitalismo. Así, su conciencia enajenada en el capital es la forma bajo la que se expresa su contenido crítico del capitalismo.

Para superar esta contradicción, de modo que la acción de la izquierda conduzca a la realización plena de la conciencia transformadora, es requisito desarrollar su contenido crítico.

La crítica debe pasar de ser una crítica de las formas (formal) a ser una crítica de los contenidos (radical). Esto, en las sociedades capitalistas, significa vincular los fenómenos al movimiento del capital. Por tanto, empezar a mirar los fenómenos, todos (los de fuera y los de dentro, de la izquierda) siguiendo la senda de la Critica de la Economía Política, que inaugurara Karl Marx.

Un ejemplo, por si aclara lo que pretendo decir. Denunciar la pobreza en el capitalismo sin plantearse salir del capitalismo, no solo es una tarea sisífica sino que termina convirtiendo la pretendida redistribución capitalista de la riqueza en caridad; y da igual que intervenga el estado, bajo la pretensión de un derecho y un deber ciudadanos, sería caridad estatal o imposición según el punto de vista. Es más, con ser un avance la intervención del estado, si ésta se ve como solución definitiva (renunciando a una sociedad donde se resuelva la pobreza), convertimos al estado en un fetiche, y la conciencia sigue enajenada, ahora no en el capital sino en el estado (que en el capitalismo, es una forma del capital). La crítica radical implica vincular la pobreza al capitalismo y la solución definitiva a la superación del modo de producción capitalista, y ello no excluye las formas intermedias de avanzar.

En cualquier caso, trascender de la crítica de las formas a la crítica de la raíz nos remite al conocimiento objetivo y al método de conocimiento.

La izquierda, para desarrollar su carácter crítico, necesita pasar del conocimiento de las formas al conocimiento de los contenidos; debe mirar más allá de la apariencia y descubrir la esencia, o sea dotarse del conocimiento objetivo de la realidad. Por ello, ha de cuestionar y someter a crítica los saberes, a veces pretendidamente científicos, que se quedan en las formas y niegan sus contenidos, justificando el orden existente, negando su transformación y abocando a la izquierda a la incapacidad para realizar su conciencia transformadora, o sea condenándola al fracaso.

Pero, la obtención de este conocimiento objetivo requiere un método. La crítica radical implica descubrir el contenido tras la forma en que se presenta la realidad. En consecuencia, el método que hace posible tal crítica ha de distinguir la forma del contenido, en primer lugar, y no identificarlos como hace la lógica. En segundo lugar, el método ha de explicar la transformación, cuestión que niega, en su afán inmovilista, la lógica. En otro lado, véase mi blog Criticonomia, me he referido a la diferencia entre los métodos lógico y dialéctico.

Tal método, hasta donde conozco, es la dialéctica materialista que permite apropiarse idealmente la realidad mediante la reproducción en el pensamiento de su necesidad (contenido). Así, la dialéctica, proporciona el conocimiento de las causas de la realidad, el conocimiento objetivo.

A partir de ahí, en mi opinión, apalancando la voluntad de cambio con el conocimiento objetivo que proporciona el método dialéctico, la izquierda debe plantearse qué conciencia portada por qué sujeto ha de regir qué acción como forma necesaria de la superación del capitalismo.


domingo, 17 de noviembre de 2024

Próximamente: sobre la crisis en la izquierda

Un adelanto. 

Desde hace años, en los países capitalistas, más concretamente en España, se viene hablando de la crisis de la izquierda. Hasta el punto de cuestionarse la propia identidad.

Si queremos enfrentar con garantías la situación en la práctica de la izquierda no tenemos más remedio que pensarlo, expresarlo y discutirlo; volver a la teoría. Y dejar de elaborar apretados calendarios de movilizaciones o actos, por no hablar de estrujar el potencial electoral mediante coaliciones, que pongan nuestra atención donde no está el problema.

jueves, 7 de noviembre de 2024

En defensa del marxismo clásico: una respuesta a Isidoro Moreno


Con el máximo respeto que puedo profesar y con la humildad de quien se reconoce menos puesto en Antropología, me dirijo al catedrático Isidoro Moreno respondiendo a su artículo A propósito del caso Errejón1.

Este artículo plantea una cuestión interesante, como explicarse que un político de izquierda que predica el feminismo tenga unos comportamientos privados antifeministas (en mi blog Criticonomia2 pueden ver mi planteamiento). Mi desacuerdo con el artículo es la vinculación que establece Isidoro Moreno, IM en adelante, con la presencia del marxismo clásico en la izquierda, que sirve a IM para descargar su crítica con este marxismo. En particular, le reprocha considerar a las diferencias y desigualdades de clase, frente a otras diferencias como las de sexo o raza, como elemento vertebrador de las sociedades actuales, factor determinante de sus cambios y de la evolución de las sociedades.

Cuando IM niega que la historia de la humanidad sea la historia de la lucha de clases, me pregunto, si le parece más cierto que la historia de la humanidad sea la historia de la lucha de sexos, o de la lucha de razas, o de la lucha de cualquier otro aspecto de las personas. Claro, que siempre se puede decir que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de todos los elementos identitarios que hacen a las personas y, por ese camino, terminemos en la tautología.

Sí me parece sugerente aprovechar la intervención de IM para plantearnos por qué el marxismo otorga un lugar central a las clases sociales, frente a otros aspectos como el sexo, la raza, la altura, el peso, la lengua, etc. de las personas, para explicar el movimiento de las sociedades a lo largo del tiempo, o sea la historia de las sociedades.

Antes que nada y para despejar dudas, el marxismo “clásico”, entendiendo por tal la obra de Karl Marx y Frederic Engels, tiene un planteamiento que aborda el conjunto de la sociedad, incluidos las desigualdades de sexo, raza, y todas las que conocieran estos autores, solo que las vinculan de diversas maneras a las desigualdades de clase.

Dentro de la variedad de formas sociales presentes en una sociedad, el marxismo clásico destaca el papel de las clases sociales. Por supuesto, cuando existen. En las sociedades sin clases, léase en las comunidades primitivas, si no hay clases es claro que el marxismo “clásico” -mal que les pese a sus críticos- no explica dichas formaciones sociales, sus relaciones internas y su evolución, por la lucha de clases.

Una última observación respecto de la crítica de Moreno al marxismo clásico antes de exponer lo que éste dice. El que las diferencias de sexos existan antes que las diferencias de clase social, como afirma IM y que no le discutimos, no es argumento para afirmar que son más explicativas de la dinámica de las sociedades actuales (capitalistas). Pero, es más, en mi opinión y sin ser un experto del conocimiento de las sociedades, el que las diferencias de sexos existan desde el origen de la humanidad no quita para que éstas adquieran contenidos diversos, y con ello tengan más o menos relevancia, según el modo de producción en el que se inserten. No creo que haga falta explicar esto, pero bástenos un ejemplo que lo ilustra: la subordinación de la mujer al hombre no es igual, ni tiene la misma función, en una sociedad esclavista que en una sociedad capitalista

Pero, yendo a lo que considero importante: qué dice el marxismo clásico al respecto de las sociedades y su movimiento.

En mi opinión está expresado en el prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política. A veces por archinombrado no reparamos en él, pero recomiendo la lectura de estas cuatro páginas a cualquier persona que quiera acercarse sin prejuicios a lo que dice el marxismo “clásico”. La síntesis, aunque Marx se detiene, es: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia.”

Es la existencia social, particularmente el modo de producción de la vida material (fuerzas productivas del trabajo y relaciones de producción), lo que determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general, dirá Marx.

Y qué tienen que ver las clases sociales y su lucha con todo lo anterior. Nuestro autor insiste en este prólogo: las formas jurídicas y políticas no se pueden comprender por sí mismas, ni como expresiones del desarrollo general del espíritu humano; hay que buscar su explicación en las condiciones materiales de vida, o lo que Hégel denomina la sociedad civil. Marx profundiza: hemos de ver la anatomía de la sociedad civil, que descansa en la economía política. Esta ciencia plantea cómo se produce la riqueza y quién, y por qué, se la apropia. Esto es, el reparto del producto social entre las clases sociales, cuando existen. Y si nos retrotrajésemos a las sociedades sin clases descubriríamos la presencia del trabajo social como factor determinante. Pues, las clases sociales no son más que la posición que tienen los individuos ante este trabajo social, su ejecución y el reparto de sus resultados. Aquí aprovecho para sugerir la lectura de un opúsculo de Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre.

Lamentablemente, mal que les pese, a las personas que desprecian el marxismo por reduccionista, determinista, axiomático, etc. los investigadores, y el propio razonamiento de la cuestión, no conceden tanta importancia a otro tipo de diferencias sean éstas anatómicas, cognitivas, sexuales, raciales o de cualquiera otra índole, que hay miles. A las cuales no quito importancia, pero están subordinadas a las que se plantean en el ámbito del trabajo social y, por extensión, a las clases sociales, cuando están presentes dichas clases obviamente.

Es más opino que es tarea del marxismo, y de cualquiera que pretenda explicarse la realidad social, el investigar todas las formas sociales presentes; pero también opino que el carácter marxista de una tal investigación es vincularlas a la relación social general de las sociedades modernas, el capital.





1Publicado en diversos periódicos: Diario de Sevilla, El Dia de Córdoba, Granada Hoy, entre otros.

2https://criticonomia.blogspot.com/2024/10/el-caso-errejon-y-la-maldicion-de-la.html

lunes, 28 de octubre de 2024

El salario y la ideología de la economía

La forma concreta salario es un ejemplo del carácter acentuadamente ideológico que han venido tomando tanto el conocimiento económico (la teoría económica) como la práctica económica.

Dividiré esta colaboración en dos partes. En la primera, recordaremos la crítica de Karl Marx a la teoría sobre el salario de la economía política clásica (sección VI del libro I de El Capital). En la segunda, basándonos en los desarrollos del profesor Juan Iñigo Carrera1, mostraremos el objetivo ideológico que preside el comportamiento de una de las instituciones más “técnicas” del estado capitalista, el banco central.

Cuando Marx investiga la valorización del capital presenta, como punto de partida, la compraventa de la fuerza de trabajo, la relación entre el capitalista que entrega dinero (salario) a cambio de la capacidad de trabajo del obrero.

Hago un paréntesis aclaratorio. Allí, en la sección IV, nuestro autor nos dice que el salario es la forma fenoménica del valor de la fuerza de trabajo. Recordemos que el valor, el trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente, aparece necesariamente bajo la forma valor de cambio. El valor de cambio de una mercancía, o sea la cantidad de otra mercancía por la que se cambia, en dinero es el precio. En nuestro caso, el salario (el precio de la fuerza de trabajo) es la forma en que se expresa el valor de la fuerza de trabajo. Esto ya lo sabíamos, lo que Marx se propone investigar es por qué en la realidad económica el salario, que es una forma del valor de la fuerza de trabajo como hemos visto mas arriba, se transmuta, o sea aparece como otra forma, en este caso el precio del trabajo.

Esta compraventa de la mercancía fuerza de trabajo, que es el contenido oculto, aparece en la superficie de la realidad económica como una compraventa de trabajo; la fuerza de trabajo, la mercancía comprada por el capitalista (y vendida por el obrero), aparece como trabajo; y, el salario, el dinero que paga el capitalista (y que cobra el obrero), aparece como precio del trabajo. Así, el precio del trabajo (forma) es la expresión del precio de la fuerza de trabajo o salario (contenido).

Así, Marx señala el carácter irracional de las expresiones “valor del trabajo” y “precio del trabajo”: primero, porque el trabajo no es una mercancía sino una acción, la puesta en funcionamiento de la fuerza de trabajo; segundo, porque el trabajo no se puede vender antes de realizarse; tercero, porque el trabajo, que se realiza bajo las órdenes del capitalista y en sus instalaciones, no pertenece al obrero sino al capitalista; y, cuarto, porque el trabajo crea valor pero no tiene valor.

No obstante, estas expresiones no son una invención arbitraria sino que surgen de la experiencia cotidiana, de las relaciones sociales tal y como se les presentan a las personas, y que la economía política las toma acríticamente, nos dirá nuestro autor.

Marx expresará que para descubrir el contenido tras la forma salario se requiere la investigación científica2, que busca la esencia (contenido) tras la apariencia (forma); pero, particularmente en este caso, se requiere una ciencia que no se detenga ante la crítica al capitalismo y no se subordine a su justificación. Pondrá el ejemplo de Adam Smith, padre de la ciencia económica y uno de los representantes de la economía política clásica, que planteó al trabajo como fundamento del valor. Pero, cuando llegó a su teoría de la distribución se detuvo porque esto implicaba que el trabajador debía ser el destinatario de la mayor parte del valor de la mercancía poniendo en peligro la justificación de la parte del capitalista (beneficio). Siendo así la cosa que termina planteando que el valor es la suma del salario, el beneficio y la renta de la tierra, dando de lado a su primera teoría laboral del valor.

Insisto, el planteamiento de Smith sigue vigente, adornado de un aparato matemático que pretende imprimirle carácter objetivo, en las modernas teorías sobre la distribución, particularmente sobre el salario.

Como ejemplo de teoría económica convencional sobre el salario no nos resistimos a presentar brevemente la versión neoclásica mayoritaria en las universidades y ganadora de la mayor parte de los nobeles de economía.

El obrero es, para la teoría neoclásica, un individuo que persigue la máxima utilidad (placer, felicidad). Dicha utilidad depende de dos cuestiones: tiempo de ocio que le reporta placer, e ingresos por salario resultado de trabajar (el trabajo quita placer pero genera ingresos para adquirir medios de consumo). Además, en un día el tiempo de placer y el tiempo de trabajo suman 24 horas.

De esta manera, la elección entre tiempo de placer y tiempo de trabajo que ha de realizar el obrero para fijar su jornada y llevarse un salario, adopta la forma de un problema matemático de maximización de la utilidad sujeto a restricción (el salario a ingresar es igual al salario por hora por la jornada). La solución es que nuestro obrero trabaja hasta que el salario real por hora iguale las tasas marginales de sustitución de ocio por salario. A ver si me explico: el obrero empieza a trabajar porque el ingreso que obtiene supera la perdida de utilidad que le supone el menor tiempo de ocio, hasta que llega un momento de la jornada laboral en que el obrero considera que el salario por hora que le dan ya no compensa la perdida de utilidad por el ocio sacrificado. En ese momento, como el obrero es libre para decidir cuanto tiempo trabaja, le dice al capitalista que hasta mañana.

Este es el fundamento de la oferta individual de trabajo que cuando se suman todos los obreros nos da la oferta de trabajo. Esta oferta de trabajo junto a la demanda de trabajo que hace la clase capitalista permitirá calcular el salario y el empleo en el conjunto de la economía.

La forma salario no solo oculta su contenido (el valor de la fuerza de trabajo), sino que al aparecer como el precio del trabajo genera la ilusión de que el capitalista paga al obrero todo el trabajo que éste realiza para el primero, por tanto oculta que una parte del trabajo realizado por el obrero no le es pagado, el plustrabajo, de donde sale la plusvalía. Por tanto, la forma precio del trabajo oculta la explotación capitalista.

Esta ocultación de la explotación capitalista imprime el carácter ideológico a la conciencia que se deriva de la forma precio del trabajo; sea esta conciencia resultado espontaneo de la experiencia cotidiana, sea el resultado de una elaboración mental sobre aquella experiencia por mucho disfraz matemático, estadístico o econométrico del que se recubra.

El interés ideológico prevalece sobre el carácter objetivo en la teoría económica porque no somete a crítica al modo de producción capitalista. A la vista de esto, se entiende la necesidad de la crítica de la economía política, por dos razones: por compromiso con la verdad, y para que la clase obrera adquiera una conciencia objetiva alejada de la mera apariencia como paso previo al ejercicio de su misión histórica.

También le cabe la duda a uno de qué otras ramas del saber necesitan de una critica tal para que dejen de justificar el capitalismo y sirvan para explicar la realidad. En la segunda parte veremos que también la gestión práctica, sobre todo de las instituciones estatales, tienen muy en cuenta los objetivos ideológicos.



El salario y la ideología económica (y II)

En la primera parte veíamos, apoyándonos en Karl Marx, cómo las teorías del salario de la moderna economía tienen más de ideología que de ciencia. En esta parte, gracias a los desarrollos de Juan Iñigo Carrera sobre la base de Marx, mostraremos que la práctica de control monetario de los bancos centrales también tiene como una de sus finalidades la ocultación de la explotación capitalista y el apaciguamiento del conflicto laboral.

Marx expone que la fuerza de trabajo, la mercancía que el obrero vende al capitalista, tiene su valor determinado por la cesta de medios de vida que consume la familia del obrero. También demuestra que el capitalismo se caracteriza por el incesante desarrollo de las fuerzas productivas, una de cuyas expresiones es el crecimiento de la productividad. Así mismo, que el crecimiento de la productividad reduce el valor de las mercancías. Particularmente, el aumento de la productividad de la cesta de mercancías que determina el valor de la fuerza de trabajo provocará la reducción de éste. Y con ello, manteniendo la jornada, aumentará el plusvalor.

Esto lo ejemplifica Juan Iñigo introduciendo además el dinero, bajo su forma de signo de valor. Es decir, el papel moneda que emite el banco central, que no tiene valor pero lo representa (Marx dixit). Así los precios serían las expresiones monetarias de los valores de las mercancías. El valor que representa cada unidad monetaria dependerá, dada la masa de valor necesaria para la circulación de las mercancías, de la cantidad de billetes o monedas (oferta monetaria). De tal manera que la duplicación de la cantidad de dinero reduce a la mitad el valor que representa la unidad monetaria. Veamos un ejemplo para ilustrar lo que ocurre.

Tengamos una cesta de medios de vida cuyo valor es de 4 horas. En la medida que responde al consumo diario de la familia obrera, determina el valor diario de la fuerza de trabajo (4 horas).

Como la jornada de la obrera es de 8 horas, el plusvalor que se apropia el capitalista serán 4 horas (8 menos 4). Para expresar en unidades monetarias tenemos que la unidad monetaria representa un valor de 3 minutos, por tanto 20 euros representan el valor de 1 hora de trabajo. Por tanto, el valor diario de la fuerza de trabajo se expresará monetariamente como 80 euros y la plusvalía otros 80.

Si la productividad del trabajo se duplica. Tendremos que la misma cantidad de bienes se producen en la mitad de tiempo. En el caso que nos trae, la cesta diaria de bienes de consumo de la familia obrera reduciría su valor desde 4 hasta 2 horas; y con la cesta el valor de la fuerza de trabajo pasa a ser 2 horas. Como la jornada continua siendo de 8 horas, el plusvalor será 6 horas. Al no modificarse la cantidad de dinero, las expresiones monetarias respectivas, del valor de la fuerza de trabajo y del plusvalor, serán: 40 euros y 120 euros.

Detengámonos aquí. El crecimiento de la productividad ha provocado una bajada del salario nominal, de 80 a 40 euros, sin que se modifique la cesta de bienes que consume la familia obrera (salario real). La plusvalía por su parte ha pasado de 80 a 120 euros. Pero, para que se dé esta bajada del salario nominal, y el consecuente aumento de la plusvalía, el capitalista ha de llamar al obrero y notificarle la mencionada reducción salarial. Ni que decir que al obrero no le va a hacer ni chispa de gracia y protestará.

Cada vez que el capitalista introduzca una innovación tecnológica que reduzca el valor de los medios de vida que determinan el valor de la fuerza de trabajo, para hacer efectivo el aumento de beneficios el capitalista, habrá de llamar a capítulo a los obreros para reducirles el salario. Abriéndose otro período conflictivo.

Pero, el capital ha encontrado la manera de esquivar esta amenaza a la estabilidad del modo de producción capitalista: la inflación moderada o rampante resultado de la constante emisión de moneda por encima de los crecimientos de productividad.

Veamos el mismo movimiento, pero además de duplicarse la productividad tenemos que el banco emisor cuadruplica la oferta monetaria.

Por un lado, el doble de productividad reduce el valor de los medios de vida a la mitad, por tanto desciende el valor de la fuerza de trabajo a 2 horas y el plusvalor a 6 horas, como ya veíamos.

Miremos cómo se expresan monetariamente ambas categorías teniendo en cuenta que la cantidad de dinero se cuadruplica. Esto último significa que cada euro de antes se representa ahora por una cuarta parte. Así antes 20 euros representaban el valor de una hora de trabajo, ahora se requieren 80 euros. El salario ascenderá a 160 euros (2 horas por 80 euros la hora) y la plusvalía 480 euros.

En este caso, aumento de productividad y de oferta monetaria, el salario nominal pasa de 80 a 160 mientras la plusvalía pasa de 80 a 480 euros. Ahora el capitalista no tiene tanto interés en llamar al obrero para actualizar el salario. Pero, para los trabajadores es vital porque si no la pérdida de poder adquisitivo y con ello el propio salario real está garantizado.

Este planteo tiene diversos aspectos en los que no nos detenemos para no alargarnos (papel de las organizaciones de solidaridad de la clase obrera, negociación colectiva, protección legal e institucional de los mismos, entre otros).

No solo la teoría salarial, también la práctica de la política económica, el control de la política monetaria, sirven para ocultar la explotación capitalista y para apaciguar la lucha de clases, o sea defender el orden capitalista. Q.E.D.

1Taller sobre El Capital organizado por el CICP, http://cicpint.org/es

2Para una introducción sobre el método, ver mi blog criticonomia en https://criticonomia.blogspot.com

El caso Errejón y la maldición de la izquierda

Dos personas discuten: si eres tan comunista por qué no me das tu coche, termina el uno; y el otro, no dando crédito a lo que escucha y sin salir del asombro agacha la cabeza.

Después de lo que estamos sabiendo sobre el comportamiento de Iñigo Errejón, particularmente el trato degradante que dispensaba a las mujeres que le atraían sexualmente, a uno se le ocurre pensar si la izquierda puede sacar algo en claro de este asunto. Aquí no vamos a ser menos que nadie y vamos a insistir en que las víctimas son lo primero, concrétese eso como se concrete; pero, sí tengo claro que, además de buscar la mejor salida personal a lo que les ha pasado, no estaría de más plantearse que tienen en sus manos hacer algo por otras personas que estén en su situación.

Desde luego, las organizaciones políticas donde ejercía funciones deben tomar nota. Sobre todo si hacía ya más de un año que hubo informaciones públicas sobre el asunto, que fueron archivadas por dichas organizaciones y por más colectivos, algunos con importantes funciones de control en nuestra democracia. Se me vienen inmediatamente a la cabeza los medios de comunicación. Particularmente aquellos que dispensaban un protagonismo excepcional a esta persona, que dicho sea de paso fue muy bien tratada porque realizaba un servicio impagable haciendo de contrapunto a otras opciones politicas. Alguna explicación deberían de dar.

Pero, volviendo a la izquierda, esa difusa identificación con la superación (total o parcial) del capitalismo, hay dos aspectos de este asunto que quisiera mencionar. Uno es destacar al individuo o individua dentro del colectivo, que llevado al extremo degenera en el culto a la personalidad, y que adopta formas mas suaves como el liderismo. Otro es la coherencia, esa correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace. Me detendré en este último.

A las gentes de izquierda se les exige, y nos deberíamos autoexigir, extremar la coherencia. Porque lo contrario invalida nuestro discurso, le resta credibilidad y alimenta el abstencionismo político (incluido el electoral) de la sociedad en general. Pero, principalmente nos aleja del principal apoyo social de la izquierda, la clase obrera. Cuestión que mina nuestra razón de ser que no es otra que avanzar en la superación del capitalismo con la participación masiva de la sociedad, con la mayoría de la clase obrera.

Como siempre no hay unanimidad, encontrándonos dos posturas extremas entre las cuales nos situamos los que reflexionamos sobre estos asuntos. Por un lado, están los más exigentes que creen que los dirigentes deberían ser personificaciones impolutas de los ideales, valores e incluso programas que se defienden desde la izquierda; por otro lado, están los más comprensivos que admiten resignadamente que somos parte de la sociedad, un reflejo de ésta, y nos tocará en suerte un poquito de cada cosa, incluidos ladrones, violadores tanto como santos y anacoretas.

El camino que se ha encontrado, hasta ahora, es el de los protocolos donde la organización intenta filtrar aquellos casos, que tengan un coste público y, en la medida que se progrese, simplemente de aquellos casos no ejemplarizantes.

No deja de ser un camino al servicio de la propia organización, que sin estar mal no va a la causa. En primer lugar se destina a los dirigentes o cargos públicos, de modo que cargos intermedios e incluso afiliados por no hablar de simpatizantes quedan excluidos. Lo cual llevado al extremo nos enfrentaría a una organización que aspira a una primera linea modélica con el resto de la pirámide medio podrida, con todo el respeto entiéndaseme la idea. Aún así, sería fácil de arreglar pues se trataría de ampliar los protocolos. No considero que sea equivocado, pero tengo la sensación de que no es la panacea y que posiblemente nos estamos perdiendo una reflexión interesante si solo se va por ese camino.

Es claro que hay que ser coherentes, pero por qué no somos coherentes. Señalo algunas cuestiones que, en mi opinión deberíamos tener en cuenta apuntando a las causas. El capital genera en las personas una conciencia, un pensamiento, determinado que nos lleva a ser cómplices inconscientes del sistema (enajenación). También crea, aunque resulte paradójico, una conciencia crítica que grosso modo y de manera difusa identifico con la izquierda. Bien, esa es la maldición de la izquierda: acreedora del capitalismo ha de mostrarse crítica con él. Las personas, todas, que se identifican con la izquierda son igualmente portadoras de tal contradicción. La pregunta es si hay algún tratamiento que permita moverse en dicha contradicción. Mi respuesta es afirmativa y la clave está en tomar conciencia de la contradicción de manera dialéctica.

Lejos de eximir de responsabilidad personal obliga a prestar un cuidado especial a la conciencia de cada cual y a la colectiva. El tratamiento dialéctico de la contradicción supone distinguir la forma (crítica) de la conciencia de su contenido (enajenado). Saberse una conciencia enajenada y partir desde ahí en la crítica: hacer una crítica que tome en cuenta la conciencia de la enajenación. Y el corolario: el desarrollo del contenido en la dirección de ser, como partidarios de la izquierda, portadores de la conciencia superadora del capitalismo, por tanto ejemplo de socialismo en el capitalismo. Esto vale para el caso Errejón y para otros muchos más que fueron, que son y los que serán.

A los diez segundos, levantó la cabeza y le respondió: solo si esa es una condición para superar el capitalismo tiene sentido que te dé mi coche.


sábado, 12 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (y X)

El conocimiento dialéctico de Marx, la exposición


Nos falta exponer la síntesis como parte de la investigación dialéctica, pero la vamos a unir a la exposición porque están muy relacionadas.

El método de exposición que emplea Marx toma existencia socialmente objetivada en El Capital. Allí parte del punto donde terminó su análisis, la forma más simple (la mercancía) del concreto objeto de estudio (el capital). Generalmente, inicia la exposición con una observación inmediata ("la mercancía es la forma más simple en que se presenta la riqueza en las sociedades modernas" más o menos empieza Marx), indicando su punto de partida (sin conceptos, sin supuestos). A continuación expone un análisis: la mercancía es valor de uso y valor de cambio; el valor de cambio es la forma del valor (el valor es el contenido del valor de cambio), y se detiene en el valor como trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente. 

El último paso de la exposición es la síntesis, descubierta la necesidad real (no filtrada como en la lógica) del concreto (esto lo hace en el análisis) se trata de desplegarla mostrando el avance desde las formas más simple hasta las formas complejas, y muestra a la acción humana como la forma de realizar esta necesidad.

En la síntesis la cuestión que se plantea es qué forma compleja (del concreto objeto de investigación) porta la necesidad realizada, que ha llegado a su término (=está terminada), que es la realización de la necesidad a realizar (potencia) que porta la forma simple (del concreto); es decir, la determinación de la forma compleja por la forma simple, por haber llegado ésta a su término. Como se ve la determinación, aquí, es un movimiento interno. En el ejemplo, de la mercancía y el valor de cambio: el valor de cambio es la forma que adopta el valor que aparece en potencia en la mercancía; el valor de cambio está determinado por la mercancía.

Por último, se trata de ver la acción humana tras el despliegue de la necesidad, o sea como la forma necesaria de la realización de la potencia portada en la forma simple del concreto. En nuestro ejemplo, la acción humana que hay tras la realizacion del valor es el cambio de mercancías. La síntesis quedaría: el valor de cambio está determinado por la mercancía a través del cambio.

Y así Marx nos va exponiendo el resultado de su investigación. Investigación que le llevó varias décadas. Este método es doblemente crítico, tanto en el análisis como en la síntesis, por ello es autocrítico. De modo que no podemos estar más de acuerdo con Juan Iñigo Carrera cuando afirma que hay que leer críticamente a Marx lo cual significa que a la vez que se lee hemos de realizar su despliegue y confrontar sus resultados con los nuestros. En caso contrario, el resultado de la lectura será una representación y no una reproducción en el pensamiento de la realidad.

Pero, es método dialéctico de Marx es el que mejor expresa el movimiento de la realidad y, por ahora, el único que origina un conocimiento plenamente objetivo. Este conocimiento es el que permite actuar con pleno conocimiento de causa porque contiene las determinaciones, cuantas más mejor. Renunciar al conocimiento objetivo significa condenarse a no actuar (paradoja de Zenon) o a “jugar a los dados”, o sea actuar con una venda en los ojos a ver si tenemos suerte y acertamos (léase el voluntarismo en términos políticos). La transformación del capitalismo en socialismo supone la realización de la potencia a realizar que porta el capitalismo y que aparecerá realizada en el socialismo; realización que no tiene otra forma que la acción humana transformadora. Dicha acción, para ser consciente, ha de ir acompañada de un conocimiento objetivo que no puede ser otro que el conocimiento dialéctico descubierto por Marx. Cuanto antes la acción política de la clase obrera esté regida por este conocimiento antes superaremos la explotación capitalista del hombre por el hombre. Pero esto presupone la extensión de este conocimiento.

Post-data

No quisiera terminar este bloque de entradas sobre el método sin expresar un pequeño homenaje a Marx, el descubridor del método dialéctico materialista. Lo que a algunas personas hoy les supone un trabajo relativamente breve a Marx le supuso muchos años de estudio, solo ese tesón unido a una genialidad extraordinaria, permitieron que su trabajo individual junto al trabajo social objetivado en el apoyo familiar, el de su entrañable camarada Engels, el de sus predecesores (Hégel), entre otros, dieran a la luz un conocimiento que todavía hoy día se muestra más potente y más avanzado que el academicismo postmodernista, no digamos ya del individualismo metodológio o meritocrático.

jueves, 10 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (IX)

El conocimiento dialéctico de Marx, la investigación

Vamos a tratar de exponer el método que emplea Marx para obtener el conocimiento al que se refería como la reproducción de lo concreto en el pensamiento.

Es sabido que Marx distinguía claramente el método de investigación y el método de exposición. En esta entrada nos referiremos al método de investigación. 

La investigación es un proceso complejo y difícil de sistematizar, aquí vamos a intentar poner racionalidad en ello. El proceso de conocer en Marx tiene dos momentos: análisis y síntesis.

El punto de partida es el concreto real enfrentándolo tal y como aparece, por ejemplo se enfrenta a la mercancía sin ponerle condiciones o supuestos (que sí hace el conocimiento lógico). Por ello, Marx dirá yo no parto de conceptos, mientras el conocimiento lógico empieza por los conceptos y las definiciones. 

Partiendo de este concreto real complejo o desarrollado vamos buscando sus formas menos evolucionadas hasta llegar a la forma más simple. En El Capital, para descubrir la ley economica que rige las sociedades capitalistas, Marx investiga las formas complejas como salario, ganancia, capital, dinero hasta llegar a la forma capitalista más simple, la mercancía. 

¿Cómo estamos seguros de que hemos llegado a la forma más simple del concreto al que nos enfrentamos? Esto nos lo dirá el otro aspecto del análisis, la abstracción.

Ahora se toma un movimiento de un concreto simple a uno más desarrollado, por ejemplo de la mercancía al dinero. Mediante el análisis (separación) y la abstracción hemos de descubrir la necesidad de dicho movimiento. Tomamos la existencia desarrollada y miramos qué atributo (potencia realizada) tiene, por tanto qué la determina como tal existencia actual, que es la realización de una potencia a realizar portada en la existencia actual más simple (concreto simple). Por ejemplo, en el movimiento de la mercancía al valor de cambio. Miramos al valor de cambio y nos preguntamos por un atributo o cualidad que es la realización de una potencia a realizar en la mercancía. La respuesta es el valor. El valor está realizado en el valor de cambio(el valor de cambio es la forma del valor) pero está en potencia en la mercancía (la mercancía es valor en potencia hasta que se realiza este valor mediante el cambio de la mercancía).

Repetimos este proceso, de una forma concreta a otra forma concreta más simple, hasta llegar a la forma más simple. ¿Cuándo terminaría este movimiento de lo complejo a lo simple en la investigación?

Cuando llegamos a la forma más simple, o sea aquella que no tiene concreto que la origine, que la determine. Y qué la origina entonces, pues la acción transformadora. Así que la forma más simple es tal porque solo tiene, y solo puede tener, por simple necesidad a realizar (potencia a realizar) a la acción transformadora. O sea, en nuestro ejemplo, la mercancía es el concreto más simple porque está determinado necesariamente por el trabajo. El trabajo es la acción cuya potencia a realizar está realizada en la mercancía (la mercancía es trabajo social realizado privadamente).

Termino esta entrada señalando dos aspectos en relación al trabajo: lo visto anteriormente es uno de los fundamentos de la centralidad del trabajo en el conocimiento dialéctico que desarrolla Marx. La segunda cuestión a señalar es que hemos partido de las ciencias sociales (capital, dinero, mercancía) y hemos “terminado” en el trabajo, recuerden las primeras entradas, donde el trabajo era la particular forma humana que adoptaba el metabolismo social para la reproducción de la sociedad en su conjunto y de los individuos como componentes orgánicos de la misma, o sea las ciencias naturales; esta unidad de las ciencias sociales y naturales nos vuelve a situar en el anuncio de Marx sobre una única Ciencia natural del hombre. 

martes, 8 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (VIII)

El conocimiento lógico y el capital

Llegados a este punto, en la entrada anterior sostuvimos que el conocimiento lógico está imposibilitado para tener un carácter objetivo y termina conduciendo al subjetivismo, es justo preguntarse, por qué el capital lo adopta como la forma general del conocimiento.

Más aún, el capitalismo es un modo social de producción que descansa en el incremento de la capacidad productiva, en la revolución de las condiciones de producción como medio para aumentar la producción de plusvalía relativa. Teniendo en cuenta que esta revolución de las condiciones materiales de la producción pasa por el desarrollo de la investigación y la ciencia, hemos de detenernos en por qué el capitalismo se conforma con una forma de conocimiento, la representación lógico-formal, que es menos potente para operar sobre lo concreto que otros como pueda ser la representación lógico-dialéctica o la reproducción en el pensamiento de lo concreto, que veremos posteriormente.

La primera razón es que, hasta ahora, el conocimiento lógico-formal ha sido suficiente para desarrollar las fuerzas productivas que ha requerido el capital. O sea, aun al nivel de las apariencias, este conocimiento permite medir cada vez con mayor precisión el movimiento aunque no sepa explicar tal movimiento. Y ello porque transforma cualitativamente al objeto operando sobre su determinación cuantitativa.

Pero, ciertamente, un conocimiento que no solo se quedara en la apariencia (forma) y contemplara la esencia (contenido) de la realidad explicaría el movimiento y le daría aún más potencia transformadora a la acción. Sin embargo, un tal conocimiento,, pondría en evidencia la dualidad forma-contenido de la realidad y fundamentaría el movimiento interno de la realidad, y con ello fundamentaría la superación del capitalismo. Esta razón ideológica tiene mucho peso.

Dos razones más que no desarrollaremos para no extendernos son las siguientes que tienen que ver más directamente con el proceso de producción del conocimiento. Por un lado, la división de tareas entre científicos prácticos y teóricos, las contradicciones de orden lógico son muy manifiestas al nivel de la teoría, pero esas discusiones apenas llegan a la aplicación práctica de la ciencia. Por otro lado, la división entre ciencias naturales y sociales, y dentro de cada una de estas en un sinfín de ramas del conocimiento cuyo sentido está lejos de haberse explicado, y si que es una barrera para el desarrollo de un unico conocimiento objetivo, la natural del hombre al decir de Marx (Manuscritos de 1844).

El capital necesita una ideología revestida de ciencia; un conocimiento “objetivo” que se presente como una interpretación de la realidad, interpretación que brota de la subjetividad vinculada a la abstracta libertad cuya base es la naturaleza individual humana. Y esto lo proporciona la lógica formal. De lo que se trata es de negar la posibilidad de organizar el proceso de vida social sobre la base de una conciencia objetiva, que es lo que proporciona la dialéctica materialista.

Apuntes sobre el método (VII)

El conocimiento lógico-dialéctico

Los problemas que plantea el fundamento logico-formal en el conocimiento no han pasado inadvertidos para muchos marxistas que han visto la oportunidad de sustituir la lógica formal por la lógica dialéctica.

Si la aplicación de la lógica formal nos daba una forma de conocimiento que denominamos representación lógico-formal, en el caso de la lógica dialéctica se obtendría una representación lógico-dialéctica.

Esto ya nos advierte de que las causas que subyacen a los problemas de la verificación y de los principios (o axiomas) no quedan resueltas, pero veamos con algo de detenimiento qué sería la lógica dialéctica.

Los principios de la lógica formal son sustituidos por otros que son dialécticos: así se renuncia al principio de identidad y se admite que algo puede tener una forma distinta de su contenido; también, y frente al principio de no contradicción, se admite que puede haber contradicción. 

Este planteamiento es un avance respecto a la lógica formal porque incorpora el movimiento mejorando la capacidad explicativa del conocimiento, pero mantiene algunos de los problemas con que se encontraba la representación lógico-formal. En primer lugar no deja de ser una lógica, o sea una construcción exterior que sustituye la necesidad real del concreto por una necesidad artificial (en este caso la lógica dialéctica). Por ello, sigue conservando los problemas de verificación del conocimiento que ya veíamos en la representación logico-formal. Tampoco elude los problemas planteados por la paradoja de Russel sobre la veracidad de los fundamentos del conocimiento basado en la lógica dialéctica. Todo ello conduce a la bancarrota de fundamentar objetivamente este conocimiento. Por tanto, la salida sigue siendo el subjetivismo y su expresión política, el voluntarismo.

La renuncia al conocimiento objetivo abre el paso a los planteamientos subjetivistas sobre la acción política de las clases, particularmente de la clase obrera. Cualquier problema como el paro, el cual podemos medir con un grado de precisión asombroso pero que no podemos explicar objetivamente, es tratado subjetivamente. La explicación es subjetiva, se trata de un problema de voluntad, bien de la voluntad de los agentes políticos (gobiernos y partidos), de los agentes económicos (empresarios, y consumidores), de los agentes sociales (asociaciones de empresarios y de trabajadores) o simplemente un problema de voluntad de los individuos (parados, trabajadores o capitalistas). Pero qué explica la voluntad; los teóricos dirán, la libertad, y ¿qué explica la libertad?; la naturaleza. Somos seres libres por naturaleza.

Antes de entrar en el método de conocimiento que emplea Marx, nos detendremos en respondernos a una cuestión: si el conocimiento lógico tiene las limitaciones vistas por qué es dominante en el desarrollo capitalista, y por qué a pesar de todo se abre paso el conocimiento que lo cuestiona, primero en su forma original, la reproducción del concreto por la vía del pensamiento, y más tarde bajo la forma de conocimiento lógico-dialéctico.

lunes, 7 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (VI)

Los fundamentos de la representación lógica

Ahora que ya conocemos como actuar sobre el concreto, nos lo podemos enfrentar armados con este conocimiento lógico. Pero surge un problema, mientras el conocimiento descansa en la experiencia pasada del concreto (sus repeticiones) el concreto al que me enfrento está en potencia. Y nada garantiza que el concreto mantenga el comportamiento pasado.

Además, aunque coincida con el comportamiento predicho no tenemos seguridad de que dicha coincidencia responde al atributo que se venía repitiendo, contemplado en mi teoría, o se deba a otra circunstancia.

Ambos problemas, revelan la dificultad para verificar el conocimiento lógico, incapacita a la teoría para mostrarse válida y no permite actuar con conocimiento de causa.

Una respuesta a este problema de la verificación de la teoría basada en la representación lógica fue el falsacionismo de Karl Popper. Como no podemos estar seguros de la veracidad de una teoría conformémonos con que la teoría no haya sido falsada, o sea mostrada su falsedad (encontrando un caso que la contradiga). Así la teoría será válida no porque se haya sea verdadera sino porque no ha sido falsada. Sin embargo, la falsabilidad tiene los mismos problemas de verificación que la veracidad.

Así las cosas, la representación lógica, que nos prometía el dominio de la naturaleza y la libertad, no garantiza el conocimiento objetivo cierto. Se empieza a plantear que ya que no podemos conocer la verdad del conocimiento lógico-formal, al menos discútase democráticamente entre los miembros de la comunidad científica. De hecho las teorías son ciertas hoy y mañana son sustituidas. La verdad no será tanto la correspondencia con la realidad, sino el criterio mayoritario de la comunidad científica.

Pero, los problemas para la representación lógica no acaban aquí, las matemáticas, el espacio del conocimiento objetivo por excelencia, encuentra dificultades para fundarse en la lógica. La paradoja de Russel viene a plantear que cualquier conjunto de principios, o de axiomas (afirmaciones incuestionables), es incompleto o contradictorio. Surgen los planteos sobre unos tipos de axiomas sí y otros no, se abre el espacio a la interpretación y, en definitiva, a la subjetividad. Se acusa de totalitarismo (y determinismo) cualquier intento de huir del subjetivismo, a excepción de que sea la comunidad científica quien determine la posición. Claro que tras la comunidad científica y el reino de la libertad académica, están lás publicaciones, las instituciones empleadoras (universidades, fundaciones, entre otros), los premios de reconocimiento y la financiación de los proyectos científicos donde las grandes empresas tienen bastante que decir. Esto no escapará a algunos filósofos como Lakatos que se referirá a que los científicos tienen libertad, pero que si ello implica contradecir a la comunidad, mejor que la expresen en privado.

Apuntes sobre el método (V)

La representación lógico-formal

En esta entrada trataremos sobre la forma de conocimiento más extendida en el modo de producción capitalista, la representación lógica, particularmente la representación lógico-formal. Nos detendremos en qué consiste y cual ha sido su evolución.

El desarrollo del capital, la expansión y sofisticación de la producción basada en la maquinaria (automatización, robotización, digitalización, ….), o sea las formas concretas de la producción del plusvalor relativo, requieren el aumento de la productividad del trabajo y esto, a su vez, se consigue mediante la objetivación de las fuerzas de la naturaleza y de las habilidades humanas en la maquinaria. Esto presupone un cierto conocimiento objetivo y un exacto grado de cuantificación de estas fuerzas para producir los medios de producción y aplicarlos en la transformación de la materia.

Para ello, el conocimiento objetivo basado en la representación lógica formal (conocimiento lógico-formal), distinto al basado en la reproducción mental de lo concreto (dialéctica), es suficiente. Ni que decir tiene que el conocimiento lógico representa un gran avance respecto al conocimiento religioso o artístico en lo que respecta a la producción.

El conocimiento basado en la representación lógica formal niega el contenido, o sea la realidad es tal y como aparece (forma), no hay nada oculto (contenido). Por tanto, no reconoce el movimiento interno de lo concreto (la realidad) admitiendo sólo el movimiento causado por fuerzas exteriores al concreto.

Este planteamiento se fundamenta en tres principios: identidad (nada puede trascender de sí mismo y si lo hiciera sería ello mismo); no contradicción (nada puede ser y no ser al mismo tiempo); y el tercero excluido (no cabe otra posibilidad, o es o no es).

Sobre esta base se construyen diversos tipos de lógicas, la más extendida la lógica formal con la que se pretende fundamentar y crear el conocimiento lógico, en el que todos nos hemos educado (teoría de conjuntos, matemáticas convencionales, etc) y que constituyen los fundamentos de lo que actualmente denominamos ciencia.

Veamos sucintamente el proceso de conocimiento objetivo basado en la representación lógico-formal. El razonamiento lógico aplicado a los fenómenos naturales o sociales tiene dos fases: una de simplificación y otra de deducción.

El sujeto se enfrenta al objeto en su inmediatez (en su forma) pero, enseguida, se construye un concepto, que adopta la forma de una representación del objeto. Esto se hace mediante los supuestos simplificadores, es decir se establecen supuestos sobre la caracterización del objeto. Para ello, el conocimiento lógico acude a la repetición. De modo que aquellos atributos que se repitan con mayor frecuencia en el objeto permitirán elaborar un concepto o una teoría sobre el objeto. Esto es un proceso de simplificación en el que decimos que el objeto real al que nos enfrentábamos se reduce a una elaboración mental (concepto o relación de conceptos, teoría) donde se tienen en cuenta algunos atributos repetidos y se desechan otros que no se repiten.

El siguiente paso es el de incorporar progresivamente los casos o atributos desechados por no repetirse y comprobar que la teoría o el concepto se mantienen, o sea si la teoría da cuenta de los casos incorporados. Si, tras el levantamiento de los supuestos simplificadores, la teoría se sigue cumpliendo se considera la teoría válida, si no es así la teoría no es válida o al menos no es válida para los casos contemplados.

Una vez completado el conocimiento (concepto o teoría) se trata de ver si se ajusta a la realidad. Aquí es necesario tener indicadores cuantificables, tanto en la realidad como en la teoría para ver si la teoría da cuenta de lo que acontece en el mundo de los fenómenos. 

Veamos el ejemplo de la teoría subjetiva del valor, 


domingo, 6 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (IV)

El conocimiento consciente y la representación

En la última entrada nos detuvimos en el conocimiento consciente como resultado del desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo a partir del conocimiento animal.

El conocimiento humano, a partir de ahí, habrá de enfrentarse al concreto sobre el que se propone operar, por tanto ha de enfrentarse a las potencias del sujeto respecto de las potencias del objeto que pretende transformar.

En la medida que se desarrolla la organización del metabolismo humano el conocimiento va adquiriendo complejidad, requiriendo ir más allá de la inmediatez y requiriendo poner en relación los distintos concretos a los que se enfrenta y a estos con la propia acción. Es el caso cuando hay que producir piedras para limar los metales cortantes de pieles que sirven para vestir, por ejemplo.

El sujeto humano se enfrenta al objeto sobre el que pretende actuar, en su inmediatez, tal y como se le presenta; como no lo puede explicar, se lo (al objeto) vuelve a presentar idealmente siguiendo una determinada necesidad constructiva; tras esta doble presentacion lo que se obtiene es una representación del concreto.

A lo largo de la historia, según la complejidad del metabolismo humano y el dominio de las fuerzas productivas del trabajo, se han venido sucediendo distintas formas de la representación: animismo, religión, arte, filosofía, o la propia ciencia.

Cada una de éstas se caracteriza por el tipo de necesidad constructiva, que sustituye a la necesidad real del concreto, en la elaboración del conocimiento.

Así, para operar sobre la naturaleza el sujeto humano ha de representarse las potencias del objeto, y las del sujeto, como emanadas del mundo animal (si matas al león te haces con su fuerza), de los antepasados (la fuerza te viene de ellos), o de los dioses, como en la religión. En este caso la conciencia religiosa va más allá de la inmediatez del proceso de reproducción de la vida humana representándose fenómenos más generales, e incluso universales trascendiendo al ser humano, a los que ha de subordinarse. Aparecen los grandes fenómenos naturales personificados, así el sol, la luna, el viento, el mar, adquieren rasgos humanos explicando los cambios naturales como la condición humana. El fundamento del conocimiento religioso es el convencimiento de que las cosas son tal como las cuentan, la fe.

En otras formas de conocimiento basado en la representación, que igualmente organizan la acción de los seres humanos, como la representación artística el fundamento, en su forma pura y no mezclada con otras representaciones, es la subjetividad individual tanto del artista como la del espectador; en el caso de la filosofía el fundamento es la abstracta subjetividad universal y la conciencia que le corresponde es la del individuo abstractamente libre por naturaleza.

Con el desarrollo de la sociedad, de las fuerzas productivas del trabajo, surge la necesidad plena de un conocimiento ya incipiente en las representaciones anteriores (por ejemplo, la geometría egipcia era patrimonio de los sacerdotes), conocer las fases del día, las estaciones del año, la periodicidad de los fenómenos naturales, aparece la necesidad de medir, etc.. En definitiva, surge un conocimiento objetivo o científico. Y con él las primeras formas de representación que aspiran a alcanzarlo, caso de la representación lógica que será el objeto de nuestra próxima entrada.

jueves, 3 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (III)

Humanidad y conocimiento consciente

La vida humana es un proceso de metabolismo social, un intercambio de materia y energía entre el grupo humano (sociedad) y la naturaleza, basado en una particular forma de apropiación de la naturaleza cuya finalidad es la reproducción de dicha vida.

La apropiación del medio por el sujeto humano tiene como peculiaridad la aplicación del cuerpo sobre el medio de modo que lo transforme de un medio ajeno (no apto para la reproducción del sujeto) en un medio propio (apto para dicha reproducción), o sea el trabajo.

Así, mientras la mayoría de sujetos vivos no humanos basan su apropiación del medio en la adaptación, en el caso de los humanos lo hacen en la transformación del medio; y, a la vez, se transforman los propios seres humanos (manos, piernas, cerebro, etcétera).

La capacidad humana para apropiarse el medio es la fuerza productiva del trabajo, cuyo desarrollo descansa en la incorporación de procesos intermedios en la transformación del medio con el fin de producir medios de vida, por tanto en la producción y uso de medios de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo será la base del desarrollo humano.

La acción humana, en particular el trabajo, requiere una organización, un conocimiento. A la par que las fuerzas productivas del trabajo se desarrollan, se extiende el conocimiento tanto del medio como del propio ser humano para actuar sobre dicho medio.

En algún momento el conocimiento, apoyado en el desarrollo anatómico particularmente de su órgano portador (cerebro), torna la mirada sobre sí, se autorreconoce y se constituye en conocimiento que se sabe conocimiento. Surge el conocimiento consciente.

En la próxima entrada veremos las formas que adquiere este conocimiento para situarnos en el conocimiento objetivo.


Post-data.

El sujeto humano portador del conocimiento consciente actúa voluntariamente cuando antes de actuar ya tiene en su cabeza los resultados de su acción. Con ello el ser humano va dejando atrás su animalidad; las relaciones naturales entre individuos dejan paso a las relaciones sociales; la evolución natural es sustituida por la sucesión de las distintas formas de organizar las fuerzas productivas del trabajo (modos de producción), la historia de la sociedad; así el ser humano hace su historia convirtiéndose en un sujeto histórico.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Apuntes sobre el método (II)

Vida y conocimiento inconsciente

Partimos de la vida, del sujeto vivo, como un intercambio de materia y energía entre el sujeto y la naturaleza (proceso de metabolismo) que descansa en la apropiación de la naturaleza por el sujeto vivo.

Esta apropiación consiste en la aplicación del cuerpo del sujeto vivo sobre el medio que le rodea para reproducir este cuerpo y con él al propio sujeto.

La aplicación del cuerpo no se realiza de manera total sino que requiere de una fase previa en la que el sujeto tantea al medio para ver si es realmente apto para su reproducción. También consta, esta aplicación del cuerpo sobre el medio, de una fase posterior en la que se lleva a cabo la aplicación total del cuerpo de cara a la efectiva apropiación del medio una vez probado que se trata de un medio apto para la reproducción del sujeto. Un ejemplo grafico lo tenemos en el comportamiento de los seres vivos mas simples: la ameba antes de envolver a un objeto le lanza una parte de su cuerpo (pseudopodo) y comprueba que la reacción es aquella que le permite engullir al objeto sobre el que .

La primera fase, la apropiación virtual del medio, forma parte de la organización de la acción, mientras la segunda, la apropiación efectiva, sería la acción realizada. Como se ve en nuestro ejemplo, incluso en las formas de vida mas simples la acción presupone una preparación de dicha acción, un conocimiento, aunque sea de manera inconsciente.

De modo que, incluso a un nivel inconsciente, el “conocimiento” forma parte de la acción; ambos constituyen una unidad inseparable. En esta unidad, que aparece como la acción efectiva es la forma,  mientras el conocimiento sería el contenido que subyace a la forma. La acción contiene al conocimiento; el conocimiento se expresa como la acción. A mi modo de ver, destacar esto tiene importancia porque cuestiona el planteamiento que separa la acción del conocimiento, la práctica de la teoría. Pero esto es algo sobre lo que volveremos más adelante.

Partiendo del sujeto vivo hemos llegado a la organización inconsciente de la acción, el conocimiento inconsciente. En la próxima entrada aterrizaremos en el ser humano para explicarnos el conocimiento consciente.

martes, 1 de octubre de 2024

Libertad de información y capital: el caso del genocidio antisionista

El tratamiento informativo de la masacre que está llevando a cabo el gobierno de Israel sobre las poblaciones de Palestina (Gaza y Cisjordania), Líbano, Siria, Yemen y no sabemos donde parará, nos pone de manifiesto la deformación ideológica a la que estamos sometidos, al menos en España pero muy probablemente extensible a los países de la Unión Europea, EEUU y alguno más (capitalismo anglo-europeo, clásico, occidental, maduro, primero, mas antiguo, en este caso pro-sionista).

También las declaraciones de los políticos, empezando por los gobernantes, de estos países nos deja muestras de la capacidad para pretender decir mucho sin decir nada, y si no véanse las declaraciones lamentándose día sí y al otro también de la situación trágica y apelando en el vacío a la necesidad de que haya paz allí donde Israel deja sus bombas, todo acompañado de rostro compungido y de la ausencia de decisiones efectivas aunque sean simbólicas hacia el gobierno de Israel, su máximo dirigente o las empresas israelíes y sus propietarios. Las antípodas de como se actuó cuando la invasión rusa de Ucrania.

Pero, volviendo al tema de los medios de información. Uno se debe preguntar por qué el silencio, la desinformación, el ocultamiento, hacia la masacre y el genocidio que lleva a cabo el gobierno de Israel hacia las poblaciones de los países cercanos, por parte de la mayoría, no todos afortunadamente, pero sí de una gran mayoría de prensa nacional y regional, radios y televisiones. Aquí no entramos en el fenómeno de la desinformación conectada a las redes sociales, ni los medios de información de internet, nos referimos a los tradicionales que pretenden aparecer como el templo de la neutralidad y la exquisitez informativa.

Una primera respuesta podría ser que los periodistas que tratan estas noticias tienen esta opinión y la expresan libremente en los medios para los que trabajan. Y a renglón seguido habría que preguntarse por qué tienen esta opinión. Ante lo cual algunos podrían rebuscar en sus personalidades, en su formación, en su evolución ideológica, y ahí se abriría un universo de posibilidades que requeriría un inteligencia artificial para poner en pie la cantidad de datos extraídos, las regularidades descubiertas, etcétera.

Sin descartar la sugerencia de que los periodistas expresan su opinión, esto no es condición suficiente para que su opinión sea publicada por los medios de información para los que trabajan. Estos medios deciden publicar al margen de la ideología de los periodistas a los que contratan pero sí se guían por la opinión de sus propietarios. Los propietarios de los medios de información ordenan qué línea informativa ha de prevalecer en cada tema que trate el medio.

La siguiente cuestión que se impone a quien quiera entender el tratamiento informativo de la matanza indiscriminada de palestinos, libaneses, yemeníes, etc es por qué los propietarios de la mayoría de medios de información tradicionales lo decide. De nuevo se nos abriría la posibilidad de tomar a cada uno de los propietarios e indagar en su biografía, sus orígenes sociales, su formación y evolución ideológica, para explicarnos sus decisiones al respecto de la tal matanza por su abstracta conciencia. Pero, incluso dicha conciencia ha de ser explicada.

Los propietarios de medios de información, muchas veces entidades colectivas como fondos, sociedades o instituciones sin animo de lucro, son por encima de todo capitalistas, que deben personificar a su capital; deben actuar como si fueran el propio capital a riesgo de dejar de existir como tales capitalistas. Si un capitalista deja de personificar a su capital, o sea deja de comportarse para valorizar dicho capital e incrementarlo, más pronto que tarde obtendrá perdidas, debilitara a su capital y con él a su propia figura de capitalista, terminando por desaparecer. Esta es la base sobre la que se asienta la conciencia enajenada en el capital de la clase capitalista, del conjunto de capitalistas individuales.

Eso sí, esta enajenación no aparece tal cual sino revestida de libertad. Los propietarios son "libres" de hacer lo que quieran pero si no se comportan como si fuesen su capital están muertos. Así que los capitalistas de los medios de información que defienden y no critican las mortandades causadas por el gobierno de Israel en los últimos tiempos, al fijar esta línea informativa no hacen más que mostrarnos su "libre" elección determinada por su enajenación en el capital que poseen. Mal que les pese, a los periodistas, a través de los que opinan sus empleadores, hacen lo mismo: expresar su "libre" opinión resultado de una conciencia enajenada en la fuerza de trabajo que emplea el capital de los medios de información de comportamiento pro-sionista.

Las protestas en Irán y el capitalismo mundial

Introducción Los últimos acontecimientos en Irán nos ofrecen una oportunidad para comprender dialécticamente el vínculo entre las manifestac...